
Líneas
Eléctricas y Cáncer: Preguntas y Respuestas
Traducida
al español por Juan Bernar (Unesa-Amys) y Carlos Llanos (Red
Eléctrica de España)
Resumen: Preguntas y respuestas
sobre la relación entre líneas eléctricas, trabajos eléctricos,
y cáncer; incluye un análisis de la biofísica de las interacciones
con las emisiones electromagnéticas, resúmenes de estudios de
laboratorio y en personas e información sobre normativa.
Ultima modificación: 16-mayo-2001
Versión inglesa: 6.8.1
Autor: John E.
Moulder, Ph.D.
Versión española: Traducida al español por Juan Bernar (Unesa-Amys) y Carlos Llanos (Red
Eléctrica de España). Esta traducción no ha sido revisada
por el Dr. Moulder.
IR A: Indice de contenidos
| Bibliografía comentada
| Página
inicial
Notas organizativas:
- Las referencias a otras preguntas se indican
con la letra Q seguida del número de la pregunta; por ejemplo,
(Q16A)
indica que hay más información en la Pregunta
16A.
- Las referencias bibliográficas se muestran
entre corchetes; por ejemplo [M2] es una referencia
a la segunda entrada en la sección M de la bibliografía comentada.
- Este documento de preguntas más frecuentes
(FAQ) consta de tres documentos: el Indice de Contenidos
(toc.html), la sección de Preguntas y Respuestas (QandA.html)
y la Bibliografía comentada (biblio.html).
Preguntas y
respuestas
1)
¿Existe una preocupación por las líneas eléctricas y el cáncer?
Gran parte de la preocupación por
las líneas eléctricas y el cáncer proviene de estudios sobre
personas que viven cerca de líneas eléctricas (Q12)
y gente que trabaja en "profesiones eléctricas" (Q15).
Algunos de estos estudios parecen mostrar una relación entre
la exposición a campos magnéticos de frecuencia industrial y
la incidencia de cáncer.
Sin embargo, los estudios epidemiológicos
más recientes muestran poca evidencia de que las líneas eléctricas
estén asociadas a un aumento del cancer (Q19A,
Q19B,
Q19H,
Q19J,
Q19K),
los estudios de laboratorio han mostrado poca evidencia de una
relación entre campos de frecuencia industrial y cáncer (Q16)
y la conexión entre los campos generados por las líneas eléctricas
y cáncer no es biofísicamente plausible (Q18).
Una revisión llevada a cabo en 1996
por un grupo de importantes científicos de la Academia Nacional
de las Ciencias de Estados Unidos concluyó que:
"Ninguna evidencia concluyente y consistente muestra que
la exposición residencial a campos eléctricos y magnéticos produzca
cáncer, efectos neurocomportamentales adversos o efectos sobre
la reproducción y el desarrollo." (Q27E).
Una revisión de 1999 por parte del
Instituto Nacional de la Salud (National Institute of Health)
de Estados Unidos concluyó que:
"La evidencia científica que sugiere que la exposición
[a campos electromagnéticos de frecuencia industrial] supone
algún riesgo para la salud es débil." (Q27E).
Una revisión de 2001 elaborada por
el Consejo Nacional de Protección Radiológica (National
Radiation Protection Board, NRPB) del Reino Unido concluyó
que:
"Los estudios experimentales de laboratorio no han proporcionado
una buena evidencia de que los campos electromagnéticos de frecuencia
industrial sean capaces de producir cáncer, y los estudios epidemiológicos
tampoco sugieren que causen cáncer en general." (Q27H).
Los mayores estudios sobre leucemia
infantil y líneas eléctricas jamás realizados informaron en
1997-2000 de que no podían encontrar ninguna evidencia significativa
de una asociación entre líneas eléctricas y leucemia infantil
(Q19H, Q19J, Q19K). Por el
contrario, un par de estudios publicados en 2000 [C54, C57] informaron
de que si se combinaran todos los estudios en los que se pudo
medir o estimar el campo magnético, se podría encontrar una
asociación estadísticamente significativa entre leucemia infantil
y el promedio de campo más elevado.
Por otro lado, una serie de estudios
han mostrado que la exposición de animales durante toda su vida
a campos magnéticos de frecuencia industrial no produce cáncer
(Q16B).
En general, la mayoría de los científicos
consideran que la evidencia de que los campos de las líneas
eléctricas causen o contribuyan al cáncer es débil.
2)
¿Cuál es la diferencia entre la energía electromagnética asociada
a las líneas eléctricas y otras formas de energía electromagnética
como las microondas o los rayos X?
Los rayos X, la luz ultravioleta
(UV), la luz visible, los rayos infrarrojos (IR),
las microondas (MW), la radiación en radiofrecuencias
(RF) y los campos electromagnéticos de las instalaciones
eléctricas son todos parte del espectro electromagnético. Cada
parte del espectro electromagnético se caracteriza por su frecuencia
o su longitud de onda. La frecuencia y la longitud de onda están
relacionadas, de tal manera que cuando la frecuencia aumenta
la longitud de onda disminuye. La frecuencia es la velocidad
con la que un campo electromagnético completa un ciclo y se
da normalmente en hercios (Hz), siendo un 1 Hz equivalente
a 1 ciclo por segundo.
El
Espectro Electromagnético
|
|
Los campos de frecuencia industrial
en Estados Unidos varían 60 veces por segundo (60 Hz)
y tienen una longitud de onda de 5.000 km. La energía eléctrica
en el resto del mundo tiene una frecuencia de 50 Hz. Las emisiones
de radio en AM tienen una frecuencia alrededor de 10^6 (1.000.000)
Hz y una longitud de onda de alrededor de 300 m. Los hornos
de microondas tienen una frecuencia de 2,54 x 10^9 Hz y una
longitud de onda de, aproximadamente, 12 cm. Los rayos X tienen
frecuencias superiores a 10^15 Hz y longitudes de onda menores
de 100 nm.
En este documento de preguntas más
frecuentes se empleará el término "frecuencia industrial"
para referirse a las frecuencias de 50 y 60 Hz de corriente
alterna (AC) usada en los sistemas de energía eléctrica , y
el término "campo de frecuencia industrial" para referirse
a los campos eléctricos y magnéticos sinusoidales producidos
por líneas y aparatos eléctricos de 50 y 60 Hz. Se evitará la
expresión "CEM", campo electromagnético, ya que es un
término impreciso que se podría aplicar a muchos tipos de campos
diferentes y porque en física se utiliza desde hace mucho tiempo
para referirse a una magnitud totalmente distinta, la fuerza
electromotriz. Se evitarán también se evitarán los términos
"radiación electromagnética" y "radiación no-ionizante",
ya que las fuentes de frecuencia industrial no producen una
cantidad apreciable de radiación (Q5).
Los campos de frecuencia industrial
se denominan también campos de frecuencia extremadamente baja
(en inglés, ELF). Estrictamente, en ingeniería eléctrica se
denomina así a las frecuencias entre 30 y 300 Hz, pero el término
se usa a menudo en la literatura biológica y de salud laboral
para cubrir el rango de más de 0 Hz hasta 3.000 Hz (todo lo
que esté por encima de los campos estáticos y por debajo de
las radiofrecuencias).
3)
¿Por qué diferentes tipos de emisiones electromagnéticas producen
diferentes efectos biológicos?
La interacción del material biológico
con una emisión electromagnética depende de la frecuencia de
la emisión. Normalmente hablamos del espectro electromagnético
como si produjera ondas energéticas. Sin embargo, algunas veces,
la energía electromagnética actúa en forma de partículas más
que como ondas, especialmente a altas frecuencias. La naturaleza
de estas partículas es importante, porque es la energía por
partícula (o fotón, como se denominan estas partículas) la que
determina qué efectos biológicos tendrá la energía electromagnética
[A12].
A muy altas frecuencias, características
de la luz ultravioleta lejana y los rayos X (menos de 100 nm),
las partículas electromagnéticas (fotones) tienen suficiente
energía para romper los enlaces químicos. Esta ruptura de los
enlaces es conocida como ionización y a esta parte del espectro
electromagnético se le denomina ionizante. Los bien conocidos
efectos de los rayos X están asociados con la ionización de
las moléculas. A bajas frecuencias, como las de la luz visible,
radiofrecuencias y microondas, la energía de un fotón está muy
por debajo de la que es necesaria para romper los enlaces químicos.
Esta parte del espectro electromagnético se conoce como no ionizante.
Como la energía electromagnética no ionizante no puede romper
los enlaces químicos, no existe analogía entre los efectos biológicos
de la energía electromagnética ionizante y la no ionizante [A12].
Las emisiones de energía electromagnética
no ionizante pueden producir efectos biológicos. Muchos de los
efectos biológicos de la luz ultravioleta (UV), la luz visible
y de los infrarrojos (IR) dependen también de la energía del
fotón, pero están más relacionados con la excitación electrónica
que con la ionización, y no se producen a frecuencias inferiores
a la de la luz infrarroja (por debajo de 3 x 10^11 Hz). Las
radiofrecuencias y las microondas pueden causar efectos al inducir
corrientes eléctricas en los tejidos, lo cual produce calor.
La eficiencia con la cual una emisión electromagnética puede
inducir corrientes eléctricas, y por tanto producir calor, depende
de la frecuencia de la emisión y del tamaño y la orientación
del objeto que está siendo calentado. A frecuencias inferiores
a las utilizadas por la radio AM (alrededor de 10^6 Hz), las
emisiones electromagnéticas se acoplan débilmente con los cuerpos
humanos y de animales y, por lo tanto, son muy ineficientes
para inducir corrientes eléctricas y producir calor [A12].
De este modo, en términos de posibles
efectos biológicos, el espectro electromagnético se puede divididir
en cuatro partes (ver diagrama del espectro electromagnético):
- La parte ionizante, donde puede haber un
daño químico directo (rayos X, radiación ultravioleta
lejana).
- La parte no ionizante del espectro,
que puede subdividirse en:
- La parte de la radiación óptica, donde
puede darse la excitación del electrón (ultravioleta
cercano, luz visible y luz infrarroja)
- La parte donde la longitud de onda es
más pequeña que el cuerpo, y puede haber calentamiento
a través de corrientes inducidas (microondas
y ondas de radio de alta frecuencia).
- La parte donde la longitud de onda es
mucho mayor que el cuerpo, y el calentamiento por corrientes
inducidas ocurre en raras ocasiones (ondas de radio
de baja frecuencia, campos de frecuencia industrial
y campos estáticos).
4)
¿Cuál es la diferencia entre radiación electromagnética y campos
electromagnéticos?
En general, las fuentes electromagnéticas
producen tanto energía radiante (radiación) como no radiante
(campos). La radiación parte desde su fuente y continúa
existiendo incluso cuando se apaga la misma. Por el contrario,
existen algunos campos eléctricos y magnéticos alrededor de
una fuente electromagnética que no son proyectados al espacio,
y que dejan de existir cuando la fuente de energía se apaga.
El hecho de que la exposición a
los campos de frecuencia industrial se produzca a distancias
mucho más pequeñas que la longitud de onda de la radiación de
50-60 Hz tiene importantes implicaciones, ya que bajo estas
condiciones (llamadas de campo cercano), los campos eléctricos
y magnéticos pueden ser considerados como entidades independientes.
Esto difiere respecto a la radiación electromagnética, en la
que los campos eléctricos y magnéticos están unidos intrínsecamente.
5)
¿Producen radiación electromagnética las líneas eléctricas?
Para que una antena sea una fuente
eficiente de radiación debe tener una longitud comparable a
su longitud de onda. Las fuentes de frecuencia industrial son,
claramente, demasiado cortas comparadas con su longitud de onda
(5.000 km) para ser fuentes eficientes de radiación. Los cálculos
muestran que la potencia típica máxima radiada por una línea
eléctrica sería menor de 0,0001 microWatio/cm^2, comparado con
los 0,2 microWatios /cm^2 que la Luna llena deposita en la superficie
terrestre en una noche clara. El tema de si las líneas eléctricas
pueden producir radiación ionizante se trata en Q21B.
Esto no quiere decir que no haya
pérdidas de energía durante el transporte. Hay muchas pérdidas
de energía en las líneas eléctricas de transporte que no tienen
nada que ver con la "radiación" (en el sentido en que se usa
en la teoría electromagnética). Gran parte de la pérdida de
energía es consecuencia del calentamiento resistivo; en esto
difieren de las antenas de radio, en las que la energía se "pierde"
en el espacio en forma de radiación. Así mismo, hay muchas formas
de transmitir energía que no involucran radiación; los circuitos
eléctricos lo hacen todo el tiempo.
6)
¿Cómo pueden producir efectos biológicos las emisiones electromagnéticas
ionizantes?
Las radiaciones electromagnéticas
ionizantes llevan suficiente energía por fotón como para romper
los enlaces en el material genético de la célula, el ADN. Daños
importantes en el ADN pueden matar a las propias células, quedando
el tejido dañado o muerto. Daños menores en el ADN pueden provocar
cambios permanentes en las células que pueden conducir al cáncer.
Si estos cambios suceden en las células reproductoras pueden
originar cambios hereditarios (mutaciones). Todos los riesgos
conocidos para la salud humana por la exposición a la parte
ionizante del espectro electromagnético son el resultado de
la ruptura de los enlaces químicos en el ADN. A frecuencias
inferiores al ultravioleta lejano no hay daños en el ADN, porque
los fotones no tienen la suficiente energía para romper los
enlaces químicos. Existen normas de seguridad aceptadas para
prevenir daños significativos en el material genético de las
personas expuestas a la radiación electromagnética ionizante
[M2].
7)
¿Cómo pueden producir efectos biológicos las radiofrecuencias
y las microondas?
El principal mecanismo por el cual
las emisiones de radio y microondas producen efectos biológicos
es por calentamiento (efectos térmicos). Este calentamiento
puede matar células. Si mueren suficientes células se pueden
producir quemaduras y, posiblemente, otros daños permanentes
en los tejidos. Las células que no mueren por el calor vuelven
gradualmente a su estado normal cuando cesa el calentamiento;
no se conocen daños no letales permanentes en las células. En
un animal, pueden esperarse daños en los tejidos y otros efectos
inducidos térmicamente cuando la cantidad de energía absorbida
por el animal es similar, o excede, a la cantidad de calor generada
por los procesos corporales normales. Alguno de estos efectos
térmicos (ver también Q9)
son muy sutiles y no representan riesgos biológicos [A12].
Es posible producir efectos térmicos
incluso con bajos niveles de energía absorbida. Un ejemplo es
el fenómeno conocido como "oír las microondas"; son sensaciones
auditivas que una persona experimenta cuando su cabeza está
expuesta a microondas pulsadas, como las generadas por un radar.
El efecto de oír las microondas es térmico, pero puede observarse
con niveles energéticos muy bajos.
Como los efectos térmicos se deben
a las corrientes inducidas, no a los campos eléctricos o magnéticos
directamente, pueden ser producidos por campos de frecuencias
muy diferentes. Existen normas de seguridad aceptadas para prevenir
daños térmicos significativos en las personas expuestas a microondas
y ondas de radio (Q31C),
y también para personas expuestas a rayos láser, luz infrarroja
y ultravioleta [M3].
8)
¿Cómo pueden producir efectos biológicos los campos electromagnéticos
de frecuencia industrial?
Los campos eléctricos asociados
con las fuentes de frecuencia industrial existen siempre que
haya tensión, con independencia de que la corriente esté fluyendo,
o no. Estos campos eléctricos tienen poca capacidad de penetración
en edificios e incluso en la piel. Los campos magnéticos asociados
con las fuentes de frecuencia industrial existen sólo cuando
la corriente está fluyendo. Estos campos magnéticos son difíciles
de apantallar y penetran fácilmente en edificios y personas.
Como los campos eléctricos de frecuencia industrial no pueden
penetrar en el cuerpo, está ampliamente aceptado que cualquier
efecto biológico por exposición residencial a campos de frecuencia
industrial tiene que ser debido a la componente magnética del
campo, o a los campos eléctricos y corrientes que estos campos
magnéticos inducen en el organismo [A12].
El argumento de que los efectos
de los campos de frecuencia industrial tienen que ser debidos
a la componente magnética del campo ha sido objeto de debate
recientemente [A14].
En particular, King [F27]
ha argumentado que los campos eléctricos procedentes de líneas
eléctricas penetran en la mayoría de los edificios y que las
corrientes inducidas en el cuerpo por los campos eléctricos
de las líneas eléctricas puede ser mayor que las corrientes
inducidas por los campos magnéticos. Este tema se trata con
más profundidad en Q16G
y Q19L.
A frecuencias industriales la energía
del fotón es de 10^10 veces más pequeña que la necesaria para
romper incluso el más débil enlace químico. Sin embargo, existen
mecanismos bien establecidos mediante los cuales los campos
eléctricos y magnéticos de frecuencia industrial podrían producir
efectos biológicos sin romper enlaces químicos [A12,
F3,
F23,
M6].
Los campos eléctricos de frecuencia industrial pueden ejercer
fuerzas en moléculas cargadas y no cargadas, y en las estructuras
celulares dentro de un tejido. Estas fuerzas pueden producir
movimiento de partículas cargadas, orientar o deformar estructuras
celulares, orientar moléculas dipolares o inducir voltajes a
través de las membranas celulares. Los campos magnéticos de
frecuencia industrial pueden ejercer fuerzas en estructuras
celulares, pero como los materiales biológicos son esencialmente
no magnéticos, estas fuerzas suelen ser muy débiles.
Los campos magneticos de frecuencia
industrial también pueden producir efectos biológicos a través
de los campos eléctricos que inducen en el organismo. Estas
fuerzas eléctricas y magnéticas se dan en presencia de la agitación
térmica al azar (ruido térmico) y el ruido eléctrico procedente
de muchas fuentes; y para producir cambios significativos en
un sistema biológico los campos aplicados deben, en general,
exceder con mucho los que existen en condiciones de exposición
residencial típicas [A12,
F3,
F17,
F23,
F34,
M6].
En general, los campos o corrientes
inducidas en el organismo por campos eléctricos o magnéticos
de frecuencia industrial son demasiado débiles para ser nocivos;
y las normas de seguridad establecidas están para proteger a
las personas de la exposición a campos de frecuencia industrial
que puedan inducir corrientes peligrosas [M4,
M5,
M6,
M8].
Estas normativas de seguridad para campos (al contrario de las
que protegen contra descargas por contacto con los conductores)
se establecen para limitar las corrientes inducidas en el cuerpo
a niveles por debajo de los que se dan de forma natural en el
cuerpo. Los bien conocidos riesgos de la energía eléctrica,
descargas y quemaduras, generalmente precisan que el sujeto
entre en contacto directo con un superficie cargada (por ejemplo,
un conductor cargado y el suelo), permitiendo que la corriente
pase directamente por el cuerpo.
9)
¿Producen las emisiones electromagnéticas no ionizantes efectos
térmicos y no térmicos?
En las discusiones sobre efectos
biológicos de las emisiones electromagnéticas no ionizantes
se hace a menudo una distinción entre efectos no térmicos y
térmicos. Esto se refiere al mecanismo del efecto: los efectos
no térmicos son resultado de una interacción directa entre el
campo y el organismo (por ejemplo, procesos fotoquímicos como
la visión y la fotosíntesis) y los efectos térmicos son resultado
del calentamiento (por ejemplo, calentamiento con hornos microondas
o luz infrarroja). Se ha informado de muchos efectos biológicos
de las emisiones electromagnéticas no ionizantes cuyos mecanismos
son totalmente desconocidos, y es difícil (y no muy útil) intentar
distinguir entre mecanismos térmicos y no térmicos para tales
efectos [A12].
10)
¿Qué niveles de campos de frecuencia industrial son habituales
en viviendas y lugares de trabajo?
En Estados Unidos los campos
magnéticos a menudo se siguen midiendo en Gauss (G) o
miliGauss (mG): 1.000 mG
= 1 G.
En el resto del mundo, y en
la comunidad científica, los campos magnéticos se miden en Teslas
(T): 10.000 G = 1 T
1 G = 100 microT (µT)
1 microT = 10 mG
En este documento de preguntas los
campos magnéticos se expresan en microT.
Los campos eléctricos se
miden en voltios/metro (V/m).
Las técnicas de medida se discuten
en Q29
y Q30.
Dentro de la calle (corredor o zona
de paso; en inglés, ROW) de una línea eléctrica de alta
tensión (115-765 kV, 115.000-765.000 voltios) los campos pueden
alcanzar 10 microT y 10.000 V/m. En el borde de la calle los
campos estarán entre 0,1-1,0 microT y 100-1.000 V/m. A diez
metros de una línea de distribución de 12 kV (12.000 voltios)
los campos estarán entre 0,2-1,0 microT y 2-20 V/m. Los campos
magnéticos dependen de la distancia, la tensión, el diseño y
la intensidad de corriente; los campos eléctricos solo se ven
afectados por la distancia, la tensión y el diseño (no por el
flujo de corriente) [F7].
Dentro de las viviendas los campos
pueden variar desde 150 microT y 200 V/m a pocos centímetros
de determinados electrodomésticos, hasta menos de 0,02 micro
T y 2 V/m en el centro de muchas habitaciones. Los electrodomésticos
que tienen los campos magnéticos más altos son aquéllos que
necesitan una alta intensidad de corriente (por ejemplo, aspiradoras,
hornos de microondas, lavadoras, lavavajillas, batidoras, abrelatas,
afeitadoras eléctricas) ) [F22].
Los relojes y radiorrelojes eléctricos, que se decía eran fuentes
importantes de exposición nocturna para los niños, no tienen
un campo magnético especialmente elevado (0,04-0,06 microT a
50 cm [F22]).
Los campos de los electrodomésticos disminuyen rápidamente con
la distancia. [F7,
F22].
De los electrodomésticos estudiados en casas británicas, sólo
los hornos microondas, las lavadoras, lavavajillas y abrelatas
generaban campos superiores a 0,2 microT medidos a 1 metro de
distancia [F22].
Como los campos eléctricos de las
líneas eléctricas tienen poca capacidad de penetrar en los edificios,
hay muy poca correlación entre campos eléctricos y magnéticos
dentro de las casas [C11,
C12].
En particular, mientras que los campos magnéticos en el interior
de edificios situados cerca de líneas eléctricas están aumentados,
los campos eléctricos no parecen ser igualmente elevados [C11,
C12].
Se han observado exposiciones laborales
superiores a 100 microT y 5.000 V/m (por ejemplo, en soldadura
al arco y montadores de cables). En los trabajos "eléctricos"
normales la exposición media varía desde 0,5 a 4 microT y 100-2.000
V/m [D19,
F7,
F11,
F16].
La exposición a campos eléctricos y magnéticos de frecuencia
industrial en ambientes laborales están muy poco correlacionadas
[F16].
Los trenes eléctricos también pueden
ser una importante fuente de exposición, puesto que los campos
de frecuencia industrial a la altura de los asientos en los
vagones de pasajeros puede llegar hasta 60 microT [F28].
11)
¿Pueden reducirse los campos de frecuencia industrial en viviendas
y lugares de trabajo?
Existen una serie de técnicas de
ingeniería que pueden utilizarse para reducir los campos magnéticos
producidos por líneas eléctricas, subestaciones, trasformadores
e incluso el cableado doméstico y los electrodomésticos de las
casas [F2,
F29].
Sin embargo, una vez que los campos se han generado, el apantallamiento
es muy difícil. Se pueden apantallar pequeñas áreas utilizando
Mu-metal (una aleación de niquel-hierro-cobre), pero es muy
caro. Areas más grandes pueden apantallarse con metales más
baratos, pero sigue siendo caro y, por lo general, su uso adecuado
requiere considerables conocimientos técnicos.
Aumentar la altura de las torres,
y por lo tanto la altura de los conductores por encima del nivel
del suelo, reducirá la intensidad del campo en el borde de la
calle [F2,
F29].
El tamaño, espaciamiento y configuración de los conductores
puede ser modificado para reducir los campos magnéticos, pero
este método tiene limitaciones desde el punto de vista de la
seguridad eléctrica. Si se instalan múltiples circuitos en el
mismo conjunto de torres también se reducirá el campo, aunque
ello requiere generalmente torres más altas. Otra manera de
reducir los campos magnéticos consiste en reemplazar líneas
de menor tensión por otras de mayor tensión.
Enterrar las líneas de transporte
puede reducir de forma substancial los campos magnéticos. Esta
reducción del campo magnético se debe a que las líneas subterráneas
utilizan goma, plástico o aceite como material aislante en lugar
de aire; esto permite que los conductores puedan situarse mucho
más juntos, produciéndose una mayor cancelación de las fases.
La reducción de los campos magnéticos en las líneas subterráneas
no se debe al apantallamiento. Construir líneas de alta tensión
subterráneas es muy caro, añadiendo costes que pueden superar
el millón de dólares por milla.
La reducción del campo magnético
al enterrar una línea aumenta con la distancia a la línea. En
el centro del pasillo de una línea el campo generado por una
línea enterrada puede ser superior que el generado por una línea
aérea [F29].
Por ejemplo, en una comparación entre una línea aérea y otra
subterránea de 400 kV [F29]
el campo en el centro del pasillo era de 25 microT en la aérea
y 100 microT en la subterránea, pero a 20 metros el campo era
10 microT para la aérea y 1-2 microT para la subterránea.
Diferentes métodos de cableado del
hogar pueden afectar de manera apreciable a los campos magnéticos
dentro de las casas. Por ejemplo, el antiguo sistema de cableado
de las casas en Estados Unidos, de tubo y lazo, produce mayores
campos que los métodos modernos en los que los cables se instalan
mucho mas juntos; los campos son menores porque los conductores
están mas cerca y hay una mayor compensación de fases. Otras
estrategias para reducir los campos del cableado doméstico consisten
en intentar evitar los bucles de tierra, y ocuparse de cómo
están cableados los circuitos con múltiples interruptores. En
general, las instalaciones que se hacen de acuerdo a los códigos
de cableado eléctrico modernos tendrán un campo magnético menor.
12)
¿Qué se sabe sobre la relación entre las calles de las líneas
eléctricas y las tasas de cáncer?
Algunos estudios han informado que
los niños que residen cerca de ciertos tipos de líneas eléctricas
(líneas de distribución de alta intensidad y líneas de transporte
a alta tensión) tienen tasas de leucemia [C1,
C6,
C12,
C19,
C45,
C46],
de tumores cerebrales [C1,
C6]
y/o tasa global de cáncer [C5,
C17]
más alta que la media. Las correlaciones no son fuertes y, en
general, los estudios no han mostrado una relación dosis-respuesta.
Cuando se miden realmente los campos de frecuencia industrial,
la asociación generalmente desaparece [C6,
C12,
C19,
C35,
C44].
Muchos otros estudios no han mostrado ninguna correlación entre
residir cerca de las líneas eléctricas y riesgo de leucemia
infantil [C3,
C5,
C9,
C10,
C16,
C17,
C33,
C35,
C44,
C45,
C48,
C51,
C53],
tumores cerebrales infantiles [C5,
C9,
C16,
C17,
C19,
C28,
C29,
C33]
o tasa global de cáncer infantil [C16,
C19,
C33].
Todos, excepto uno, los estudios
más recientes sobre líneas y leucemia o tumores cerebrales infantiles
[C28,
C29,
C33,
C35,
C43,
C44]
han fracasado en encontrar asociaciones significativas. La excepción
es un estudio canadiense [C45,
C46]
que mostraba una asociación entre la incidencia de leucemia
infantil y algunas medidas de la exposición (ver una discusión
completa en Q19J).
Con dos excepciones [C2,
C32],
todos los estudios sobre correlaciones entre cáncer en adultos
y residir cerca de líneas eléctricas han sido negativos [C4,
C7,
C9,
C13,
C18,
C21,
C31,
C32,
C38,
C40,
C47].
Las excepciones son Wertheimer y Leeper [C41],
quienes informaron de un exceso la tasa global de cáncer y de
tumores cerebrales, pero no de leucemia; y Li y col. [C33]
que hallaron un exceso de leucemia, pero no de cáncer de mama
o tumores cerebrales.
13)
¿Es alto el "riesgo de cáncer" asociado con residir junto a
una línea eléctrica?
El exceso de cáncer encontrado en
los estudios epidemiológicos se cuantifica normalmente con un
número llamado riesgo relativo
(RR). Este es el riesgo de que una persona "expuesta"
tenga cáncer dividido por el riesgo de que una persona "no expuesta"
tenga cáncer. Como nadie está "no expuesto" a campos de frecuencia
industrial, la comparación se realiza en realidad entre personas
con alto nivel de exposición frente a personas con bajo nivel
de exposición. Un riesgo relativo de 1,0 significa que no hay
efecto, un riesgo relativo de menos de 1,0 significa un riesgo
menor en los grupos expuestos, y un riesgo relativo de más de
1,0 significa un incremento de riesgo en los grupos expuestos.
Los riesgos relativos normalmente se dan con un intervalo de
confianza del 95%. Estos intervalos de confianza del 95% casi
nunca se ajustan para múltiples comparaciones (Q21E),
aun cuando se estudien múltiples tipos de cáncer y múltiples
índices de exposición (Ver Olsen y col. [C17],
Fig. 2, para un ejemplo de un ajuste para comparaciones múltiples).
13A)
¿Cuál es el riesgo de cáncer en general?
No es posible realizar una revisión
sencilla de la epidemiología, porque las técnicas epidemiológicas
y los métodos de evaluación de la exposición en los distintos
estudios son muy diferentes. Se ha intentado el meta-análisis
[A7, B3, B5, B9, B12, B18, C54, C57], un método
para combinar distintos estudios [L15], pero los
resultados son problemáticos debido a la falta de consenso sobre
la mejor forma de medir la exposición. Los meta-análisis también
tienden a quedarse obsoletos bastante pronto. Un meta-análisis
de 1999 sobre cáncer infantil [B18], por ejemplo,
ya no incluía los cuatro grandes estudios de 1999 cuando se
publicó.
La siguiente tabla resume los riesgos
relativos (RR) de los estudios de exposición residencial.
| Tipo de cáncer |
Número de
estudios |
Mediana
de RRs |
Rango
de RRs |
| Leucemia infantil |
20 |
1,25 |
0,80-2,00 |
| Tumor cerebral infantil |
9 |
1,20 |
0,80-1,70 |
| Linfoma infantil |
8 |
1,80 |
0,80-4,00 |
| Tasa global de cáncer infantil |
7 |
1,30 |
0,90-1,60 |
| Leucemia en adultos |
6 |
1,15 |
0,85-1,65 |
| Tumor cerebral en adultos |
5 |
0,95 |
0,70-1,30 |
| Tasa global de cáncer en adultos |
8 |
1,10 |
0,80-1,35 |
Como base de comparación, la tasa
de incidencia de cáncer en adultos, ajustada para la edad, en
Estados Unidos es de 3 por 1.000 por año para todos los tipos
de cáncer (es decir, un 0,3% de la población desarrolla un cáncer
en un año dado), y de 1 por 10.000 por año para la leucemia.
13B)
¿Cuál es el riesgo de leucemia infantil?
Gran parte de la atención pública
y científica se ha centrado en la leucemia infantil, prestando
menos atención a la leucemia en adultos, tumores cerebrales
en niños y en adultos, linfomas y tasa global de cáncer infantil
(ver la tabla de Q13A).
Los estudios originales que sugirieron una asociación entre
líneas eléctricas y cáncer infantil utilizaron una combinación
del tipo de cableado y la distancia a la vivienda como medida
sustitutoria de la exposición, un sistema denominado "código
de cables" [C1,
C3,
C6].
Otros estudios han utilizado la distancia a las líneas de transporte
o subestaciones como medida de la exposición, y algunos estudios
han utilizado campos medidos en el momento o campos históricos
calculados. En general, los diferentes métodos para evaluar
la exposición no están bien correlacionados ni entre sí ni con
los campos medidos en el momento; ninguna de estas medidas de
la exposición es manifiestamente superior, y ninguna es utilizada
por la totalidad de los principales estudios (ver figura siguiente).
Históricamente, una de las características
más enigmáticas de los estudios de leucemia infantil era que
la correlación de la exposición con la incidencia del cáncer
parecía ser mayor cuando el código de cables o la proximidad
a las líneas eléctricas se utilizaba como medida de la exposición,
más que cuando los campos eran medidos directamente en las casas
(ver figura siguiente). Esto ha llevado a sugerir que la asociación
de cáncer infantil con residir cerca de líneas eléctricas podría
ser debida a un factor distinto al campo de frecuencia industrial.
Por ejemplo, se ha sugerido que el nivel socioeconómico podría
ser un factor de confusión, ya que está relacionado con el riesgo
de cáncer, y los grupos "expuestos" y "no expuestos" en algunos
estudios pueden ser de niveles socioeconómicos distintos. Esto
es particularmente importante en los estudios de exposición
residencial en Estados Unidos que se basan en los códigos de
cables, puesto que los tipos de código de cables relacionados
con cáncer infantil se encuentran fundamentalmente en barrios
más viejos y pobres, y/o en barrios con una alta proporción
de casas alquiladas [A7,
C20,
C25].
Sin embargo, en 1997 y 1999, los mayores estudios realizados
hasta la fecha sobre líneas eléctricas y leucemia infantil [C35,
C44]
no encontraron ninguna asociación entre leucemia y código de
cables o campos medidos; y los más recientes estudios sobre
tumores cerebrales [C28,
C29]
no han hallado ninguna relación con código de cables. Estos
últimos estudios indican que la "paradoja del código de cables"
no existe realmente.
La figura siguiente muestra la variedad
de objetivos utilizados en los estudios de leucemia infantil.
Debido a la falta de consenso sobre el parámetro de medida de
la exposición correcto, y a la falta de un parámetro de medida
de la exposición común a la mayoría de los estudios, no se puede
hacer un resumen sencillo de la epidemiología. Los intentos
de hacer una revisión se han frustrado por el hecho de que no
se puede realizar un único análisis. En su lugar, se obtienen
un grupo de análisis basados en diferentes definiciones de exposición,
la mayoría de los cuales excluyen algunos estudios, y ninguno
de los cuales puede ser considerado como el mejor. Por ejemplo,
una revisión realizada en 1997 por el Consejo Nacional de Investigación
[de la Academia Nacional de las Ciencias] de Estados Unidos
[A7]
llevó a cabo un complejo meta-análisis y concluyó que: "los
códigos de cables están asociados con un incremento estadísticamente
significativo en, aproximadamente, un factor 1,5 de leucemia
infantil". Esta conclusión está basada en sólo uno de los ocho
diferentes meta-análisis sobre leucemia infantil llevados a
cabo por el comité del Consejo Nacional de Investigación, un
análisis que excluía siete de los once estudios y utilizaba
un punto de corte arbitrario para definir quien estaba expuesto.
Un segundo análisis de los mismos cuatro estudios utilizó un
punto de corte superior y encontró un pequeño aumento no significativo.
Los otros seis análisis realizados por el comité del Consejo
Nacional de Investigación dieron riesgos relativos que variaban
entre 0,8 y 1,7.
Los estudios de leucemia infantil
en su conjunto no muestran una asociación consistente entre
residir cerca de líneas eléctricas e incidencia de leucemia.
Sin embargo, un par de estudios
publicados en 2000 [C54, C57] hallaron
que si se combinaban algunos estudios eligiendo ciertos parámetros
de la exposición, parece haber un incremento del riesgo de leucemia
en el grupo más expuesto:
- En el primero de los análisis de los datos
combinados, Ahlbom y col. [C54]
informaron de que si se combinaban los 9 estudios que incluyeron
medidas durante mucho tiempo del nivel de campo magnético,
se hallaba una asociación estadísticamente significativa
(riesgo relativo = 2) de leucemia infantil en los niños
con una exposición promedio de 0,4 microT o superior. Para
los niños con una exposición promedio inferior no se hallaba
ningún aumento del riesgo de leucemia infantil en el estudio
combinado. Campos magnéticos promedio por encima de 0,4
microT se encuentran en alrededor del 0,8% de las viviendas
[C54].
Si se toma el análisis literalmente, entonces la exposición
a campos magnéticos de frecuencia industrial podría ser
responsable de alrededor del 1% de las muertes por leucemia
infantil (es decir, 6-8 casos al año en Estados Unidos).
- En el segundo de los análisis combinados
de los datos, Greenland y col. [C57]
informaron de que si se combinaran los 15 estudios en los
que se midió el campo magnético (o se estimó), se encuentra
una asociación estadísticamente significativa (riesgo relativo
= 1,7) de leucemia infantil en los niños con una exposición
promedio de 0,3 microT o superior. Para los niños con una
exposición promedio inferior no se hallaba un aumento significativo
de leucemia infantil en los estudios combinados. Según los
autores, estos datos indican que la exposición a campos
magnéticos de frecuencia industrial podría ser responsable
del 0,8% de las muertes por leucemia infantil en Estados
Unidos.
Riesgo
Relativo de Leucemia Infantil
|
 |
| Riesgo relativo (RR) de leucemia infantil
y exposición a los campos generados por las líneas eléctricas.
Los riesgos relativos se muestran con un intervalo de
confianza del 95% y el número esperado de casos expuestos
(una medida de la potencia estadística del estudio) se
muestra entre paréntesis. Cuando los autores han usado
más de un punto de corte para la exposición se muestra
el mayor de ellos con más de 5 casos expuestos. El resumen
ponderado valora cada estudio sobre la base del número
de casos expuestos, y considera todas las medidas de exposición
de forma equivalente. Los datos agrupados para los años
1980-1994 provienen de Moulder [A12]. |
14)
¿A qué distancia tiene que estar una línea eléctrica para considerarse
expuesto a campos de frecuencia industrial?
Los estudios que muestran una relación
entre cáncer y líneas eléctricas no proporcionan ninguna guía
consistente sobre qué distancia o nivel de exposición está asociado
con un incremento en la incidencia de cáncer. Los estudios han
utilizado una amplia variedad de técnicas para medir la exposición,
y difieren en el tipo de líneas que han estudiado. Los estudios
en Estados Unidos se han basado principalmente en líneas de
distribución local, mientras que en los estudios europeos se
han basado estrictamente en líneas de transporte de de energía
a alta tensión y/o transformadores.
Medidas de campo: Diversos
estudios han medido campos de frecuencia industrial en domicilios
[C6, C7, C12, C19, C21, C29, C34, C35, C44, C45, C46, C59]. Se han realizado
tanto medidas puntuales y de pico como promedios a lo largo
de 24 horas y 48 horas. Dos de los estudios [C46, C59] que utilizan
medidas del campo han mostrado una relación estadísticamente
significativa entre exposición y leucemia infantil. Ningún otro
tipo de cáncer, tanto en adultos como en niños, ha sido asociado
a campos medidos.
Un informe publicado en 2000 [C54] calculaba
que si se combinaban todos los estudios que incluyeron medidas
del campo magnético durante mucho tiempo, se encuentra una asociación
estadísticamente significativa para niños con una exposición
promedio durante 24-48 horas de 0,4 microT o superior. Un segundo
estudio publicado en 2000 [C57] informaba
de que si se combinaban todos los estudios que incluyen estimaciones
o medidas del campo magnético, se halla una asociación estadísticamente
significativa para niños con una exposición de 0,3 microT o
superior. Para niños con una exposición promedio inferior no
se observaba una elevación significativa de leucemia infantil
en ninguno de los análisis combinados.
Proximidad a las líneas:
Muchos estudios han utilizado la distancia entre la línea y
las viviendas como medida de los campos de frecuencia industrial
[C4, C5, C9, C10, C13, C19, C20a, C21, C32, C33, C53, C58]. Cuando algo
que podemos medir (la distancia a la línea) se utiliza como
un índice de lo que realmente queremos medir (el campo magnético),
lo denominamos "medida sustitutoria o subrogada ". Tres [C5, C19, C32] de los doce
estudios que han utilizado la distancia a las líneas como una
medida sustitutoria de la exposición han mostrado una relación
entre proximidad a las líneas y cáncer. Los más importantes
son un estudio en niños [C19] que mostró
un incremento en la incidencia de leucemia infantil en viviendas
situadas a menos de 50 m de las líneas de transporte a alta
tensión, y un estudio en adultos [C32] que mostró
un incremento en la incidencia de leucemia en viviendas situadas
a menos de 100 metros de líneas de transporte a alta tensión.
El estudio más amplio sobre proximidad a líneas eléctricas y
cáncer infantil no encontró ninguna asociación con ningún tipo
de cáncer en niños que viven a menos de 50 metros de líneas
eléctricas o subestaciones [C58].
Dependiendo del tipo de línea y
su intensidad de corriente, el campo magnético generado por
la línea eléctrica llega a ser menor que el que produce una
vivienda típica a una distancia de 20-70 metros.
Código
de cables (o configuración de cables): Los estudios originales
sobre líneas eléctricas en Estados Unidos usaban una combinación
del tipo de cable (distribución frente a transporte, número
y grosor de cables) y la distancia de los cables a la vivienda
como medida sustitutoria de la exposición [C1,
C2,
C3,
C6,
C7,
C12,
C28,
C29,
C35,
C44,
C45,
C46].
Esta técnica se conoce como "código de cables" [F21].
Tres estudios que han utilizado el código de cables [C1,
C6,
C12]
han informado de una relación entre cáncer infantil y el código
"configuración de alta intensidad". Dos de estos estudios [C6,
C12]
no consiguieron encontrar una relación entre exposición y cáncer
cuando se hicieron mediciones reales; el tercer estudio [C1]
no hizo medidas reales. Los estudios más recientes sobre códigos
de cables y cáncer infantil [C28,
C29,
C35,
C44,
C45,
C46]
no han encontrado asociaciones significativas.
Los códigos de cables son estables
a lo largo del tiempo [F6],
pero no se correlacionan bien con los campos medidos [A7,
F6,
F7,
F10,
F21].
El esquema de código de cables se desarrolló para áreas urbanas
de Estados Unidos, y no es fácilmente aplicable en otros países.
Se ha sugerido que los códigos de cables pueden ser una medida
más apropiada para estimar los campos magnéticos a largo plazo
que las medidas reales, pero los análisis han mostrado que esto
es poco probable [A7,
F21].
Un problema más serio cuando se utiliza el código de cables
para estimar la exposición al campo magnético es que el código
de cables se correlaciona fuertemente con cosas que no tienen
nada que ver con el campo magnético (como la antigedad de la
vivienda, densidad de tráfico y nivel socioeconómico) [C40].
Campos históricos calculados:
Muchos estudios recientes (Q19)
han utilizado las bases de datos de las empresas eléctricas
y mapas para calcular qué campos habrían sido generados en el
pasado por líneas eléctricas de alta tensión [C16,
C17,
C19,
C21,
C26a,
C31,
C32,
C33,
C44].
Normalmente, se utiliza como medida de exposición el campo calculado
en el momento del diagnóstico o el campo promedio para un número
de años previos al diagnóstico. Estas exposiciones calculadas
excluyen explícitamente las contribuciones de otras fuentes,
tales como líneas de distribución, cableado doméstico o electrodomésticos.
No hay forma de comprobar la exactitud de los campos históricos
calculados. Ver Jaffa y col. [F36]
para una discusión de algunas de las razones para cuestionar
la exactitud de estos cálculos.
15)
¿Qué se sabe sobre la relación entre trabajos eléctricos y tasas
de cáncer?
Varios estudios han publicado que
las personas que trabajan en algunas profesiones eléctricas
tienen una tasa más alta de lo que cabría esperar de algunos
tipos de cáncer. Los estudios originales [D1,
D2]
analizaron sólamente leucemia. Algunos estudios posteriores
también incluyeron tumores cerebrales, linfoma y/o cáncer de
mama. Al igual que en los estudios residenciales, hay muchos
estudios negativos, correlaciones débiles y relaciones dosis-respuesta
inconsistentes. Además, muchos de esos estudios están basados
en categorías laborales, no en exposiciones medidas.
El meta-análisis [L15]
de los estudios laborales es todavía mas difícil que para los
residenciales. Primero, se utilizan varias técnicas epidemiológicas,
y no se deberían combinar estudios que utilizan diferentes técnicas.
Segundo, se utiliza una amplia gama de definiciones de "trabajos
eléctricos", y muy pocos estudios miden realmente la exposición.
Por último, no hay consenso sobre la forma apropiada de medir
la exposición. La siguiente tabla resume los riesgos relativos
(RR) de los estudios de exposición laboral.
| Tipo de cáncer |
Número de
estudios |
Mediana
de RRs |
Rango
de RRs |
| Leucemia (todos los estudios) |
unos 40 |
1,20 |
0,80-2,25 |
| Tumores cerebrales |
unos 30 |
1,15 |
0,90-2,00 |
| Linfoma |
unos 12 |
1,20 |
0,90-1,80 |
| Pulmón |
unos 15 |
1,05 |
0,65-1,45 |
| Cáncer de mama en mujeres |
unos 10 |
1,10 |
0,85-1,50 |
| Cáncer de mama en hombres |
unos 10 |
1,25 |
0,65-2,80 |
| Tasa global de cáncer |
unos 15 |
1,05 |
0,85-1,15 |
Ver Q19 para una discusión
más detallada de los estudios recientes [también B11, B12, B13, B17, B19, B20].
16)
¿Indican los estudios de laboratorio que los campos de frecuencia
industrial pueden producir cáncer?
A pesar de que todavía se conoce
poco sobre las causas de cánceres específicos, se comprenden
lo suficientemente bien los mecanismos de la carcinogénesis
como para que los estudios celulares y en animales puedan proporcionar
información relevante para determinar si un agente causa o contribuye
al cáncer [A8,
A9,
A12,
A13,
K5,
L26,
L28].
Actualmente, la investigacion indica que la carcinogénesis es
un proceso en varias fases causado por una serie de daños en
el material genético de las células. No es sorprendente que
este modelo se conozca como "Modelo de carcinogénesis de
múltiples etapas".
El
Modelo de Carcinogénesis de Múltiples Etapas
|
 |
Este modelo reemplaza un modelo
anterior, llamado de iniciación-promoción . El modelo
de iniciación-promoción proponía que la carcinogénesis era un
proceso en dos fases, siendo la primera un daño genotóxico (llamado
iniciación) y la segunda un suceso no genotóxico (llamado
promoción). Ahora está claro que este modelo en dos fases
era demasiado simple. En particular, está claro que en muchos
cánceres (si no en todos) suceden múltiples alteraciones genotóxicas;
y que no en todos los tipos de cáncer debe haber promoción.
Nuestra comprensión actual del cáncer
dice que se inicia con un daño a la información genética de
la célula (el ADN). Los agentes que originan tal daño se denominan
genotoxinas. Es muy poco probable que un único daño genético
produzca un cáncer; parece que se requieren una serie de daños
genéticos. Los cancerígenos genotóxicos pueden no tener un umbral
para ejercer su efecto; es decir, cuando se va bajando la dosis
de la genotoxina el riesgo de inducción de cáncer se va haciendo
más pequeño, pero puede no llegar a ser cero nunca. Las genotoxinas
pueden afectar a muchos tipos de células, y pueden causar más
de un tipo de cáncer. Por lo tanto, el que haya evidencia de
la genotoxicidad de un agente a cualquier nivel de exposición,
en cualquiera de los tests reconocidos de genotoxicidad, es
importante para evaluar su potencial cancerígeno en las personas
[A8,
A9,
A12,
A13,
L26,
L28].
Existen muchas formas de medir la
genotoxicidad. Se pueden realizar estudios de personas profesionalmente
expuestas para ver si hay daños genotóxicos en las células
blancas de la sangre (Q16A).
Se pueden hacer estudios en animales para ver si la exposición
causa cáncer, mutaciones o daño cromosómico (Q16B).
Se pueden hacer estudios celulares para detectar daño
cromosómico o al ADN (Q16C)
o transformación celular neoplásica (Q16D).
Al revisar la literatura sobre genotoxicidad se incluyen tanto
estudios en mamíferos como en no mamíferos. Se ha cubierto un
amplio rango de exposiciones, ya que cualquier evidencia de
genotoxicidad en cualquier sistema expuesto a cualquier tipo
similar de campo podría ser relevante para la cuestión de la
carcinogénesis.
Existen muchas pruebas de laboratorio
que pueden usarse para buscar evidencias de actividad genotóxica:
Pruebas
de laboratorio para actividad genotóxica
| Prueba |
Descripción |
| Inducción de cáncer (in
vivo) |
Analiza el incremento de cáncer
en animales. Se expone a los animales a un agente durante
un largo periodo de tiempo (a menudo toda la vida) y se
analiza si hay un aumento de la tasa de cáncer. |
| Mutagénesis (in vivo) |
Analiza cambios en el material
genético de óvulos o espermatozoides, que se pueden transmitir
a la descendencia. Se expone a los animales al agente,
luego se aparean y se analiza su descendencia buscando
defectos hereditarios. Otras veces se analiza la descendencia
por si hubiese cambios en la tasa de sexos, ya que las
mutaciones tienen mayor probabilidad de matar machos que
hembras. |
| Mutagénesis (in vitro) |
Analiza cambios en el material
genético de las células que pueden ser transmitidos a
la progenie (células hijas). Se exponen las células al
agente y se analizan los cambios hereditarios en la progenie. |
| Intercambio de cromátides hermanas,
SCE (in vivo o in vitro) |
Analiza la presencia de roturas
y reorganización de trozos de cromosomas. El análisis
se puede aplicar a células blancas de la sangre de organismos
expuestos (incluyendo personas) o a células expuestas
en cultivo. |
| Formación de micronúcleos (in
vivo o in vitro) |
Analiza la presencia de trozos
de cromosomas que aparecen sueltos como consecuencia de
daño al material genético de la célula. La prueba puede
aplicarse a células blancas de la sangre de organismos
expuestos (incluyendo personas) o a células expuestas
en cultivo. |
| Roturas de hebras de ADN (in
vivo o in vitro) |
Analiza la presencia de roturas
en el material genético de las células (el ADN), en contraposición
a las roturas en los cromosomas. |
| Transformación celular (in
vitro) |
Analiza si las células que
crecen en cultivo sufren cambios cuando se exponen a un
agente que asemeja su respuesta a un cancerígeno. Estos
cambios incluyen: pérdida de la inhibición de crecimiento
dependiente de la densidad (pérdida de la "inhibición
de contacto") que hace que las células se apilen ("formación
de focos"), y adquisición de la capacidad de crecer en
agar blando ("crecimiento independiente del anclaje"). |
También parece que los agentes no
genotóxicos (epigenéticos) pueden contribuir al desarrollo
del cáncer, aunque no sean capaces de originarlo por sí solos.
Los agentes epigenéticos (carcinógenos no genotóxicos)
afectan indirectamente a la carcinogénesis al aumentar la probabilidad
de que otros agentes causen un daño genotóxico, o que el daño
genotóxico causado por otros agentes desemboque en un cáncer.
Por ejemplo, un agente epigenético puede inhibir la reparación
de un daño potencialmente genotóxico, puede afectar al ADN de
tal forma que lo haga más vulnerable a agentes genotóxicos,
puede permitir que una célula con daño genotóxico sobreviva,
o puede estimular la división celular en una célula con un daño
genotóxico que antes no se dividía [A8,
A9,
A12,
L26,
L28].
Los efectos de los agentes epigenéticos
pueden ser específicos para cada tejido y especie, y existe
evidencia de que los agentes epigenéticos tienen un umbral para
sus efectos. Por lo tanto, en lo que respecta a su relevancia
para la carcinogénesis humana, la evidencia de que un agente
tiene actividad epigenética debe ser evaluada cuidadosamente
bajo condiciones de exposición reales. Esto es importante para
el tema del posible riesgo de cáncer debido a campos de frecuencia
industrial, ya que la evidencia, en la medida que pudiera implicar
a estos campos, sugiere un mecanismo epigenético más que genotóxico
[A9,
L26,
L28].
Los promotores son un tipo específico
de agentes epigenéticos. En un análisis clásico de promoción
se expone a los animales a una genotoxina conocida, a una dosis
que producirá cáncer en algunos, pero no en todos los animales.
Otro grupo de animales se exponen a la genotoxina más el agente
que se desea evaluar si tiene actividad promotora. Si el agente
más la genotoxina provoca más cánceres que la genotoxina sóla,
entonces el agente es un promotor. Los estudios de promoción
se tratan en Q16E.
Algunos estudios celulares son relevantes para el potencial
cancerígeno de los agentes, pero no son análisis clásicos de
genotoxicidad ni de promoción. Por ejemplo, se han usado sistemas
celulares para analizar si un agente aumenta la actividad de
una genotoxina conocida, o si un agente inhibe la reparación
del daño del ADN. Estos estudios celulares de actividad epigenética
pueden contemplarse como los equivalentes a un estudio de
promoción y se tratan en Q16D
y Q16F.
Nota: La mayoría de los agentes
que se sabe que son cancerígenos para humanos son genotoxinas;
y todavía no se ha identificado el papel de cancerígenos epigenéticos
en la leucemia o los tumores cerebrales, los tipos de cáncer
más comúnmente asociados en los estudios epidemiológicos con
la exposición a campos de frecuencia industrial.
16A)
¿Muestran los campos de frecuencia industrial actividad genotóxica
en seres humanos?
En estudios que bordean la frontera
entre epidemiología y laboratorio se pueden analizar las células
blancas de la sangre (linfocitos) de trabajadores expuestos
laboralmente a un agente en busca de aberraciones cromosómicas,
intercambio de cromátides hermanas (SCE) o formación
de micronúcleos. La interpretación de estos estudios es compleja,
ya que todos tiene los mismos problemas de estimación de la
dosis, factores de confusión y sesgos que caracterizan a los
estudios epidemiológicos. Se han publicado algunos estudios
de este tipo [E2,
E3,
E5,
E11,
E12,
E13,
E14].
A primera vista estos estudios parecen muy contradictorios,
algunos estudios muestran efectos significativos y otros no.
Un aspecto estadístico de gran importancia
que debe tenerse en cuenta es que todos los estudios analizan
múltiples objetivos y subgrupos, creando un enorme problema
de comparaciones múltiples (Q21E).
Skyberg y col. [E12],
por ejemplo, observaron daño cromosómico en trabajadores expuestos;
pero este incremento se encontró sólamente en un sugbgrupo,
y sólo en una de varias pruebas, y tiene un valor de p
de sólo 0,04. Con cualquier ajuste para comparaciones múltiples,
la significación estadística del efecto genotóxico observado
por Skyberg y col. desaparece. El problema de las comparaciones
múltiples también es aplicable a los hallazgos de Valjus y col.
[E11].
Incluso con los problemas de las
comparaciones múltiples, se pueden apreciar varios hechos. Los
efectos observados se dan predominantemente en fumadores, grupo
donde es de esperar un aumento de anomalías cromosómicas. Los
efectos también se ven predominantemente en trabajadores expuestos
a descargas eléctricas (las descargas eléctricas son fenómenos
exclusivos de ambientes eléctricos con fuentes de alta tensión,
donde los campos eléctricos alcanzan intensidades de hasta 20
kV/m, y las densidades de corriente corporales pueden alcanzar
varios amperios). Finalmente, los aumentos referidos se limitan
a aberraciones cromosómicas, sin efecto sobre el intercambio
de cromátides hermanas (SCE); esto es algo sorprendente, ya
que el análisis de SCE se considera generalmente más sensible
a agentes genotóxicos que el análisis de aberraciones cromosómicas.
En resumen, los estudios
citogenéticos de trabajadores expuestos a campos eléctricos
y magnéticos intensos de frecuencia industrial no proporcionan
una evidencia consistente de que estos campos sean genotóxicos.
Los indicios de efectos genotóxicos, no replicados, quedan confinados
a fumadores, ex-fumadores, y a trabajadores expuestos a descargas
eléctricas.
16B)
¿Producen los campos de frecuencia industrial cáncer en animales?
Estudios de carcinogénesis animal:
Hasta 1997 la mayor carencia en el área de los estudios de genotoxicidad
llevados a cabo con campos de frecuencia industrial era que
se habían publicado relativamente pocos sobre animales completos
expuestos durante largo tiempo.
Bellossi y col. [G14]
expusieron ratones con predisposición a desarrollar leucemia
a campos de 6.000 microT durante 5 generaciones (toda su vida)
y no encontraron efectos en la tasa de leucemias; sin embargo,
este estudio usaba campos pulsados de 12 y 460 Hz, así que la
relevancia para los campos de frecuencia industrial no está
muy clara.
Rannug y col. [G23]
informaron que la exposición de ratones durante 2 años a campos
de 50 y 500 microT no incrementaba significativamente la incidencia
de tumores de piel, pulmón o leucemias.
Beniashvili y col. [G16]
observaron que la exposición de ratones durante 2 años a 20
microT producía un aumento en la incidencia de tumores de mama.
Sin embargo, el estudio sólo se ha publicado de forma preliminar,
con información incompleta sobre las condiciones de exposición
y del diseño experimental.
Fam y Mikhail [G53]
observaron que ratones expuestos durante 3 generaciones a un
campo de 24.000 microT incrementaba la incidencia de linfomas.
Los experimentos no se realizaron de forma ciega (es decir,
los experimentadores sabían qué animales habían sido expuestos
y cuáles no) y los controles no vivían en las mismas condiciones
que los animales expuestos. Cuando estos datos se presentaron
en conferencias científicas se suscitaron dudas con factores
como ruido, hipertermia (sobrecalentamiento) y vibraciones.
En 1997, Yasui y col. [G66]
informaron que no hay un incremento en la incidencia de cáncer
y en la mortalidad en ratas macho y hembra tras 2 años de exposición
a campos de 500 y 5.000 microT a 50 Hz. Además de no encontrar
variaciones en las tasas globales de cáncer, no observaron diferencias
en las tasas individuales de cáncer, incluyendo leucemia, linfoma,
cáncer del sistema nervioso central y cáncer de mama.
También en 1997, Mandeville y col.
[G67]
informaron que exposiciones de 2 años a campos de 60 Hz de 2,
20, 200 ó 2.000 microT no tenían efecto en la supervivencia,
incidencia de leucemia o incidencia de tumores sólidos en ratas
hembra. Además de no encontrar cambios en la tasa global de
supervivencia o incidencia de cáncer, Mandeville y col. no encontraron
ninguna prueba de una tendencia en la supervivencia o incidencia
de cáncer relacionada con la dosis.
En 1998, Harris y col. [G70]
hallaron que la exposición a campos de 1, 100 ó 1.000 microT
a 50 Hz durante 1,5 años en ratones con predisposición a desarrollar
linfoma no tenía efecto en la incidencia de linfomas. Además
de probar con exposición continua, Harris y col. también mostraron
que la exposición de ratones a campos intermitentes (15 minutos
encendido, 15 minutos apagado) de 1.000 microT no tenía ningún
efecto en la incidencia de linfomas. McCormick y col. [G36]
informaron de resultados similares. Esto es interesante, porque
estos estudios utilizan el mismo modelo animal con el cual Repacholi
y col. (Radiation Research, 1997) observaron que la exposición
a radiofrecuencias de 900 MHz producía un incremento en la incidencia
de linfoma.
También en 1998-1999, el Programa
Nacional de Toxicología de Estados Unidos (U.S. National Toxicology
Program, NTP) ha informado que la exposición de ratones
(McCOrmick y col. [G72b])
y ratas (Boorman y col. [G72a])
a campos de 2, 200 ó 1.000 microT a 60 Hz no tuvo ningun efecto
en la supervivencia o la incidencia de cáncer. Ademas de probar
la exposición continua, el NTP mostró que la exposición a campos
intermitentes (1 hora encendido, 1 hora apagado) de 1.000 microT
no tuvo efecto en la incidencia de cáncer. No se observaron
efectos en la tasa global de cáncer, leucemia, tumores cerebrales,
linfoma o cáncer de mama, ni se encontraron relaciones dosis-respuesta.
En un estudio publicado a finales
de 1999, Kharazi y col. [G88]
informaron de que la exposición de ratones durante toda su vida
a un campo de 1.420 microT no tuvo efectos sobre la incidencia
de tumores cerebrales.
En 2000, Babbitt y col. [G84]
infornaron de que la exposición de ratones a campos de 1.420
microT no tuvo efectos sobre la incidencia de linfoma. Este
estudio tampoco encontró que estos campos tuvieran efectos sobre
la incidencia de linfoma inducido por radiación ionizante (ver
Q16E).
En resumen, los estudios
en animales expuestos a largo plazo realizados hasta ahora no
proporcionan pruebas que hayan sido replicadas de que la exposición
prolongada a campos de frecuencia industrial esté asociada con
leucemia, tumores cerebrales o cáncer de mama. Los estudios
de exposición de animales durante largo tiempo a campos de frecuencia
industrial se resumen en las siguientes figuras. Los datos de
Beniashvili y col. [G16]
no su muestran porque no se pueden calcular los riesgos relativos.
Para una discusión en profundidad
de los estudios de carcinogénesis animal ver McCann y col. [K7]
y Boorman y col. [K10].
Los estudios sobre animales expuestos
a largo plazo a campos de frecuencia industrial se resumen en
las siguientes figuras: