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ARP
La Alternativa Racional.

Boletín No. 20.

p- 1

LA ALTERNATIVA RACIONAL

Órgano informativo de la asociación Alternativa Racional a las
Pseudociencias (ARP).

Depósito Legal: BI.11-1986.

Editores:
Félix Ares de Blas
Jesús Martínez Villaro

Composición:
Jesús Martínez Villaro

Impresión:
Imprenta KOPIAK
C/Máximo Aguirre, 23
48010 BILBAO

Precio de suscripción:
España y Portugal: 2000 Pta.
Resto del mundo: US $22.00

Dirección postal:
Apartado de Correos Nº 6.l12;
48080 Bilbao

Nº Registro Estatal: 71.144

Presidente:
Félix Ares de Blas

Vicepresidentes:
Alvaro Fernández Fernández
Alberto Hidalgo Tuñón

Secretario:
Luis Miguel Ortega Gil

Vicesecretario:
Jesús Martínez Villaro

Tesorero:
Gabriel Naranjo Fernández

Vocales:
Félix Rodrigo Mora
Víctor Sanz Larrinaga

Socios de Honor:
Gustavo Bueno
Mario Bunge
Paul Kurtz

Sumario
Número 20 / Año VI
Marzo de 1991

— Editorial............ 2

— El nuevo Catastrofismo 4

— Homeopatía:
Último Balance....... 16

— Camino de Endor...... 22

— Ufología: Nueva Religión
que se nos avecina... 28

— Glosolalia........... 32

— Libros............... 40

— Desde el sillón escéptico,
recomendamos:........ 41

Portada:
Antonio Vízcarra

Dibujos:
Aítor Fernández de Quincoces
Antonio Vizcarra

La Alternativa Racional mantiene intercambio de contenidos con otras
publicaciones escépticas de asociaciones reconocidas por el CSICOP. Fuera
del margen arriba indicado, queda prohibida la reproducción total o parcial
de contenidos sin la previa autorización expresa de los editores o de los
autores.

La Alternativa Racional no se identifica necesariamente con las opiniones
de los artículos firmados, que pertenecen a la exclusiva responsabilidad de
los autores.

p- 2

Editorial

MARC HALLET Y LA TRAGEDIA DE LOS ESCRITORES RACIONALISTAS

Félix Ares de Blas

En el número 18 de LAR hacía una referencia a la obra de Marc Hallet
titulada Critique historique et scientifique du phénomène O.V.N.I.. Allí
advertía que la obra todavía no la había leído y que por tanto suspendía mi
juicio sobre ella. Ya la he recibido y la he leído. Me ha parecido un buen
trabajo. Se trata de una magnifica continuación de las obras de Michel
Monnerie, Et si les OVNIS n'existaient pas? de l977 y Le Naufrage des
Extraterrestres de 1979. Las obras de Monnerie planteaban una hipótesis
sumamente simple: si los OVNIS no existieran, su historia, lo que nos han
contado los artículos y los libros sobre esta temática, no habría cambiado
absolutamente nada. Es decir, la hip6tesis OVNI no es necesaria para
explicar la literatura ufológica. De ahí a decir que los OVNIS no existen
sólo hay un paso: el de la aplicación de la navaja de Occam. Y ese paso lo
da Monneríe, concluyendo que los OVNIS no son otra cosa que un mito de
nuestro tiempo. Cosa, por otro lado, que ya había sido tratada
abundantemente por Menzel en Estados Unidos y por Carmen Garmendia, Luis
Alfonso Gámez y yo mismo en nuestro país.

Para los lectores españoles la obra de Monnerie pecaba de ser excesivamente
localista. Su ámbito de interés se limitaba a Francia y, además, su
hipótesis se fundamentaba básicamente en la "oleada" francesa de 1954.

Marc Hallet retorna el hilo y lo generaliza, lo extiende a todo el mundo y
amplia su ámbito temporal, demostrando que el mito OVNI tiene muchas raíces
y muy profundas en la literatura de divulgación científica del siglo XIX,
aunque su origen se remonta mucho más lejos en el tiempo. Además, Marc
Hallet, introduce la crítica histórica en el "fenómeno OVNI" con resultados
demoledores. Al hacerse las preguntas adecuadas e interpretar las
respuestas en función de su contexto histórico y cultural, la mayor parte
de los "casos clásicos" se derrumban estrepitosamente.

p- 3

Aunque discrepo en algunas pequeñas cosas de Marc Hallet la obra merece la
pena.

Cuando he recibido el libro he visto que se trata de una edición hecha por
el propio autor y de la que sólo se han impreso 100 ejemplares numerados.
Aunque se trata de una obra xerocopiada el resultado es muy digno.
Acompañando al libro venía una carta de Marc Hallet que me ha parecido
trágica. En ella se explicaba que esta obra había sido rechazada por muchas
editoriales y que en vista de ello se había decidido a publicarla por su
cuenta.

Me ha parecido triste e irónico que una de las mejores obras que yo he
leído sobre OVNIS sólo llegue a cien personas, mientras que las estupideces
de Eric Von Danïken o Charles Berlitz se vendan por millones. Triste,
irónico, trágico.

¿Cuántas veces habrá ocurrido lo mismo? ¿Cuántas magnificas obras estarán
perdidas en los cajones de sus autores, simplemente porque hacen un
análisis racional de los hechos y no comulgan con ruedas de molino?

Si os interesa el tema OVNI y sabéis francés os animo a comprar la obra.

También quiero decíros que la redacción de LAR está tratando de obtener
autorización de Marc Hallet para hacer una traducción al español. Antes de
meternos en este pesado trabajo nos gustaría saber cuantos de vosotros
estaríais interesados en la obra. Un primer cálculo nos da que 50
ejemplares de unas 300 páginas xerocopiadas y encuadernadas podrían salir
por unas 2.000 pesetas ejemplar, incluyendo el envío por correo. Si os
interesa hacédnoslo saber.

Un cordial saludo.

MARC HALLET
B.P. 367
B- 4020 Liege 2
Bélgica

Autor de varias obras que dan una visión racionalista del Fenómeno 0.V.N.I.

Su obra Critique historique et scientifique du phénomenè O.V.N.I. se puede
conseguir por 950 Francos belgas, incluyendo el envío por correo.

p- 4

EL NUEVO CATASTROFISMO

David Morrison y Clark R. Chapman

El catastrofismo ha tenido una mala reputación en la ciencia. Asociado a
menudo con "La geología Diluviana" de los creacionistas, "Mundos en
colisión" de Velikovsky, o las predicciones apocalípticas de los
milenaristas, el catastrofismo ha sido casi automáticamente tildado de no-
científico. Durante más de un siglo, los científicos transformaron la
filosofía uniformitarista alternativa en un dogma y las hipótesis
catastrofistas en geología, astronomía y biología fueron tratadas con
desdén.

Sin embargo los tiempos están cambiando, y el catastrofismo, largo tiempo
desterrado a los márgenes de la ciencia (ciencia marginal), se está
haciendo respetable. Asistimos a un catastrofismo nuevo, científico, que es
marcadamente diferente de sus predecesores pseudocientíficos. En realidad,
actualmente es una de las áreas científicas más emocionantes.

El Uniformitarismo es una extralimitación del "concepto de uniformismo" (la
noción de que las leyes de la naturaleza son constantes a lo largo del
tiempo). Sin el concepto del uniformismo, no puede haber ciencia, pero en
la historia de la ciencia (y de la geología en particular) este concepto se
ha llevado a extremos. Una filosofía estrictamente uniformista pretendió
explicar toda la geología en términos de la acción gradual de las fuerzas
existentes. El concepto de las fuerzas de la naturaleza actuando lentamente
a lo largo de los eones, llegó a ser, posteriormente, un ingrediente
esencial de la teoría de Darwin de la evolución de las especies.

En su versión más estricta, el Uniformitarismo sostiene que el pasado puede
ser estudiado sólo por analogía con el presente (que dadas las fuerzas
existentes actuando durante un tiempo suficiente, pueden explicar el estado
observable del mundo). Pero ¿qué sucede si las suposiciones del
Uniformítarismo no son correctas? Aun cuando las leyes de la naturaleza
sean constantes, puede que los cambios no siempre tengan lugar
gradualmente. ¿Y si los sucesos raros, singulares producen efectos de gran
magnitud? Esta es la definición de una catástrofe: un suceso único que
tiene un efecto más grande que la acción acumulativa de todos los sucesos
más frecuentes pero de menor importancia, incluyendo los procesos graduales
que son el fundamento de la geología uniformítarista.

La geología uniformítarista tradicional aceptó la idea de cambios cíclicos,
tal como las periódicas épocas glaciales, el ascenso y descenso del nivel
del mar y períodos de formación de montañas alternando con ciclos de
erosión. No obstante no es hasta los años sesenta, que se demostró la
existencia de cambios no cíclicos de mayor envergadura. La teoría de la
tectónica de placas estableció que la configuración y posición de los
continentes, y de ahí sus

p- 5

climas, habían cambiado dramáticamente con el tiempo. Por la misma época,
se comenzaron a acumular pruebas de que la atmósfera había tenido en otra
época una composición muy diferente a la actual, no habiendo aparecido el
primer oxígeno libre hasta hace unos 1.500 millones de años. Pero estos
cambios habían sido graduales, y se integraban bastante bien en la
estructura lógica de la geología uniformitarista.

Las décadas de los sesenta y setenta también fueron testigos de la primera
exploración espacial de la Luna y los planetas. Se encontró que la mayoría
de las superficies planetarias están dominadas por cráteres producidos por
impactos (impact craters), de unos cientos de kilómetros de diámetro,
formados en explosiones de una energía de millones a miles de millones de
megatones. Los astrónomos concluyeron que nuestro entorno cósmico es una
vasta galería de tiro de cometas y asteroides, en la que la misma Tierra
apenas habría podido salir indemne. La energía liberada por el impacto de
un cometa o un asteroide sobre nuestro planeta excedería en muchos órdenes
de magnitud a la de los terremotos y erupciones volcánicas de mayor
envergadura. Veinticinco años de exploración planetaria obligaron a la
mayoría de los científicos a concluir que catástrofes, mucho peores que las
imaginadas por los narradores bíblicos, deben haber afectado la historia de
la tierra y de otros planetas.

Estas ideas ganaron una mayor atención en 1980, cuando Luis y Walter
Álvarez y sus colaboradores informaron de pruebas que relacionaban la
extinción masiva del final del periodo Cretácico (conocido como episodio K-
T, de Cretácico-Terciario) con el impacto de un asteroide o cometa. Desde
entonces, su conclusión básica de que hace 65 millones de años un impacto
de uno o más proyectiles cósmicos de unos 10 kilómetros de diámetro
desencadenó un desastre ecológico global que fue fatal para la mayoría de
los seres vivos, ha sido ampliamente confirmada y extendida. Este episodio
K-T se ha convertido en el prototipo de lo que nosotros llamamos el "nuevo
catastrofismo".

El catastrofismo en la Ciencia Contemporánea

Las catástrofes mejor comprendidas que han influido en la Tierra fueron el
resultado de impactos cósmicos. Aunque la mayoría de las pruebas de pasados
impactos sobre nuestro planeta han sido borradas por la erosión y la
actividad geológica, la Luna y los otros planetas proporcionan un registro
inequívoco de tales sucesos. Como un mero ejemplo, consideremos los grandes
cráteres de los mares de la Luna (la gran capa de lava oscura que cubre
cerca de seis millones de kilómetros cuadrados de la superficie lunar).
Existen media docena de cráteres con diámetros de más de 50 kilómetros,
todos ellos formados desde que el vulcanismo lunar cesó hace unos 3300
millones de años. La Tierra y la Luna ocupan el mismo sector del espacio
interplanetario y están sujetas al mismo flujo de cometas y asteroides; por
lo tanto, la Tierra debe haber recibido un número de impactos similar al de
la Luna, multiplicado por un factor de 8O a causa de la mayor superficie de
nuestro planeta. Esto equivale a un promedio de un impacto con una
explosión de 100 millones de megatones o más cada 10 millones de años. No
hay forma alguna de que nuestro

p- 6

planeta pudiera haber evitado tales sucesos, cualquiera de los cuales
habría sido suficiente para alterar la atmósfera, levantar millones de
toneladas de polvo a la estratosfera y alterar temporalmente el clima de la
Tierra.

Conclusiones similares se pueden extraer de las observaciones telescópicas
del conjunto de cometas y asteroides que poseen órbitas cercanas a la
Tierra. Hay miles de tales objetos de un kilómetro o más de diámetro que
pueden chocar con la Tierra. Es interesante que la distribución del tamaño
de estos proyectiles potenciales favorece la concentración de masas y de
ahí la energía del impacto en los objetos mayores. Esto es, impactos más
grandes liberan más energía que la suma de impactos más pequeños. Este
predominio de los sucesos más grandes es precisamente el criterio para un
preciso escenario catastrofista.

Las consecuencias de los grandes impactos se está comprendiendo mejor
conforme aprendemos más sobre cómo nuestra atmósfera responde a las
perturbaciones repentinas. Particularmente significativa ha sido la
reciente investigación sobre el concepto de invierno nuclear. Parece claro
ahora que el impacto de un cometa o asteroide de 5 km o más como mínimo,
inyecta suficiente cantidad de polvo en la estratosfera como para impedir
totalmente la incidencia de luz solar sobre la superficie terrestre y hacer
bajar la temperatura en decenas de grados en todo el mundo. Tales
condiciones persistirían, por lo menos, durante varias semanas, y quizás
hasta un año. La energía del impacto puede también generar grandes
cantidades de ácido, mientras que el calor procedente de la explosión puede
provocar grandes incendios que destruyan una gran parte de la biomasa del
planeta.

Cualquier desastre ambiental global de esta índole producirá una
destrucción masiva de vida, incluyendo la extinción de muchas especies. La
clave aquí reside en la naturaleza global de la catástrofe; ninguna
catástrofe meramente local, aunque violenta, producirá una extinción
masiva. En un Congreso científico en 1988, David Raup de la Universidad de
Chicago, sugirió que la mayoría de las extinciones biológicas se debieron a
catástrofes ocasionadas por impactos, mas que a los procesos tradicionales
de competencia y adaptación a ambientes que cambian gradualmente. Stephen
Jay Gould de Harvard, destacó posteriormente en el mismo Congreso, que
estas ideas modifican fundamentalmente los presupuestos de la evolución
darwiniana. Quizás el curso de la evolución ha estado determinado más por
la capacidad peculiar de algunos organismos para sobrevivir a catástrofes
globales aleatorias que por la adaptación competitiva convencional.

Impactos cósmicos con un rango energético de cientos de millones de
megatones han tenido lugar en el pasado reciente (geológicamente hablando)
y son inevitables en el futuro. ¿Pero qué ocurre con los impactos de mayor
envergadura? (¿Pero qué evidencias hay de esos enormes y violentos
impactos?). En este caso, también hay pruebas crecientes de colisiones
violentas confinadas (afortunadamente) a las primeras etapas de la historia
planetaria. Durante los primeros cientos de millones de años después de la
formación del sistema solar había todavía muchos objetos (quizás cientos)
tan grandes como la Luna girando

p- 7

en órbitas alrededor del Sol. Las colisiones entre este temprano conjunto
de protoplanetas fueron de una violencia mucho más allá de lo imaginable.
Tres ejemplos atraen la atención de los científicos planetólogos. En primer
lugar está el origen de la Luna, que actualmente se cree mayoritariamente
que es el resultado de la colisión de un protoplaneta del tamaño de Marte,
con la Tierra expulsando materia que posteriormente se condensó en la
órbita de la Tierra para dar lugar a la Luna. En segundo lugar, se ha
postulado una colisión de mayor magnitud en el proto-Mercurio, en la que
ese planeta perdió la mayor parte del manto de silicatos quedando poco más
que su núcleo metálico. En tercer lugar, se ha supuesto que un gigantesco
impacto ha sido el causante del cambio del sentido de giro de Venus, el
único de entre los planetas en cuanto a la lentitud y sentido de su
rotación.

El hilo conductor de todas estas ideas es que la historia de la Tierra y de
otros planetas se ha visto influenciada por fenómenos intrínsecamente
azarosos e impredecibles, pero natural y estadísticamente inevitables.
Estos conceptos no son nada confortables para la ciencia, pero deben ser
contrastados. Los nuevos conceptos matemáticos sobre el caos están ayudando
a definir y cuantificar estas ideas. Actualmente parece claro, por ejemplo,
que mientras las órbitas de la mayoría de los planetas han sido
manifiestamente estables durante los 4.500 millones de años de vida del
sistema solar, las órbitas de muchos asteroides (y la del planeta Plutón)
no lo son. Estos objetos se ubican en órbitas caóticas, lo qué significa
que su movimiento futuro no puede predecirse en largos períodos de tiempo,
ni siquiera con potentes computadoras. En gran medida nosotros vivimos en
un Universo regido por la casualidad y no por las tradicionales ideas de
una causalidad estricta.

Aun cuando nuestra discusión se ha centrado en los impactos, otras ideas
catastrofistas prevalecen en estudios sobre la Tierra y otros planetas.
Aunque no tan repentinas ni violentas como las colisiones, otros fenómenos
pueden representar un potencial para la desestabilización y rápida
evolución de la atmósfera y superficie terrestre. El mejor ejemplo es el
llamado efecto invernadero incontrolado. Cualquier planeta con atmósfera
experimenta cierto calentamiento de su superficie debido al efecto
invernadero (la atmósfera que cubre la superficie del planeta impide la
salida de la radiación infrarroja o calor). Los científicos planetóloqos
creen que Venus y la Tierra pueden haber tenido una atmósfera y clima
similares hace varios miles de millones de años, cada uno con un ligero
"efecto invernadero". No obstante la situación en Venus se ha
desestabilizado, la temperatura de la superficie subió, los océanos
hirvieron y un efecto invernadero más intenso condujo a un nuevo estado de
equilibrio. Hoy en día, Venus presenta una temperatura superficial lo
suficientemente elevada como para fundir el plomo, nubes de ácido sulfúrico
y tiene una presión superficial de 90 atmósferas terrestres. Se han
desarrollado modelos de simulación en computadoras para determinar si la
Tierra podía sufrir una suerte semejante como consecuencia de un
calentamiento global debido al consumo de combustibles fósiles y otros
efectos de la civilización moderna.

p- 8

He aquí algunos de los elementos del catastrofismo científico moderno.
¿Cómo se pueden contrastar estas ideas con el antiguo catastrofismo o con
el pseudocientifico catastrofismo contemporáneo?

El catastrofismo creacionista

A finales del siglo XVIII y principios del XIX antes de que el
uníformitarismo se convirtiese en el paradigma reinante de las ciencias
biológicas y geológicas, la mayoría de los científicos de estos campos
aceptaban alguna versión del catastrofismo. El desarrollo de la geología
observacional en Europa y el descubrimiento de las secuencias de fósiles en
los estratos rocosos hizo surgir el concepto de una historia geológica
interrumpida por convulsiones globales. Como se conocía poco de la
naturaleza de estas convulsiones, en una sociedad judeo-cristiana se
consideró natural aceptar el Diluvio bíblico como una catástrofe global,
quizás el acontecimiento más reciente en una larga historia de periodos
alternativos de calma y de cataclismos.

En contraste con este catastrofismo tradicional, el literalismo bíblico
fundamentalista y su rama, "la ciencia de la creación" son fenómenos
esencialmente norteamericanos y modernos, Su visión de una Tierra joven,
con una superficie y atmósfera en su mayor parte producto del Diluvio
ocurrido hace 6.000 años contradice la ciencia geológica y astronómica
moderna, y como identifican el Darwinismo con el Satanismo, los
creacionistas han sido particularmente estridentes (ruidosos) en su
oposición al concepto de evolución biológica.

Los creacionistas empiezan con la creación que supuestamente tuvo lugar
hace menos de 10.000 años y que requirió solamente 6 días. La Nueva Tierra
era perfecta, un "Jardín del Edén", y mucho más densamente poblada que
ahora. Su superficie era relativamente llana, y el clima era húmedo, cálido
y tropical debido a una atmósfera compuesta principalmente de vapor de agua
y dióxido de carbono con una presión superficial mucho mayor que la de hoy
día. Una "cubierta de vapor" (vapor canopy) contenía aquella parte del agua
primitiva que, el segundo día de la creación, se había depositado "encima
del firmamento". La otra parte del agua quedo atrapada debajo de la corteza
y se conoce como "las aguas del gran abismo". Este mundo carecía de lluvias
y de otras perturbaciones atmosféricas.

Hace aproximadamente 6.000 años, continúa el relato bíblico, Dios, no
contento con su obra, y después de haber aconsejado a Noé que construyese
un Arca y reuniese todas las especies que habían de ser salvadas, inició el
Diluvio Universal: la liberación de las aguas que habían estado encima y
debajo del firmamento a la vez que un ingente volcanismo en todo el mundo.
El agua cubrió la tierra y destruyó las plantas y animales terrestres con
excepción de aquellos salvaguardados en el Arca. La erosión causada por el
Diluvio dio lugar a las rocas sedimentarias de la Tierra en menos de un año
y formó todos los fósiles conocidos por enterramiento de todas las
criaturas ahogadas en esta catástrofe.

Unos meses después reaparecía la tierra seca como consecuencia de la rápida
elevación de los actuales Continentes. Tal como describen Whitcomb y Morris
en The Genesis Flood (NT), "pero

p- 9

la terminación del Diluvio propiamente dicho, habiendo ocupado poco más de
un año..., de ninguna manera marcó el final de los fenómenos
hidrogeolóqicos y geomorfológicos anormales... La topografía prediluviana
fue completamente cambiada, con grandes cadenas de montañas y profundas
simas que ahora reemplazaban a una topografía anterior más bien suave y
casi uniforme en su totalidad" (pp. 287). A esto sucedió un gran período
glacial que duró unas décadas y cubrió de hielo gran parte del Hemisferio
Norte originando los extensos depósitos glaciales de nuestro planeta. No
obstante, todo se estabilizó y por la época de los primeros documentos
escritos de Sumer y Egipto (unos 3.000 años a.C.) el mundo había adquirido
su forma actual y se había repoblado extensamente por los supervivientes
del Arca.

Whitcomb y Morris sostienen que "una parte muy substancial de la geología
de la corteza terrestre debe explicarse en función del Diluvio (pp. 270), y
adjudican la formación de los continentes y montañas actuales y de todos
los fenómenos erosivos de la Tierra a los últimos 6.000 años. Tales
afirmaciones obviamente hacen caso omiso de las pruebas de la ciencia
moderna de la geología. Las masas de hielo de Groenlandia, por ejemplo, nos
permiten reconstruir los estratos anuales retrospectivamente hasta hace mas
de 10.000 años. Se puede fechar la solidificación de las rocas ígneas por
medio de los isótopos de elementos radiactivos de las rocas continentales
retrospectivamente hasta edades de 3.800 millones de años.

La idea de que la mayor parte de los depósitos sedimentarios y volcánicos
se formaron durante el breve lapso de tiempo del Diluvio, es insostenible.
La transformación de limos y arena en roca es un proceso lento, no
obstante, se dice que en este único año se formaron literalmente miles de
estratos superpuestos de índole sedimentaria y volcánica. El Gran Cañón del
Colorado representa solo una pequeña porción de la columna geológica, sin
embargo, ¿quién que escalara esta garganta de una milla de profundidad
podrá creer que se formó en un año (por no decir nada de la excavación del
mismísimo cañón)? Esa columna estratigráfica de acuerdo con la cronología
diluviana, podría solamente haberse iniciado después del Diluvio, después
de la emersión de los continentes.

Otro escollo se refiere al registro de fósiles preservados en depósitos
sedimentarios acumulados en los últimos 1.000 millones de años. De acuerdo
con los creacionistas todas las plantas y animales vivieron al mismo tiempo
y murieron y se fosilizaron durante el Diluvio, cuando se formaron las
rocas sedimentarias. El modelo creacionista no puede explicar las
secuencias observadas de los tipos de fósiles, de modo que las especies más
recientes (y a menudo más complejas) se encuentran en depósitos
progresivamente más altos (y más jóvenes). Su recurso más común es negar
categóricamente la existencia de la secuencia fósil. El otro enfoque, aún
más ridículo, se debe a Henry Morris del "Creation Science Institute"
(Instituto de la Ciencia de la Creación). Citando su formación como
ingeniero hidráulico, Morris propone que las aguas del Diluvio ordenaron
las criaturas ahogadas de manera que las pequeñas se hundieron rápidamente
hacia el fondo y las más grandes se concentraron próximas a la parte
superior de

p- 10

los sedimentos en formación, imitando así grosso modo la secuencia de los
fósiles. Sugiere que las aves y mamíferos están en la parte superior de la
columna geológica porque éstos se refugiaron en elevaciones cuando la riada
y así perecieron los últimos.

Esta "Ciencia de la creación" no tiene apenas nada en común con el nuevo
catastrofismo. Los catastrofistas actuales han llegado a sus ideas, a veces
a regañadientes, debido a la incapacidad del paradigma uniformitarista
tradicional para tratar adecuadamente los nuevos hallazgos relativos a la
tierra y otros planetas. Por el contrarío, el catastrofismo bíblico se
fundamenta en la "Verdad Revelada" de las Escrituras y utiliza las
observaciones y los experimentos (cuando los hacen) como una mera forma de
apoyar unas ideas que están mas allá de toda duda. Cuando los datos
contradicen estas ideas, estos datos se desestiman.

Obsérvense algunas de las diferencias entre la extinción masiva K-T de hace
65 millones de años y el Diluvio bíblico. En primer lugar está la escala
cronológica: Teniendo en cuenta el conjunto de cometas y asteroides es
previsible, esperable, que un acontecimiento de la magnitud del impacto K-T
ocurra cada pocas decenas de millones de años. Por la contra, para explicar
el Diluvio no se sugiere ningún otro mecanismo, salvo el descontento de
Dios con el progreso humano. Segundo, el acontecimiento K-T que mató a la
mayoría de los seres vivientes alterando el delicado ecosistema, tuvo un
efecto insignificante sobre la Tierra como planeta. Todo lo que hizo fue
formar uno o más cráteres de 100 km de diámetro, que aparentemente fueron
destruidos por la erosión, y generar un pequeño depósito de unas pocas
pulgadas de espesor en todo el mundo. Compárese esto con los estratos de
rocas sedimentarias de millas de espesor atribuidos al Diluvio, seguido de
la formación de continentes y cuencas oceánicas en unos cuantos años.
Tercero, el episodio K-T es consistente con el registro fósil en función de
la correlación global observada del estrato de materia rica en iridio con
la extinción en masa de la vida marina. Los creacionistas, por el
contrario, nos piden que rechacemos por completo las pruebas de
estratigrafía geológica y las progresiones de los fósiles. Finalmente, el
episodio K-T produjo una breve perturbación del medio ambiente después de
la cual las condiciones volvieron a la normalidad. Sin embargo se sostiene
que el Diluvio ha alterado fundamental y permanentemente la corteza y la
atmósfera terrestre.

Los mundos en colisión de Velikovsky

Varias décadas antes de que la mayoría de los científicos se dieran cuenta
de las pruebas acumuladas a favor de acontecimientos violentos y
catastróficos en el sistema solar, el psiquiatra de origen ruso Immanuel
Velikovsky publicó Worlds in Collision (Mundos en colisión). Fue un éxito
inmediato y Velikovsky consiguió amplia fama y un nutrido grupo de
entusiastas partidarios. Declaró, mucho antes de que estuviese de moda
hacerlo, que había habido colisiones y fricciones entre los planetas y que
la historia de la Tierra había estado marcada por acontecimientos violentos
de origen cósmico.

Las ideas de Velikovsky parecían más creíbles que las de

p- 11

los creacionistas bíblicos. Se esforzó en basar sus conclusiones en
evidencias científicas. Ahora que las ideas catastrofistas se han vuelto
aceptables es razonable dirigir de nuevo la mirada hacia Velikovsky. ¿Es
quizás el profeta no reconocido del nuevo catastrofismo, una persona que
superó los prejuicios de su tiempo y dio un salto hacia una nueva
concepción de la Geología y la Astronomía? Algunos sostienen esto, pero
nosotros no nos encontramos entre ellos. La realidad es que Velikovsky (que
murió en 1979) estaba casi completamente equivocado en sus ideas sobre la
historia de la Tierra.

Velikovsky no basó su teoría de las colisiones planetarias en nuevas
pruebas procedentes de la Geología y la Astronomía. No realizó
observaciones ni experimentos y tampoco llevó a cabo ninguna clase de
cálculo. Se sintió motivado para encontrar una explicación natural a una
serie de mitos y tradiciones antiguas, comunes a muchas culturas, que
narraban catástrofes naturales y sobrenaturales acontecidas hace milenios.
Sugirió que estos acontecimientos habían sido globales y que ocurrieron
como resultado de que otros planetas habían pasado rozando (near-
collisions) la Tierra.

La lectura de los mitos antiguos convenció a Velikovsky de que Venus había
aparecido por primera vez en la escena celeste hace sólo 3.500 años,
desplazándose en una órbita alargada (cometaria). Pasó rozando la Tierra en
varias ocasiones, parando e invirtiendo la rotación de la Tierra, y
generando extensas catástrofes, como terremotos, maremotos, erupciones
volcánicas y descargas eléctricas. Estas interacciones perturbaron las
órbitas de la Tierra y Venus proporcionando unos cuantos siglos de relativa
calma; después el caprichoso Venus se encontró con Marte, que fue empujado
hacia una órbita que se entrecruzaba con la de la Tierra, y comenzaron de
nuevo los desastres. Siguieron varios encuentros próximos entre Marte y la
Tierra generando una serie de catástrofes globales sólo un poco menos
violentas que las atribuidas a Venus. Finalmente, sobre el siglo VIII a.C.,
Marte y Venus se acomodaron en sus órbitas actuales prácticamente
circulares y cesaron las colisiones planetarias.

Desde el principio, los científicos (especialmente, astrónomos) criticaron
la obra Worlds in Collision (Mundos en colisión) y censuraron a la
audiencia que había dado crédito a una tontería tan obvia. Velikovsky
contestó diciendo que los documentos antiguos decían que estos
acontecimientos violentos realmente ocurrieron. La prueba, dijo, estaba en
esos escritos. Si las teorías de los físicos modernos y de la astronomía no
eran consistentes con tales acontecimientos celestes, entonces lo mejor era
que los astrónomos y físicos modificasen sus teorías.

Sin embargo, los "hechos" de Velikovsky resultaron frecuentemente
sospechosos. Fue muy selectivo en la elección de citas de los escritos
antiguos y a menudo utilizó traducciones de fuentes más antiguas revisadas
desde hacia largo tiempo por los estudiosos modernos. Cuando se examinan
estos textos en detalle, frecuentemente contradicen las interpretaciones de
Velikovsky. Existe también el problema del literalismo. La esencia del
método de Velikovsky es interpretar literalmente los mitos antiguos. Así,
por ejemplo,

p- 12

cuando los poemas homéricos hacen referencia a un combate entre los dioses
griegos Zeus (el Júpiter de los romanos) y Ares (el Marte romano), para
Velikovsky esto es un registro, un relato de un acontecimiento astronómico,
que supone una serie de interacciones entre los planetas Júpiter y Marte.
Pocos eruditos clásicos estarían de acuerdo.

Otra dificultad en la visión de Velikovsky se refiere a la cronología de
sus catástrofes. Es cierto que muchas leyendas antiguas describen
acontecimientos naturales violentos, como inundaciones y terremotos, pero
no está claro en absoluto que estas descripciones representen fenómenos
globales simultáneos. Para apoyar sus argumentos de causas cósmicas
Velikovsky tuvo que establecer en primer lugar el sincronismo mundial de
los acontecimientos descritos en sus fuentes. El hacerlo así, lo colocó en
confrontación directa con los hallazgos de la Arqueología. Su cronología
egipcia, por ejemplo, requería la supresión de cuatro dinastías del
registro histórico y el traslado de la famosa decimoctava dinastía del
siglo XVI al X a.C. En su esquema, Ramsés II, a quién generalmente se
consideraba el Faraón del Éxodo, se convirtió en contemporáneo de Judea e
Israel, 600 años más tarde. Su cronología causó estragos similares con las
nociones aceptadas de historia clásica, desplazando el sitio de Troya de la
época de los griegos micénicos al período de los tiranos Argólidas.

Aunque estos problemas con las fuentes y la interpretación de Velikovsky
podrían haber desacreditado sus ideas desde un principio, sin embargo la
mayor parte de la discusión pública se centró en su astronomía. La idea de
mundos en colisión, de dramáticos acontecimientos celestes íntimamente
conectados con la historia religiosa humana, gozaba de un gran atractivo.
Como Carl Sagan a menudo ha destacado, buscamos conexiones cósmicas,
pruebas que nuestra existencia humana está relacionada con las fuerzas del
Universo a gran escala. Velikovsky ofreció precisamente esa visión.

Cierto número de autores ha señalado los problemas que presentan las ideas
astronómicas de Velikovsky y no los repetiremos aquí en detalle. La
cronología y de nuevo los descubrimientos de la era espacial en geología y
astronomía han contradicho sus teorías. Por ejemplo, predijo que Venus,
después de estar incandescente hace unos cuantos miles de años, irradiaría
mas calor del que recibía del Sol y que se vería que se enfriaba a razón de
varios grados al año, de acuerdo con su joven edad. Ambas predicciones
fueron rotundamente refutadas por los datos procedentes de la exploración
espacial. Otra predicción de Velikovsky acerca de Venus se refiere a la
formación de sus nubes. Atribuyó el maná que alimentó a los israelitas en
el desierto y el nafta que también se menciona en el Antiguo Testamento a
los hidrocarburos derivados de la atmósfera de Venus y aseguró que "la
presencia de gases y polvo de hidrocarburo en la capa de nubes que envuelve
a Venus constituiría una prueba crucial" para su teoría. Ahora sabemos que
Venus no tiene hidrocarburos (su atmósfera es oxidante) y que sus nubes
están compuestas de ácido sulfúrico.

Un tercer ejemplo del test planetario de la hipótesis de Velikovsky
concierne a la

p- 13

superficie de la Luna. ¿Qué le ocurrió a nuestro satélite en las épocas en
que Venus y Marte estaban interactuando tan dramáticamente con la Tierra?
Según con Velikovsky, la Luna fue aún más rudamente tratada, ya que en "la
superficie lunar fluía la lava y borboteaba en grandes formaciones
circulares". En vísperas del aterrizaje del Apolo advirtió de los
frecuentes terremotos lunares y de los altos niveles de radioactividad y se
reafirmó en que la superficie lunar se había derretido hacia menos de 3.000
años. En realidad, no había exceso de radiactividad y la Luna se mostró
más de mil veces menos activa sísmicamente que la Tierra. Mas aún, las
medidas sobre la edad de las muestras lunares revelaron que incluso la lava
lunar más reciente se había solidificado hacia mas de 3.000 millones de
años. Con excepción de un impacto que formó un cráter, nuestro satélite ha
permanecido notablemente inmutable durante los últimos miles de millones de
años. Algunos de los tests más claros para la teoría de Velikovsky, se
pueden encontrar en nuestro planeta. En 1950 cuando se publicó Worlds in
Collision (Mundos en colisión), la geología estaba sufriendo las
incertidumbres y contradicciones que precedieron al desarrollo de la teoría
de la tectónica de placas, por eso quizás, se puede disculpar a Velikovsky
algunos de sus errores al discutir los hechos procedentes de la Geología.
Desde entonces, no obstante, nuestra comprensión de la tierra y de los
planetas, ha avanzado mucho y las ideas que podrían haber sido dignas de
crédito hace 40 años ya no lo son.

Una indicación especialmente clara de que las perturbaciones globales de
Velikovsky son ficticias nos la dan los pinos de Bristlecone, en las áridas
montañas de la frontera entre California y Nevada, que proporcionan un
registro continuo de los anillos de crecimiento que retroceden al menos
hasta el año 3.435 a.C. Estos anillos no revelan anomalías climáticas en la
época de las supuestas catástrofes de Velíkovsky. Conclusiones similares se
pueden deducir de los aún más amplios registros climáticos preservados en
las masas de hielo de Groenlandia.

¿Qué se puede deducir cuando se comparan las colisiones planetarias de
Velikovsky con los impactos estudiados por los planetólogos hoy en día? Las
diferencias más obvias tienen que ver con la escala cronológica.
Velikovsky, basando sus teorías en el registro escrito de la historia
humana, limitó necesariamente su visión a los últimos milenios. Las
colisiones a gran escala postuladas por los científicos planetólogos para
explicar el origen de la Luna o la pérdida de silicatos de Mercurio
sucedieron hace 4.500 millones de años, cuando las condiciones en el
recientemente formado sistema solar eran muy diferentes de las de hoy en
día. Obsérvese que Velikovsky tendría al menos tres de los nueve planetas
(la Tierra, Venus y Marte) experimentando cambios orbitales importantes en
los últimos 4.000 años. De acuerdo con Velikovsky, uno de éstos (Venus) se
formó en el mismo breve lapso de tiempo. ¿Cómo se puede reconciliar esto
con los 4.500 millones de años de edad del sistema solar? Velíkovsky nunca
lo menciona tan explícitamente pero lo cierto es que sus ideas sólo tienen
sentido en el contexto de una Tierra joven. Sus ideas están cortadas por el
mismo patrón que las de los literalistas bíblicos, al comprimir la historia
del

p- 14

Universo al periodo de tiempo de la civilización humana. Para que el
conjunto de sus afirmaciones fuese científico, Velikovsky toma la tradición
bíblica como la Verdad Revelada y acepta o rechaza cualquier otra evidencia
de acuerdo con su consistencia con sus propias conclusiones preconcebidas.

¿Qué hay de la influencia de Velikovsky en el mundo científico? Es difícil
estar seguro, porque el cerebro humano trabaja de maneras misteriosas, pero
nos parece que el trabajo de Velikovsky inhibió, más que apoyó, una
apreciación liberal del catastrofismo. Los astrónomos que atacaron Worlds
in Collision y los que mantuvieron debates con los seguidores de Velikovsky
en las décadas de los 60 y 70 sintieron un fuerte rechazo ante las
conclusiones obviamente ilógicas y absurdas de supuestas catástrofes
cósmicas recientes. Si sirvieron para algo las ideas de Velikovsky, fue
para que aquellos científicos que vieron necesario defender el "status quo"
quedasen disuadidos de considerar los conceptos de calamidades naturales
con una mente abierta.

El catastrofismo ha resurgido en la ciencia contemporánea pero como un
concepto nuevo, no como un regreso a las ideas primitivas. Los hallazgos de
la astronomía, geología, biología e incluso de las matemáticas han
convencido a muchos científicos para abandonar, a menudo de mala gana, el
uníformitarismo estricto. Nos vemos obligados a tener que considerar el
azar y los sucesos individualmente imprevisibles, algunos de gran magnitud.

Los impactos cósmicos representan la influencia catastrófica más importante
en la historia de la Tierra. Los estudios de cometas y asteroides que se
aproximan a la Tierra, el descubrimiento de que la Luna y los planetas han
estado sujetos a una larga historia de formación de cráteres por impacto, y
el reconocimiento de las huellas de antiguos cráteres en la Tierra
demuestran el papel de los impactos cósmicos. Muchos de estos impactos
sobrepasan en un millón de veces la energía de los más devastadores
terremotos y erupciones volcánicas terrestres. El moderno movimiento
ecologista nos ha sensibilizado de la fragilidad de la biosfera, y los
sofisticados modelos por ordenador nos permiten calcular las consecuencias
de las alteraciones en la atmósfera. La paleontología contemporánea
reconoce la frecuencia y significación de las extinciones masivas en el
registro fósil, y la idea de un equilibrio interrumpido juega un papel
importante en la Biología evolutiva. Finalmente, las pruebas directas del
episodio K-T han influido en la opinión científica en toda una serie de
disciplinas, así como han atraído la atención del público.

Por la contra, el catastrofismo de los creacionistas o de los seguidores de
Velikovsky tiene poco que ofrecer. Las teorías de una Tierra joven y de la
"geología diluviana" son científicamente indefendibles, al basarse como lo
hacen en una interpretación literal de las Escrituras más que en las
evidencias de la observación y la experimentación. Velikovsky rechazó
también las pruebas de la ciencia física, prefiriendo basar sus teorías en
dudosas interpretaciones de los mitos antiguos en lugar de la observación
del mundo que nos rodea. Tanto Velikovsky como los creacionistas
representan un

p- 15

paso atrás. A pesar del respaldo de un amplio sector del público, se
mantienen totalmente al margen de la Ciencia, incluyendo la revolución en
el pensamiento que supone el despertar del nuevo Catastrofismo.


--------------
David Morrison dirige la División Espacial (Space Science Division) de la
NASA Ames Research Center en California, y Clark R. Chapman es científico
senior del Planetary Science Institute en Tucson, Arizona. Morrison y
Chapman son los autores de Cosmic Catastrophes (Plenun, 1989), del que han
adaptado parte de este artículo. Los asteroides 2409 Chapman y 2410
Morrison se denominan así en su honor.
---------------

NT. The Genesis Flood. En esta y posteriores citas nos referimos a la
traducción española: El Diluvio del Génesis. Editorial CLIE. Terrassa
(Barcelona)

Original publicado por: Skeptical Tnquirer, vol. 14, No.2/Winter 1990.
Traducido por María Pereiro y Andrés Sanjuan.

Copyright del original inglés: Skeptical Inquirer
Copyright de la traducción: L.A.R.

AFIS SCIENCE... et pseudo-sciences


Cahiers bimestrel de l'Association Française pour l'Information
Scientifique.

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75005 PARIS
Francia

p- 16

HOMEOPATÍA: ÚLTIMO BALANCE
Michel Rouze

El estruendo provocado por el "agua con memoria", alias "efecto molecular
sin moléculas", va decayendo suavemente. Todavía esperamos que en alguna
revista científica aparezca un artículo sobre el contra-experimento que se
realizó en la unidad 292 del INSERM (1) por un simpatizante del Dr.
Benveniste, hecho anunciado (cautamente) por el colega Nouchi en Le Monde
(ver Sciences et pseudo-sciences no. l83) y comentado (más cautamente aún)
por el Dr. Poitevin durante sus conversaciones con diversos interlocutores.
Armémonos por lo tanto de paciencia. De todas formas, si no queremos
olvidarnos de la saga sobre la homeopatía, podemos hojear la revista
Prescrire, casi la única publicación médica profesional que no se nutre de
la publicidad (tanto visible como "de la redacción") de los fabricantes de
medicamentos.

Desde hace cinco años, Prescrire ofrece a sus lectores una información
sobre la homeopatía que asegura "lo más objetiva posible". Y se les puede
creer: el mero hecho de negarse a aceptar el menor óbolo que los
laboratorios farmacéuticos suelen ofrecer no sólo a la prensa especializada
sino también (ilegalmente, y de manera rayana en la corrupción) sobre los
que prescriben las medicinas, muestra por lo menos una loable intención de
no sufrir influencias en su juicio sobre la eficacia de tal o cual
medicamento.

Bajo el título "Homeopatía 1990", el Dr. Jean-Jacques Aulas hace un balance
en el número de marzo de la citada revista sobre las más recientes
investigaciones farmacológicas relacionadas con la homeopatía. Éstas se
sitúan tan sólo en dos dominios: las pruebas terapéuticas y los estudios de
laboratorio. En otros dos campos, parece que no se hace nada, aunque ambos
aspectos resultan esenciales. El primero, porque afecta al fundamento mismo
de la homeopatía, la investigación patogenética. Según Hahnemann, se elige
una sustancia como remedio adecuado a un mal por el hecho de que la misma
sustancia administrada a un individuo sano le provoca síntomas similares a
los que presenta el enfermo a quien se va a tratar. Esta producción de
síntomas patológicos se denomina patogénesis. Y es éste el tema de la
literatura homeopática más rico en inverosimilitud y contradicciones, es
decir, completamente carente de informaciones verificables. De hecho,
algunos homeópatas de buena fe, habiendo tirado de esta manta, conocieron
una saludable crisis de auto-desmitificación. El segundo campo carente de
novedades es la homeopatía veterinaria, en la cual tampoco se puede
descartar el efecto placebo, contrariamente a los que así lo afirman
apresuradamente, pues puede ser ejercido sobre los animales a través de su
amo.

ENSAYOS TERAPÉUTICOS

Si nos referimos a los experimentos terapéuticos, de los publicados en los
últimos dos años solamente un par de ellos merecen nuestra atención. Esta
cifra es extrañamente modesta, en comparación con el enorme esfuerzo
publicitario empleado en el mismo periodo por el grupo Boiron-LHF.

p- 17

El primero de estos dos experimentos fue realizado sobre 487 pacientes
tratados a domicilio por 149 médicos de cabecera durante la epidemia de
gripe del invierno 86-87 en la región de Rhóne-Alpes. El protocolo es
aparentemente serio: enfermos repartidos en dos grupos por azar, unos
reciben el clásico antigripal Oscillo-coccinum, y otros un placebo, es
decir, una presentación falsa imitando al medicamento; procedimiento de
doble ciego, ni el médico ni el paciente saben si la caja contiene la
medicina o el placebo. Tras 48 horas de tratamiento se evaluaron un 17.1%
de curaciones entre los pacientes con el producto homeopático frente a un
lO.3% entre los que usaban el placebo. Por lo tanto, según los
experimentadores, los resultados son significativos en favor de la
homeopatía. Sin embargo, comentando este resultado, el Dr. Aulas comienza
por recordar que "para que la diferencia observada se pueda asociar
rigurosamente a la acción (del medicamento) y no al azar en el reparto de
pacientes entre los dos grupos (...) habría que tener la certeza de que los
dos grupos eran de partida estrictamente comparables, en particular en lo
concerniente al germen causante (del que dependen la intensidad y la
duración de los síntomas clínicos).

Todo el mundo sabe que comúnmente las fronteras de la "gripe" están mal
definidas. "Tengo gripe", dice mucha gente cuando sólo tienen un catarro y
dolor de cabeza. Tan es así que los médicos prefieren hablar de un "estado
gripal", término que compromete poco el diagnóstico y que aparece por otra
parte en los anuncios publicitarios del Oscillo-coccinum que adornan los
escaparates de las farmacias. En la experiencia realizada en la región de
Rhóne-Alpes, los griposos se definían por tener una temperatura rectal
igual o superior a 38º C, y por lo menos dos de los siguientes síntomas:
dolores de cabeza, rigidez, dolores lumbares y articulares, escalofríos.
Esto no es suficiente para postular que estaban afectados por la misma
enfermedad, con las mismas oportunidades de reaccionar de una u otra manera
frente a la experimentación; o dicho de otra manera, que la elección al
azar produjera dos grupos comparables. Pues, según hace notar el Dr. Aulas,
durante una epidemia calificada "de gripe", tal como se definía en el
estudio, pueden ser varios los virus responsables. Cada uno con una
potencia patógena diferente y con la capacidad de provocar estados febriles
más o menos largos. Ahora bien, durante esta experiencia no se procedió a
ninguna investigación sobre los virus causantes de los síntomas gripales
observados en los diversos pacientes. No es por lo tanto riguroso decidir
que la diferencia constatada entre ambos grupos debe ser atribuida a los
diferentes tratamientos (Oscillococcinum o placebo) dado que puede provenir
de una distribución diferente de los virus patógenos.

El otro experimento fue realizado en Gran Bretaña sobre pacientes aquejados
de una enfermedad aún peor definida que el síndrome gripal, hasta el punto
que algunos médicos ni siquiera le conceden una existencia específica como
tal. El reumatólogo francés Marcel-Francis Kahn, aun admitiendo que se
reconocen unos síntomas característicos, traza de ella un cuadro un tanto
vago. Los pacientes son generalmente mujeres, jóvenes o de mediana edad. Se
quejan de dolores difusos, un poco por todo el cuerpo, aumentados o
agravados por la fatiga o el

p- 18

esfuerzo; una presión ejercida en puntos que para sujetos sanos son
sensibles pero no dolorosos, les hace quedarse mucho tiempo en la misma
posición. La causa de esta hipersensibilidad no está dilucidada aunque se
han avanzado explicaciones, desde un efecto psicosomático hasta
desequilibrios bioquímicos. No hay tratamiento: los antálgicos calman el
dolor, pero luego éste retorna. Afortunadamente, aun siendo incómoda, la
afección nunca alcanza el estado en que sería invalidante; además tiende a
desaparecer espontáneamente hacia la sesentena.

La experiencia británica de tratamiento del "fibrosite" (uno de los
diversos nombres que en inglés se le dan a este mal) se realizó en doble
ciego y en "cross-over", es decir, en cruzado: un grupo de pacientes
recibía alternativamente (durante un mes) un medicamento homeopático, Rhus
toxicodendron, y luego el placebo, y el otro grupo hacia lo contrario.

La evaluación de los resultados se hacía al comenzar y al terminar cada
periodo de un mes, según el número de puntos dolorosos (constatado por el
experimentador), la intensidad del dolor y el estado general del paciente.
Los resultados indican que todos esos parámetros mejoraban más al acabar un
periodo homeopático que uno de placebo. Sin embargo un cómputo global (que
los experimentadores no precisan cómo se llevó a cabo) no hace aparecer una
diferencia significativa entre los dos tipos de periodo.

Para el Dr. J-J. Aulas una experiencia en "cross-over" no se justifica más
que si se trata de una afección bien definida en la que los síntomas
presentan siempre la misma evolución con el tiempo, lo que no es el caso
del "fibrosite". Por ejemplo, no se sabe si el número de puntos que son
dolorosos ante una presión es siempre constante para un cierto paciente.
Tampoco si este dolor, provocado por el médico, es un indicador válido del
malestar del paciente. "Para esta patología, cuya especificación está lejos
de ser unánimemente reconocida por la comunidad médica, y de la que por el
momento no sabemos si se trata de un malestar existencial o de una entidad
anatomoclínica, el mejor instrumento de medida parece ser la opinión del
paciente sobre el tratamiento que prefiere en función de la mejora que
siente; desde este ángulo, entre el remedio homeopático y el placebo no
existió diferencia significativa en el estudio. Este experimento no llega a
demostrar el efecto especifico de un remedio homeopático en una afección
bien definida.

ENSAYOS DE LABORATORIO

Las investigaciones farmacológicas de laboratorio son de dos tipos. El
primero retoma las experiencias anteriores sobre la velocidad de
eliminación del plomo o arsénico en animales intoxicados por estas
sustancias. Esta eliminación sería acelerada por disoluciones homeopáticas
(elevadas diluciones) de las mismas sustancias.

El otro tipo de experimentos se acerca a la ya famosa comunicación del
equipo de Benveniste: se trata o bien de provocar la desgranulación de un
tipo do glóbulos blancos (llamados basófílos) bajo la influencia de
disoluciones de antígenos o bien por el contrario inhibir esta
desgranulación usando medicamentos homeopáticos. En el primer caso, si la
dilución se lleva al punto en que no existe en la disolución

p-19

ni una sola molécula de antígeno y sin embargo todo sucede como si aún
estuviera en ella, tenemos el milagro de la memoria del agua: una de las
mayores objeciones a la homeopatía desaparecería. En el segundo caso, se
tendría una verificación empírica de la eficacia de un producto
homeopático.

J-J. Aulas hace notar que aun cuando estos diversos experimentos de
laboratorio se hubieran podido llevar a cabo de manera rigurosa "ninguno de
los resultados positivos obtenidos por un equipo ha sido confirmado por
otro estrictamente independiente del primero". Tres investigadores han
publicado en Nature (la revista en que aparecieron los resultados
anunciados por el equipo de Benveniste) resultados de experiencias
similares a la de Benveniste. Estos son negativos: las diluciones elevadas
no tienen efecto. Uno de los investigadores, el italiano Bonini, reprodujo
exactamente el protocolo experimental de Benveniste, con la única
diferencia de que en vez de contar el número de basófilos decolorados por
la desgranulación (cuenta delicada y particularmente sujeta a errores
involuntarios o voluntarios) procedió a una medida de la histamina
contenida en los gránulos y liberada por la desgranulación. Para diluciones
del antígeno más allá de 10-4 (a la millonésima, mientras que Benveniste
iba muchísimo más lejos) el antígeno deja de desgranular los basófilos.

Salvo estos tres últimos, los experimentos de laboratorio se realizaron con
la participación de fabricantes de medicamentos homeopáticos. Lo mismo
sucede con las experiencias clínicas. Este hecho impulsa a J-J. Aulas a
incluir en su artículo el siguiente texto que se dirige evidentemente a la
comunidad médica, pero que merece la pena conocerse por todos aquellos a
quienes obnubila esta moda tan sabiamente mantenida por una publicidad
desenfrenada.

"Exceptuando el experimento clínico realizado bajo los auspicios del
INSWERM y del GRECHO (2), la investigación clínica en homeopatía depende
por completo de los laboratorios farmacéuticos fabricantes, tanto en su
financiación como en su realización práctica. Lo mismo sucede con la
investigación de laboratorio.

Esta dependencia hace que los laboratorios fabricantes controlen toda la
investigación, desde la elaboración del protocolo hasta el análisis de los
resultados y su publicación. Si se consideran los intereses económicos e
intelectuales que representa la homeopatía, esta situación no es en
absoluto sana.

¿Cuántos experimentos encargados por laboratorios homeopáticos han dado
lugar a resultados negativos y nunca se han publicado? Sólo los
laboratorios lo saben y se guardan mucho de decirlo, Sin embargo, conocer
estos experimentos negativos es indispensable para equilibrar la
importancia otorgada a los resultados positivos. En el campo de la
homeopatía, como en otros, debería ser obligatorio el declarar a un banco
central de datos todas las experiencias clínicas llevadas a cabo, las
razones por las que se hayan podido interrumpir y sus resultados,
cualesquiera que sean. Y los datos de este banco deberían ser accesibles a
todos los profesionales interesados".

La experiencia clínica mencionada al comienzo de este texto se realizó
entre 1985 y

p- 20

1987 con dos medicamentos homeopáticos, Raphanus 5 CH (rábano negro
diluido a la quinta centesimal de Hahnemann, límite a partir del cual la
probabilidad de que una dosis contenga una sola molécula activa se acerca a
cero) y Opium 15 CH (decimoquinta centesimal, en la que el opio no existe
más que como un "recuerdo" en la "memoria" del disolvente). Ambos productos
son utilizados por los homeópatas para acelerar la reanudación del tránsito
intestinal después de una intervención quirúrgica en el abdomen. El
experimento fue realizado por miembros del GRECHO y del INSERM. El
protocolo aplicado tenía por autores principalmente al Prof. Daniel
Schwartz, del INSERM, y al Dr. Bernard Poitevin, director de investigación
en los Laboratorios Homeopáticos de Francia (hoy absorbidos por los
Laboratorios Boiron). Los resultados fueron negativos por completo: ni los
medicamentos homeopáticos ni el placebo aceleraban el proceso en relación
con un grupo de control en el que los enfermos no habían recibido ni
medicamento ni placebo. (Para más detalles, ver Science et pseudo-sciences
nos. 172 y 173, y Prescrire no. 78)

Como conclusión de su balance de 1990. el Dr. Aulas constata que en
conjunto el dossier actualmente disponible no permite atribuir a un remedio
homeopático un efecto terapéutico determinado, ni tampoco la investigación
de laboratorio permite afirmar que existe un efecto farmacológíco en las
disoluciones infinitesimales. Sin embargo, merece la pena añadir, como hace
él, que "la ausencia de efecto farmacológíco demostrado y la no utilidad en
la práctica cotidiana no son sinónimos. Para curar pacientes a veces sólo
hace falta el efecto placebo. Y si es muy probable que la homeopatía no sea
más que una placeboterapía optimizada, hay que reconocer que en algunos
casos representa indiscutiblemente una respuesta con buena relación
beneficio/riesgo".

"En algunos casos, corresponde evidentemente al médico definirlos y
reconocerlos. También es evidente que la invasión de medicinas "paralelas"
o "suaves" o "alternativas" no viene en absoluto del hecho de que el número
de estos casos aumente. El problema de los placebos o más generalmente el
de las terapéuticas que actúan (cuando lo hacen) sólo por efecto de la
imaginación, sobrepasa ampliamente una simple evaluación médica. Concierne
especialmente al dinero de la Sanidad, al de los consumidores de
medicamentos y de curas, a la credibilidad (y por qué no decirlo, al
derecho a la consideración) de los médicos y los farmacéuticos, a la
incidencia sobre el nivel cultural de la población y por encina de todo a
los jóvenes. Es por eso que volveremos una y otra vez sobre el tema.


Michel Rouze (original en francés en la revista Science et Pseudo-sciences,
no. 184).

Traducción: Javier E. Armentia

NOTAS: (1) INSERM: Institut National de la Santé et de la Recherche
Médicale, Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica (N.
del T.) (2) GRECHO: Groupe de Recherches et d'Essais Cliniques en

p- 21

Homopatie, Grupo de Investigaciones y Experimentación Clínica sobre
Homeopatía. (N. del T.)

Copyright del original francés: AFIS: Sclence et Pseudo-science
Copyright de la traducción: L.A.R.

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LA ALTERNATIVA RACIONAL

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p- 22
CAMINO DE ENDOR

ESCÉPTICOS DEL PASADO: CAMINO DE ENDOR

Una carta al Director publicada en el último número de "The Skeptic"
mencionaba de pasada un libro titulado "Camino de Endor" en referencia a
experiencias de prisioneros de guerra.

Ello picó nuestra curiosidad y un poco de investigación sacó el libro a la
luz. "Camino de Endor", escrito por el teniente de la armada galesa E. H.
Jones apareció en 1919, y en un comentario a una edición posterior, el
editor lo calificaba como "el libro más famoso sobre fugas de la Guerra
Mundial".

Lo que resulta de particular interés para los escépticos es el método usado
en la fuga, pues lo que comenzó como un juego espiritista para
entretenimiento de los presos en el campo de prisioneros turco de Yozgad,
se convirtió en un complicado y peligroso plan para escapar por parte de
dos de los reclusos, el mismo Jones y el teniente australiano C.W. Hill.

El complot se centró en el uso de un tablero de ouija casero y en hacer
creer a sus compañeros y a los guardias turcos que ambos estaban realmente
en contacto con un espíritu guía. El Espectro (1), como ellos llamaban a su
guía (quien era además muy pendenciero) deletreaba mensajes con la técnica
ouija usando un vaso puesto del revés que se movía por entre las letras del
alfabeto. Jones y Hill impresionaban bastante con el tablero, pues solían
estar vendados durante las sesiones.(Habían aprendido la posición de las
letras de memoria, con la ayuda de unas muescas colocadas por ellos.
Incluso podían hacerlo con el tablero puesto del revés).

La pareja logró burlar a los turcos (y a muchos de sus

p- 23

camaradas) e incluso persuadieron al Comandante del campo de que podían
descubrir tesoros enterrados. Las aventuras que vivieron incluyen falsos
ataques de locura, expediciones en busca de oro armenio, batallas entre
espíritus rivales, muchas horas de paciente deletreo de largos y a menudo
hilarantes mensajes del "más allá" y casi la muerte, pues hubieron de
mantener el engaño frente a escépticas mentes médicas y militares.

Eríc Willian, autor del libro "El caballo de madera" dijo de "Camino de
Endor" que "por su ingenuidad prístina, su persistencia y entretenimiento"
es único entre los libros de su tipo y que es "un clásico en el tema de
'fugas por estrategia', frente a las 'fugas por táctica'".

A lo largo del libro, Jones describe las cada vez más sofisticadas
artimañas usadas para convencer a sus víctimas de la veracidad de los
espíritus guía, incluyendo desafíos por parte de colegas incrédulos que
enorgullecerían a un escéptico moderno. Usaron técnicas de lectura de manos
y mentes, transferencia de pensamiento y posesión. El libro es también
extremadamente interesante por la imagen que da de la prontitud y
complacencia de las víctimas en caer en lo que aparentemente es la astucia
más clara.

En particular, el pasaje que reproducimos es un típico ejemplo de 'lectura
fría' (2), práctica por la cual el 'psíquico' devuelve a la víctima
información que aquel obtuvo por métodos nada místicos. Este fragmento
aparece casi al principio del libro, así que no estropearemos el placer de
quien quiera continuar la lectura de este volumen tan recomendable sobre
los embustes espiritistas:

"Era extremadamente interesante, desde un punto de psicológico, darse
cuenta como la mera idea de que estaban conversando con alguna fuerza
desconocida parecía desequilibrar a los hombres. Una y otra vez el
Espectro, bajo uno u otro nombre, dejaba patidifusos a los asistentes. Era
divertido ver cuantos hombres se rendían, y eso que ellos mismos contaban
la historia en sus preguntas, aunque después pensaban que el Espectro lo
había adivinado con sus respuestas. Puedo relatar muchos casos de esto,
pero con uno bastará. Ya que concierne a una dama, me alejaré de mi norma y
llamaré al oficial "Antony", que ni era su nombre ni su mote.

Una noche habíamos estado 'espectreando' durante un rato. Había el mogollón
habitual de espectadores en torno al tablero, que iban viniendo y yéndose
según les apetecía. Nuestras "Espectro y sus Noticias de la Guerra" habían
ocupado el escenario al comienzo de la velada, pero ya había anunciado su
marcha. Le pedimos que nos mandara a algún otro. (3)

- ¿Quién eres? - dijo Alec (uno de los primeros colaboradores de Jones).
Según hablaba, se abrió la puerta y entró Antony, permaneciendo de pie a mi
lado.

- Soy Louise - deletreó el tablero.

Sentí que Antony daba un respingo según leía el mensaje. Sin pausa, el
Espectro continuó:

- Hola, Tony.

- Es curioso - dijo Tony (Esta era la Rendición número 2) (4) - Continúa,
por favor; dinos algo.

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Ya sabia que en algún sitio Tony debía haber conocido a alguna Louise. El
nombre es francés y por lo que sabia él no había servido en Francia. Había
estado, sin embargo, en Egipto. Una noche, hacia un mes o así, hablando de
los paisajes egipcios, él había mencionado un camino largo y recto,
bordeado a cada lado por árboles que a la luz de la luna "era alucinante"
según se adentraba en el desierto. Me había sorprendido entonces que no
hubiera nada especialmente "alucinante" en la escena descrita; su vivo
recuerdo debía haber sido acompañado por una compañía placentera.
Recordando esto, me arriesgué a decir más acerca de Louise. No perdía nada
arriesgándome.

- ¿Me recuerdas Tony? - preguntó el Espectro.

- Conozco dos Louises - dijo Tony con precaución.

- Ah! La mayor no, mon víeux - respondió el Espectro. (Parecía así que el
Espectro conocía a ambas, pero una leve reflexión muestra que, dadas dos
Louises, una debe ser probablemente mayor que la otra).

Antony estaba entusiasmado:
- Sigue, -dijo- di algo.

- Camino largo y recto, -deletreó el Espectro- árboles, luz de luna.

- ¿Dónde era eso? - preguntó Tony. Había una rapidez en la pregunta que
mostraba que había picado.

- Tú lo sabes, Tony.

- ¿Francia?

- No, no, tonto. ¡NO es Francia! Ah, no te has olvidado, mon cher,
cabalgando a la luz de la luna, los árboles y la arena, y un camino recto.
Tú y yo bajo la luna.

- Es muy interesante - dijo Antony. Luego se dirigió al tablero- Sí, si lo
sé. Egipto, El Cairo.

- ¡Bravo! Me recuerdas. ¿Por qué me dejaste? Tengo problemas.

Esta era la típica argucia del Espectro. Tony debía haberla dejado pues a
Yozgad había venido sin ella. Pero él ni se dio cuenta. Estaba demasiado
interesado y su memoria le hacia volver a su separación.

- Me dijiste que me fuera. - dijo Tony. - Yo quería ayudarte. - Lo que
indicaba que no lo había hecho.

- Pero no lo hiciste, no lo hiciste, no - repuso el Espectro. Tony se pasó
la mano por el pelo.

- Es bastante acertado por el momento, -dijo- pero quiero preguntar algunas
cosas para asegurarme. ¿Puedo?

- Claro. -d