ARP
La Alternativa Racional.
Boletín No.
24.
ARP
La alternativa Racional.
No. 24 Marzo de 1992
Entrevista con Jorge Wagensberg, director del museo de
la ciencia.
Mario Bunge: La percepción de la ciencia en Norteamérica.
Astronomía frente a Astrología.
Piltdown, los paradigmas y lo paranormal.
pag-1
La Alternativa Racional
Órgano informativo de la asociación Alternativa
Racional a las
Pseudociencias (ARP).
Depósito Legal: BI.11-1986.
Editores: Félix Ares de Blas, Jesús Martínez
Villaro
Composición: Jesús Martínez Villaro
Impresión: Imprenta Kopiak, C/Máximo Aguirre,
23 48010 BILBAO
Precio de suscripción: España y Portugal:
2000 Pta. Resto del mundo: US
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Donostia-San
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Víctor Sanz
Larrinaga, Mario Bohoslavsky, Álvaro Fernández
Fernández, Manuel Toharia.
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Félix Ares,
Javier Armentia
La Alternativa Racional mantiene intercambio de contenidos
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publicaciones escépticas de asociaciones reconocidas
por el CSICOP. Fuera
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de los artículos firmados, que pertenecen a la exclusiva
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de los autores.
Socios de Honor: Gustavo Bueno, Mario Bunge, Paul Kurtz
Número 24. Año VII. Marzo 1992
Editorial.............................................
2
Piltdown, los paradigmas y lo paranormal..............
4
Jorge Wagensberg, director del Museo de la Ciencia....
5
Un día de psicofonía..................................
13
La astrologoadicción..................................
14
El Carbono 14 y la Sábana Santa, ¿vencedor
o vencido?. 16
La percepción popular de la ciencia en norteamérica...
20
En torno al artículo: Homeopatía último
balance....... 28
La astronomía frente a la astrología..................
29
Libros................................................
41
pag-2
Asociaciones de consumidores: ¿Amigos o enemigos?
Siempre había pensado que las asociaciones de consumidores
eran nuestros
aliados. Al fin de cuentas pretenden hacer exhaustivos análisis
de los
productos que hay en el mercado y exigir una calidad adecuada
y un
etiquetado que diga la verdad. He visto que denunciaban
a ciertas
hamburguesas por tener demasiadas grasas saturadas y a determinadas
medicinas por representar peligros para la salud.
Últimamente me he visto desagradablemente sorprendido
al ver que en
Bélgica un grupo de consumidores está presionando
sobre la Seguridad
Social para que reembolse los gastos por medicinas "naturales"
incluyendo
la homeopatía.
Y ya más cerca, en nuestro país, por dos
veces he visto cómo la revista
OCU Compra Maestra recomendaba la homeopatía y otras
medicinas paralelas.
Por ejemplo, como botón de muestra, reproduzco lo
que se dice el artículo
El estrés y los tranquilizantes, aparecido en dicha
revista en nº 139,
correspondiente a marzo de 1992 en las páginas 35
a 38:
La Homeopatía
En este tipo de medicina, más que en ninguna otra,
el remedio es algo
personalizado, es decir, adoptado a la personalidad fisiológica
y
psíquica del paciente. Por ejemplo, si el homeópata
constata, tras un
interrogatorio del paciente, que habitualmente éste
reacciona ante el
estrés mediante la huida, prescribirá un determinado
remedio. Si, por el
contrario, constata que reacciona por inercia, prescribirá
otro
diferente.
Un tratamiento homeopático ofrece resultados imprevisibles:
unas veces
son espectaculares y muy rápidos (en el caso de que
el tratamiento sea
adecuado), otras totalmente inexistente (si no lo es).
Ni una palabra de mención a que la homeopatía
está, cuando menos
cuestionada. Ni la más mínima concesión
a la duda. Más bien todo lo
contrario; para el lector superficial ha dicho que funciona:
ofrece
resultados espectaculares y muy rápidos si el tratamiento
es el adecuado.
Para el lector atento es inútil decirle que tal
como está enunciado es
totalmente infalsable: a veces funciona -si acierta-, a
veces no -si se
equivoca-. Si tenemos en cuenta que el tratamiento homeopático
la mayor
parte de las veces se aplica a aquel tipo de enfermedades
en las que
también funciona el efecto placebo, es decir aquel
tipo de dolencias que
se curan por si solas, la conclusión es evidente:
cara, gano yo; cruz tú
pierdes. Si el enfermo se cura es que el médico acertó,
sino se cura es
que se equivocó. Nunca se cuestiona la homeopatía.
pag-3
Ya estaban informados
Hay otras dos cosas que me preocupan, la primera es que
en un artículo
anterior, en el que también recomendaban la homeopatía
para curar las
almorranas, les mandé una nota diciendo que me sorprendía
que una revista
de defensa del consumidor no advirtiera a sus lectores que
la "medicina"
homeopática estaba puesta en tela de juicio por muchos
investigadores.
Por supuesto que les ofrecía la colaboración
gratuita de los
especialistas de ARP para lo que quisieran. No sólo
no me contestaron, ni
publicaron mi carta, sino que unos números después
vuelven a la carga.
Agua por cualquier otro nombre.
La segunda cuestión que me preocupa es la de la
fiabilidad de los
análisis de dichas revistas, pues lo miremos, como
lo miremos, las
medicinas homeopáticas no dejan de ser agua. Sin
embargo su etiquetado es
confuso: Opium 16 CH, Raphanus 5 CH, etc.
¿No son las organizaciones de consumidores los paladines
de la lucha
contra el falso etiquetado?
¿Amigos o enemigos?
Al final me entrado la duda. No se si las organizaciones
de consumidores
son o no compañeros de nuestro viaje.
Una carta para que la OCU reflexione.
En el nº 195 de la revista Afis, hay una carta del
Dr. en medicina Iulius
Rosner de la cual extraigo un párrafo con la intención
de que llegue a
los redactores de OCU Compra Maestra:
...La renuncia a las extraordinarias técnicas modernas
[como hace la
homeopatía] algunas veces lleva al drama: el último
que yo he vívido es
el de una mujer de 46 años a la que la diagnostiqué
demasiado tarde para
ella por desgracia, un tumor pulmonar que se estaba infiltrando
en la
pleura. Ella se había hecho tratar durante 8 meses
de dolores torácicos y
fatiga por un médico homeópata que le ha negado
cualquier examen
paraclínico: ¡el ha tratado el "terreno"!
Esta desgraciada ha pagado con
su vida su cariño ciego a una medicina sin efectos
secundarios.
No niego que la homeopatía pueda tener, como la
medicina racional, éxitos
brillantes en las enfermedades de curación espontánea,
pero desde el
momento que un enfermo tiene una afección susceptible
de amenazar su vida
la ciencia le ofrece a menudo una posibilidad de curarse.
La homeopatía
le quita esta posibilidad; ¡ el efecto iatrógeno
de la homeopatía es la
pérdida de posibilidades!
Lamento que los artículos de 0CU-Compra Maestra
hayan omitido este
aspecto esencial.
Gracias a los amigos que nos han proporcionado datos y
críticas.
Antes de acabar quiero dar las gracias a Manuel Borraz
Aymerich y a
Emilio Quilez Royo dar los datos y sugerencias que nos han
enviado.
Lamentablemente, cuando nos llegaron las cartas este número
de LAR ya
estaba casi terminado, así que no tenemos espacio
para incluir sus
aportaciones. Procuraremos hacerlo en el próximo
número. Muchas gracias a
ambos.
Ritos Mistéricos
En su comentario de libros, M. Quintana, habla de la Nueva
Era y de los
ritos mistéricos. Algunos de nosotros estamos muy
interesados en conocer
algo más sobre los citados ritos. Parece ser que
un buen resumen es el
trabajo de Ángel Álvarez Miranda titulado
Las religiones mistéricas,
publicado por la Revista de Occidente en 1961. Si algún
lector pudiera
enviarnos fotocopia del mismo le quedaríamos muy
agradecidos.
pag-4
Piltdown, los paradigmas y lo paranormal
El caso del hombre de Piltdown proporciona un excelente
modelo de cómo se
comporto la ciencia ante aquellos planteamientos que pretenden
derribar
los paradigmas existentes.
Kenneth L. Feder.
Kenneth L. Feder pertenece, al Departamento de Antropología
de la
Universidad Central del Estado de Connecticut, de New Britain,
Connecticut 060050. El presente artículo proviene
de The Skeptical
Inquirer, Vol.14, No.4/Summer 1990.
La pseudociencia es una empresa polimorfa; la amplitud
de las
pretensiones pseudocientíficas es inmensa. El mundo
sería muy diferente
de lo que la ciencia ortodoxa supone si se concediera validez
a las
aserciones de los psíquicos, astrólogos, clarividentes,
terapeutas
ultramundanos, ufólogos, entusiastas de los astronautas
de la antigüedad,
zahoríes, creacionistas, piramidólogos, adivinos
con bola de cristal,
curanderos por la fe, y demás partidarios de las
miríadas de creencias en
lo paranormal, lo oculto y lo sobrenatural.
Las pretensiones formuladas por los proponentes de estos
diversos
fenómenos o perspectivas son algo más que
simplemente extremas. Estas
desafían fundamentalmente en mayor o menor grado
los paradigmas
existentes -la forma en que percibimos el mundo a nuestro
alrededor,
algunos aspectos específicos del universo o la realidad-.
En el marco del
discurso científico, sin embargo, no puede decirse
que las pretensiones
formuladas por los parapsicólogos y los ocultistas
sean imposibles
simplemente porque suenen a improbable o porque su aceptación
pudiera
alterar la forma en que vemos la realidad. Ciertamente los
científicos
aludidos necesitan acceder a cada caso por separado. Las
páginas de esta
revista han presenciado muchos intentos afortunados de mostrar
específicamente por qué algunas de esas afirmaciones
eran
pseudocientíficas.
Sin embargo, como ha señalado Al Seckel (1989),
refutar o desenmascarar
pretensiones individuales, sí bien es importante
simplemente es
insuficiente. Siempre habrá más pretensiones.
Refutar el mito del
Triángulo de las Bermudas, por ejemplo no conduce
necesariamente al
reconocimiento de la pseudociencia en la ufología
o en los astronautas de
la antigüedad.
Quizá sea justamente así de importante para
aquellos de nosotros quienes
estamos vinculados a la indagación escéptica,
porque nos muestra cómo
funciona la ciencia y cómo maneja las afirmaciones
o pretensiones nuevas,
revolucionarias, paranormales o de otro tipo. Necesitamos
preguntarnos:
¿En qué bases se sostienen o caen nuestros
paradigmas científicos? De
esta manera podemos mostrar que los científicos manejan
las afirmaciones
hechas en pseudociencia de una forma idéntica a como
lo hacen con otras
afirmaciones que desafían nuestra actual comprensión
del universo.
En este tema, la historia reciente de la teoría
evolutiva del hombre
proporciona un modelo excelente sobre cómo actúa
la ciencia con las
afirmaciones que pretenden derribar nuestros actuales paradigmas.
Lo
expondré con la esperanza de que otros puedan encontrarlo
útil en sus
discusiones sobre la naturaleza del razonamiento científico,
especialmente cuando los científicos se enfrentan
a componentes
emocionales ante visiones concretas, al pensamiento anhelante
o al engaño
descarado.
¿Monos erectos o humanos cuadrúpedos?
Tras la publicación de El Origen de las Especies
de Darwin en 1859,
muchos pensadores aplicaron la idea de la selección
natural a especies
que Darwin no mencionó en su trabajo; aplicaron sus
teorías en los seres
humanos. Con una pequeñísima evidencia fósil
para empezar, construyeron
un escenario plausible.
Los taxonomistas biológicos desde siempre han reconocido
la similitud
física entre los humanos y otros primates, en particular
los monos. Lo
que diferencia profundamente a los humanos de otros primates
es su
inteligencia, hecha posible por un grande y muy complejo
cerebro. El
cerebro humano era el aspecto de nuestra especie que parecía
ser el más
diferente -el más altamente evolucionado- cuando
se
pag-5
comparó con algunas hipotéticas especies
ancestrales comunes para
nosotros y los monos. Nuestra inteligencia, se dijo, tiene
por tanto que
haber empezado a evolucionar antes que otros rasgos exclusivos.
Así, se
esperaba que los fósiles ancestrales de nuestra especie
mostraran primero
el desarrollo de un cerebro similar al humano, con un cuerpo
simiesco más
atrasado evolutivamente. Tal como señala el escritor
Charles Blinderman,
tales investigadores como el anatomista inglés Grafton
Elliot Smith
fueron bastante explícitos prediciendo el descubrimiento
de ancestros
humanos con grandes cerebros y cuerpos primitivos (1986:36).
Posteriormente, Smith fue así de lejos cuando caracterizó
al hombre
primitivo como "meramente un mono con un cerebro sobredimensionado"
(1927:105-106). El paradigma de evolución basada
en el cerebro se acomodó
a la sensibilidad de finales del siglo diecinueve y comienzos
del veinte:
si fuéramos ciertamente primos del mono al menos
habrían sido nuestros
cerebros lo primero que nos distinguiera de nuestros ancestros
comunes.
Sin embargo, el registro fósil no se acomodaba a
este escenario. Tanto el
hallazgo de Neandertal en la segunda mitad del siglo diecinueve
como el
descubrimiento del Hombre de Java en 1891 muestran un ancestro
fósil
virtualmente moderno respecto al de cuello inclinado y demasiado
primitivo respecto al de cuello erguido -contrariamente
a lo esperado-.
Innecesario decir que ello causó cierta confusión
entre los
investigadores. Algunos intentaron al principio remediar
de algún modo
estos datos inconvenientes y durante un tiempo las reconstrucciones
de
Neandertal tendieron a representar lo más simiesco.
Sin embargo, tal como
mostró la evidencia, estando algunos tan comprometidos
con el paradigma
de la evolución centrada en el cerebro, muchos adoptaron
un modelo en el
cual la postura erecta era significativamente anterior al
desarrollo del
cerebro humano moderno. No les hizo gracia pero tenían
muy poco a elegir;
era la evidencia la que marcaba la pauta. La idea de que
los humanos
comenzaron su historia evolutiva como un simio erecto en
vez de un hombre
cuadrúpedo comenzó a alcanzar popularidad
a finales del siglo diecinueve
y comienzos del veinte, al tiempo que cada vez más
fósiles parecían
confirmar esta perspectiva.
Este era el estado de las cosas cuando la publicación
británica Nature,
dio cuenta el 5 de diciembre de 1912 del hallazgo de un
importante fósil
humano en Sussex, en un lugar llamado Piltdown, al sur de
Inglaterra.
(Ver Weiner 1955, Millar 1972 y Blindreman 1986 para un
relato detallado
de la historia de Piltdown; ver también Feder 1990)
El descubrimiento
consistía en un cráneo y una mandíbula
inferior que parecía confirmar, si
no la prevalencia, al menos la realidad del paradigma original;
el cráneo
en sí era indistinguible respecto el de los humanos
modernos pero la
mandíbula era bastante primitiva y semejante a la
de un mono (fig. 1).
Por su datación este fósil parecía
pertenecer a un periodo geológico
anterior al que se adscribía el Neandertal, tan antiguo
al menos como el
Hombre de Java.
Figura 1. Reconstrucción del cráneo de Piltdown.
Las áreas punteadas
representan los fragmentos fósiles recuperados de
hecho. El cráneo es
grande, con un perfil y una frente pronunciada, como el
del moderno Homo
Sapiens. La mandíbula, en cambio, es muy similar
a la del mono, sin
mentón y con una configuración que exige un
prognatismo facial (1)
semejante al del mono.
Muchos investigadores, algunos muy célebres, se
aprovecharon sin vacilar
del descubrimiento de Piltdown. Dijeron que el hombre de
Piltdown -que
fue denominado Eoanthropus dawsoni, u Hombre Dawn de Dawson
en honor de
su descubridor, Charles Dawson- era el verdadero ancestro
humano. Los
especímenes de Java y Neandertal, con sus cerebros
más primitivos se
consideraron, por tanto, ramas extinguidas de la principal
línea
evolutiva humana, en cuya base se colocó al Eoanthropus
(ver fig. 2). De este modo, al menos para algunos, parecía
restaurarse el
paradigma más
pag-6
viejo y preferido; en la evolución del hombre fue
el cerebro, en
definitiva, lo que primero evolucionó hasta su forma
actual, y, según se
desprendía de la mandíbula inferior encontrada,
con en cuerpo en un
momento evolutivo posterior.
Claramente, el Eoanthropus habría desbancado el
paradigma existente, tan
correctamente arropado por la evidencia fósil acumulada
durante más de 50
años, pero sólo si la investigación
posterior hubiese proporcionado un
soporte adicional a la noción de la evolución
centrada en el cerebro en
la temprana evolución humana. Unos pocos datos enigmáticos,
por
concluyentes que parezcan, no pueden hacer que abandonemos
nuestra bien
consolidada visión de la evolución del hombre,
o -diría más- de la
cosmogénesis o la percepción humana.
Los años que siguieron al descubrimiento de Dawson
fueron de intensa
búsqueda de evidencias adicionales en forma de fósiles
similares al
Eoanthropus. Las famosas excavaciones en la cueva china
de Zhoukoudian,
en las que fueron descubiertos unos 40 individuos del tipo
"Hombre de
Pekín", fueron al menos en parte un intento
de validar el descubrimiento
de Piltdown (Shapiro 974). El anatomista Davidson Black,
del Peking Union
Medical College, que dirigió las excavaciones durante
un tiempo,
aparentemente fue inspirado a cavar en Zhoukoudian por una
visita que
realizó al laboratorio de Grafton Elliot Smith, un
conocido entusiasta
del Eoanthropus. El sacerdote jesuita y paleontólogo
Theilard de Chardin,
que excavó en Piltdown tras el descubrimiento inicial,
también trabajó en
Zhoukoudian. De ese modo, cuando comenzaron las excavaciones
allá por
1920, lo que buscaban era el equivalente chino para el Hombre
de
Piltdown. Por el contrario, lo que encontraron allí
fueron cuerpos de
aspecto humano y cerebros de tan sólo dos tercios
el tamaño medio del
moderno cerebro humano.
Figura 2. Sin el Eoantropus (Hombre de Piltdown), algunos
situaron al
Pithecanthropus (Hombre de Java) y al Neandertal en una
secuencia
evolutiva conduciendo directamente a la moderna humanidad
(izquierda).
Con el Eoanthropus, muchos vieron al pithecanthropus y al
Neandertal como
ramas evolutivas sin continuidad (derecha). En esta visión,
tan sólo el
Eoanthropus directamente ancestro de los modernos seres
humanos.
pag-7
Curiosamente, con semejante cantidad de intentos de continuar
la
evidencia, solamente un investigador fue capaz de encontrar
fósiles
similares al de Piltwdown y, por otro lado, apoyaron su
interpretación.
Ese investigador fue Charles Dawson, el descubridor del
original. Ello
constituía un flaco favor de cara a la validación
del descubrimiento
original. Tan sólo planteaba nuevas cuestiones al
mismo tiempo que su
aparentemente increíble buena suerte hacía
levantar las cejas.
Según continuaba la búsqueda de cualquier
cosa vagamente parecida al
Eoanthropus, continuaban acumulándose los datos que
apoyaban el paradigma
vigente. Se hicieron más descubrimientos de Neandertal
y se encontraron
más fósiles parecidos al hombre de Java y
al hombre de Pekín (llamado
ahora Homo Erectus). Ya en 1920 e incluso antes se descubrieron
en África
más especies de homínidos, si cabe aún
más primitivas y dotadas de un
cerebro más pequeño. El llamado Australophitecus
proporcionaba mayor
refuerzo y ulterior validación al paradigma vigente;
se pensaba entonces
que estos ancestros fósiles humanos más antiguos
tenían un millón de años
y ahora se sabe que hay variedades que datan de hace más
de 3,5 millones
de años, todas ellas con un cerebro muy pequeño
que un tercio de la media
de los humanos modernos, pero con una posición completamente
vertical.
Incluso los miembros más primitivos del género
son completamente
similares a los modernos humanos desde el punto de vista
de la
inclinación de su cuello.
Después de la tercera década del siglo veinte,
el Eoanthropus pasó de ser
una tema básico para los estudiosos de la historia
evolutiva humana, a
ser una nota precautoria a pie de página en los textos
sobre evolución,
llegando a convertirse en un dato fragmentario inexplicado,
enigmático,
anómalo y contradictorio. Así permaneció
el caso hasta que un nuevo
reexamen del fósil de Piltdown, realizado a finales
de 1940 y principios
de 1950, mostró que el cráneo aparentemente
moderno y la mandíbula
similar a la del mono eran de épocas completamente
diferentes, no siendo
ninguno de los dos particularmente antiguo, y que el aspecto
simiesco de
la mandíbula inferior tenía una explicación
muy sencilla; era, de hecho,
la mandíbula de un mono moderno que había
sido hábilmente amañada para
que pareciese encajar con el cráneo. El hombre de
Piltdown no podría ya
subvertir ningún paradigma. Era un fraude.
El significado de Piltdown
Para muchos la historia de Piltdown constituye una mancha
negra en la
historia de la ciencia. En realidad esta historia muestra
lo bien que la
ciencia eventualmente separa los fraudes, los errores y
los razonamientos
pasionales. Muestra de forma clara la forma en que reacciona
y lo que
debe hacerse cuando los paradigmas actuales bien fundamentados
son
desafiados por nuevos datos.
Mientras aparentemente prestaba apoyo a una historia deseada
sobre cómo
había tenido lugar la evolución humana, Piltdown
contradecía las nociones
de la evolución basadas en un cuerpo de datos sustancial.
No obstante
hubiera podido ser un descubrimiento válido, pudiendo
asimismo desbancar
los aparentemente sólidos paradigmas actuales. Pero,
como otros han dicho
ya antes, las afirmaciones extremas requieren niveles de
prueba o
validación extremos.
En el caso de Piltdown, la afirmación desafiaba
meramente el actual
paradigma de la evolución humana. Era suficientemente
importante y
requería un nivel de validación extremo -aunque,
por supuesto, tal
validación jamás se dio-. Por ejemplo, en
el caso de la parapsicología,
están siendo desafiados los actuales paradigmas sobre
la psicología
humana, la neurología, la antropología, la
biología e incluso la física.
Así, como suena. Nuestros paradigmas pueden efectivamente
estar
equivocados y los parapsicólogos y otros estar en
lo cierto, aunque es
significativo que la investigación desarrollada durante
los pasados cien
años no haya dado muestras de ello para satisfacción
de muchos
científicos.
Además, la historia de Piltdown puso a prueba la
noción de que la ciencia
es inflexible y los científicos, cerrados de mollera.
Los conceptos
relativos a las trayectorias seguidas en la evolución
humana han cambiado
y siguen haciéndolo en la medida que se recogen nuevas
evidencias. Los
cambios en nuestra visión de la evolución
humana no son cíclicos o
aleatorios, sino progresivos. Aunque ciertos científicos
puedan verse
afectados por sesgos personales, por razonamientos pasionales
u otras
presiones, los datos no pueden manipularse por mucho tiempo.
En suma, los
científicos evolucionistas no querían abandonar
su visión de una
evolución centrada en el cerebro, pero lo hicieron
cuando la evidencia
señaló que la postura erecta precedió
por mucho a la expansión del
cerebro. Algunos pueden haber sido engañados por
Piltdown y haber vuelto
a la visión de la evolución humana centrada
en el
pag-8
cerebro. Sin embargo, con semejante cantidad de evidencia
apoyando la
visión de que la humanidad evolucionó, en
cierto sentido, erguiéndose del
suelo. Piltdown se convirtió en algo trivial, incluso
antes de probarse
finalmente que era un fraude.
El escepticismo paleontológico a comienzos del siglo
veinte estaba
ciertamente justificado en la búsqueda de algo más
que un simple y
aparentemente inexplicable fragmento de evidencia antes
de ponerse a
reescribir los paradigmas evolucionistas. El escepticismo
científico
entre nosotros está igualmente justificado en la
búsqueda de algo más que
lo mostrado hasta ahora. Hasta entonces, la supuesta evidencia
de
ESP (2), telequinesis, clarividencia y demás asuntos
permanecerán junto
al Eoanthropus dawsoni.
Agradecimientos
Fue presentada una versión preliminar de este artículo
al Tenth Griffiths
Memorial Lecture de la Universidad de Drexel en Philadelphia.
Quiero
expresar mi agradecimiento a mis colegas, por sus comentarios.
Mi
agradecimiento también para Michael Alan Park, del
Departamento de
Antropología de la Universidad Central del Estado
de Connecticut, por sus
sugerencias.
Referencias
Blinderman, Charles.1986. The Piltdown Inquest, Buffalo,
N.Y.: Prometheus
Books.
Feder, Kenneth L. 1990. Frauds, Myths, and Mysteries: Science
and
Pseudosciencie in Archaeology. Mountain View, Calif.: Mayfield
Publishing.
Millar, Roland. 1972. The Piltdown Man. New York: Ballantine
Books.
Seckel. Al. 1989. Rather Than Just Debunking, Encourage
People to Think.
Skeptical Inquirer, 13:300-3O4
Shapiro, Harry. 1974. Peking Man. New York: Simon and Schuster.
Smith, Grafton Elliot. 1927. Essays on the Evolution of
Man. London:
Oxford University Press.
(1) (Impulsado hacia adelante. N. del T.)
(2) (Percepción Extra-Sensorial. N. del T.)
Trad. de J. Martínez Villaro
Original: Copyright de The Skeptical Inquirer
Traducción: Copyright de LAR
El Ojo Escéptico Revista del Centro Argentino para
la Investigación y
Refutación de la Pseudociencia (CAIRP).
4 números US$20. Podéis suscribiros enviando
un cheque a nombre de
Alejandro Jorge Borjo, a la siguiente dirección:
Casilla de Correo 26,
sucursal 25,1425 Buenos Aires, República Argentina
pag-9
Jorge Wagensberg, director del museo de la ciencia.
"Hay muchos científicos que consultan el horóscopo"
Luis Alfonso Gámez
Debo confesar que hay muchos científicos que consultan
el horóscopo,
aunque algunos lo hagan para divertirse, reconoce con cierto
pesar el
director del Museo de la Ciencia de Barcelona, Jorge Wagensberg.
En
opinión de este profesor de Termodinámica
de la Universidad de Barcelona,
hechos como éste y el deseo de que sea la sociedad
la que controle la
investigación científica demuestran la necesidad
de la divulgación del
conocimiento. Wagensber mantiene que la ciencia en sí
ni es buena ni mala
y que su aplicación no depende de los científicos,
sino de la sociedad.
Confiesa que más de una vez se ha preguntado si es
lógico dedicar grandes
sumas de dinero a la investigación de otros planetas
cuando gran parte de
la
pag-10
humanidad sufre hambre; pero añade que el conocimiento
científico
"siempre ayuda en último término a eliminar
la miseria humana".
¿Qué sintió al enterarse por una encuesta
de que uno de cada tres
españoles cree en la validez científica de
la astrología?
Muchas ganas de divulgar más ciencia. La astrología
ni es ciencia ni
pretende serlo. No es objetiva ni inteligible y encima es
independiente
de la experimentación. Los datos de esta encuesta
demuestran no sólo una
falta de información científica, sino también
una falta de formación tan
terrible que hasta contamina el mundo de la ciencia. Debo
confesar que
hay muchos científicos que consultan el horóscopo;
aunque algunos lo
hagan para divertirse. Esto es algo de lo que no creo que
nos liberemos
nunca, ya que la pseudociencia es una forma de religión.
¿Qué diferencia a la ciencia de la pseudociencia?
La ciencia es el conocimiento obtenido a través
del método científico,
que se basa en tres principios: la objetividad, la inteligibilidad
y el
contraste con la experiencia. En el mundo de la ciencia,
la verdad es
siempre provisional y la mentira siempre definitiva. La
pseudociencia
prescinde del método. El pseudocientífico
peligroso es el que se hace
pasar por científico.
¿Nos visitan extraterrestres a bordo de platillos
volantes?
Los ovnis son un negocio, un engaño descarado. No
hay ni una sola prueba
científica a favor de su existencia, a pesar de que
los libros
están llenos de supuestas evidencias.
Con bastante frecuencia, las instituciones públicas
subvencionan la
organización de congresos y conferencias pseudocientíficas.
Si una institución pública financia pseudociencia,
financia un fraude.
El control de la ciencia
¿La ciencia es buena o mala?
La ciencia y los científicos no son ni buenos ni
malos. El científico no
investiga para hacer un bien ni para hacer un mal a la humanidad.
El
estímulo del hombre de ciencia es la curiosidad,
que se basa en las
preguntas que hace a la naturaleza para alcanzar el conocimiento.
El uso
del conocimiento científico es lo que puede ser beneficioso
o
perjudicial. Es erróneo pensar que el uso de la ciencia
es competencia
del científico; en realidad, compete al ciudadano.
La divulgación de la
ciencia es la herramienta de que disponemos para hacer que
el ciudadano
se implique en la aplicación de la ciencia en la
sociedad democrática
moderna.
El escándalo de la fusión fría puso
en tela de juicio la honestidad de
los científicos.
Cuando pasó esto, sentí una gran vergüenza.
Fue una excelente ilustración
de todos los vicios de la ciencia actual, que toma lo malo
de sociedades
avanzadas, como la norteamericana, y nada de lo bueno. El
escándalo de la
fusión fría tiene su origen en la competencia
feroz que existe entre los
científicos. La competencia es algo nuevo dentro
del mundo de la ciencia.
Los padres de la mecánica cuántica se escribían
cartas, intercambiaban
ideas... Ahora, cuando sólo se valora el trabajo
de uno por la cantidad
de publicaciones, el científico escoge el tema de
investigación de
acuerdo con la rentabilidad, quiere ser el primero, guarda
secretos y se
multiplican las chapuzas. Desgraciadamente, la fusión
fría es, de
momento, una gran mentira.
¿Quién controla la ciencia?
La ciencia, aunque parezca frívolo decirlo, la controlan
los científicos
de prestigio. La elección del problema que va a estudiar
supone para el
hombre de ciencia un compromiso. No hay científicos
inocentes en este
aspecto. Sólo por elegir el problema, el científico
ya está comprometido
hasta las orejas. El deber del hombre de ciencia es que
el conjunto de la
sociedad, y sobre todo los políticos, esté
en sintonía con su trabajo. En
el momento en el que un científico inicia una investigación
sobre
armamento sofisticado, por ejemplo, es cuando más
tiene que consultar con
la sociedad.
Ciencia y religión
Las autoridades religiosas suelen manifestar periódicamente
deseos de
poner trabas a la investigación científica.
pag-11
No tiene por qué haber ingerencia ni filosófica
ni práctica entre ciencia
y religión. Ambas son compatibles. Hay tres formas
de obtener
conocimiento: la ciencia se dedica a profundizar en lo simple;
el
conocimiento divino, en lo complejo o imposible; y el arte
es un estadio
intermedio entre estos dos extremos. El mundo de las creencias
carece de
método científico mientras que la ciencia
cree en la investigación
experimental. La ciencia tiene sus limitaciones; pero no
tienen que
establecerlas los estamentos religiosos, sino la sociedad.
¿Qué opinión le merecen los físicos
que buscan a la divinidad en la
mecánica cuántica?
Están haciendo uno de los mayores ridículos
de la ciencia actual. Siempre
hay analogías. Basta decir que una cosa tiene tres
aspectos para
relacionarla con la santísima Trinidad. Este tipo
de analogías son
ridículas, como lo son las de aquellos que pretenden
explicar leyes de la
naturaleza a parir de textos sagrados. Lo que sí
se puede decir es que la
Biblia está llena de incoherencias científicas;
pero eso no es un
argumento en contra de la existencia de Dios.
Carl Sagan ha escrito que vivimos en un Universo "sin
lugar para un
Creador".
No estoy de acuerdo con Sagan. Desde un punto de vista
científico, no se
puede demostrar si existe o no un creador. En cierto sentido,
la
divinidad existe tautológicamente. Hay dos formas
de creer en la
divinidad, o el hombre está hecho a imagen y semejanza
de Dios o Dios
está hecho a imagen y semejanza del hombre. Lo que
es seguro es que tanto
el Creador como el Creador Creado pueden existir, ya que
influyen en lo
existente. Uno de estos dos dioses existe.
¿La supervivencia de la humanidad pasa por la ciencia?
Si uno analiza fríamente la historia de la humanidad;
se puede decir que,
a pesar de los muchos contratiempos que ha habido en este
siglo, la
ciencia ha colaborado a la tolerancia y al progreso. El
avance
tecnológico comporta riesgos; pero también
existe una tecnología de la
seguridad. No es un problema de la ciencia que no haya seguridad
en los
petroleros; sino de la economía y la política.
La ciencia sabe hacer
petroleros que no revienten; lo que pasa es que son mucho
más caros. Casi
todos los avances científicos aportan también
la tecnología que
cubre los riesgos, pero generalmente son la economía
y la política las
que ignoran esa tecnología de la seguridad. El desequilibrio
entre riesgo
y seguridad provoca dramas como el de Chernobyl, que era
una central
nuclear de cartón.
¿Cómo pueden dedicarse grandes presupuestos
a la investigación espacial
cuando existen problemas como el hambre?
Yo también me lo pregunto. Cuando uno ve el sufrimiento
humano, la
comparación es inmediata y obvia. Lo que pasa es
que si hubiéramos
seguido siempre este impulso, posiblemente nunca habría
habido ciencia
porque es muy difícil eliminar la miseria humana.
De todos modos, el
progreso científico siempre ayuda en ultimo término
a eliminar la miseria
humana. Lo que si es verdad es que, cuando dedicamos los
excedentes de
cultura a organizar conciertos de rock o la carpa de la
ciencia, muchas
veces olvidamos a los marginados, a los ancianos, a los
que pasan hambre...
Sensacionalismo y ciencia
¿No se ha ofrecido en el caso del agujero de ozono
una información
sensacionalista que ha llegado a atemorizar a la población?
Sí; estoy convencido de que sí. No se detectó
el fenómeno hasta que
comenzaron las observaciones de la capa de ozono y, por
lo tanto, no
sabemos si ha estado ahí siempre. No creo que ese
sentimiento de miedo
sea malo, aunque no esté fundado en hechos reales.
Por lo menos, colabora
a una sensibilización que no puede tener ningún
efecto secundario,
excepto el de la preocupación. A mí, me preocupan
mucho más los vertidos
en las aguas superficiales. Todos los ríos de España
están prácticamente
muertos y nos estamos cargando el Mediterráneo. Esto
se puede evitar. Las
fábricas tienen abogados que las defienden; pero
los ríos no. Hasta
ahora, los defensores de los ríos han sido cuatro
iluminados. Nos tenemos
que acostumbrar a pagar más por los bienes, ya que
nos hemos olvidado de
incluir en el precio el costo de la protección del
medio ambiente.
Los medios de comunicación también han perdido
los papeles cuando,
hablando de investigación genética, han llegado
a comparar a los biólogos
con el doctor Frankenstein.
pag-12
Lo que sí es verdad es que estamos jugando con fuego.
Hay dos formas de
transmitir información: la cultura y la genética.
Con la ingeniería
genética se ha conseguido por primera vez que la
cultura permita acceder
a la información molecular y que los propios científicos
no quieran estar
solos en este asunto. Son los científicos los que
piden a la humanidad
normas de actuación en este campo. Ya hay monstruos.
Una oca con un
hígado gigante es un monstruo. En realidad, la ganadería
y la agricultura
están plagadas de monstruitos. Otra cosa distinta
es crear un
Frankenstein. Sí que puede ocurrir; claro que existe
un riesgo.
Imaginemos que hubiera una mutación, que alguien
se equivocara sin malas
intenciones y creara una cepa del retrovirus del sida que
se transmitiera
por vía aérea. Sería una hecatombe.
Sin embargo, también aquí el
beneficio puede ser enorme. A lo mejor, con la ingeniería
genética, se
encuentra la solución a esta enfermedad tan terrible.
Creo que es un
riesgo que merece la pena correr. Lo que hay que quitar
a la gente de la
cabeza es ese temor del científico malo que busca
dominar el mundo. Esto
sí que es de tebeo. No hay ningún científico
tan malo; esa maldad no
existe. No es una casualidad que Sadam Hussein no tenga
ciencia, ya que
para tener una comunidad científica no se puede ser
como él. El peligro
surge cuando exportamos tecnología o ciencia sin
que exista el soporte
cultural adecuado.
El hecho de que los científicos experimenten con
animales es frecuente
fuente de polémicas.
Aquí, como siempre, no hay que perder una cierta
ética. Todo depende de
la distancia que exista entre el animal y el hombre. A nadie
le preocupa
lo que pueda sufrir una bacteria. Ahora bien, un chimpancé
despierta
ciertos afectos porque lo vemos mucho más cercano
a nosotros. Ha habido
casos en los que el hombre ha hecho grandes monstruosidades.
Eso ha
provocado reacciones por parte de gente que ha invadido
los laboratorios
y ha soltado animales que, en algunos casos, estaban infectados.
El caso
del macaco Bill fue terrible y desató la polémica
en Estados Unidos. Era
un mono al que le hacían amputaciones en vivo para
ver el efecto que
tenía el hecho de amputar traumáticamente
un miembro. Al final, el pobre
macaco no tenía ni brazos ni piernas, era un amasijo
de muñones, y había
dejado de comer. Hubo una polémica entre el laboratorio,
que lo quería
acabar de matar, y una asociación popular que quería
liberarle. Durante
la discusión, el pobre mono murió de inanición.
Había decidido no comer
nunca más. En aquel caso, es evidente que el sufrimiento
era algo absurdo
porque no se anestesiaba al animal por razones de urgencia
científica.
Hay que evitar provocar estos sufrimientos atroces mediante
las
confección de estudios previos, que deben exigirse.
Claro que hay que
experimentar con animales. Lo que pasa es que el presupuesto
dedicado a
la investigación tiene que incluir una partida destinada
a minimizar el
sufrimiento de los animales.
Divulgadores científicos de la talla de Isaac Asimov
y Jacques Cousteau
coinciden en señalar que el mayor peligro al que
se enfrenta el ser
humano es la superpoblación.
Es cierto; aunque, para mí, hay otro problema anterior
a la
superpoblación, el de la distribución de la
población. Uno de cada tres
argentinos vive en Buenos Aires; uno de cada dos españoles
vive en una
gran ciudad... El problema estriba en que nos empeñamos
todos por vivir
en el mismo sitio, respirar el mismo aire y trabajar en
el mismo metro
cuadrado. Tampoco puedo comprender que las tres religiones
más
importantes del planeta tengan sus lugares sagrados en los
mismos veinte
metros cuadrados. Creo que Dios se equivocó, ya que
esa concentración de
lugares sagrados sólo provoca conflictos. El problema
de la
superpoblación va a existir; pero antes tenemos que
solucionar el
problema de la distribución espacial y de la riqueza.
pag-13
Un día de psicofonía
Fco. Solano Jiménez Iglesias
(Del grupo Apeirón de Córdoba)
Federico nos había invitado a pasar un día
de campo en su chalet. El día
de campo consistía en pasar junto a la piscina la
mayor parte de éste,
para lo cual llevábamos bocadillos para el almuerzo
y la comida fuerte la
haríamos por la noche. Al llegar, lo primero que
hicimos fue poner
música, cambiarnos de ropa y darnos un chapuzón
que duró una hora.
Más tarde, cuando nos acordamos del hambre que teníamos,
nos sentamos,
discutimos y comimos, luego preparamos café, lo tomamos
nos adormilamos
un poco; pero pronto decidimos incorporarnos y jugar a las
cartas hasta
que llegó la hora de irnos unos cuantos al centro
de la ciudad, donde
habíamos quedado en recoger a más gente.
Al volver, nos metimos todos en la piscina; pasó
el tiempo hasta que se
fue poniendo el sol. Salimos, nos secamos y nos pusimos
a jugar al 1-2-3,
juego preparado con preguntas improvisadas por Federico
y Mª Jesús,
mientras habíamos estado fuera. El juego fue divertido;
yo quedé
finalista pero ganaron Ester y Carlos Tomás.
El caso es que el día hasta aquí era de lo
más normal del mundo. Todo
cambió cuando a Federico se le ocurrió hacer
una psicofonía. Ya había
anochecido y el campo se hacía un escenario fabuloso
para tal propósito.
Cogimos el cassette y nos adentramos entre los matorrales
donde se quedó
éste grabando.
Al volver a la casa dispusimos las tareas: a mí
me tocó hacer la comida,
mientras que a los demás no les tocó hacer
nada. Así es que yo me metí en
la cocina y los otros charlaban, bebían y discutían
apaciblemente
mientras el cassette y yo hacíamos nuestro trabajo
en nuestros
respectivos sitios.
Había pasado ya casi una hora cuando nos pusimos
a comer. A mitad de la
comida se le ocurrió a Federico ir a recoger los
elementos de grabación,
que no tardó en traernos a la mesa. Puso el cassette
en marcha y lo dejó
mientras comíamos. Pasó un rato y lo único
que se oían eran nuestras
voces lejanas; hasta que en un momento determinado se oyó
una extraña
nota musical, y entremezclada con nuestras voces. Se nos
puso a todos la
piel de gallina. Agudizamos nuestros sentidos y seguimos
escuchando;
comíamos con una lentitud asombrosa. Mª Jesús
y Mercedes estaban pálidas,
aunque ya enmudecieron del todo al escuchar una voz susurrante
que nos
invitaba a salvarle de su martirio. A partir de aquí
no dejaron de
escucharse voces y ruidos; incluso el del rugido de un león,
hecho que
nos sacó de la duda de que las voces fueran una
broma pesada de alguno de nosotros. La cinta empezó
a ponernos histéricos
y suspicaces incluso con los hojas que movía el viento...
Afortunadamente no tardaron en desaparecer los ruidos psicofónicos;
a los
que sustituyó la voz de Federico a más revoluciones,
tatareando una
canción y diciendo: Se ha acabado por hoy la sesión
de psicofonía...
Por supuesto se trataba de una broma ideada por Federico,
y la verdad es
que la mayoría de los que estábamos allí
lo sabíamos; pero el caso es que
dio resultado; toda la grabación la había
realizado él en su casa el día
antes con la ayuda de un sintetizador, un magnetófono
y un disco de
efectos de sonido de terror. El truco estaba en desconectarle
el cable a
la cabeza borradora del cassette y así, cuando se
grabara algo, lo haría
encima de todos los ruidos preparados antes.
Esta historia es totalmente cierta. La he escrito porque
creo que es un
claro ejemplo de cómo se puede intervenir y modificar
sobre este tipo de
actividades. Un truco que para nosotros fue una broma puede
haber sido la
estrategia de un engañabobos de esos que tanto proliferan
hoy
en día.
En otros temas, ya sean de espíritus, como de ovnis
o de demonios no sé
qué trucos puedan utilizarse, pero de lo que sí
estoy seguro es de que
los hay.
pag-14
La astrologoadicción
Nicolás Brihuega
Entre las varias manifestaciones pseudocientíficas,
la astrología es la
que, quizás, cuenta con mayor popularidad. Basta
echar un vistazo al
panorama editorial para encontrarnos de lleno con revistas,
diarios,
semanarios económicos o políticos en los que
no falta el apartado
dedicado a los horóscopos. Se llega incluso a rivalizar
por ofrecer en
las páginas astrológicas el discurso de los
más renombrados profesionales
como si de la pluma de un Nobel se tratara. Personajes de
la vida
pública, entre los que se encuentran artistas, famosos
de la farándula y
la jet, miembros de la variopinta clase política
(todos aquellos que
pertenecen al pelotón de los snobs y los postmodernos)arrastran
una
caterva de astrólogos, futurólogos, videntes,
mágicos sanadores de todas
las patologías reales e imaginarias, en un largo
etcétera de avispados
personajes que conforman esa grotesca Corte de los Milagros
para la que
la tan cacareada postmodernidad es un vergonzoso plagio
de los cultos y
supersticiones más añejos.
Pero, ¿por qué esta eclosión de la
Astrología y doctrinas afines? Como
cualquier otra manifestación pseudocientífica,
la creencia en los
horóscopos obedece en su origen a un conjunto de
causas de doble
carácter: sociales y psicológicas a un tiempo.
Causas profundas,
derivadas en última instancia del tipo de organización
económica propio
de una sociedad como la nuestra, con una acusada división
del trabajo y
una creciente sofisticación del hecho científico.
Causas profundas, es
cierto, pero no por ello inasequibles a una análisis
mesurado y diáfano
realizado con el auxilio de una concepción racional
del mundo y sus
tensiones; un análisis más efectivo cuanto
más se soslaya toda concesión
a emocionalismos e hipótesis apresuradas que nada
explican.
El creyente en la astrología, al igual que el creyente
de cualquier
religión, obedece en su creencia a un complicado
mecanismo para el que
los anhelos insatisfechos y las frustraciones vitales juegan
un papel
prácticamente determinante. En general, a los horóscopo-adictos
les
distingue una acusada tendencia a la inestabilidad emocional,
originada,
tal vez, en experiencias religiosas fracasadas o en hondos
desengaños
experimentados a nivel de lo cotidiano. En el primer caso,
perdido el
modelo espiritual clásico por efecto de la crisis
de credibilidad de la
teología cristiana tras el embite de la ciencia positiva,
buscan un
sustituto que compense los déficits sentimentales
ocasionados por un
entorno, íntimo o externo, a todas luces conflictivo.
Huida y escapismo
de esa realidad confusa y hostil aparecen entonces como
el objetivo
prioritario, como el interiorizado consuelo frente a una
realidad
descorazonadora. Cuanto más se intuyen o se sienten
sometidos al tumulto
confuso que los rodea (y sin modelos explicativos racionales),
más se
abandonan a la fórmula caprichosa del misticismo
salvalotodo, panacéico;
de esta forma pueden cargar con el dictado incómodo
o favorable escrito
en las estrellas y eludir cualquier brizna de responsabilidad
sobre sus
propios actos. Y de paso retornar al limbo de una niñez
dejada atrás
encomendando la solución de todo conflicto a una
voluntad superior.
Es esa entidad salvifica (el padre perdido y recordado
que acogía al niño
en la casa) la que persigue en la forma de una agente extraño
situado más
allá de la humana inteligencia, dibujado en la bóveda
celeste como el
signo zodiacal.
Enajenado, dividido, ausente de sí mismo (porque
la ausencia posee
efectos balsámicos), el creyente aspira a redimirse
en el edificio
esperanzador de su fe. No queda más que el individuo
aislado al que la
astrología y su clero propone salvaciones individuales,
ritos
purificadores, sortilegios mágicos manufacturados
por el astrólogo
chamán. Una panoplia, en suma, de procedimientos
escapistas sucedáneos de
la religión (al fin y al cabo, y a pesar del rechazo
histórico y la
condena del catolicismo, el paralelismo con la fenomenología
religiosa es
algo más que casual: religo, su raíz etimológica,
significa unir). El
astrólogo busca unir al adepto consigo mismo, recomponer
la unidad
perdida en el crisol de una superstición con miles
de años de antigüedad
y, de paso, llenarse los bolsillos con unos pingües
beneficios que crecen
en la proporción en que lo hace la desazón
existencial de su feligresía.
Disponen de editoriales, grupos de presión económica
interesados en la
apología de su ciencia. Si quienes abogamos por el
empleo del método
científico en el estudio de los fenómenos,
gozásemos siquiera de la
décima parte del auditorio que se permiten las diversas
pag-15
corrientes pseudocientíficas, no daríamos
crédito.
Pero está claro que vivimos un ciclo histórico
en el que Razón y
pensamiento experimentan un reflujo de serias proporciones.
Un cielo del
que no puede aventurarse su fin (somos bastante más
modestos que los
clarividentes astrólogos). Podemos, a lo sumo, realizar
una lectura de la
dialéctica histórica y descubrir en el pasado
las condiciones de cambio
precisas para un giro de timón en el futuro. Un giro
favorable a las
expectativas del pensamiento racional. Y, afortunadamente,
y por mucho
que el peso de las apariencias actuales provoque el pesimismo,
el rastro
dejado por la Historia demuestra la transitoriedad de la
actual etapa
(podríamos extendernos, pero necesitaríamos
demasiado espacio para entrar
en detalles).
Nuestra época está marcada por la polémica
contracorriente, por la
singladura intelectual en solitario del pensamiento crítico
y científico.
Pero, ¿cuándo ha contado la Razón con
el apoyo de la mayoría? Nunca. De
ahí la necesidad de este articulo.., y de cuantos
le han precedido con un
espíritu análogo.
pag-16
El carbono 14 y la Sábana Santa, ¿vencedor
o vencido?
Luis R. González Manso
A lo largo de los siglos, las distintas religiones que
han florecido en
nuestro planeta, han ido acumulando un sinnúmero
de reliquias, pruebas
palpables y evidentes de la veracidad de sus afirmaciones.
Con la llegada
del Racionalismo y la instauración de la metodología
científica, muchas
de ellas quedaron despojadas de todo su misterio al ser
examinadas
críticamente. Sin embargo, en el caso del Cristianismo,
(como corresponde
a la religión preponderante en el Primer Mundo) si
creyésemos los
titulares de prensa, ha ocurrido todo lo contrario.
Efectivamente, la misteriosa Sábana Santa de Turín,
que supuestamente
envolvió el cuerpo de Jesús hasta su resurrección,
ha sido convalidada
por la ciencia.
Ya hacía años que la imagen en negativo plasmada
en dicha tela admiraba a
creyentes y curiosos, pero después de los estudios
realizados en octubre
de 1978 por el comité STURP (al que se quiso vincular
con ese paradigma
americano de la tecnología avanzada que es la NASA)
quedó demostrada
científicamente la plasmación tridimensional
de la figura de Jesús en el
lienzo merced a una milagrosa y desconocida energía,
naturalmente divina.
A partir de ese momento, los grupos dedicados al culto
de dicha reliquia
adquirieron nuevos bríos (y financiación)
lanzándose por todo el mundo a
difundir la buena nueva. Incluso se inventaron un curioso
neologismo para
dotar de mayor credibilidad científica a este empeño:
la sindonología.
En varios países se fundaron asociaciones (1) y
se organizaron
conferencias, seminarios e incluso congresos internacionales
(Bolonia 89,
París 89, Cagliari 90, etc.) donde supuestos expertos
de desconocido
prestigio exponen sus teorías preferidas y van aportando
más y más
pruebas en favor de sus creencias, sin cuestionarse nunca
los datos
iniciales. Así, por ejemplo, se embarcan en discusiones
bizantinas sobre
si el leptón identificado en el ojo derecho de la
figura es o no de la
época de Poncio Pilato; o si la Sábana Santa
estuvo alguna vez en
Inglaterra (postura defendida naturalmente por un inglés);
o si el grupo
sanguíneo de Cristo era el AB (ni siquiera donante
universal), etc.
Frente a este movimiento pararreligioso, la mayoría
de los =ientíficos
continuaron dedicados a sus investigaciones, con la indiferencia
habitual
por los temas ajenos a su campo. Sólo algunos pocos
escépticos se
atrevieron a alzar la voz señalando los pies de barro
(errores y falacias
ad hoc) en los que se apoyaba toda esa idolatrada argumentación,
aparentemente rigurosa y científica.
No obstante, ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos
y las
cada vez más exageradas afirmaciones que circulaban
entre el público,
hubo una cierta reacción de la ciencia oficial. Se
elaboraron unos
protocolos estrictos y tras muchos meses de discusiones
y cortapisas (2),
sólo 10 años después, en octubre de
1988, aparecían los resultados de la
prueba del carbono-l4, que señalaban inequívocamente
que la llamada
Sábana Santa era medieval (entre el 1260 y el 1390
D.C.). La vaca sagrada
de la ciencia oficial bufó aliviada y volvió
a su apacible rumiar, dando
vueltas a otros problemas más importantes como el
origen del hombre o del
Universo, o la fusión fría, confiada en que
poco a poco fueran apagándose
los fuegos de la polémica.
Incluso muchos escépticos, que deberíamos
saberlo mejor, volvimos nuestra
atención a otras batallas todavía por luchar,
seguros de que nadie podría
negar lo evidente. ¡Qué ingenuidad!
Si acaso, ese momentáneo revés sirvió
como acicate para espolear el celo
y fervor de los creyentes, llevándolos a multiplicar
sus intervenciones,
charlas y conferencias. Y con ello, captaron la atención
de esos medios
de comunicación social que prefieren el sensacionalismo
de un
enfrentamiento feroz a reconocer la desilusionadora realidad.
Pero había
que mantener la ventajosa imagen de víctimas, y resulta
gracioso leer
docenas de declaraciones públicas llenas de dolidos
e hipócritas
comentarios sobre la intoxicación informativa que
padecen, olvidando
oportunamente la mayoría (favorable)de artículos
en la prensa diaria
recogiendo sus posturas.
A partir de ahí, una vez aposentados en los medios
de comunicación se han
seguido
pag-17
diversas estrategias de respuesta. Será muy instructivo
analizarlas con
cierto detalle.
Unos, los menos, no han hecho ni caso de este dictamen
rigurosamente
científico y han seguido proyectando sus creencias
en esa peculiar mancha
Roscharch que es la Sábana Santa (3).
Otro, también en pequeño número, aceptan
la validez del análisis pero lo
consideran como otro simple dato más, el único
discordante y anómalo
(aplicando de nuevo esa útil amnesia selectiva que
les permite olvidar
las detalladas críticas que se han realizado a todos
y cada uno de los
estudios favorables -4-), y buscan sepultarlo bajo una continua
avalancha
de nuevos datos aparentemente fiables y que apuntan todos
en una misma
dirección. Así, realizan meticulosos análisis
documentales anteriores al
año 1300, en busca de inequívocas referencias
a la Sindone, o bien,
señalan cómo la Sábana Santa ha tenido
una influencia innegable en el
arte religioso cristiano del primer milenio (y no al revés,
como algún
simplista podría pensar).
Ello refleja seguramente el gran calado que la democracia
ha conseguido
en muchos espíritus, impulsándolos a extender
su influencia a campos
hasta ahora reacios, como la Ciencia: cada trabajo un voto,
y ganará la
mayoría, sin importar la calidad de los mismos.
Pero la gran mayoría es realista y se empeña
en lo que sabe que será un
combate donde sólo puede haber un vencedor, y como
en las Cruzadas, Dios
está con ellos. Al principio tratan de mantener la
compostura, la
oposición es clara pero comedida. Se exponen las
deficiencias y puntos
débiles del método de datación (pureza
de las muestras, calibración,
etc.). Se hace mucho hincapié en la evidente contaminación
sufrida por la
tela a lo largo de los siglos (hasta un 10% de su peso),
llegando incluso
a darle la vuelta a los resultados, considerando que al
no haber
diferencia entre los obtenidos con las muestras intactas
y las sometidas
a limpieza, se hacía inevitable una radiación
divina (5).
Para aquellos creyentes poco duchos en análisis
sofisticados (de
sofistas), resulta más reconfortante apelar a la
autoridad. Y en el caso
de la datación por carbono-14, quién mejor
que su inventor, el Nobel W.F.
Libby. Según una entrevista muy difundida (y que
merecería la pena
contrastar) el profesor Libby afirma que en dicha investigación,
se han
cometido fallos garrafales (6).
También resulta oportuno leer la Biblia. Divide
y vencerás. Sembremos
pues la discordia entre los investigadores. Gran difusión
alcanza una
carta del profesor Tite, coordinador del Museo Británico,
donde afirma:
no considero que los resultados, prueben que sea una falsificación.
(Vaya
forma de darle municiones al enemigo). Otra carta aparece
recientemente
en la propia revista Nature para informar de unas declaraciones
del
profesor Woefli, también coautor del estudio, en
la prestigiosa revista
francesa contra-Reforme Catholique, señalando grandes
contradicciones en
el informe final presentado (7).
Cuando esto no es suficiente, se pone claramente en cuestión
el método de
datación (claro que sin hacerlo delante de su inventor)
señalando algunas
famosas meteduras de pata. Curiosamente, las mismas siempre
falsean la
edad haciéndola más antigua de lo que en realidad
es, justo lo contrario
de lo que ahora se afirma, pero entre las risas que provocan
nadie parece
darse cuenta de esta contradicción.
Incluso se habla de otros análisis por carbono-14
realizados a la Sábana
Santa en 1982 y que dieron resultados muy dispersos. También
resulta muy
efectivo montar un gran revuelo sobre los gravísimos
quebrantamientos del
protocolo establecido (criticas que todos los estudios favorables
han
evitado por el expeditivo sistema de no seguir ninguno)
Y en cualquier caso, siempre queda la posibilidad de apelar
a lo que se
quiere probar. Ha sido la propia energía divina durante
la resurrección
(una aniquilación sin precedentes de algunos protones
según afirma el
profesor Eberthar Linder -9-) la que ha rejuvenecido la
tela justo en la
proporción deseada. Un engaño nada extraño
en un Dios que se molesta en
crear fósiles para que los no creyentes duden que
fuimos creados en el
4004 A.C.
Sumergidos ya en este mundo de confabulaciones cósmicas,
resulta fácil
desde la atalaya privilegiada de la fe, descubrir en todo
ello un
demoníaco montaje de las oscuras fuerzas ateas, que
no dudan en realizar
un descomunal fraude en el muestreo, rompiendo todos y cada
uno de los
protocolos, introduciendo una muestra de tejido de la fecha
deseada y
obteniendo así un dictamen desfavorable, por el cual
el profesor Hall
sería premiado con un donativo de ¡un millón
de libras! (10).
Tras este persistente y polifacético contraataque,
la opinión pública ha
quedado desconcertada, confusa, y sólo desea un poco
de tranquilidad.
Ante la duda, y bien adiestrada por décadas de publicidad,
se deja
arrastrar por los más vociferantes.
pag-18
Por otro lado, una vez más, el método científico
ha sido denostado y
socavado ante la gente de la calle, incapaz de distinguir
el grano de la
paja. Y son los escépticos los que tienen que cargar
con la etiqueta de
dogmáticos y cerrados de mollera.
Y el círculo se cierra. Como puntilla final, aparece
el Sudario de
Oviedo, como una reliquia complementaria que según
demuestran rigurosos
análisis forenses (11) cubrió el rostro de
Jesús... y esta vez
milagrosamente, desaparecen todos los fallos y deficiencias
del método
del carbono-l4, ya que ahora sí se obtiene una fecha
apuradamente
compatible (entre los siglos l y VII) (12).
En resumen, el pensamiento escéptico quizá
ganó la batalla del carbono-
14 (bastante éxito es que al menos se hiciese), aunque
a nivel de la
calle haya quedado como un método plagado de errores
y poco fiable, pero
la Guerra Santa la está perdiendo claramente. No
basta una reacción
puntual, es necesaria una labor crítica insistente
y continua para poder
contrarrestar eficazmente la propaganda tendenciosa. En
este mundo cruel
no basta con tener razón, hay que repetírselo
a la gente hasta que se
entere, especialmente si el mensaje va contra alguna de
sus
reconfortantes creencias.
Notas
(1) En España, el Centro Español de Sindonología,
Avda. Antiguo Reino de
Valencia, 53- Valencia, que edita el boletín Lintheum.
(2) Skeptical Inquirer. Vol. XII, nº 3, Spring 1988,
pags. 231-232.
(3) Así, Antonio Ribera (sí, el ufólogo),
en Karma-7, nº 96, afirma que
el ser retratado en la Sábana se trataría
de un hombre sobrenatural, al
sobrepasar el canon de belleza ideal clásico de Praxíteles
(ocho
cabezas... de altura). O según una carta de los sempiternos
ummitas, el
hombre de Sindone sería un simple mutante, no el
Hijo de Dios (Añadiendo
de paso que en 1928 la Sindone auténtica fue cambiada
por una falsa).
(4) Skeptical Inquirer, Vol. VI, nº 3, Spring 1982.
Número especial de
crítica sobre la Sábana Santa.
(5) Linteum, nº 3, junio 1990. Revista de prensa donde
se recoge un
fragmento de un artículo aparecido el Palabra 299,
IV-1990 (191).
(6) Linteum, nº 3, junio 1990. Revista de prensa donde
se recoge un
artículo aparecido en el diario Las Provincias, 19/04/89.
(7) Nature, Vol. 352, número 6322 (18/07/91), pág.
187.
(8) Linteum, nº 2, diciembre 1989. Una explicación
de los resultados del
Carbono 14. Pilar Docavo Lobo. Págs. 5 y 6.
(9) Esta idea fue rebatida en el mismo número de
Nature donde apareció el
informe definitivo. Nature, vol. 337, nº 6208, 16/02/89,
pág.594.
(lO) Más Allá, nº 27, mayo l99l. La
Sábana Santa es auténtica. Carlos
Galicia. Págs. 64-71.
(11) Linteum, nº 4 (Especial). Diciembre l990.
(12) Noticias de prensa. Diario Sur, 8/04/91.
Un par de datos que no he podido resistir la tentación
de añadir a esta
magnífica exposición de Luis R. González
son:
lº) En efecto, se ha divulgado una pretendida entrevista
con el inventor
del método de datación por el carbono-l4 en
la que éste expresaba sus
dudas sobre la fiabilidad de la datación de la Sábana.
Lo único que hay
de verdad en ello es que realmente W.F. Libby inventó
este método. Libby
falleció en 1980. La datación de la Sábana
se hizo en el 88.
Como alguna vez expliqué en estas páginas,
el bando crédulo excedió mis
pronósticos más estúpidos. Cuando tras
conocerse el resultado de la
datación bromeaba apostando con amigos, que lo que
dirían a continuación
es que la radiación misteriosa que había impreso
la figura había alterado
también la proporción de isótopos,
me quedé corto. Lo que han llegado a
afirmar desde entonces algunos científicos, defensores
de la Sindone,
convierten esa majadería en algo comparativamente
respetable. En
consecuencia, no me extrañaría que ahora,
en vez de sonrojarse por este
nuevo desliz adujeran que, efectivamente, eso lo dijo Libby,
pero desde
pag-19
ultratumba y a un médium argentino (pongamos por
caso, con perdón de los
argentinos).
2º) La noticia de una datación por el carbono-14
anterior a la de 1988 la
proporcionan los defensores de la reliquia, ahora. La toma
de muestras y
los análisis se realizaron, según dicen, en
secreto. Y los resultados no
los dieron a conocer porque presentaban una gran dispersión.
Por un lado, es impresentable que desde ese bando se haya
acusado de
quebrantamiento del protocolo al British Museum y a los
tres laboratorios
elegidos para la prueba, cuando son ellos quienes previamente,
sin
control de nadie, en secreto, a su antojo, han tomado muestras
y
analizado el tejido, y como no resultó lo deseado,
en su momento no
dijeron esta boca es mía. Por otro, la pataleta es
muy clara: diciendo
que ya antes había habido fracasos con este método
de datación, pretenden
restar valor y determinación ante la opinión
pública a la actual prueba.
J.M.V.
Ya que Jesús no se ha resistido a añadir
unos comentarios; yo tampoco lo
hago y añado éste:
Es evidente que los sindonólogos llevan razón
la Sábana de Turín es
auténtica: es un tela auténtica fabricada
con hilos auténticos.
Nostredóminus. El último vidente
Tras muchos lustros estudiando y comparando los libros
relevados puedo
aseguraros con toda certeza que todo esto, el mundo, nosotros,
el
universo... tiene una razón, un motor...
Que no ha pasado la última ITV...
pag-20
La percepción popular de la ciencia en Norteamérica
Mario Bunge
El Profesor Mario Bunge imparte filosofía de la
ciencia en la Universidad
McGill de Canadá. Es socio de honor de ARP y del
CAIRP argentino.
En este artículo queda demostrado que no sólo
en los países
subdesarrollados el pensamiento mágico hace estragos:
el autor traza un
desalentador balance del auge de la pseudociencia en América
del Norte,
tanto en la población como en los mismos encargados
de impartir la
educación, y plantea una seria advertencia sobre
la urgente necesidad de
revertir ese cuadro.
Publicado originalmente en Transactions of the Royal Society
of Canadá,
con una posterior versión castellana en El Ojo Escéptico,
órgano
informativo del Centro Argentino para la Investigación
y Refutación de la
Pseudociencia (CAIRP), a quien agradecemos la cortesía
por autorizar su
reproducción en LAR.
En el periodo entre el Iluminismo y la Segunda Guerra Mundial,
la ciencia
gozó del respeto general en los países industrializados.
Incluso asumió
un rol seductor después de la bomba nuclear; su prestigio
llegó a la
cumbre en 1957, cuando el Sputnik fuera lanzado al espacio,
y permaneció
en ese lugar de la estima pública durante varios
años más. Sin embargo,
la imagen pública de la ciencia sufrió una
alteración dramática desde
finales de la década de los 60. Para muchos aparece
como el villano
culpable de la carrera armamentista, la degradación
del medio ambiente y
el desempleo. Una consecuencia preocupante de este cambio
de actitud, es
la aguda declinación, en los últimos años,
de la inscripción en carreras
científicas por parte de norteamericanos, ingleses
y rusos.
Tanto los científicos como algunos otros saben,
por supuesto, que la masa
anticientífica se equivoca, que los individuos que
procuran comprender el
mundo no deben ser culpados de los pecados de quienes intentan
dominarlo,
y aún destruirlo. Pero aquí no estamos interesados
en la ciencia, sino en
el modo como ésta es percibida por el lego, y particularmente
por la
juventud. Debemos tratar de descubrir qué fue lo
que modificó la anterior
percepción favorable que tenía el público
con respecto a la ciencia. Sólo
así podremos encontrar respuestas efectivas para
corregir las
percepciones erróneas, antes del derrumbe de la empresa
científica
provocado por la falta de interés y desconfianza
en la misma.
Analfabetismo científico en la era de la ciencia
Lo primero que debemos comprender para evaluar correctamente
el estado
actual de la cultura científica, es el hecho de que
el respeto
tradicional por la ciencia no era el resultado de una familiaridad
con
los hallazgos científicos, ni mucho menos con el
enfoque científico. La
ciencia solía ser respetada de lejos, del mismo modo
como hoy se la
denigra: a distancia. El cambio no ha sido tan notable en
cuanto al
conocimiento sino a la evaluación. El conocimiento
público de la ciencia
siempre ha sido descorazonador. El reciente cambio en su
valoración
simplemente ha empeorado una mala situación.
Cuan calamitosa es la situación en los EE.UU. y
en el Reino Unido, fue
revelado por una encuesta reciente que mostró que
dos tercios de los
adultos británicos creen que el sol gira alrededor
de la tierra, que el
50% de los norteamericanos adultos rechaza la teoría
de la evolución, y
el 80% cree que la astrología es una ciencia (ver
Culliton, 1989). Otra
encuesta, conducida por la Asociación Internacional
para la Evaluación
del Desarrollo Educacional, entre estudiantes de 14 años
de 17 países
diferentes, encontró que los EE.UU. ocupan el 15º
lugar en logros
científicos. Pero aún, desde 1970 los EE.UU.
descendieron del 7º lugar al
3º contando desde abajo (Hirsch, 1989).
No conozco la existencia de ninguna encuesta realizada
en Canadá sobre
conocimi