ARP
La Alternativa Racional
Número 36
Editorial .............................. 3
-El legado de los Picapiedra
(Luis Alfonso Gámez)..................... 5
Opinión
-Sobre los editoriales de LAR
(Ricardo Campo Pérez)....................13
-Curación por la fe (y II)
(Javier Armentia)........................15
-Escepticismo y conocimiento
(William Grey)...........................25
-II Congreso Nal. sobre Pseudociencia....32
Debate
-LAR vs. CdU. El millón de abismos
(Félix Ares).............................33
-Por el escepticismo, el debate y la tolerancia
(Ignacio Cabria).........................36
-Desde el sillón escéptico...............38
-Correo del lector.......................46
-Historias eXotéricas....................47
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Editorial
De nuevo en la calle. Y, como siempre, con sangre, sudor y lágrimas. Lágrimas de sangre ante los nuevos intentos de seguir aborregando al personal. Más sangre en carnicerías y juegos de manos que nos quieren vender como “medicinas alternativas”. Y sudor del equipo editorial trabajando en la revista en pleno verano, bajo el benigno y refrescante clima del Valle del Ebro.
De nuevo en la calle y de nuevo para contar lo de siempre. Más historias de embaucadores, charlatanes y entes similares apareciendo en los medios de comunicación, publicando libros y ganando dinero. Y de nuevo la eterna pregunta: ¿cómo es posible que alguien (y menos tal cantidad de gente) se crea toda esa sarta de tonterías y estupideces? Intentamos explicarlo aludiendo al bajo nivel cultural medio de nuestro país, pero esta explicación no es del todo válida, o al menos no es suficiente. ¿Quién no conoce a personas con titulación universitaria que visiten a un homeópata, consulten a un astrólogo o se apunten a la Nueva Era?
Lo que sí es cierto es que hay en España muchos licenciados universitarios que no saben por qué los satélites artificiales no se caen o qué es un protón. Y que cuando oyen hablar de la “Navaja de Occam” no están seguros de si ese buen señor era un bandolero de Sierra Morena o un cuchillero de Albacete.
Lamentablemente, mientras siga siendo motivo de orgullo ser un completo ignorante en cuestiones de ciencia y tecnología (en muchos casos incluso de filosofía), nos saldrán curanderos, videntes y “gurús” de la Nueva Era hasta de debajo de las piedras.
Pero no sólo la ignorancia de la gente es causa de todo este tipo de creencias absurdas. Existe algo -aunque uno ya duda de su existencia- llamado sentido común, del que nos ha dotado supuestamente la Naturaleza para poder decidir por nosotros mismos lo que nos conviene y lo que no. Pero, como dice el adagio del sabio, “el sentido común es el menos común de los sentidos”. La gente tiene una enorme tendencia a suspender el propio juicio, porque resulta mucho más cómodo que otros decidan por nosotros, resulta más fácil echar la culpa a los planetas, resulta más cómodo seguir un tratamiento a base de agua destilada para curarse un cáncer en 15 días, que someterse a un agresivo tratamiento de quimioterapia. ¡Claro que el primero le soluciona a uno el problema en 15 días!...pero para toda una eternidad.
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Por eso, uno se sorprende -agradablemente, por supuesto- cuando recibe a
través de la prensa la noticia de que un juez andaluz ha resuelto un juicio contra la empresa Acar-Sud por publicidad engañosa, y lo ha resuelto en un auténtico alarde de sentido común y buen hacer, alegando que quien hace una afirmación debe ser quien demuestre tal afirmación, y que Acar-Sud no había demostrado ni una sola de las cualidades milagrosas de su producto,
ni ha dado pruebas de la existencia de un informe clínico que supuestamente ofrecieron a la OCU, y que amablemente se prestaron a enviar a esta redacción -y que por supuesto jamás llegó-.
Lástima que, dados los problemas de aglomeración en la justicia de este bendito país, y lo difícil que resulta plantear un pleito de este tipo, para cuando se publica la sentencia, las sociedades denunciadas han hecho el agosto, se han disuelto para evitar responsabilidades, y se han reconstituido con otro nombre. A continuación, se ponen a fabricar un nuevo y absurdo aparatito capaz de solucionarnos la vida, al módico precio de n-mil pesetas, y vuelta a empezar.
Por cierto. Dado que este tipo de artilugios mágicos los anuncian ininterrumpidamente en unas pocas emisoras de radio y en alguna cadena de televisión, y conocidas las costumbres de los expertos en publicidad, a uno le da por pensar que los radio-oyentes y tele-videntes de tales cadenas deben tener todos problemas de insomnio, stress, impotencia, falta de concentración y similares. Y si ustedes escuchan unos minutos cualquiera de esas emisoras, en seguida comprenderán por qué.
En fin. El verano, como todos los veranos, ha dado mucho de sí. Cuando faltan noticias, porque quienes son siempre noticia están de vacaciones, los medios de comunicación se hacen eco de cuanto salga a través del teletipo. Así, hemos sido testigos estos días de artículos explicando las aberraciones y problemas del doctor Hamer y su milagroso método contra el cáncer -que sigue ejerciendo en la Costa del Sol sin que nadie diga nada-, y hemos visto cómo todos los medios se han volcado en mostrar unas curiosas imágenes del extraterrestre al que le falló el ABS en las proximidades de Roswell. Parece mentira cómo tanta gente puede picar el anzuelo de una mala película de ficción, o cómo se aprovechan de ello para vender más y más periódicos o revistas.
Si ustedes han visto esas imágenes, supongo que se habrán hecho la misma pregunta que nosotros. ¿Cómo se reproducen los extraterrestres?
Hasta pronto.
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EL LEGADO DE LOS PICAPIEDRA
Luis Alfonso Gámez
Embaucadores recurren a falsos restos arquelógicos y paleontológicos para vender la existencia de una civilización en la época de los dinosaurios
JAVIER CABRERA es el heredero de los Picapiedra, el guardián del «más revolucionario y antiquísimo mensaje de que tenemos noticia» [Benítez, 1975, 18]. El texto está grabado en más de 15.000 piedras de diversos tamaños que el médico peruano tiene apiladas en tres habitaciones del centro-museo de Ica, como pomposamente llama a su casa. Los cantos rodados de Cabrera son el único vestigio de un pasado remoto, en el que el hombre cazaba dinosaurios, realizaba complejas operaciones quirúrgicas, surcaba los cielos a bordo de aves antediluvianas o escrutaba el firmamento a través de telescopios. Las piedras de Ica son, para algunos, el «más importante descubrimiento de esta humanidad» [Benítez, 1975; 19]. Su propietario está convencido de que demuestran que la Tierra albergó una avanzada civilización en el Mesozoico.
Todo empezó en 1966, cuando el médico recibió de un amigo «una pequeña piedra de color, en la que aparecía un extraño pájaro» [Benítez, 1975; 33]. El pisapapeles atrajo la atención de Cabrera, que llegó a la conclusión de que el ave era un pterosaurio, representante de un grupo de reptiles voladores extinguido hace 65 millones de años. Preguntó a su amigo dónde había conseguido el pedrusco y éste le dijo que los grababan los campesinos de Ocucaje, un poblado próximo a Ica. Intrigado, consiguió dar poco después con los indígenas que vendían los cantos grabados y empezó a comprar todas las piedras que ponían ante sus ojos. Descubrió que los guijarros que le proporcionaba masivamente BASILIO UCHUYA podían ordenarse en series.
Nueve años después, la biblioteca lítica estaba compuesta por cerca de 11.000 ejemplares, que constituían «la más estremecedora, rotunda y completa prueba de la existencia de otra civilización que pobló el planeta» en la época de los dinosaurios [Benítez, 1975; 17]. Entonces, apareció en escena JUAN JOSÉ BENÍTEZ, reportero del rotativo bilbaíno La Gaceta del Norte. El periodista se sintió cautivado por Cabrera y por unas piedras que demostraban unos conocimientos «que han hecho palidecer nuestra soberbia civilización» [Benítez, 1975; 18]. Así, aprendió que de los huevos de dinosaurio salían larvas, que luego sufrían una metamorfosis -cual gusano de seda- y se convertían en tiranosaurios, brontosaurios o triceratops. Así, se sintió maravillado por los conocimientos médicos de los terrestres antediluvianos, capaces de realizar trasplantes de corazón, riñón, pulmón, hígado... y hasta cerebro. Así, supo que la desaparición de los grandes lagartos había sido causada por los hombres gliptolíticos -como llama Cabrera a los productores de piedras- y el choque contra nuestro planeta de dos de sus tres satélites, que provocó a su vez el hundimiento de Atlántida. Así, se enteró de que aquella civilización no sólo conocía la aviación, sino que había abandonado la Tierra en dirección a las Pléyades poco antes del cataclismo. Y el intrépido reportero volvió a España dispuesto a difundir a los cuatro vientos lo que con el tiempo se convertiría en uno de sus misterios favoritos.
Una civilización tecnológica en el Mesozoico
Los hombres gliptolíticos eran, según los grabados, pequeños seres cabezones de largas narices, que sólo vestían taparrabos y cubrían sus cráneos con tocados de plumas. A pesar de ser capaces de realizar complicadas intervenciones quirúrgicas, los cirujanos mesozoicos ni usaban guantes ni cubrían sus rostros con mascarillas. Exploraban el cielo con telescopios, volaban a bordo de pájaros mecánicos y viajaban a otros planetas; pero, cuando declararon la guerra a los dinosaurios, lo hicieron sólo armados con primitivas lanzas y cuchillos. Su civilización fue planetaria y construyó las pirámides de Egipto «para captar la
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energía electromagnética», explica Cabrera. Los egipcios, asegura el médico, «carecían de los necesarios medios técnicos para mover y levantar una gran obra como la pirámide de Keops» [Benítez, 1975; 173-174]. Sin embargo, ni en las pirámides aparecen enanos con tocados de plumas ni se han encontrado piedras similares a las de Ica en ningún otro rincón del planeta.
Fernando Jiménez del Oso cree que «hasta lo aparentemente absurdo puede ser realidad, y las piedras de Ica son una buena prueba de ello» [Jiménez del Oso, 1989a]. El visionario psiquiatra es capaz de justificar lo injustificable, hasta el uso de hachas y puñales en la caza de dinosaurios. «Tal aparente incongruencia -dice- puede explicarse de varias formas; entre otras, la muy simple de que una cultura que evoluciona en lo técnico no ha de recorrer forzosamente el mismo camino que otra, en tanto que los descubrimientos más significativos suelen deberse a la casualidad. De igual manera, también podría estarse aludiendo a un deporte o a un rito, tan discrónico como pueda ser hoy matar toros con un estoque cuando se dispone de ametralladoras» [Jiménez del Oso, 1989b; 23]. El fabricante de misterios pasa por alto que Cabrera describe la masiva matanza de dinosaurios como una guerra a muerte entre humanos y reptiles, en la que lo lógico hubiera sido que el hombre gliptolítico hubiera utilizado potentes armas y no cuchillos, hachas o lanzas.
La Tierra mesozoica del médico peruano no tiene nada que ver con la de la geología. El mundo de Javier Cabrera incluye Atlántida y Lemuria, y la consiguiente catástrofe planetaria. En el caso de las piedras de Ica, el cataclismo se produce al chocar contra el planeta dos de sus tres lunas. Benítez ha reivindicado la figura de Cabrera como precursor de la teoría científica según la cual la caída de un meteorito provocó la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años [Benítez, 1994; 115-120]. El escritor afirma que el coleccionista de piedras se anticipó en años a Luis y Walter Álvarez, pero eso es mentira.1 El novelista mezcla churras con merinas para confundir a sus lectores y dar credibilidad a los disparates de Cabrera, que dice que la caída de dos lunas -nunca de un meteorito- «contribuyó a la anulación del mecanismo reproductor de los reptiles» [Benítez, 1975; 57]. En lo único en lo que es precursor el médico es en llevarse la leyenda de Atlántida hasta la época de los dinosaurios y en poblar la Tierra de enanos narigudos, cuya avanzada civilización tampoco lo debía de ser tanto cuando dejó su mensaje toscamente plasmado en piedras.
Curiosamente, los guijarros con grabados más realistas son los que hacen referencia a los logros médicos de la civilización mesozoica. «Tal realismo en el dibujo de órganos como el corazón -dice Javier Sierra-, no volveremos a encontrarlo en ninguna de las demás piedras, lo que ha hecho que no pocos sospechen que, puesto que Cabrera es médico, fuera él mismo quien mandara tallar esa serie desconcertante volcando en ella sus propias ideas» [Sierra, 1994; 103]. Según comprobó el ufólogo alicantino en marzo de 1994, han comenzado a aparecer cantos rodados en los que se advierte de la promiscuidad homosexual como factor de riesgo a la hora de contraer enfermedades, como el sida, que debilitan el sistema inmunológico. Es de suponer que el próximo descubrimiento médico importante se refleje en las piedras poco después de divulgarse en los medios de comunicación.
Grabados por encargo
«Entre los huaqueros de los alrededores de Lima,2 se dice que si le informas de tu profesión al médico de Ica, se excusará durante quince minutos y podrás escuchar el ruido de su torno de dentista en una habitación trasera antes de que regrese de las profundidades de su museo con una piedra tallada, que, por una extraña y en cierto modo artificial coincidencia, presenta un dibujo de alguien de un distante pasado ejerciendo tu profesión» [Randi, 1987; 129]. La ironía de James Randi, ilusionista y cazador de charlatanes, refleja lo que los arqueólogos saben desde hace años, que los indígenas del poblado de Ocucaje se sacan un dinero vendiendo a Cabrera y a los turistas piedras grabadas por ellos mismos.
Basilio Uchuya, Pedro Huamán, Aparicio Aparcana e Irma Gutiérrez, entre otros, han reconocido en repetidas ocasiones ser los fabricantes de los guijarros. Uchuya confesó en 1975 que llevaba diez años grabando piedras para Cabrera y aseguró que copiaba los motivos de revistas ilustradas. En aquel entonces, ni siquiera suscitó suspicacias en Benítez el hecho de que el
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campesino tuviera en su choza más de una veintena de pedruscos «idénticos a muchos de los que había visto pocas horas antes en el museo de Javier Cabrera» [Benítez, 1975; 39]. Lo único que le sorprendió es que no hubiera ninguna piedra de gran volumen. El reportero estaba convencido de que los habitantes de Ocucaje no podían haber hecho las piedras y, una vez más, estaba equivocado.
Varios españoles viajaron hasta el desierto peruano a finales de los años 70 para estudiar las piedras de Ica. Uno de los que regresaron de Perú con guijarros entre su equipaje fue Félix Ares, informático y asesor del Comité para la Investigación Científica de los Supuestos Hechos Paranormales (CSICOP). A cambio de unas cuantas monedas, Uchuya graba desde hace años en pedruscos los motivos -dinosaurios, incluidos- que le piden los turistas, como pudo comprobar el propio Erich von Däniken. Sin embargo, el imaginativo hostelero suizo prefirió creer a Cabrera porque «las revistas publican fotografías de cosas reales, que existen. Pero los complicados motivos que presentan las piedras auténticas de Cabrera no responden a ninguna realidad fotografiable de este mundo» [Däniken, 1977; 383]. Lo que no explica Däniken es por qué el ciclo biológico de los dinosaurios del médico peruano no tiene nada que ver con la realidad, cuál es la razón de que la ausencia de reptiles «no repertoriados por la ciencia o típicamente sudamericanos» [Pereda, 1995], y por qué los mapas del mundo son aberrantes y no se ha encontrado ningún otro vestigio de la civilización mesozoica. Ares, por su parte, conoció en Perú a uno de los principales suministradores de piedras de Cabrera, que le dijo que los motivos los copiaba de revistas y que el médico limeño lo sabía.
Los falsificadores del pasado cifran entre 25.000 y 50.000 el número de piedras grabadas, aunque las únicas que se conocen son las que forman parte de la colección de Cabrera. «Lo cierto -dice Javier Sierra- es que al visitante ocasional apenas se le muestran unos pocos cientos» de piezas y la mayoría es, «contrariamente a lo que muchos todavía creen, de pequeño tamaño, fácilmente manejable y con un labrado que apenas supone problema alguno para cualquiera de los artistas locales» [Sierra, 1994; 102]. De hecho, la industria lítica de Ocucaje proporciona a los modestos campesinos un sobresueldo desde hace 30 años. Javier Cabrera y su ilusoria civilización mesozoica son una sustanciosa fuente de ingresos.
Piedras auténticas y piedras falsas
«Sólo conozco una piedra grabada que puede ser auténtica. El resto, todos esos miles y miles, son falsas», apuntaba en 1974 Roger Ravínez, portavoz del Instituto Nacional de Cultura de Perú [Benítez, 1975; 214]. Seguro de que la historia de los cantos rodados mesozoicos era un cuento chino y de que «Cabrera deliraba», el arqueólogo basaba su veredicto en un estudio del estilo de los grabados y en «microfotografías de las incisiones». Juan José Benítez achacaba la actitud del experto al dogmatismo de la ciencia oficial, ya que Santiago Agurto, ex-rector de la Universidad de Ingeniería de Lima, había encontrado en 1962 dos guijarros grabados en sendas tumbas precolombinas de Ocucaje. El sensacionalista autor presentaba estos hallazgos como revolucionarios -«un punto clave en pro de la autenticidad de las piedras de Ica»- y censuraba la «funesta costumbre» de la arqueología de asociar los útiles encontrados en una tumba a los restos humanos de la misma [Benítez, 175; 94-95]. Y volvía a meter la pata.
Para el fabricante de misterios, los guijarros labrados de Agurto eran la prueba definitiva de la
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autenticidad de la biblioteca lítica. Nada más lejos de la verdad. Estos dos cantos rodados se encontraron en tumbas, no provienen de los campesinos de Ocucaje, y muy posiblemente son auténticos, pero eso no quiere decir nada. Los motivos reflejados en estas dos rocas se corresponden con los típicos de culturas prehispánicas. No hay dinosaurios ni intervenciones quirúrgicas ni viajes espaciales; hay una flor estilizada y un pájaro. Así pues, en Ica existen guijarros grabados auténticos, con motivos característicos de las culturas locales, y otros falsos, plagados de seres antediluvianos.
Cabrera asienta su espectacular colección sobre una primera piedra, la que le regaló Félix Llosa en 1966. El guijarro pudo haber sido obra de Basilio Uchuya o un auténtico resto arqueológico. En este último caso, la desbordante imaginación del médico se habría encargado de convertir al ave en pterosaurio. Convencido de un hallazgo histórico, Cabrera habría acudido a los campesinos de Ocucaje para dar con nuevas piedras que confirmaran sus sospechas. A cambio de dinero, Uchuya y compañía las habrían grabado y habrían hecho realidad los sueños del médico. La evidencia a favor del fraude es tal que la posibilidad de engaño ha sido apuntada hasta por los representantes de la ufología más crédula [Sierra, 1994]. Así se explica, además, que Cabrera nunca haya dicho dónde está el yacimiento en el que hay más de un millón de cantos labrados. La razón es muy simple, tal depósito no existe.
En la segunda mitad de los años 70, las piedras de Ica dieron fama a Javier Cabrera dentro del submundo de lo paranormal, pero acabaron con su credibilidad profesional y arruinaron su vida familiar. Sus disparates le hicieron objeto del desprecio de los científicos y de las chanzas de la prensa, lo que le acarreó «desprestigio, burlas y soledad. Ica -explica Fernando Jiménez del Oso- es una pequeña ciudad provinciana y no podía quedar sin castigo el que uno de sus hasta entonces más eminentes ciudadanos fuera tema de portada en los diarios nacionales por motivos tan poco dignos de encomio. [En 1978,] su esposa le había abandonado, sus pacientes buscaron otro médico menos famoso y los hijos habían iniciado su particular diáspora. Me habló de ello con los ojos húmedos de la impotencia, tan indignado por aquel trato injusto como pudiera estarlo en su día Galileo» [Jiménez del Oso, 1989b; 21]. No podía faltar la referencia al físico y astrónomo italiano, «ya que -como decía el fallecido Isaac Asimov- es el santo patrón (¡pobre hombre!) de todos los chiflados autocompasivos» [Asimov, 1979; 177].
Incisiones de hace dos días
El médico peruano repite hasta la saciedad desde hace veinte años que tiene un informe científico de la Universidad de Bonn, que ratifica la autenticidad de las piedras. Sin embargo, el único que lo ha visto es Juan José Benítez porque Cabrera «nunca lo enseña» [Sierra, 1994; 104]. Según recoge el periodista en Existió otra humanidad (1975), los expertos alemanes descubrieron una pátina de oxidación natural que cubría «la totalidad de la piedra» y que los grabados no eran recientes [Benítez, 1975; 102]. Naturalmente, no sólo se ignora si Cabrera envió a Bonn guijarros con dinosaurios o auténticos restos arqueológicos prehispánicos, sino que tampoco existe ninguna prueba de que tal análisis se haya efectuado alguna vez. Por si fuera poco, todos los exámenes científicos realizados a espaldas de Javier Cabrera han dado resultados negativos.
Cuando un equipo de la BBC visitó Ica con la intención de filmar algunas escenas para el documental The Case of the Ancient Astronauts, el médico no les permitió rodar en el centro-museo ni quiso hablar sobre los controvertidos cantos rodados. Sin embargo, les regaló lo que él calificó de genuino guijarro de millones de años de antigüedad. Poco después, la roca era analizada en el Instituto de Ciencias Geológicas de Londres, cuyos técnicos llegaron a la conclusión de que «los aguzados y relativamente limpios bordes de las incisiones son notables, una característica que no puede preservarse durante mucho tiempo de la erosión en condiciones normales». Los expertos británicos añadieron que el labrado de la imagen se había realizado «con posterioridad» al proceso de oxidación que había vuelto la roca de color marrón [Story, 1980; 93-94]. El pedrusco podía ser mesozoico; pero los grabados eran recientes. El equipo de televisión no se sorprendió ante el fiasco, ya que sabía de la actividad artística de Basilio Uchuya. En Ocucaje, el campesino había enseñado a los periodistas británicos una foto del almacén de piedras de Cabrera con una dedicatoria, en la que el médico le agradecía su condición de proveedor de piedras.
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Más recientemente, «dos exámenes realizados en España en 1993 y 1994 sobre algunas muestras importadas desde Perú han dado resultados negativos, mostrando que [las piedras] fueron elaboradas con lijas, sierras y ácidos. Pero ¿por quién y para qué?», se preguntan todavía algunos [Sierra, 1994; 104]. El propio Cabrera reconocía en 1974 que los campesinos de Ocucaje habían comenzado «a fabricar algunas de esas grabaciones. Pero puedo asegurarte -decía a Benítez- que no pasarán de 20 ó 40. Y todas ellas están en manos de personas conocidas. En todas, además, se adivina inmediatamente que el grabado es falso» [Benítez, 1975; 225]. El método del médico para detectar las piedras auténticas es tan sencillo como destructivo, tira el guijarro al aire y si se rompe en mil y un pedazos, es que es auténtico. Cómo ha llegado a esa conclusión, nadie lo sabe.
No importa que los textos de la biblioteca lítica de Ica sean inconsistentes y disparatados, que no se hayan encontrado restos similares en ningún otro lugar del planeta, que los campesinos de Ocucaje fabriquen guijarros grabados a cambio de dinero, que los análisis científicos hayan sacado a la luz falsificaciones... Para los vendedores de misterios, las piedras de Ica siguen siendo uno de sus enigmas favoritos; para los arqueólogos y paleontólogos, son «falsificaciones bastante evidentes», cuya errónea interpretación da lugar a «auténticas barbaridades», como convertir al hombre en coetáneo de los dinosaurios, «cuando los datos científicos indican muy rigurosamente que nos separan 65 millones de años» [Molina, 1995].
El misterio de Acámbaro
Treinta años antes que Cabrera, un comerciante alemán cayó en las garras de los espabilados campesinos de la localidad mexicana de Acámbaro. Waldemar Julsrud reunió entre 1945 y 1952 más de 30.000 misteriosas figuras de arcilla. Aunque algunas correspondían a culturas prehispánicas, había otras con fantásticos y grotescos animales: cuadrúpedos con cuello y cabeza de pájaro, bípedos con cráneo de lagarto y cresta dorsal, serpientes con patas y cuernos, y un largo etcétera de seres imposibles.
No se sabe a ciencia cierta cómo llegaron las primeras figuras a manos del coleccionista. En uno de los escasos reportajes escritos sobre el tema, Jiménez del Oso advierte que existen dos versiones sobre el descubrimiento de las piezas de arcilla, ocurrido en 1945. Según una de ellas, Julsrud encontró varias figuras que habían quedado al descubierto por la lluvia en el cerro del Toro; según la otra, las halló cuando excavaba en las proximidades de su casa. Entonces -y aquí concuerdan las diferentes versiones-, pidió al albañil Odilón Tinajero y a otros vecinos de Acámbaro que, a cambio de uno o dos pesos por ejemplar, le facilitasen todas las piezas arqueológicas que encontraran. Y el comerciante se hizo con más de 30.000 estatuillas de barro, «amén de otro tipo de objetos, como puntas de flecha, figuras de la cultura chupicuaro, máscaras, piedras de jade, pipas de barro y algún que otro resto fósil» [Jiménez del Oso, 1993; 14].
El arqueólogo Antonio Pompa sospecha que los campesinos «tomaron el pelo» a Julsrud, que era un ignorante en historia precolombina. Cree que las primeras figuras sí eran auténticas, pero «las demás las hicieron los alfareros». Jiménez del Oso, sin embargo, no es capaz de ver la diferencia entre los grotescos seres salidos de la imaginación de los campesinos y las obras de la cultura local; pero ¿qué rigor se le puede exigir a alguien que cree que un cuadrúpedo con cabeza de pájaro y un ser de largas patas que repta sobre su panza «parecen sacados de un libro de paleontología»? [Jiménez del Oso, 1993; 15]. Cuando se mete a historiador, el psiquiatra se hace eco de todo tipo de disparates, desde las teorías del propietario de las figuras hasta las de un supuesto experto ruso. Para Julsrud, los autores de las imágenes fueron los atlantes; para el historiador ruso, «cabe la posibilidad de que en aquella parte de América los saurios del Mesozoico hubieran pervivido hasta el punto de que el hombre llegara a reconocerlos». Sólo hay dos inconvenientes: ni la mítica Atlántida existió, ni los primeros hombres americanos compartieron hace 15.000 años su espacio vital con dinosaurios.
Aunque es evidente que en Acámbaro no hay nada que pueda turbar a los historiadores, Jiménez del Oso y sus secuaces se dedican, en revistas como Espacio y Tiempo y Más Allá, a dar crédito a «figuras de las más altas cotas de aberración paleontológica, monstruos de apariencia quimérica, construcciones irrealizables, referencias de visitas extraterrestres a nuestro planeta y hasta aparentes informes cósmicos» [Delgado, 1994; 124].
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Haciendo gala de una aparente seriedad, se presentan como honrados investigadores que no se explican quién moldeó las figuras, por qué y cuándo. El móvil del engaño perpetrado por los indígenas fue el mismo que en Ica, el dinero que también anima a los autores sin escrúpulos a dar crédito a todo tipo de disparates.
¿Paseó el hombre con los dinosaurios?
Tanto Benítez como Jiménez del Oso -los dos vendedores de ilusiones más representativos del mundillo pseudocientífico español- apuntan en sus trabajos la existencia de vestigios paleontológicos que confirman que una Raquel Welch prehistórica, vestida con biquini de piel, pudo despertar el apetito de los dinosaurios hace 65 millones de años. El psiquiatra decía en 1989 haber encontrado restos humanos en estratos mesozoicos del desierto de Ocucaje. A pesar de que él mismo advertía que habían «pasado mucho años» desde su época universitaria como para ser tajante, no dudaba en anunciar a bombo y platillo que, «hombre o prehomínido, aquella criatura, situada en ese lugar y en ese tiempo, es tan desestabilizadora para la paleontología actual que obliga a escribir de nuevo la historia del pasado remoto del planeta» [Jiménez del Oso; 1989; 28]. Tal alarde de inmodestia obliga a preguntarse cómo es que, años después, el barbudo estudioso sigue sin recibir el premio Nobel o pasar a los libros de paleontología. ¿No será que estamos ante otra mentira económicamente rentable?
Erich von Däniken afirma que la teoría de Darwin «ha cegado a generaciones enteras de paleontólogos y antropólogos» [Däniken, 1977; 301]. El hostelero suizo coincide con Benítez en que existen huellas de pies humanos junto a rastros de dinosaurios en estratos de más de 70 millones de años de antigüedad. Así, el novelista navarro calificaba en 1975 de «trascendental» el descubrimiento, en la localidad soriana de Navalsaz, de una pisada humana petrificada junto a otras de grandes lagartos, «otro testimonio de la convivencia entre el hombre y los dinosaurios» [Benítez, 1975; 73]. La ciencia, sin embargo, ha prestado poca atención a este tipo de aseveraciones. Los especialistas las consideran simples estupideces, confiesa Eustoquio Molina, paleontólogo de la Universidad de Zaragoza preocupado por el auge de la pseudociencia.
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El lecho del río Paluxy, en Texas (EE UU), es punto de referencia obligado cuando se habla de una humanidad como la plasmada en los dibujos animados de Hanna y Barbera. Allí, «hay cientos de pisadas de saurios de diversas especies. Entre ellas y junto a ellas, aparecen siempre numerosas pisadas de pies humanos de gran tamaño» [Däniken, 1977; 293]. El autor de Recuerdos del futuro (1968) asegura que para hallar la totalidad de las huellas sólo hubo que guiarse «por el sentido de la marcha del dinosaurio, así como la del hombre en seguimiento del mismo». Las pisadas humanas se corresponden, según el astroarqueólogo,3 con las huellas de seres gigantescos y echan por tierra la teoría de la evolución. Däniken añade, además, que existen vestigios similares en Kentucky, donde en monte Vernon las huellas reproducen «a la perfección unos pies humanos», y en Utah, donde la suela de un zapato aplasta un trilobites en un estrato de hace 500 millones de años.
Zapatillas de tenis precámbricas
Los hallazgos de Däniken son, sin embargo, bastante menos revolucionarios que los de la ciencia oficial. William F. Tanner, geólogo de la Universidad de Florida, anunció en un congreso de paleontología en 1984 que se habían encontrado dos huellas de zapatillas de tenis en estratos precámbricos, correspondientes a hace 2.700 millones de años, situados en la bahía del Hudson, en Canadá. El científico, lejos de proclamar a gritos el derribo de la teoría de la evolución, se molestó en estudiar las pruebas sobre el terreno. Se trata de dos huellas paralelas de apariencia humana, que distan 20 centímetros. En los alrededores, no existe ningún otro rastro y las punteras de los zapatos, curiosamente, apuntan en sentidos opuestos. Además, las imágenes son planas, están muy claramente delimitadas y sobresalen del suelo, igual que otras circulares, ovales y de diferentes formas que Tanner había encontrado en rocas del Pérmico de Nevada y Nuevo México. «Algunas son lo suficientemente grandes y tienen la forma precisa para parecer suelas de zapatos. Pero basta una inspección informal para ver que tienen que tener otro origen» [Tanner 1984; 130-131].
Estas siluetas son de un material más resistente que el circundante, lo que explica la menor erosión, que se adentra en la roca hasta una profundidad equivalente a la de su diámetro superficial. «Una explicación razonable -apunta Tanner- es que hayan sido hechas por una fuga de agua durante la compactación y cementación temprana». El experto estadounidense aboga por un origen geológico para los zapatos de tenis antediluvianos, así que no es nada extraño que pueda haber incrustado un trilobites en uno de ellos. Claro que siempre cabe la posibilidad de que el hombre de aquella época fuera descalzo por la vida y eso es lo que sostiene Däniken en el caso del lecho del Paluxy, un terreno cretácico de hace 100 millones de años.
El astroarqueólogo ve en el río seco de Texas -«estuve allí y tuve ocasión de contemplar ese extraordinario descubrimiento paleontológico» [Däniken, 1977; 293-294]- un hombre tras un dinosaurio; pero es mentira. No hay un rastro humano, sino unas supuestas pisadas que no son tales ni responden a ningún orden, cosa que sí hacen las de los dinosaurios. Tanner las califica de siluetas con forma de pie. Tienen entre 12 y 44 centímetros de largo y algunas son causa de la erosión en un terreno compuesto por materiales de diversa dureza. En el lecho del Paluxy, hay centenares de agujeros producto de la erosión, pero los buscadores de misterios sólo se quedan con los que parecen un pie humano. Aún así, explica el geólogo, entre las seleccionadas, hay huellas humanas de todos los tamaños y formas, pero no hay dedos ni empeines dibujados en la roca. Las pisadas que no se deben a procesos erosivos «fueron producidas por dinosaurios carnívoros que dejaron una gran impresión metatarsal» [Lockley; 1993; 256]. Glen Kuban, un estudiante de biología creacionista,4 demostró en 1989 que algunos de los pies del río Paluxy son en realidad parte de la planta de tres dedos de un dinosaurio. «Algunas pretendidas ‘huellas humanas’ de Glen Rose no se distinguen de huellas metatarsales de dinosaurios, cuyas impresiones digitales han desaparecido rellenadas por el barro, a causa de la erosión o debido a otros factores. Otras depresiones alargadas de Glen Rose incluyen figuras producto de la erosión y posibles marcas de colas, algunas de las cuales también han sido confundidas con huellas humanas» [Kuban, 1989; 71].
La paleontología y la arqueología han prestado escasa atención a los supuestos vestigios y pisadas humanas de hace más de 65 millones. No en vano, los primeros homínidos aparecieron en Africa oriental hace unos 3 millones de años. A pesar de eso, algunos científicos se han molestado en bucear en el proceloso mar de la charlatanería para poner las cosas en su sitio. Lamentablemente, otros predican la estupidez desde la propia universidad cuando intentan sentar cátedra en temas que no propios son de su especialidad. En 1981, el autor tuvo oportunidad de conocer a uno de estos últimos. Cuando estudiaba en la Universidad de Deusto, un profesor zanjó un debate sobre las
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piedras de Ica apelando a su amistad con Javier Cabrera. El educador, un jesuita de avanzada edad, hizo oídos sordos a los argumentos contrarios a la existencia del hombre gliptolítico y no se atrevió a desautorizar al médico peruano ante los alumnos, muchos de los cuales se dedican ahora a la enseñanza y puede que crean que el hombre convivió con los dinosaurios.
Agradecimientos
Este trabajo no habría visto la luz sin la desinteresada colaboración de Eustoquio Molina y Xabier Pereda, doctores en Paleontología que me han ilustrado sobre el misterio de las huellas humanas antediluvianas, y de Félix Ares, doctor en Informática y buen conocedor de las piedras de Ica. Los tres leyeron el texto original, aguantaron la curiosidad de un lego e hicieron importantes puntualizaciones. Algunas sugerencias las he asumido, pero otras no. Por eso, todo error es sólo de mi responsabilidad.
Bibliografía
Asimov, Isaac [1979]: «El corolario de Asimov». En Asimov, Isaac: La estrella de Belén y otros ensayos científicos []. Trad. de César Terrón. Editorial Bruguera (Col. «Libro Blanco», Nº 11). Barcelona 1983. 167-184.
Benítez, Juan José [1975]: Existió otra humanidad. Editorial Plaza & Janés (Col. «Otros Mundos»). Barcelona. 250 páginas.
Benítez, Juan José [1994]: Mis enigmas favoritos. Editorial Plaza y Janés (Col. «Los Jet», Nº 238-8). Barcelona. 311 páginas.
Däniken, Erich von [1977]: La respuesta de los dioses [Beweise]. Trad. de J.A. Bravo. Ediciones Martínez Roca (Col. «Fontana Fantástica»). Barcelona 1978. 411 páginas.
Delgado, Manuel José [1994]: «Acámbaro, otra espina de la arqueología». Más Allá (Madrid), Monográfico Nº 10 (Septiembre), 122-125.
Jiménez del Oso, Fernando [1989a]: Ica. Producciones Culturales (Col. «El Imperio del Sol», Nº 1). Vídeo escrito, dirigido, producido y presentado por Fernando Jiménez del Oso. Duración: 30 minutos.
Jiménez del Oso, Fernando [1989b]: «El hombre del Mesozoico». Más Allá (Madrid), Nº 9 (Noviembre), 18-28.
Jiménez del Oso, Fernando [1993]: «El misterio de Acámbaro». Espacio y Tiempo (Madrid), Nº 33 (Noviembre), 10-20.
Kuban, Glen Jay [1989]: «Elongate Dinosaur Tracks». En Gillette, David D.; y Lockley, Martin G. (Eds.): Dinosaur Tracks and Traces. Cambridge University Press. Cambridge. xviii +454 páginas.
Lockley, Martin G. [1991]: Siguiendo las huellas de los dinosaurios [Tracking Dinosaurs]. Trad. de Joaquín Moratalla. Prologado por José Luis Sanz. Editorial McGraw-Hill (Serie «Divulgación Científica»). Madrid 1993. xv + 342 páginas.
Molina, Eustoquio [1995]: Comunicación personal a Luis Alfonso Gámez. Zaragoza. 23 de Enero.
Pereda, Xabier [1995]: Comunicación personal a Luis Alfonso Gámez. París. 13 de Marzo.
Randi, James [1987]: Flim-Flam! Psychics, ESP, Unicorns and other Delusions. Prologado por Isaac Asimov. Prometheus Books. Buffalo. xv + 342 páginas.
Sierra, Javier [1994]: «Las piedras grabadas de Ica: un enigma a debate». Más Allá (Madrid), Monográfico Nº 10 (Septiembre), 102-104.
Story, Ronald D. [1980]: Guardians of the Universe? Book Club Associates. Londres. 207 páginas.
Tanner, William F. [1984]: «Human and Not-So-Human Footprint Images on the Rocks». En Walker, Kenneth R. (Ed.): The Evolution-Creation Controversy. Perspectives on Religion, Philosophy, Science and Education. The Paleontological Society («Special Publication», Nº 1). Universidad de Tennessee. 117-133.
Notas
1 En 1956, M.W. Laubenfels propuso en el Journal of Paleontology la posibilidad de un impacto meteorítico como causa de la extinción de los dinosaurios. Como no hay extraterrestres de por medio, Benítez ignora al paleontólogo de la Universidad de Oregon y hace un encendido elogio del sacamuelas peruano.
2 En Perú y Ecuador, se llama huaquero al individuo que excava en los cementerios precolombinos para extraer el contenido de las tumbas y venderlo a turistas o coleccionistas.
3 La astroarqueología es la pseudociencia que propugna la existencia de visitas extraterrestres en la antigüedad. Las pruebas del encuentro entre alienígenas y seres humanos se hallarían diseminadas por todo el planeta en forma de libros sagrados, objetos enigmáticos y monumentos grandiosos. El más famoso de los astroarqueólogos es Erich von Däniken.
4 Los creacionistas consideran que la historia del hombre está escrita en la Biblia y rechazan la teoría de la evolución. Durante más de 40 años, las huellas impresas en el lecho del río Paluxy a su paso por Glen Rose fueron uno de los argumentos favoritos de los fundamentalistas evangélicos estadounidenses hasta que Glen Kuban, también creacionista, investigó el fenómeno sin dejar que sus creencias influyeran en el trabajo científico
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SOBRE LOS EDITORIALES DE LAR.
Ricardo Campo Pérez
Si los editoriales de las revistas especializadas deben revelar el espíritu que anima a la publicación de la que forman parte, los de LAR lo consiguen perfectamente. Y este espíritu, en mi opinión, no es otro que el del libre pensamiento, o, si lo prefieren, el de los librepensadores; y más concretamente aún puede detectarse la presencia de una corriente intelectual española muy importante y en el momento presente muy necesaria y bienvenida: el de la Institución Libre de Enseñanza.
La Institución y su principal figura, Francisco Giner de los Ríos, pretendieron renovar el panorama científico -y en general cultural- de España en las últimas décadas del pasado siglo. Nacía a semejanza de las Universidades Libres existentes en otros países propugnando un renacimiento cultural que se alejaba del pensamiento tomista oficial en la España de la época; una apertura a las corrientes europeas y opuesta a la doctrina de Marcelino Menéndez Pelayo, tradicionalista dogmático. La única forma de elevar a la patria de su secular inferioridad cultural (en los aspectos típicamente modernos de la cultura, Ilustración, tecnificación, etc., al menos) es por medio de una labor pedagógica; sólo por medio de la educación, de la instrucción, se logrará el resurgimiento moral y cultural del país. Surgió así una institución que pretendía acercar a los españoles el espíritu independiente de la ciencia y hacer de cada hombre su propio rector. Con este fin puso en práctica los principios pedagógicos de Fröbel, Krause y Pestalozzi: educación integral, activa y en libertad, para la formación del hombre armónico que desarrolla plenamente el cuerpo, la razón y el sentimiento estético y moral de la vida. El propio Menéndez Pelayo, uno de sus principales críticos, reconoció las buenas intenciones institucionistas, aunque como católico ortodoxo (“a machamartillo”, dijo de sí mismo) rechazara los principios en los que se basaba.
Si no es tan alta la pretensión de LAR, sí al menos se asemeja en lo que respecta al tipo de educación deseada. Podemos leer en un editorial citando una sugerencia de Jean Rostand: “si hay alguna esperanza de terminar algún día con todas las ilusiones que alimentan las pseudociencias, es menos por la oposición directa, que por medio de una conveniente educación, de una higiene preventiva de las opiniones” (Editorial nº 32). Es decir, es por medio de la educación como se conseguirá que la sociedad centre su atención en otras ilusiones más productivas y en los problemas críticamente abordados. De la misma forma Giner deseaba una educación no confesional, aunque previno contra la propaganda anti-católica, tan sectaria en su opinión como las posturas ultramontanas.
Hemos dicho más arriba que LAR se adhiere al espíritu librepensador porque “... cuando se aceptan los hechos sin espíritu crítico, y se dan por válidos sin ninguna razón que los justifique, no se es libre, sino que se está a merced de aquellos que sean capaces de convencernos de algo” (Íbid.). ¿Realmente se sienten libres todos los adoradores de la “nueva era”, todos los clientes de adivinos y astrólogos? ¿Qué perspectivas de futuro tiene esta gente? ¿No ha de hacer cada individuo radicalmente su propia vida, como dijo Ortega y Gasset? ¿No se fomentan actitudes vitales conformistas a través de estas actividades?
La preocupación o idea central del institucionismo español queda claramente expresada en el deseo manifestado en LAR de que el sistema educativo español debería tener como consecuencia inevitable el desarrollo del sentido crítico de sus educandos. Al parecer esto no se está
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consiguiendo y son numerosos los educadores preocupados por el avance de las denominadas pseudociencias, en sus aspectos más irracionales, entre la población joven. La “nueva era” es hábil en la introducción de su discurso entre los jóvenes. Nos sorprende enormemente cómo esta ideología -porque de tal puede hablarse- medra en este grupo de edad. Pero no es este el lugar para mostrar la contradicción que a nuestro juicio existe entre la “nueva era” y el espíritu auténticamente juvenil. Tampoco es este lugar para especular sobre el “porqué de un sistema educativo diseñado para hacer hombres no-pensantes” (Editorial nº 33); tal vez no soy capaz de hacerlo; tal vez me dé vértigo. En cierta medida parece volverse a la concepción de los niños y jóvenes como simples receptores de conocimientos, pasivos y acríticos, en la actual preponderancia de las actividades puramente técnicas, relegando a un segundo plano a las disciplinas del pensamiento.
Esta aparente indiferencia detectada en el sistema educativo hacia la formación de hombres de “pensamiento provechoso” puede estar siendo responsable del crecimiento de las pseudociencias y, en un estrato más bajo, de los simples charlatanes. El ser humano parece necesitar puntos de apoyo seguros y siempre ha deseado saber sobre su futuro; sólo que algunos se lo han fabricado a sí mismo con un pensamiento fuerte y otros lo esperan encontrar en un horóscopo, delegando su voluntad en misteriosos designios.
Ricardo Campo es Licenciado en Filosofía.
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Chiste
Aunque no dice mucho en mi favor, no me he resistido a dar a conocer este diálogo, calcado de una tira del genial Bill Waterson, originalmente entre Calvin y su tigre de peluche Hobbes (sí, sí, respectivamente John y Thomas), seguramente las mejores tiras de periódico del mundo, y no porque diariamente se publiquen en más de 600 periódicos sino por méritos propios. Gracias, Waterson.
Carlos López.
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EL OJO ESCÉPTICO
Revista del Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia (CAIRP). Suscripción anual (4 números) US$35 (más US15$ para correo aéreo).
Alejandro Jorge Borjo
Casilla de Correos 26, sucursal 25
1425 Buenos Aires
República Argentina
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Curación por la fe. ¿Milagro o Espejismo?
(Segunda parte)
Javier Armentia (traducción y recopilaciones)
3.- Raíces bíblicas de la curación por la Fe (Paul Kurtz)
La CF es tan vieja como la religión misma. Históricamente, el hombre-medicina, chamán o brujo era capaz de llegar al mundo espiritual, benéfico o malo, para alterar el orden de la naturaleza, utilizar fuerzas misteriosas, y conseguir cosas maravillosas. La CF fue usada ampliamente en las culturas primitivas antes del desarrollo de la medicina moderna. Sin duda, tenían importantes funciones psicológicas y sociológicas. Obviamente existían matasanos y charlatanes que engañaban a gente ingenua desesperada en busca de ayuda. Por otra parte, mucha gente encontraba sin duda consuelo en los SF, quienes ofrecían el bálsamo para aliviar sus dolores y sufrimientos. Los SF proporcionaban una salida a quienes no podían aguantar la adversidad y la enfermedad y no sabían adónde ir. La gente siempre se ha preocupado por la enfermedad y, si no pueden encontrar ayuda en la medicina, incluso hoy pueden volverse a los SF.
Sin duda, la firme creencia de que uno puede ser curado por un sanador carismático o con magnetismo personal puede tener para cierta gente un efecto poderoso. En muchos casos, personas enfermas se recuperarán tras un cierto período de tiempo sin tratamiento médico, aunque los chamanes a menudo se adjudicarán esa curación. Más aún, algunas de las hierbas y medicinas usadas desde antaño y desarrolladas a lo largo de mucho tiempo pueden tener poderes curativos, como saben las tribus de nativos americanos. Pero quizá más importante, y más directo, es el efecto placebo. Algunas dolencias se deben al estrés y la ansiedad, y algunas personas pueden volver a sanar si creen en un individuo o proceso, ritual de limpieza o ceremonia. El estado psicológico de un individuo puede así tener efecto positivo en la cura de algunas enfermedades.
La cuestión de fondo no es con respecto a las enfermedades psicosomáticas, sino saber hasta dónde las personas pueden ser curadas de desórdenes enteramente orgánicos y fisiológicos de manera “milagrosa”. ¿Puede una fractura en un miembro soldarse más rápidamente? ¿Puede una persona curarse de un cáncer, de diabetes o psicosis por intervención divina?
Milagros bíblicos
Sin duda la persistencia de la creencia en la CF tiene raíces en la convicción religiosa. Hay cientos de relatos de CF en el Antiguo y Nuevo Testamentos. JESUCRISTO estableció en un principio su reputación basándose en la afirmación de que era un hombre prodigioso que podía curar a la gente de afecciones intolerables o inexplicables. Nuestro conocimiento del ministerio de Jesús depende enteramente de una fuente cuestionable, como es el Nuevo Testamento. Las cartas de Pablo fueron escritas muchos años después de la muerte de Jesús. PABLO no le conoció directamente. Análogamente, los cuatro Evangelios se escribieron posiblemente entre 35 y 70 años después de la muerte de Cristo. Mucho de lo que cuenta el Nuevo Testamento se transmitió por tradición oral y su exactitud es poco fiable. Puesto que ninguno de los evangelistas conoció a Jesús directamente, sus relatos de CF están basados en testimonios de segunda y tercera mano. Cualquier dato anterior del ministerio de Jesús o de sus palabras se ha perdido.
El Evangelio según Mateo nos dice que la fama de Jesús se extendió ampliamente y que “enfermos de todo tipo de mal, con atroces dolores, poseídos por diablos, epilépticos o
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paralizados, eran todos llevados a él, y el los curaba”.2
Leemos el siguiente relato de su curación: “Después que hubiera bajado de la colina, le seguía una gran muchedumbre. Entonces se acercó un leproso a él, y se inclinó diciendo ‘Señor, si así lo quisieras, podrías limpiarme’ Jesús alargó el brazo, le tocó y dijo ‘Así lo haré. Sé limpio de nuevo’. Y su lepra fue curada inmediatamente. Entonces Jesús le dijo: ‘Estate seguro de que no se lo dices a nadie; pero ve y muéstrate a tu sacerdote, y haz la ofrenda que hizo Moisés por tu cura; esto lo certificará´”.3
Desafortunadamente, no hay forma de corroborar que (a) el hombre tenía lepra, o qué otra enfermedad podría sufrir, ni (b) que se curó inmediata y permanentemente.
De acuerdo con Mateo, cuando Jesús llegó a Cafarnaum, se le acercó un centurión pidiendo ayuda. “Señor”, dijo, “un chico mío está en casa paralizado y con dolores atroces”4. Jesús respondió que le acompañaría a casa a curar al chico, pero el centurión le dijo que no era necesario ir directamente, sino solamente decir una palabra. “Entonces Jesús dijo al centurión, ‘Ve a casa ahora; porque tu fe, déjalo estar’. Al momento el niño se curó”.5 De nuevo, ni idea de qué enfermedad sufría el niño y ningún testimonio de su cura.
Seguimos leyendo: “Jesús fue entonces a casa de Pedro y encontró a su suegra en la cama con fiebre. Así que la cogió de la mano; la fiebre desapareció, y ella se levantó y le reverenció”6 ¿Tenía gripe o sufría una fiebre intermitente u otra enfermedad más grave? Ni una sola palabra del autor del Evangelio.
En el siguiente pasaje leemos: “Cuando cayó la noche, le llevaron a él muchos que estaban poseídos por demonios; y condujo los espíritus fuera con la palabra y curó a cuantos estaban enfermos...”7
Los escritores del Nuevo Testamento atribuían la enfermedad a la posesión por demonios. Se decía que Jesús sacó a los demonios de dos de ellos y los envió a una piara de cerdos, que corrieron hacia un acantilado, precipitándose en el lago. Nos dicen aquí que los hombres eran unos locos violentos que fueron curados de su mal. Apenas un diagnóstico exacto de su desorden psicótico. ¿Puede esto tomarse en serio por un lector moderno?
Leemos más adelante que “algunas personas le llevaron ante él un hombre paralítico, postrado en una cama. Jesús le dijo que sus pecados estaban perdonados. Y se volvió al hombre y le dijo: ‘Levántate, toma tu cama y ve a casa’. Entonces el hombre se levantó y marchó a su hogar”.8 ¿Estaba ese hombre parcialmente paralítico y era capaz de andar o cojear? Y, posteriormente, ¿era la parálisis debida a histeria, una condición psicosomática?
En otros relatos, Jesús presuntamente cura a una mujer que “había sufrido de hemorragias durante 12 años”. Podemos preguntar ¿qué parte de su cuerpo sangraba? Y nos dicen que Jesús la curó “instantáneamente” cuando ella tocó el borde de su túnica.9 De igual forma pasó con dos ciegos cuya vista volvió, y un mudo que recobró su habla cuando “el diablo fue expulsado”. Más aún, el Nuevo Testamento nos cuenta que Jesús está continuamente exorcizando demonios a personas y sus enfermedades, y que “es sólo por Belcebú, el príncipe del mal, que este hombre expulsa a los demonios”10. Así, nos podemos preguntar cuáles eran las enfermedades que tenían los pacientes, o cuán fiable es el relato de sus curas.
En el Evangelio según Marcos, que probablemente precedió al texto de Mateo, tenemos historias de CF similares.
“En otra ocasión, cuando él fue a la sinagoga, había un hombre en la congregación que tenía un brazo paralítico”11. Jesús fue capaz de arreglar el
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brazo. ¿De qué mal sufría? ¿Era un defecto de nacimiento o un mal incurable?
Lucas nos cuenta que Jesús curó a un hombre que sufría de hidropesía o edema, una acumulación anormal de fluido en el cuerpo12. Como antes, no hay diagnóstico ni seguimiento de la terapia.
Hay un relato de CF de Jesús particularmente patético, pues el paciente parece sufrir epilepsia. En Marcos, leemos que un padre describe a Jesús los síntomas de la enfermedad de su hijo: “Está poseído por un espíritu que le ha dejado sin habla, lo lanza al suelo, y echa espuma por la boca, rechina los dientes, y se queda rígido”13. Aparentemente los discípulos de Jesús eran incapaces de curarlo por exorcismo. Lo llevaron ante Jesús “... y tan pronto como el espíritu le vio, lanzó al niño con convulsiones, y cayó al suelo rodando mientras echaba espuma por la boca”14. El padre dice a Jesús que el chico ha estado así desde niño. Jesús reprende al diablo inmundo: “... ‘Te ordeno, ¡sal de él, y no vuelvas nunca!’ Después de gritar muy alto y agitarle violentamente, salió; y el niño asemejaba un cadáver... Pero Jesús tomó su mano y lo puso de pie, y él se mantuvo”15. Posteriormente, Jesús dice a sus discípulos que “no hay forma de expulsar algo así mediante la plegaria”. ¿Se curó el chico permanentemente de la epilepsia, o sencillamente el ataque había pasado?. Si era realmente epilepsia, sin duda una cura no es posible, puesto que la enfermedad no es psicosomática.
Una lectura cuidadosa de los relatos de CF en el Nuevo Testamento sólo puede conducir al escepticismo. Estamos tratando con una civilización algo primitiva, nómada y agraria, que sabía muy poco acerca de las causas de las enfermedades o de las conductas psicóticas, y sólo poseía medios rudimentarios de terapia. Ninguna de las curas milagrosas está documentada correctamente. Cuando hay un efecto placebo un importante factor psicológico puede intervenir para proporcionar algún remedio, pero no hay base fiable para juzgar si los diagnósticos eran exactos y la cura permanente, o si eran debidos a factores naturales psicológicos o si realmente eran sobrenaturales. En cualquier caso, el registro bíblico es inadecuado. ¿es la única respuesta a la pregunta dependiente de un profundo acto de fe? ¿Se puede afirmar que si uno cree en Dios y en que Jesús era divino todo viene dado por cierto, incluyendo curaciones milagrosas? Pero, ¿cómo podemos aceptar estas premisas en el contexto de la ciencia médica, especialmente dado que se hacen afirmaciones empíricas, y no están sustanciadas?
4.- Curación por la fe ne la comunidad negra
Norm R. Allen Jr. 16
Cuando JAMES RANDI ayudó a probar que el presunto SF PETER POPOFF usaba radiotransmisores secretos para descubrir qué mal tenían algunos miembros de su audiencia, muchos negros estaban asistiendo a tales reuniones religiosas. Una vez, una anciana negra lanzó de sí su andador mientras Popoff proclamaba que ella había sido curada en el nombre de Jesús. Popoff fue finalmente revelado como un artista del flim-flam.
En Londres, muchos negros asisten a sesiones conducidas por el supuesto SF MORRIS CERULLO.
El pasado agosto, el exjugador de fútbol PELÉ afirmó que tenía el poder de curar niños enfermos a través de Dios. Pelé decía que los milagros, como curar niños de cáncer, suceden a menudo en Brasil y otros países.
Muchos negros informan que sus abuelas dan grandes cantidades de dinero a supuestos SF esperando ser curadas de diversas dolencias. Incluso cuando descubren que han sido engañados, muchos creyentes continúan dando soporte financiero sustancial a estos líderes religiosos. Pero mientras algunos quieren ser engañados, otros no.
La duración promedio de la vida de un negro es de 70.0 años, frente a los 76.4 de los blancos. Y esta cifra continúa descendiendo. De acuerdo con los datos compilados por el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta en 1988, la tasa de mortalidad para la principal causa de muerte en EE.UU. -enfermedad cardiaca- era 3.4 veces más alta para negros que para blancos. El estudio revelaba también que la mortalidad infantil era el doble para negros que para blancos. De las quince principales causas de mortalidad en los EE.UU., los negros adelantan a los blancos en trece de ellas. La tuberculosis, una enfermedad casi completamente erradicada hace veinte años,
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está haciendo destrozos entre los pobres norteamericanos. En 1990, la tuberculosis mató a negros en un factor 3.4 veces más grande que a blancos. El 40% de los pacientes esperando órganos para trasplante es negro. Y la lista continúa. Como indicaba el columnista TONY BROWN: “Les adelantamos en categorías que nadie quiere liderar”.
Hay muchas razones por las que los negros no viven tanto como los blancos: discriminación, pobreza, atención médica inadecuada, falta de seguros médicos, malos hábitos alimenticios, etc. Sin duda nuestro tiempo y dinero estarían mejor empleados intentando solucionar estos problemas, en vez de engordar la cartera de charlatanes religiosos dedicados a explotar a la comunidad negra.
En el número de primavera de 1986 de Free Inquiry, PAUL KURTZ discutía dos importantes estudios científicos sobre la CF en su artículo “¿Funciona la CF?”. Según Kurtz, estos estudios concluían: “aunque algunas formas de CF pueden aliviar síntomas psicosomáticos, no hay evidencia clara de que la CF pueda curar enfermedades orgánicas”. Pero aquellos que creen ciegamente no se inmutan por los hechos.
¿Por qué los medios de comunicación negros y los periodistas negros de investigación han sido tan reluctantes a la hora de informar del fraude religioso en la comunidad negra? Algunos negros se han opuesto a muchos blancos religiosos principalmente porque los últimos eran racistas que explotan a los negros y buscan su opresión. Los medios de comunicación negros no dudarían en defender los negros contra la explotación en muchas otras áreas. ¿Hay un tabú en la sociedad negra contra cuestionar los presuntos poderes de los SF? ¿O es que los medios negros dependen fuertemente de la iglesia negra y no quieren desplumar la gallina de los huevos de oro? Resulta irónico que incluso los portavoces negros más radicales no se atreven con las afirmaciones de la CF, porque ellos mismos son líderes religiosos que han hecho tales afirmaciones, o porque dependen de la retórica religiosa para hacer avanzar su causa.
Muchos negros creen que la espiritualidad ha sido siempre y siempre será esencial para el progreso de los negros. ¿Pero es la profunda espiritualidad una virtud, especialmente cuando conduce a tanta gente desesperada más al fondo de la pobreza y, en algunos casos, más cerca de la muerte?
Toda la gente sensible se da cuenta de que la asistencia sanitaria mejorada desmonta la SF cualquier día de la semana. Y no debemos temer reconocer este hecho, y trabajar por una vida mejor para todos aquí y ahora.
5. “Curación psíquica” y Medicina Alternativa
James Randi 16
Los racionalistas pueden rabiar y cabrearse -justificadamente- por los ultrajes cometidos por SF evangelistas, practicantes de la Ciencia Cristiana, y seguidores de otras modalidades “alternativas”, pero dentro del sistema médico reconocido las más escandalosas metodologías se toleran y tácitamente aprueban. Los médicos “ortodoxos” pueden mandar sus pacientes a acupuntores, artistas del qi jong o incluso a quiroprácticos que aseguran poder tratar infecciones virales y bacterianas mediante la manipulación de “subluxaciones” de las vértebras. Personalmente conocí un hombre que era tolerado por el establecimiento médico inglés y que ahora reside en España como un practicante a tiempo completo.
A principios de 1990 fui contactado por Open Media, una compañía británica que había producido varios programas de entrevistas y de investigación que habían llamado mi atención. Desarrollamos la idea de una serie de TV que se adentrara en varias afirmaciones paranormales, ocultas o sobrenaturales. El resultado fue la serie James Randi: Investigador Psíquico, producida y emitida en 1991 por Granada TV.
La búsqueda de talentos
Pusimos un anuncio para participantes. Curas de cáncer, lecciones de vuelo (quiero decir ¡sin avión!), lectura de la mente, descubrimiento de tesoros, predicción del mercado de valores, y diagnóstico y cura de enfermedades... tales son sólo unas pocas de las maravillas que nos ofrecieron. Pero encontramos que la mayoría de los casos más interesante que seguimos, desafortunadamente, ora los que hacían la afirmación eran p.18
demasiado vergonzosos, ora eran incapaces de producir cualquier demostración de sus poderes, ora estaban sujetos a vibraciones negativas, ora no se mostraban dispuestos por cualquier razón a mostrarnos sus cosas.
El “curandero” que examinamos en el programa era un hombre llamado STEPHEN TUROFF. Se trataba de un carpintero que también tenía un negocio de curación en Danbury, Essex. Turoff nos dijo que cuando comenzaba su proceso de “curación” entraba en trance y su cuerpo era poseído por el espíritu de un doctor alemán muerto hace mucho apellidado Kahn. Las curiosas condiciones bajo las que realiza su trabajo son las siguientes:
1. Admite que no tiene evidencia alguna de que ninguna persona o doctor llamado Kahn haya existido, ni en Alemania ni en otro lugar.
2. El mítico “Doctor Kahn” nunca dirá a nadie dónde o cuándo nació, para que pudiéramos determinar si ha sido meramente inventado por Turoff para añadir sabor a su actuación.
3. Turoff dice que no tiene ni idea de qué beneficio o detrimento puede acarrear su tratamiento a sus clientes, ni le importa.
4. Admite que no tiene formación médica, ni conocimientos ni habilidad alguna. Nunca ha “estudiado el tema”.
5. Admite que nunca usa procedimientos antisépticos ni esteriliza ningún instrumento cortante o intrusivo.
6. Dice muy seguro que puede usar instrumentos infectados u oxidados para invadir los cuerpos de sus clientes, sin que ocurra ninguna infección.
Una demostración palmaria
En nuestro programa, mostramos a nuestra audiencia en el estudio un llamativo vídeo. Turoff, hablando con lo que aparentemente él creía que era acento alemán, imitó el acto de poner una “inyección” a un cliente con una jeringuilla imaginaria, entonces sacó un par de fórceps quirúrgicos bien largos, que introdujo por la nariz del paciente, sin duda hasta el límite del hueco nasal, como 5 pulgadas o más. El desacomodo experimentado por el cliente era evidente. Después realizó lo que se conoce como “corte húmedo” en la espalda de una señora. Se trata de un procedimiento medieval, que antaño se creía útil para permitir expulsar sangre, en la época en que ese proceso (que ahora sabemos no sólo inútil sino muy peligroso) era popular. Consistía en hacer primero una incisión pequeña con un cuchillo, lo que hizo Turoff en la espalda de la señora, sin esterilización, anestésico ni antiséptico. Después puso un poco de algodón, cerca del corte, mojado con alcohol en un extremo, y le prendió fuego. En ese momento, Turoff puso encima un vaso pequeño invertido, e inmediatamente cubrió todo con un paño, como cuando haces un truco de magia y por lo tanto escondiendo todo el proceso que tenía lugar.
Según el oxígeno se consumía por la llama, se formaba naturalmente un vacío parcial, que bombeaba la sangre al vaso. Obviamente esto producía que la cortadura sangrara, hasta que se equilibraba el vacío parcial. Entonces quitó el paño para permitir ver que aproximadamente un quinto del volumen del vaso estaba ahora lleno de sangre. Para una persona desinformada, este proceso podría parecer como si una fuerza mágica hubiera drenado toda esa sangre fuera del cuerpo. Entonces se eliminó la sangre, y Turoff anunció con autoridad, en su jerga pseudoalemana, que había eliminado la “mala” sangre.
La mujer sobre la que se hizo esto estaba temblando violentamente durante el proceso, tanto que estuvimos a punto de abortarlo.
En el estudio de Granada, tuve que pedir perdón a mi audiencia por si este vídeo causaba asco, pero creímos conveniente que se pudiera contemplar lo que realmente estaba sucediendo en el Reino Unido -y en el resto del mundo- en nombre de la “medicina alternativa”. Un señor del público, turbado por la visión, se desmayó y tuvo que ser sacado del plató.
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Una opinión profesional
Teníamos con nosotros a la DRA. NATALIE MACDONALD, secretaria de la Comunidad de Ética Médica de la Asociación de Médicos de Gran Bretaña (BMA), que estaba muy afligida por lo que había visto pero nos dijo que ¡no hay leyes en el Reino Unido que requieran tener conocimiento o titulación médica para practicar la medicina!. Encontré esto increíble. Y aún peor, ¡nadie puede practicar la medicina veterinaria en el Reino Unido sin licencia!.
La Dra. MacDonald dijo que, dado que Stephen Turoff no es un practicante de la medicina registrado, la BMA no tiene interés oficial ni autoridad en el asunto; es una organización para abogar por los derechos de los médicos. Resulta interesante descubrir que la BMA intenta conseguir unos mínimos necesarios de condiciones sanitarias para los tatuadores profesionales ingleses, y han expresado su preocupación al respecto. ¿Es demasiado pedir que vuelvan su atención a navajeros aficionados con pretensiones médicas?
Durante las preguntas ante nuestras cámaras Turoff adoptó un aire seguro, confiado y pomposo. No era nada sorprendente pues él, anteriormente trabajador manual, se encuentra en un negocio boyante, que no precisa entrenamiento ni práctica, ni cobertura de seguros, y sin miedo de que pudiera verse perseguido por alguna acción legal.
¿Un remedio legal?
¿O sí? Se ha sugerido que un cliente podría ser capaz de acusar a Turoff de intento de asesinato. La profesora MARGOT BRAZIER, Catedrática en la Facultad de Derecho de la Universidad de Manchester, reconoce que es una posibilidad interesante. Pero realmente dudo que cualquiera de los clientes de Turoff, que han demostrado su ingenuidad poniéndose en sus manos, estaría inclinado a seguir tal remedio contra él. Lo cierto es que Turoff podría causar una parálisis facial cuando hace su farsa de meter los fórceps por la nariz; se han dado casos en los que así ha pasado, por especialistas ortodoxos entrenados, cuando hacían una operación rutinaria de senos nasales. Y más importante, dado que él no hace nada para esterilizar sus instrumentos, Turoff puede ser un vector potencial para el contagio y diseminación de enfermedades mortales como el SIDA, la hepatitis B o muchas enfermedades venéreas levadas en la sangre y en otros fluidos corporales. Este hombre ciertamente no podría trabajar como doctor en los EE.UU., o en muchos otros países, pero lo puede hacer en el Reino Unido. ¿Deberá morir alguien antes de que cualquiera se cabree lo bastante como pararle? ¿Le importa a alguien contestar a esta pregunta?
Respecto al papel de “poseído” que Turoff adopta parecía poco claro, tanto durante la grabación en su consulta como en el estudio, si se suponía que era Kahn o él mismo. Desde luego, Kahn sabía perfectamente los planes de viaje que la mujer de Turoff estaba haciendo para Turoff cuando ella le preguntó. Pero supongo que esto es comprensible: Kahn también tiene que acompañarle.
Los medios de comunicación raramente, si es que lo hacen, intentan siquiera comprobar la veracidad de las afirmaciones que publican. Stephen Turoff ha recibido una cobertura de prensa copiosa y muy favorable. Para los directores, parece, la historia es lo importante, sea verdadera o no. Por ello los curanderos están siendo publicitados acríticamente, y continúan floreciendo a pesar de que sus habilidades no se someten a examen. Los testimonios de gente escogida que se “sienten mejor” tras un tratamiento dado no son suficientes para excusar a los medios de comunicación del peso ético de la prueba y la investigación que muchos de ellos han evitado completamente.
La línea de fondo
Un ingeniero de sonido y el fotógrafo del estudio estaban cerca de Turoff tras su aparición ante las cámaras. Turoff se encontraba con los brazos cruzados, bastante satisfecho consigo mismo. Medio en serio, el hombre del sonido comentó que tenía la espalda mal, y le preguntó si podría obtener los servicios de Turoff. La respuesta fue algo sorprendente. Mirando bastante en serio, Turoff o Kahn preguntó al ingeniero: “¿Cuánto dinero tiene?”.
Turoff se va a climas más cálidos
JAVIER E. ARMENTIA, un científico de Alternativa Racional a las Pseudociencias en Pamplona, España, contactó conmigo y con el director ejecutivo del CSICOP cuando Stephen Turoff apareció y fue
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acríticamente promocionado por medios de comunicación. Armentia informa 18:
Turoff parece haberse trasladado a España, y planea abrir un “hospital” en Coín, Andalucía, en el sur del país. Aquí, para practicar la medicina es preciso tener titulación oficial y colegiación, por lo que Turoff está teniendo problemas con el Colegio de Médicos. Esta es posiblemente la razón por la que ha decidido aparecer en un programa de televisión. El director del programa (que es también editor de la revista pseudocientífica más vendida de España) le dio una hora para realizar sus trucos “psíquicos”. ¡Y posteriormente le permitió pedir dinero para la construcción del hospital!
La actuación fue como era de esperar: juegos de manos con cuchillos, mucho algodón, etc. Apenas sangre esta vez. El presentador comentó: “Vi al Dr. Kahn años atrás y les puedo asegurar que hoy ha provocado muy poca sangre. ¡Antes había litros! Quizá se debe a que está mejorando su técnica.”
Aparentemente, los pacientes mejoraron, especialmente una mujer de mediana edad afectada por un glaucoma y que había perdido la visión en el ojo izquierdo. Repentinamente, según dijo, podía ver. Se comentó, al final del programa, que la paciente había sido evaluada por un equipo médico (sin mayor explicación de quiénes y cómo) y que ahora tenía un 40% de visión.
El Sr. Armentia me proporcionó una traducción al inglés de un artículo de la revista Tiempo, que dedicaba su portada el 9 de agosto del 93 al programa de Turoff:
El pasado 22 de julio (de 1993), un inglés llamado Stephen Turoff curaba, en el programa de Tele 5 Otra Dimensión, a ISABEL GONZÁLEZ DURÁN. El hecho fue espectacular: el inglés, de profesión carpintero, actuaba a través del espíritu de un tal doctor Kahn y con la ayuda de sus dedos ya algún objeto punzante operó a veinte pacientes. Puesto en trance, cortaba, metía la mano en la carne o tocaba. A Isabel le puso sobre su ojo enfermo un algodón húmedo y a poco la mujer dio saltos de alegría: ¡milagro!. Para unos fue un bochorno, entre el fraude y el aprovechamiento del dolor ajeno. Para asociaciones de espectadores y colegios de médicos era intolerable: el siguiente peldaño en la carrera de la telebasura. Tras el reality-show, un festival de sangre y vísceras...”19
“JOSÉ ANTONIO OVIÉS, director de comunicación de Tele 5, no se esconde: «Un programa emitido a las doce de la noche no merece tanta atención (...) No entramos ni salimos con que se crea o no al ‘doctor Kahn’. Se ha mostrado el certificado de su visión por el médico de la clínica Barraquer.»”
Isabel González Durán explicó su historia clínica: tenía un glaucoma en el ojo izquierdo, la operaron en el Hospital Dr. Marañón de Madrid; luego la trataron en la Clínica Barraquer de Barcelona. Sólo le quitaron las dolencias. Seguía sin ver. Se enteró de lo del doctor Kahn y tras lo del algodón vio.
Comentarios profesionales
ALBERTO MADRIGAL, director de relaciones públicas de la Clínica Barraquer examinó el certificado médico mostrado por Isabel. Dijo “Me quedé desagradablemente sorprendido. Nuestra clínica jamás hace declaraciones públicas sobre pacientes, pero tras las explicaciones de esa señora en televisión tenemos derecho a puntualizar”.
Según Madrigal:
Isabel fue operada ocho años antes de una queratitis numular, y llegó a la Clínica hace seis. Desde entonces ha estado bajo control y en dos años desaparecieron las secuelas de la operación. Desde 1990 ve como ahora. Tele 5 se tendría que haber sentido defraudada en su buena fe por el sanador y esa señora. Y el presentador debería haber visto todo el informe. Un señor cura con un algodón como si nosotros fuéramos idiotas y en seis años no hubiéramos hecho nada.
El Colegio Oficial de Médicos de Madrid ha requerido el vídeo del programa para estudiarlo y
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tomar las medidas oportunas. El Dr. ADOLFO GÓMEZ EMBUENA, su secretario general, afirma: “La medicina no es nunca exhibición ni puede contribuir al espectáculo. Y en ese programa ni hubo comprobación científica ni siquiera acto médico. Es lamentable que se pueda jugar con la esperanza y la buena voluntad de las personas.”
Armentia informa:
Los productores de la televisión no han reaccionado ante este reto de la medicina oficial, sino que simplemente volvieron a emitir el programa “debido a la demanda pública”.20 El presentador del programa se quejó de la conducta vergonzante de algunos periodistas y dijo que para Tele 5 no era relevante que Turoff fuera un fraude, pues sólo querían mostrar a la gente métodos de curación alternativos, sin entrar a juzgarlos.
Parece ser que los Colegios Médicos se plantean denunciar a Turoff por práctica médica ilegal. Esto podría pararle durante un tiempo, pero lo más probable es que no funcione: como ha venido sucediendo con otros tipos de practicantes “alternativos”, lo único que los Colegios Médicos hacen es impedir que gente sin titulación practique la medicina, pero no se preocupan por los titulados que hacen las mismas cosas. Así, en Andalucía existe una sección del colegio para la homeopatía. Cualquier homeópata no licenciado es perseguido, pero ellos aceptan -oficialmente- esta pseudomedicina. Turoff no tiene titulación, por lo que posiblemente no podrá ejercer, pero podría aparecer otra persona -con titulación en medicina- haciendo cosas similares, y los colegios de médicos nada dirían.
Armentia expresa aquí la profunda frustración de quienes pueden ver a través de los juegos de manos, lamentarse en voz alta y aún así ser ignorados. Pero antes de que los lectores norteamericanos empiecen a quejarse de cómo las autoridades británicas y españolas pueden tolerar tales historias, sería conveniente que miraran antes bien en casa, y se dieran cuenta de los “cirujanos psíquicos” de Filipinas, los homeópatas que abundan en importantes círculos sociales, las clínicas de acupuntura y moxibustión y otros curanderismos que infestan nuestras costas.
Antes de que intentemos consolarnos con la idea de que todo esto es importado, recordemos que los proponentes de la curación que no cura mejor organizados, más ricos y poderosos, la iglesia de la Ciencia Cristiana, es una invención norteamericana.21
Recuadro: Puesta al día
Javier Armentia17
El artículo de Randi apareció en el número de Invierno del 93/94 de Free Inquiry. Por ello, las referencias a la penosa emisión de Tele 5 aparecen como algo reciente. Bien, han pasado ya casi dos años y ¿alguien ha oído algo acerca de acciones legales contra Turoff?. Parece ser que los colegios médicos se enojaron mucho ante la emisión de Gracia y adláteres, y que ante los medios de comunicación rasgaron sus vestiduras y prometieron de todo. Pero posteriormente, nada se ha sabido del curso de las pretendidas denuncias que se iban a interponer contra Turoff.
Por lo que se ve, Turoff optó por desaparecer “oficialmente”, aunque su clínica en la costa del Sol se puso en marcha con importantes donativos de particulares, y con un gabinete de médicos titulados y colegiados que ejercen la naturopatía.
Respecto a Otra Dimensión, tras desesperados intentos de mantener cuotas de audiencia a base de ser cada vez menos críticos y más espectaculares (si es que alguna vez fueron mínimamente críticos), el programa desapareció felizmente de la parrilla. Como los asiduos al tema ovni saben, antes de ello provocó que la mitad de los ufólogos patrios se cabrearan con Gracia y Mas Allá, y de rebote de ello, hasta JAVIER SIERRA, uno de los “asesores en la sombra” de programa, dejó de colaborar con ellos y se pasó a otra revista del ramo de la pseudociencia. Sucedió esto al hilo de un programa en el que se planteaba un debate entre J.J. BENÍTEZ y V.J. BALLESTER OLMOS,
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que fue censurado debido a que el primero no quedaba en demasiado buen lugar.
El asunto sin embargo queda abierto: en los colegios médicos de diferentes provincias, la sección de homeopatía se está convirtiendo en algo frecuente. Y, habida cuenta del buen negocio que supone el adjetivo “natural” para la consulta de un médico, los centros de curación alternativa, donde aparecen iridólogos, homeópatas, holísticos, acupuntores, sanadores reiki y demás charlatanerías se abren por doquier. Cualquier día de estos habrá quien exija que la Seguridad Social cubra los costes de estas consultas.
NOTAS.
1Artículo adaptado del libro “The New Skepticism: Inquiry and Reliable Knowledge”, Prometheus, 1992
2Mateo, 4:24-25
3Ibid., 8:1-4-
4Ibid., 8:5 ss.
5Ibid., 8:13
6Ibid.,8:14-15
7Ibid., 8:16
8Ibid., 9:6-8
9Ibid., 9:20-22
10Ibid., 12:24 ss
11Marcos, 3:1 ss
12Lucas, 14:1-4
13Marcos 9:17-18
14Ibid., 9:20
15Ibid., 9:25-29
16Norm R. Allen es director ejecutivo de la asociación Americanos Africanos por el Humanismo.
17Entre otras cosas, James Randi es autor del libro “The faith healers”, publicado en Prometheus Books.
18La información de la que habla Randi consiste en diversos mensajes de ordenador, entre los que se incluía alguna traducción de diversos comentarios aparecidos en algunos medios de comunicación. (N. del T.)
19Artículo publicado en Tiempo, escrito por Miguel Angel del Arco,. (nº 588 de 9 de agosto de 1993) (N. del T.)
20El programa se emitió por segunda vez el 20 de julio del 93. En la emisión correspondiente al 5 de agosto de 1993, Félix Gracia leyó el siguiente comunicado al comienzo del programa:
El pasado 30 de julio, el periódico EL Mundo acusó a Tele 5 de manipular las pruebas médicas relativas a Isabel González, una de las pacientes atendidas por Stephen Turoff o “doctor Kahn”, quien, según su propio testimonio, recuperó la visión en uno de sus ojos. Ante esta acusación, hemos de manifestar que en ningún momento Tele 5 ha ocultado ni manipulado ningún dato, limitándose a recoger la información que voluntariamente trajo la propia paciente, así como el testimonio espontáneo de su curación, que venía reforzado por la opinión y el testimonio de sus familiares más próximos. Otra Dimensión no pretende, en ningún caso, convertirse en notario de los sucesos, sino simplemente exponer de manera objetiva y con un cierto distanciamiento la existencia de personas y acontecimientos que trascienden lo meramente convencional. Y prueba de esta voluntad de transparencia y de objetividad es el hecho de que los medios de comunicación fueran invitados para que asistiesen a la grabación del programa. De esta circunstancia dan testimonio otros periódicos y revistas de alcance nacional”. Como comenta L.A. Gámez en El Investigador Escéptico (nº4, septiembre 1993), “Estoy de acuerdo con el guru de la pantala amiga. Tele 5 no manipuló ni ocultó ningún dato en el caso de Isabel González. Los que lo hicieron fueron los responsables de Otra Dimensión; pero eso no debe sorprendernos, cada uno tiene su trabajo”. (N. del T.)
21Según informes recientes, quizá no tan ricos. ¿Será que los hechos están dando al traste con Mary Baker Eddy? (N. del A.)
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EL INVETIGADOR ESCÉPTICO
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ESCEPTICISMO Y CONOCIMIENTO
William Grey
Este es el cuarto y último artículo de una serie en la que el Dr. William Grey del Departamento de Filosofía de la Universidad de New England, Armidale, examina las implicaciones fundamentales de lo psíquico y lo paranormal.
Hume y la evaluación de afirmaciones extraordinarias
En esta serie de artículos he examinado la naturaleza de la creencia paranormal y he sugerido que tales creencias son una expresión patológica de las mismas capacidades que nos han proporcionado algunos de nuestros más valiosos descubrimientos. Tras haber señalado algunos paralelismos entre los sistemas de creencias genuinos y falsos, examiné también algunas importantes diferencias. Al final de esta discusión, hice notar que las afirmaciones paranormales a menudo están en conflicto con leyes de la naturaleza. La violación de una ley de la naturaleza es una definición de milagro y es el hecho milagroso el objeto de nuestra siguiente discusión.
Para nuestros propósitos es relevante consultar el famoso ensayo de HUME “Sobre los Milagros” (1748), escrito hace más de dos siglos. En él Hume nos proporciona algunos principios epistemológicos estrechamente relacionados con la creencia paranormal. El ensayo fue escrito como una respuesta a lo que Hume consideraba un aumento de la credulidad, lo que ocurría por entonces de forma mucho más predominante en el contexto de las creencias cristianas que entre nuestros entusiastas contemporáneos de la Nueva Era. Pero el siglo XVIII también tuvo sus Shirley MacLaines, que hacían afirmaciones en contradicción claramente con la experiencia cotidiana, y Hume se interesó por analizar las credenciales de estas afirmaciones.
El interés de Hume se despertó probablemente mientras vivía en Francia, entre 1734 y 1737, cuando ciertos milagros, relacionados con las tumbas del cementerio de San Medard de la Abadía de París durante las persecuciones jansenistas, generaron una enorme expectación. Además de ser un tema de interés entre sus contemporáneos, los milagros jugaban un papel en la teología natural -el intento de probar la existencia de Dios, y algunas veces la inmortalidad, partiendo de premisas derivadas de la observación y la experiencia cotidiana- y esto también era un asunto que fascinaba a Hume.
Según Hume, las creencias deben estar basadas en la razón o en la experiencia. Estas dos fuentes de conocimiento son a priori y a posteriori respectivamente. La teología natural proporciona ambos tipos de argumentos, a priori y a posteriori, sobre la existencia de Dios. El argumento a priori más importante es el argumento ontológico, ideado por SAN ANSELMO. Los argumentos más importantes a posteriori (basados en la experiencia) son el argumento cosmológico y el argumento teleológico (o argumento del diseño).
Hume atacó los argumentos a priori y a posteriori sobre la existencia de Dios en sus Dialogues Concerning Natural Religion (1779) publicados tras su muerte. Algunas veces se afirma que los milagros proporcionan un tipo diferente de prueba a posteriori sobre la existencia de Dios, a través de la revelación. La discusión de Hume sobre los milagros es, pues, una parte de su crítica sistemática a los más influyentes argumentos de la teología natural. El ensayo, en efecto, completa su crítica de la teología natural. Es importante darse cuenta que la discusión sobre los milagros ha sido extraída de un contexto más amplio, y que, espero, alguien encuentre reconfortante explorar.
¿Qué es un milagro?. Comúnmente hablando nos referimos a huidas “milagrosas” y cosas p.25
parecidas, para referirnos a sucesos que son extremadamente improbables -en contradicción con el transcurso normal de la experiencia-. Un milagro en este sentido (débil) sólo significa un evento muy improbable. Hume tenía en mente un significado más fuerte, a saber, algo que viola una ley de la naturaleza. En este sentido los milagros se han reflejado habitualmente en sistemas de creencias religiosos, como el medio por el que se pensaba que Dios quería demostrar Su presencia o Su poder o Su pueblo elegido. La cuestión que Hume se plantea es: ¿Existe alguna justificación que nos obligue a creer que los milagros han ocurrido realmente?. Arguye como conclusión fuerte que nosotros nunca estamos justificados a creer que un milagro ha ocurrido alguna vez.
Quisiera aclarar un posible malentendido a este respecto. Hume no pretende demostrar que los milagros no han ocurrido nunca. Probar afirmaciones existenciales negativas es claramente problemático. La pretensión de Hume es otra bien distinta: que nosotros nunca estamos racionalmente justificados para creer que los milagros han ocurrido. Es decir, Hume está señalando el asunto epistemológico de lo que es racional creer, no la cuestión metafísica de lo que es y no es posible en nuestro tipo de mundo.
El argumento tiene dos partes. En primer lugar Hume manifiesta que normalmente la evidencia contra los milagros es demasiado fuerte. (Y de acuerdo con una de las máximas epistemológicas de Hume “el hombre sabio limita su creencia a la evidencia”.) Por tanto, tenemos que pesar la evidencia de que un evento milagroso ocurrió frente a la evidencia de que en realidad no ocurrió. Al evaluar el testimonio de que los milagros han ocurrido realmente, Hume (1748, pp. 115-6) adelanta el siguiente principio que, evocando al de Occam, ha sido llamado la Navaja de Hume. El principio es:
Ningún testimonio es suficiente para establecer la existencia de un milagro a menos que ese testimonio sea de tal clase que su falsedad sería más milagrosa aún que el hecho que trata de establecer.
El segundo paso de este argumento afirma que incluso aunque la evidencia en favor de los milagros pudiera superar la evidencia contra ellos, en la practica esto nunca ocurre. Hume mantiene que nunca hubo un suceso milagroso establecido sobre bases lo bastante fuertes como para garantizar la creencia racional en su ocurrencia. Hay cuatro factores que socavan la credibilidad de cualquier afirmación en apoyo de los milagros.
En primer lugar está el problema de la credibilidad de los testigos. Los testigos que nos hablan de la existencia de milagros rara vez están totalmente libres de sospecha de que hayan sido engañados o de que intenten engañar. Al evaluar su testimonio debemos elegir siempre entre creer a) la ocurrencia de un milagro, o b) que el testigo sea engañado o engañoso. De acuerdo con Hume (1748, p. 116) ningún milagro ha sido alguna vez “observado por un número suficiente grande de personas de incuestionable buen juicio, educación y cultura, como para convencernos contra la hipótesis de que hayan sido engañados; o de tan indudable integridad como para situarles más allá de toda sospecha de algún plan para engañar a otros...” Es decir, todas las declaraciones de milagros sufren de lo que podemos llamar el agujero de la credibilidad.
El segundo problema que Hume identifica es la credulidad humana. Hay una tendencia natural en los humanos hacia lo novedoso, lo sorprendente y lo maravilloso. Al reconocer esta propensión a la credulidad, debemos tomar nota y dejarnos guiar por las siguientes máximas a la hora de evaluar testimonios sobre milagros:
Los objetos de los que no tenemos experiencia se parecen a aquellos de los que sí tenemos experiencia;
Lo que hallamos más normal es más probable.
En caso de duda, dar preferencia a la hipótesis más favorecida por un mayor número de observaciones.
Estas máximas, aunque parezcan obvias, frecuentemente se pasan por alto en medio de la emoción y la novedad, que es a menudo la base de la credulidad humana.
El tercer aspecto señalado por Hume en relación con los milagros (1748, p. 119f.) es el origen tribal de las supersticiones. Los milagros ocurren principalmente en naciones primitivas (en palabras de Hume, “ignorantes y bárbaras”), o que descienden de antepasados ignorantes y bárbaros. Cuando la racionalidad humana avanza empezamos a rechazar los presagios, los oráculos, la astrología, los demonios, y todas esas cosas que resultan inútiles a la hora de explicar fenómenos naturales.
p.26
Finalmente, Hume (1748, p. 121f.) señala un problema que confronta los diversos milagros entre sí. Es imposible que las tradiciones religiosas de “la antigua Roma, Turquía, Tailandia o China” deriven todas de sólidos cimientos. Cada milagro que anuncia una de estas tradiciones tiene como fin establecer la verdad de esa tradición. Pero también tiene como fin desacreditar las pretensiones de verdad de las otras tradiciones, y por lo tanto sirve para desacreditar los hechos milagrosos de esas otras religiones.
Hume creía que la propensidad de la humanidad a la superstición y a lo maravilloso podría compensarse con el buen uso de la razón y el aprendizaje, pero parece que también creía que eso nunca podría ser totalmente eliminado de la naturaleza humana. Sospecho que Hume no estaría sorprendido al ver que en el siglo XX sigue habiendo aficionados a la astrología, los ovnis, el poder de los cristales, médiums, y cosas similares.
Insisto en que Hume no nos está diciendo que los milagros nunca ocurren. Su afirmación es más bien la de que no sería racional suponer que ocurren. Nos está adelantando un argumento empírico (esto es, basado en afirmaciones sobre hechos) contra la credibilidad de los milagros. Hume era un filósofo escéptico por excelencia, y sobre las ventajas del escepticismo aún tenemos que decir algo.
Las Ventajas del Escepticismo
El escepticismo puede caracterizarse como una actitud crítica que analiza las afirmaciones relativas al conocimiento (y a la experiencia), y escéptico es aquel que pone en cuestión este tipo de afirmaciones. El escepticismo puede referirse a una actitud crítica que se adopta al someter determinadas afirmaciones a un cuidadoso escrutinio, o a un estado de duda o incredulidad que puede ser el resultado de una investigación de ese tipo. Ser escéptico en el segundo sentido (desaprobando o suspendiendo el juicio sobre una afirmación determinada) no implica necesariamente creer lo opuesto. El escepticismo es un estado de duda más que de rechazo. Si suspendo el juicio sobre la afirmación de que Dios existe, ello no implica necesariamente que yo crea que no existe. Puedo creer que la evidencia no es lo bastante fuerte como para responder a esa cuestión, en cualquier sentido.
Tenemos que distinguir entre escepticismo crítico y dogmático, y entre escepticismo selectivo y global, aunque estos términos no denotan distinciones absolutas. Es decir, el escepticismo puede ser más o menos dogmático y más o menos global. El escepticismo es dogmático si el juicio se suspende a priori, sobre la base de alguna convicción previa sin considerar la evidencia. Por ejemplo, los contemporáneos de Galileo expresaron un escepticismo perfectamente comprensible sobre la existencia de las lunas de Júpiter; se volvieron dogmáticos cuando rehusaron mirar a través del telescopio. El escepticismo es global si es general y abarca todas las afirmaciones del conocimiento; selectivo si se refiere a algunas en concreto. El escepticismo global es poco común. El escéptico más global que se recuerda en los anales de la filosofía fue quizá Cratilo, un contemporáneo, algo más viejo, de Platón (aprox. 428-348 a. de C.). Se cuenta que su escepticismo era tan extremo que incluso rehusaba contestar preguntas y solamente señalaba con un dedo abatido a su interlocutor para indicar que la verdad era tan esquiva y efímera que sería inútil responder. (Por lo menos, eso es lo que sus interlocutores creían que intentaba decir.)
El escepticismo que se desprende pronto de su globalidad, como ocurre habitualmente, tiene siempre que especificar los asuntos a los que se dirige. Existen varios tipos de creencias, por ejemplo creencias sobre rocas y mesas, que son relativamente inmunes a la duda escéptica -al menos, fuera de los seminarios de filosofía-. En el otro extremo tenemos ratoncitos Pérez, Santa Claus y el elixir de la vida, que la mayoría rechazarán inmediatamente al carecer de suficientes garantías epistémicas. Entre unas y otras (dibujar las fronteras aquí suscitaría controversia) hay numerosos casos y afirmaciones, tales como Dios, el racionalismo económico, las curvas J, la repulsión nuclear y fenómenos psíquicos y paranormales. Los casos en conflicto son también el tema central de los filósofos profesionales: ¿en qué lado de la línea divisoria deberíamos colocar, por ejemplo, los pensamientos, las creencias, los deseos, los significados, las propiedades y los números?.
Cuando nos enfrentamos a una afirmación sobre alguna cosa extraña, fenómenos paranormales o anomalías similares (una premonición, una experiencia extracorpórea o próxima a la
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muerte), deberíamos adoptar una postura escrupulosamente escéptica. Por esto, no entiendo que nosotros deberíamos concluir que esas experiencias no ocurrieron, ni que quien tuvo esas experiencias había sido engañado de algún modo -¡aunque tampoco decimos que ocurrieran!-. Más bien, lo que decimos es que deberíamos estar alerta sobre la posibilidad de que existan explicaciones normales y naturales para esos sucesos aparentemente sobrenaturales. Debemos ser especialmente cuidadosos al evaluar la evidencia que se presenta para apoyar este tipo de sucesos extraños. Mientras el escepticismo dogmático rehusa aceptar sucesos anómalos, el escepticismo crítico busca recoger tanta evidencia como sea posible sobre cualquier evento, afirmación o teoría supuestamente paranormal, o extraordinaria.
Escepticismo crítico significa mantener una mente abierta y no rechazar a priori (sobre la base de una convicción previa, sin considerar la evidencia) afirmaciones controvertidas. Debemos examinar la evidencia escrupulosamente. Pero esto también significa negarse a aceptar como verdaderas afirmaciones sobre las cuales la evidencia es ambigua o insuficiente. Y ello quiere decir adoptar como una máxima metodológica el principio de que a la hora de buscar explicaciones debemos preferir lo ordinario a lo extraordinario, y lo simple a lo complejo. Esta es una interpretación del principio metodológico atribuido comúnmente a GUILLERMO DE OCCAM (aprox. 1285-1349) y conocido como “la navaja de Occam”.
El escepticismo es la disposición, la habilidad, de emparejar adecuadamente creencia y evidencia. No tenemos actualmente un antónimo conveniente para la palabra “escéptico”. Por conveniencia, propongo retomar la antigua expresión de “crédulo” para cumplir este papel1. Un crédulo es alguien que acepta afirmaciones sin la suficiente evidencia, es decir, alguien cuyos criterios epistémicos son demasiado bajos.
Etimológicamente, skeptikos significa “investigador”, y el valor del escepticismo está en que nos lleva a -y normalmente cuando se acoge seriamente es el resultado de- una investigación sistemática sobre las bases del conocimiento. Los argumentos escépticos juegan un papel central en la investigación, especialmente en la investigación filosófica, donde han sido dirigidos no sólo contra sistemas de creencias excéntricos, sino también contra esas creencias que la mayoría considera autoevidentes. Así, argumentos escépticos han sido planteados sobre la existencia de otras mentes, el conocimiento del pasado, el conocimiento de los objetos materiales (el “mundo exterior”), las verdades morales, las sensaciones, e incluso sobre el conocimiento derivado de la lógica y las matemáticas.
El fin del escepticismo en estos casos no es (normalmente) llegar a dudas extravagantes (aunque esa es, algunas veces, una consecuencia indeseable), sino más bien clarificar nuestro entendimiento de los temas sujetos a investigación. Hay formas de escepticismo aparentemente más modestas que desafían, por ejemplo, el conocimiento teológico o metafísico. Y en algunos casos (por ejemplo, sugiero con respecto a la astrología o la frenología) el escepticismo parece no ser simplemente defendible, sino apropiado.
Cuando se llevan al extremo, los argumentos escépticos algunas veces se vuelven autocontradictorios, y la actitud crítica sobre el conocimiento nos lleva a rechazar que el conocimiento se pueda alcanzar. El escepticismo extremo o global ha sido a menudo la consecuencia de situar injustificadamente altos los criterios de lo que es aceptable como conocimiento: en particular, de situar la certeza absoluta (imposibilidad de error) como una necesidad para el conocimiento genuino.
Las objeciones habituales a los escépticos son, en primer lugar, la afirmación de que los escépticos demandan criterios de prueba excesivamente altos (a menudo acompañada por la acusación de que esa demanda de los escépticos es injustificada) y, en segundo lugar, la insistencia (con frecuencia dogmática) de que un tipo determinado de experiencia (una experiencia psíquica, por ejemplo) es más cierto que cualquier argumento escéptico que la ponga en cuestión.
El primer punto, la insistencia en protocolos, controles y repetibilidad, está basado en la creencia de que la naturaleza es consistente -y la naturaleza humana a menudo lo descubre-.
Nadie pide el 100 por cien de repetibilidad. Hay siempre observaciones anómalas debidas a las características de los experimentos o a su aparatosidad. (Realmente, con experimentos científicos complejos es una tarea formidable conseguir que todo funcione.) Pero para que una afirmación extraordinaria pueda ganar respeto, tiene que ser replicable por alguien más en algún otro sitio. Un caso reciente de fracaso al incumplir
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este requerimiento fue la sorprendente afirmación empírica de PONS y FLEISCHMANN sobre la famosa “fusión fría”.
El problema con los fenómenos psi no es que sea difícil para investigadores cuidadosos conseguir que funcionen ocasionalmente bajo condiciones controladas rigurosamente; es difícil para observadores cuidadosos conseguir alguna cosa que no pueda ser explicada como ruido, error, imaginación, azar y a menudo, tristemente, fraude. Es por esta razón