ARP
La Alternativa Racional
Número 37
La Alternativa Racional
Nº 37 2/1995
Sumario
-Editorial . 3
-Extraterrestre de Serie B 5
Luis Alfonso Gámez.
-Los mil y un escenarios. 13
Miguel Ángel Sabadell.
-Incidente Roswell y Proyecto Mogul. 24
Dave Thomas.
-Ovnis en la UIMP.. 28
Javier Armentia.
DEBATE
-Por el escepticismo... Una reflexión final 36
Matilde González.
-A modo de conclusión. 37
Carlos Tellería.
-Desde el sillón escéptico 38
-Correo del lector. 43
-Historias eXotéricas.. 46
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Editorial
De nuevo con todos nuestros lectores, y de nuevo para profundizar en un tema nada nuevo ya. Hacía tiempo que veníamos dándole vueltas a la posibilidad de sacar un ejemplar de LAR explicando todo el caso Roswell desde sus inicios, cuando a principios de verano nos sorprendieron con la fabulosa noticia de la autopsia de uno de los protagonistas involuntarios e imaginarios de la historia.
En vista del revuelo levantado en toda la pseudoprensa por los susodichos alienígenas, ofrecemos en este número algo -contarlo todo obligaría a escribir un libro- sobre el suceso ocurrido en el desierto de Nuevo México en 1947. Llevábamos ya algunos números dejando de lado el tema ovni por razones evidentes. Las historias de los no identificados no pasan de ser, analizados seriamente, mera anécdota; y ver en ellos naves extraterrestres, intraterrestres, supradimensionales o proyecciones mentales es simplemente campo de estudio para psiquiatras. Cuando uno se da cuenta que detrás de todas estas historias no hay más que pura literatura -oral o escrita-, los ovnis sencillamente aburren.
Pero creímos que el caso merecía un poco de atención por varias razones. Primero, por aclarar exactamente qué ocurrió en 1947, y qué ha ocurrido en los últimos quince años al respecto, para información de todos. Segundo, porque analizar Roswell no es en realidad estudiar ovnis; en efecto, se trata de un objeto, pero su capacidad para volar -al menos en el espacio interplanetario- es más que discutible, y además está perfectamente identificado. Analizar Roswell es contemplar como espectadores de excepción el nacimiento de una leyenda, propiciada por un grupo de gente sin escrúpulos o sin dos dedos de frente -ustedes eligen-. En tercer lugar, porque la última "movida" con la película de marras ha supuesto' -en cierto sentido- un golpe de credibilidad para los ufólogos. Prácticamente todos cuantos han visto escenas de la película, escépticos o creyentes, comentaban por la calle lo mal hecha que estaba, y los detalles que demostraban su falsedad. Claro está que, a los ufólogos, les ha faltado tiempo para asegurar que la descarada falsedad de las imágenes es una prueba del siempre recurrido "cover-up" por parte del gobierno americano. Sin comentarios. No obstante, cuando se decidieron a sacar a la luz las famosas imágenes, podemos suponer que sus intenciones y expectativas iban por otros derroteros.
No vamos a entrar a analizar la rentabilidad financiera de la película. Los creadores de la misma están en su perfecto derecho de crear y vender el film a cuantos clientes se presten. Walt Disney o Spielberg también lo hacen. Incluso la respuesta
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de nuestros amigos de Año Cero, Más allá y similares era esperable. Nos habrían
decepcionado si no se hubieran hecho eco del asunto como lo hicieron, con su acostumbrado entusiasmo. Lo que sí resulta más preocupante es que nos estemos acostumbrando a que ciertos medios radiofónicos y televisivos también se hagan eco de las mismas noticias sin el más mínimo sentido crítico ni pudor informativo.
En cualquier caso, siempre nos queda el consuelo de pensar que la base militar de Dayton, en Ohio, pasará a la historia -esperemos- por haberse apuntalado allí el acuerdo final para la paz en la antigua Yugoslavia, y no por haber sido vertedero ocasional de los restos de un globo atmosférico experimental, al que un cúmulo de casualidades le llevaron a negar su personalidad y convertirse en improvisada nave intergaláctica. En LAR no tenemos poderes de videncia para predecir el futuro, pero en esta ocasión nos encantaría que así fuera.
Al margen de este tema, queremos hacernos eco desde estas páginas de un acontecimiento muy importante para todos nosotros. En el momento de salir este número a la calle, estará a punto de iniciarse en Pamplona el II Congreso Nacional sobre Pseudociencias. Con ello se empieza a apuntalar lo que esperamos sea en lo sucesivo un acontecimiento periódico consolidado dentro de la actividad cotidiana de ARP. Cuando surgió, hace más de dos años, la idea de organizar una exposición, no sospechábamos que aquello acabaría convirtiéndose en el primer congreso escéptico en España, ni que tendría luego una continuidad. Pero, gracias al esfuerzo de todos, esto empieza a ser una realidad.
Los temas a debatir son de una actualidad e importancia vital. Además de toda una serie de comunicaciones sobre temas diversos, se hablará de medios de comunicación, de ecología y de medicina, siempre dentro de las tendencias informativas y de pensamiento actuales, y en su estrecha relación con la actividad y divulgación pseudocientífica.
De todo ello daremos cumplida cuenta en el siguiente o siguientes números de LAR, porque creemos que será de enorme importancia para todos vosotros, y porque esperamos que las conclusiones que se saquen en el mismo serán muy sustanciosas.
Os informaremos también de los primeros premios " Lupa escéptica ", que acaban de crearse, y serán concedidos durante el congreso de Pamplona. Podríamos contaros algunas cosas más al respecto, pero ya que no las hemos podido incluir en este número de LAR, lo dejamos así para que os quede el gusanillo hasta el siguiente.
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EXTRATERRESTRES DE SERIE B
Luis Alfonso Gámez
Un avispado productor de televisión británico toma el pelo a la comunidad ufológica con una película de supuestas autopsias a alienígenas.
El rumor comenzó a circular en el mundillo ufológico en enero de 1995. STEVEN SPIELBERG preparaba una película sobre el incidente de Roswell, a partir de «unas presuntas grabaciones reales» de las autopsias a los tripulantes del platillo volante que se estampó contra la Tierra en el desierto de Nuevo México en 1947 [Canto, 1995]. La fuente original del rumor fue CARL NAGAITIS, miembro de la Asociación Británica para la Investigación Ovni (BUFORA) y autor, junto a PHILIP MANTLE, del libro Ufo abductions, without consent. Aunque la productora de Spielberg desmintió inmediatamente la existencia del proyecto, el inventor de la patraña consiguió su objetivo: llamar la atención del sector más desquiciado de la comunidad ufológica internacional, que todavía no se había recuperado del mazazo recibido tras revelar el Tribunal General de Cuentas de Estados Unidos que los restos hallados hace casi medio siglo en Roswell se correspondían en realidad con los de un globo del proyecto Mogul, un programa secreto para la «detección de la onda expansiva generada por explosiones nucleares soviéticas» [Weaver, 1994]. Ya estaba todo preparado para dar el golpe de gracia.
El escenario elegido fue un auditorio del Museo de Londres, donde el 5 de mayo un centenar de personas asistió a la proyección de una cinta de 20 minutos, en la que se veía cómo supuestos médicos practicaban una necropsia a un cadáver alienígena en lo que parecía ser un quirófano. El productor de televisión RAY SANTILLI envolvió el cebo con el halo de misterio adecuado, incluidos los preceptivos registros para evitar fotografías piratas. El público estaba compuesto por periodistas, potenciales compradores del filme y ufólogos. Y la mayoría cayó en el engañó, pero no KEN JEFFREY, del grupo creyente Iniciativa Internacional por Roswell (IRI), que tras ver la filmación no tenía «ninguna duda» acerca del carácter fraudulento de la película [Jeffrey, 1995]. Aún así, el productor de televisión siguió adelante con su estrategia y quince días después repitió la maniobra en San Marino, en un congreso ufológico al que acudieron los autores más sensacionalistas del viejo continente. En esta ocasión, los expertos pudieron ver 6 minutos del examen médico del cuerpo de un extraterrestre en el interior de una tienda de campaña.
Santilli, de 39 años y propietario de la empresa Merlin Communications Ltd., aseguraba que había tenido conocimiento de la existencia del filme dos años antes, cuando viajó a EE UU para hacerse con material con el que producir un vídeo sobre ELVIS PRESLEY. Durante su periplo americano, el productor conoció aun anciano de 82 años, un tal JACK BARNETT, que había sido cámara de la Fuerza Aérea y decía disponer de 91 minutos de película que demostraban que seres de otros planetas visitan la Tierra y el Gobierno estadounidense ha estado ocultando la verdad a la opinión pública durante casi medio siglo. El filme, rodado en 16 milímetros, estaba repartido en 13 rollos de 7 minutos de duración y contenía imágenes de la recuperación del platillo volante en el lugar de los hechos, del examen médico realizado aun tripulante en una tienda de campaña, de las autopsias practicadas a los extraterrestres en Fort Worth y de una visita del presidente
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HARRY TRUMAN a la base militar donde se custodiaban los restos de los alienígenas.
Según la primera versión de los hechos facilitada por Santilli, el cámara había sido en su día lo suficientemente astuto como para sacar una copia del material, burlar los controles de seguridad militares y mantener el filme a buen recaudo durante casi cinco decenios. Tras pagar al ex militar unos 18 millones de pesetas, Santilli se hizo con los rollos de película con la condición de no revelar el nombre del vendedor. Aunque no había ninguna prueba de que la filmación fuera auténtica y el productor de televisión ofrecía información con cuentagotas, los ufólogos se tragaron el anzuelo y varias cadenas de televisión se mostraron interesadas por hacerse con el documental que Santilli iba a realizar con fragmentos de la cinta original. El productor, que había fijado el estreno mundial de su montaje para el 27 de agosto, recibió al parecer una espectacular oferta de la televisión israelí, que estaba dispuesta a pagar hasta 975 millones de pesetas por la exclusiva de la película. Al final, se vendieron los derechos de emisión en cada país a una televisión distinta con lo que Santilli se aseguró pingües beneficios, ya que sólo en EE UU la cadena Fox Network engrosó las arcas de Merlin Communications Ltd. en cerca de 200 millones de pesetas.
El 'culebrón' del verano
El misterio llegó en junio a los quioscos españoles de la mano de JOSEP GUIJARRO y MANUEL CARBALLAL, que informaban en la revista Más Allá del «descubrimiento por parte de la BBC de una vieja película -propiedad de un cámara militar que en la actualidad tiene 82 años- que, al parecer, recoge las imágenes no sólo de un ovni estrellado, sino también de los cuerpos de tres o cuatro seres alienígenas» [Guijarro, 1995a] y decían que «la prestigiosa casa de fotografía Kodak» había confirmado que la película había sido fabricada en los años 40 [Carballal, 1995], extremos ambos que han resultado ser falsos. Ni la BBC ha tenido nada que ver en todo el asunto de la película de Roswell ni Kodak ha certificado en ningún momento la antigüedad del filme. El culebrón ufológico del verano había comenzado, y Más Allá y Año Cero se enfrascaron en su particular carrera por facilitar la información más impactante a sus lectores.
Guijarro optó desde un principio por poner en duda la autenticidad de la filmación mientras JAVIER SIERRA, el especialista en platillos volantes de Año Cero, se lanzaba a una delirante carrera hacia el absurdo, dejándose seducir por PHILIP MANTLE, miembro de la BUFORA que ha apoyado a Santilli en todo momento. Así, al tiempo que Guijarro se preguntaba en Más Allá si «¿Es la película de Roswell un montaje fraudulento?» o llegaba a la conclusión después de cuatro meses -más vale tarde que nunca- de que «Las imágenes del 'extraterrestre' de Roswell son un montaje fraudulento», Sierra galopaba a lomos de la irracionalidad más desenfrenada y proclamaba a los cuatro vientos: «¡No son humanos! », « ¡Estaban vivos! », «Jaque a la ciencia», «Roswell, un watergate cósmico»... y Año Cero se llevó el gato al agua.
A principios de agosto, los españoles pudieron ver las primeras fotografías procedentes de la película de Santilli. Un alienígena cabezón y carente de pelo ocupaba la portada de Año Cero, cuyo director, ENRIQUE DE VICENTE, dedicada el editorial a justificar que su revista se apropiara indebidamente de unas imágenes propiedad de Merlin Communications Ltd. «Si estas películas son auténticas, como aseguran quienes las han puesto en circulación, se trataría de la noticia del siglo y la humanidad tiene el derecho a conocerla sin ningún tipo de restricciones. Si es cierta la historia que estos cuentan, el propietario legal de las mismas sería el Gobierno de Estados Unidos, que difícilmente se atreverá a reclamar sus derechos y reconocer así la verdad que oculta al mundo desde hace medio siglo. Si no fuera así: se trataría de un fraude y la venta de dichas imágenes como auténticas sería igualmente fraudulenta. Es ello -concluía Vicente- que, ante la falta de respuesta de nuestras tentativas de negociación por parte de quienes, sin aportar prueba alguna, aseguran haberlas comprado al 'cameraman' que las filmó, nos unimos a la iniciativa del CISU italiano, decidiendo publicar las imágenes y planteando así un claro desafío que pretende contribuir a desvelar la verdad» [Vicente, 1995]. A incrementar las ventas de la revista a costa de la verdad y de la credulidad del público, diría yo.
Enrique de Vicente y Javier Sierra consiguieron con la publicación de las primeras foto-
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grafías de la autopsia que diversos medios de comunicación se hicieran eco de la existencia de la enigmática película y otorgaran a las opiniones del ufólogo de Año Cero una inmerecida relevancia. El extraterrestre cabezón de Santilli apareció en las portadas de Cambio 16 y Tiempo, que recogían declaraciones de Sierra, quien se mostraba en estas revistas más cauto que en su propia publicación. Así, al mismo tiempo que en las revistas de información general advertía en repetidas ocasiones sobre la posibilidad de que todo fuera un engaño, en Año Cero se mostraba convencido de que Roswell había sido el escenario de «la caída y posterior recuperación de una nave extraterrestre» [Sierra, 1995a], y llamaba la atención sobre el hecho de que el invento del transistor podía estar basado en tecnología alienígena. Entre los periódicos, Diario 16 dedicó un amplio reportaje al tema; pero fue Abc el que puso el dedo en la llaga al denunciar el «timo del marciano de Internet» [Grado, 1995] antes del estreno mundial del documental televisivo. «Ray Santilli, un oscúro productor cinematográfico inglés, puede hacerse de oro», anunciaba el rotativo madrileño, mediante la venta de la película de Roswell a través de Internet. La autopista de la información, donde se han sucedido los rumores y debates, fue el primer lugar en el que el productor televisivo puso en venta la filmación de Roswell.
Una autopsia de cine
Sierra había acudido en mayo al congreso ufológico de San Marino, donde asistió a la proyección de una escena del filme que se localizaba en una tienda de campaña, en cuyo interior dos hombres practicaban la autopsia aun alienígena. El hecho de que los dos supuestos médicos no usaran ni guantes ni mascarillas y de que la estancia estuviese mal iluminada sólo había suscitado ligeros recelos en el joven ufólogo, que consideraba que la película resultaba impresionante. «Las imágenes, ciertamente, sobrecogen. Tumbada sobre una camilla y encerrada en una hermética sala de operaciones, una pequeña entidad de difusos rasgos humanos es examinada atentamente por dos cirujanos enfundados en sendos trajes aislantes», decía Sierra, refiriéndose ala escena que millones de españoles tuvieron oportunidad de ver en televisión el 3 de septiembre [Sierra, 1995a]. Cualquiera que haya presenciado los pocos minutos de la película original incluidos en el documental Los alienígenas de Roswell, emitido por Antena 3 TV, considerará alarmante lo impresionable que es el ufólogo alicantino.
El extraterrestre mide alrededor de metro y medio, carece de órganos genitales externos, tiene la piel grisácea, el cráneo desproporcionadamente grande, el vientre hinchado, seis dedos cada extremidad... Se corresponde, en definitiva, con la imagen de los alienígenas que tiene el lector de Noticias del Mundo y da la impresión ser una figura de cartón-piedra. La autopsia parece revelar, además, que el alienígena carece estructura ósea, tubo digestivo y dientes, y que un velo negro cubría cada uno de sus grandes ojos. «A primera vista -afirma ANTONIO RIBERA, patriarca de la ufología española-, diría que corresponde a un niño de unos 13 ó 14 años, más bien grueso y sin ninguna de las características que exhibiría una auténtica Entidad Biológica Extraterrestre (EBE)” [Ribera, 1995]. ¿Cuáles son las características de un auténtico alienígena, el color verde de la piel, las antenas y la nariz en forma de trompetilla? Esa es la imagen que la gente tenía de los extraterrestres en los años 40, mientras que la de la película de Roswell es la de los hombrecillos grises que han popularizado la literatura ufológica y el cine.
Javier Sierra no dudaba en julio en reconocer la existencia de indicios de fraude en toda la historia; pero se ha resistido hasta el final, como buen mercader de lo oculto, a denunciar abiertamente el engaño. Sabía que el fragmento de autopsia que había visto en San Marino contenía numerosas incongruencias: la escena está escasamente iluminada «con un candil de petróleo»; el cadáver permanece tendido en una camilla y no sobre una mesa especial; el cámara rueda a una distancia excesiva como para captar los detalles de una autopsia y los médicos no llevan ni máscaras ni guantes. Y también estaba enterado de que la USAF no tiene constancia en su archivos de haber contado entre su personal de la base de Roswell en 1947 con un tal Jack Bamett, de que sólo Santilli conoce al misterioso cámara, de que la codificación Acceso Restringido de alguna de las secuencias no forma parte del código militar norteamericano y de que Chris Cary, la mano derecha del productor, trabaja «para una compañía especializada en efectos especiales y en la elaboración de escenarios y figuras de látex para películas de ciencia ficción» [Sierra, 1995a]. Todos estos detalles pasaban desapercibidos para el úfólogo oficial de Año Cero, para quien lo más destacable era que Barnett situase el incidente de Roswell en junio de 1947, no en julio, y que no se diera a conocer abiertamente como medida de autoprotección ante los pérfidos militares.
«Lo sorprendente del asunto -dice Sierra- es que, de ser auténtica la filmación y el testimonio de Barnett, los investigadores del caso Roswell han estado equivocados por completo al respec-
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to de cómo y cuándo tuvieron lugar los hechos» [Sierra, 1995a]. Y tiene razón. Los ufólogos ni siquiera han acertado en los últimos cuatro decenios a la hora de fijar la fecha en la que ocurrió el misterioso suceso. Los especialistas como Sierra, que se presenta ante los medios de comunicación como el único investigador español que ha estado en Roswell, sitúan desde siempre el incidente de Nuevo México a principios de julio de 1947, dos semanas después de la observación de KENNETH ARNOLD, a pesar de que el principal testigo, WILLIAM BRAZEL indicó en su día a The Roswell Daily Record que había encontrado los restos el 14 de junio [Klass, 1993].
Errores de película
La película de Roswell no resiste el mínimo análisis. Para empezar, resulta incongruente que los médicos que examinan el cadáver alienígena en la tienda de campaña no lleven ningún tipo de protección y trabajen bajo la débil luz de un candil, y que los forenses que practican las necropsias en Fort Worth porten un traje de protección totalmente inadecuado, cuyo único objetivo parece ser ocultar la identidad de los actores. Además, es propio de auténticos ignorantes pensar que, de haberse realizado, las primeras autopsias a seres de otros planetas se iban a practicar en tan lamentables condiciones, con sólo dos patólogos y un cámara de cine para grabar de un documento histórico. Una escena tan rocambolesca pertenece al universo del más ingenuo cine de ciencia ficción.
Los expertos que han visto la película no tienen ninguna duda: se trata de un burdo montaje. JOACHIM KOCH, ufólogo de IRI y médico desde hace 18 años en un hospital berlinés, advierte que los trajes anticontaminación de los patólogos de Fort Worth no pueden tener como objeto proteger a los técnicos de ningún tipo de radiación porque los doctores de la tienda de campaña no llevan ropa especial, lo que hace suponer que en el lugar del pretendido accidente no se habían detectado indicios de radiactividad. Por si fuera poco, al no disponer de equipos de respiración autónomos, los médicos no sólo sufren el hedor procedente del cuerpo en descomposición, sino que pueden ser víctimas de virus o bacterias de origen desconocido. «Luego, es probable que el extraño equipo que visten los doctores tenga sólo el propósito de encubrir sus identidades» [Koch, 1995].
El antropólogo forense José MANUEL REVERTE, que ha realizado más de 1.200 autopsias en 17 años, también considera que la vestimenta de los patólogos es inapropiada y añade que la actitud de los dos forenses es la propia de alguien que finge practicar una autopsia. «La impresión general que da la película cuando la ves por primera vez es que pertenece realmente a una autopsia, pero cuando vas a los detalles técnicos te das cuenta de algunos errores», indica el especialista [Sierra, 1995c]. Los patólogos se sienten sorprendidos, por ejemplo, del escaso flujo de sangre que sale por las incisiones. La falta de orden en la autopsia, la desproporcionada masa muscular del ser, la inexistencia de orificios para la evacuación de excrementos y un cerebro sin circunvoluciones son algunos de los indicios que llevan al doctor Reverte a sentenciar que la «filmación es un fantástico trucaje» y que el ser que permanece sobre la mesa es «algo creado manualmente».
Y eso por no hablar de las condiciones de trabajo o de la duración de la intervención. Como indica Joachim Koch, «la realización de una autopsia a un extraterrestre habría sido un hecho extraordinario. Se habría practicado en una gran habitación o auditorio para que la presenciaran numerosos patólogos. Se habría realizado muy cuidadosa y metódicamente, prolongándose, quizá, durante varias semanas. Se habría filmado cuidadosamente y se habrían sacado multitud de diapositivas y fotografías» [Koch, 1995]. Sin embargo, la película de Santilli es una chapuza con numerosos saltos de imagen y pérdidas de enfoque, un filme que, como dijo ANTONIO ALBERT en El País, «parece un 'corto' de Alex de la Iglesia con la asesoría del departamento de efectos especiales de la señorita Pepis (la espuma de poliuretano 'canta' que da gusto)» [Albert, 1995]. Toda la autopsia dura alrededor de dos horas, según ha reconocido Chris Cary , el socio de Santilli; resulta excesivamente breve para lo extraordinario de la situación.
Los técnicos en efectos especiales que han visto escenas de la película también han sido contundentes. A partir de los movimientos de cámara, CLIFF W ALLACE, de C-F-X Criature Effects, estima que el filme se rodó en vídeo y no con un pesado equipo de 16 milímetros. Wallace y sus
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socios están convencidos de que la filmación no corresponde a una autopsia auténtica y que lo que hay sobre la mesa de operaciones es un muñeco, cuya estructura no es la de un ser humano tumbado, sino la de uno erguido. De la misma opinión es TREY STOKES, de The Truly Dangerous Company, que ha trabajado en películas como Abyss, The Blob, Robocop II, Gremlins II y Batman Returns, entre otras. «El muñeco es demasiado tieso para ser creíble», advierte. El especialista llama la atención sobre el hecho de que los patólogos del filme no mueven el cuello de la criatura a la hora de examinar la cabeza, lo que se corresponde con el hecho de que para los técnicos en efectos especiales es una ardua tarea reproducir verosímilmente el cuello humano y sus movimientos. Stokes destaca, además, que los doctores no cambian de posición al cadáver en ningún momento y que la disposición de la musculatura no es la propia de un cuerpo tendido.
Un cámara llamado Jack Barnett
Gran parte de los ufólogos concede el mismo crédito a las afirmaciones de primera mano que a las de cuarta, quinta o sexta. La mayoría de los testimonios referentes a platillos volantes estrellados procede de fuentes indirectas o de individuos cuya existencia no ha podido ser comprobada. Este último es el caso de Jack Barnett, el cámara militar al que Santilli dice que compró la película de Roswell en 1993. Nadie, aparte del productor de televisión, ha tenido acceso al técnico que grabó las imágenes de las autopsias. Además de las reuniones con Santilli, sólo hay constancia de una conversación telefónica entre el ufólogo Philip Mantle y un hombre que se identificó como Barnett. Santilli ha impedido en todo momento que nadie más conozca: al ex oficial de la USAF, que, según él, se oculta en el anonimato por miedo a las represalias de su Gobierno, por el juramento de fidelidad hecho a su país y para defraudar a Hacienda. Que Barnett opte por el anonimato para protegerse es poco menos que estúpido. Si la historia del platillo volante estrellado en Roswell fuera cierta -que no lo es-, la mejor manera de evitar represalias personales sería darse a conocer abiertamente, ya que el Ejército tendrá registrado el nombre de quien rodó las conflictivas imágenes y, a no ser que se proteja saliendo a la luz pública, puede darle su merecido en cualquier momento. Escudarse en el juramento a la patria después de haber traicionado a su país vendiendo material secreto a un productor de televisión extranjero es totalmente contradictorio y recurrir al temor al fisco no tiene el menor sentido.
Todo parece indicar que el cámara sólo existe en la imaginación de Ray Santilli. Aún así, Javier Sierra concede a las declaraciones atribuidas al ex militar en septiembre un gran valor, a pesar de que resultan ridículas y contradicen la primera versión del productor televisivo. Bamett afirma que ingresó en el Ejército en 1942 y se licenció diez años después. Tras haber grabado bastantes películas de pruebas nucleares, en junio de 1947 le llamaron urgentemente para que fuera a Roswell. Cuando llegó al lugar del accidente, pudo ver «un gran disco, un 'platillo volante' caído sobre su parte posterior, que todavía emitía calor a su alrededor» [Bamett, 1995]. El cámara afirma que se sintió sobrecogido por «los gritos de los monstruos que estaban tumbados en el vehículo» y sostenían cajas «que apretaban con ambos brazos contra el pecho. Sólo estaban allí sollozando, sosteniendo esas cajas». Para com-
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pletar la ridícula escena, los militares la emprendieron a culatazos con uno de los alienígenas para quitarle la dichosa caja. «Tres de las criaturas -recuerda el supuesto cámara- fueron arrastradas fuera [de la nave] y atadas con cuerdas y cinta adhesiva. La última ya estaba muerta».
Barnett permaneció varias semanas en la base de Wright-Patterson, en Ohio, hasta que un día le pidieron que se trasladara a Fort Worth, en Dallas, para «filmar una autopsia». Ataviado con un traje de protección, «como los doctores», porque se había descubierto que «las criaturas podían resultar peligrosas», comenzó a filmar, pero al cabo de un rato se desprendió del traje porque con él era muy difícil cargar con la cámara y enfocar. Con posterioridad, realizó las grabaciones de otras dos autopsias. Curiosamente, nadie había mencionado el episodio sobre los trajes anticontaminación y los problemas para filmar las necropsias hasta que las críticas arreciaron y la credibilidad de la película fue puesta en duda.
Lo mismo sucede con el origen del filme. Si ya era difícil de creer que el cámara hubiese sacado una copia de las filmaciones y burlado estrictos controles de seguridad, tal como mantuvo en un principio Santilli, más lo es tragarse la versión corregida facilitada por el tal Jack Barnett. «Después de filmar -dice-, tenía varios centenares de rollos. Separé aquéllos con problemas que requerían una atención especial en el revelado ( que haría después ). La primera hornada fue enviada a Washington y yo procesé el resto unos días más tarde. Una vez que los rollos restantes habían sido procesados, contacté con Washington para mandarles la colección de la última hornada. Increíblemente, ellos nunca vinieron a recogerlos ni arreglaron su.transporte. Les llamé muchas veces, pero lo deje. He tenido las filmaciones desde entonces» [Barnett, 1995]. Resulta increíble que haya alguien capaz de creer que el Gobierno de Estados Unidos o de otro país va a olvidarse así como así de la existencia de un documento gráfico tan valioso
El negocio de Roswell
Visto lo visto, cabe preguntarse cómo es posible que ufólogos como Sierra duden todavía si se encuentran “frente a un documento real que recoge la autopsia de una entidad ajena a la Tierra o ante un elaboradísimo fraude” [Sierra. 1995c]. Hay razones evidentes para dudar de la honradez de individuos como Carl Nagaitis, Philip Mantle, Chris Cary y Ray Santilli, cuya participación en el engaño es más que evidente. Nagaitis fue el encargado de lanzar a los cuatro vientos el falso rumor de que Spielberg andaba detrás de unas grabaciones realizadas en Roswell en 1947; Mantle se ha dedicado a salir en defensa del filme allí donde ha hecho falta y. junto a Nagaitis, organizó una proyección pública del mismo en agosto en el marco del VIII Congreso Internacional de Ufología, y. por último. Cary y Santilli han creado durante meses el clima de expectación adecuado para rentabilizar al máximo el misterio y aprovecharse de la publicidad gratuita de las revistas esotéricas. Todo el montaje. desde un principio, estaba encaminado a ingresar cifras millonarias mediante la distribución televisiva y videográfica de las pretendidas imágenes de Roswell.
Santilli y su socio se han forrado con la venta a cadenas de televisión y particulares de las imágenes de las supuestas autopsias a extraterrestres. A las cifras millonarias pagadas por las televisiones de medio mundo, hay que sumar que, el día después del estreno mundial del documental de Channel 4 Los alienígenas de Roswell, se vendieron en Gran Bretaña entre los fanáticos de los platillos volantes más de 23.000 copias de la película original al módico precio de 6.500 pesetas. Es decir, la productora de Santilli, que sacó 150.000 copias del filme al mercado el 29 de agosto, se embolsó cerca de 150 millones de pesetas nada más levantar la persiana. Poco importa que en la carátula de la cinta la productora haya incluido la siguiente advertencia: «Aunque se ha verificado que la película se fabricó en 1947, no podemos asegurar qué los contenidos daten de 1947. Aunque nuestros informes médicos sugieren que la criatura no es humana, esto no puede ser verificado. Aunque hemos sido informados de que la filmación corresponde al incidente de Roswell, esto tampoco ha sido verificado».
Nada ha sido verificado después de medio año de rumores. Más bien al contrario. Médicos forenses y especialistas en efectos especiales han aportado los suficientes argumentos como para concluir que la tosca y mal iluminada película de Bamett es un fraude. Respecto ala pretendida visita del presidente Truman al lugar donde se depositaron los restos de la nave especial y los
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alienígenas, sólo puede decirse que está comprobado documentalmente que el mandatario estadounidense no viajo a Nuevo México en aquellas fechas. A pesar de todo, Santilli ha sabido como nadie hacer su agosto a costa de los pocos escrúpulos de buena parte de la comunidad ufológica internacional. El productor británico ha ganado muchos millones de pesetas con la venta de la imágenes de las supuestas autopsias a los miembros de la tripulación del platillo volante que, según la mitología ovni, se estrelló en Estados Unidos en junio de 1947, y lo ha hecho con el apoyo de los más desquiciados ufólogos, a quienes ha tomado el pelo y ha dejado en ridículo.
Por la boca muere el pez
El fraude de la película de Roswell ha servido para despojar definitivamente de la máscara de seriedad a Javier Sierra, al que algunos consideraban hasta hace poco el niño prodigio de la ufología española. El joven alicantino se ha revelado como lo que realmente es, un fabricante de misterios al que la verdad importa un bledo. Sierra, cuyo único libro lleva el delirante título de Técnicas de contacto extraterrestre, fue uno de los máximos responsables del lamentable espectáculo que el cirujano psíquico STEPHEN TUROFF ofreció en julio de 1993 ante las cámaras de Otra Dimensión, el programa esotérico de Tele 5 que dirigía FÉLIX GRACIA. El espacio, en el que se convirtió en espectáculo el dolor humano, sirvió para dar publicidad al mercachifle inglés, que dice que opera sin anestesia poseído por el espíritu de un médico alemán. En palabras del periodista ANDRÉS ABERASTURI, el programa superó las más altas cotas de telebasura. Aún así, Sierra supo salir indemne de la quema.
Más difícil lo va a tener a la hora de justificar su ambigua actitud en el asunto de la promoción del filme de Ray Santilli. No en vano, el ufólogo alicantino ha caído en lo mismo que criticaba hace cuatro años en las páginas de Más Allá. Sierra es el mismo platillólogo que en 1991 alertaba a la comunidad ufológica española sobre la amenaza de las « 'noticias basura' que, procedentes de periódicos sensacionalistas norteamericanos, se introducen en medio de respetadas informaciones sobre objetos volantes no identificados» [Sierra, 1991]. Lo triste es que, en cuanto se ha topado con una historia sorprendente que llevarse a la boca, Sierra ha anestesiado su escasa capacidad crítica y se ha dedicado a rentabilizar el misterio. Sólo así se entiende que en 1991 criticara a quienes daban crédito a las noticias sobre extraterrestres capturados por la CIA o que mantenían reuniones con el presidente George Bush y ahora diga, por ejemplo, que «el análisis de la filmación de la autopsia practicada a unos supuestos extraterrestres está arrojando nuevos e inquietantes resultados. Según los forenses que han examinado las imágenes, la entidad estaba viva al menos dos horas antes de ser diseccionada» [Sierra, 1995b]. Javier Sierra se ha mostrado en el caso de la filmación de Santilli casi tan poco hábil como a la hora de estimar la importancia de algunos supuestos testigos del incidente de Roswell.
Los pocos testigos oculares de los restos del supuesto platillo volante coincidían en 1947 en describirlos como pedazos de madera de balsa y algo parecido a papel de aluminio. El paso del tiempo y la fama alcanzada por el caso han propiciado la aparición de numerosos nuevos testigos que, como dice el ufólogo valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos, «simplemente mienten descaradamente». Estos espabilados, que son los que aportan los testimonios claves en documentales como el emitido por Antena 3 TV, han creado una sociedad para explotar el candor de los fanáticos de los platillos volantes, que han convertido Roswell en punto de peregrinación y llenan los moteles de la localidad. WALTER HAUT, oficial de relaciones públicas de la base militar de Roswell en 1947, y GLENN DENNIS, el dueño de la funeraria local, han intentado adquirir los terrenos donde, según la leyenda, cayó la nave espacial. Ante la negativa del propietario del rancho, los avispados lugareños han solucionado el problema ¡cambiando su descripción de los hechos y situando el incidente en una parcela de terreno que pueden comprar!
En su día, ni William Brazel, el ranchero que encontró los restos del presunto platillo volante,
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ni JESSE MARCEL, oficial de inteligencia de la base de Roswell, hicieron mención alguna a la existencia de cadáveres de cualquier tipo. Los alienígenas entraron en la leyenda de Roswell años después, cuando el caso se convirtió en la gallina de los huevos de oro para ufólogos y vecinos del pueblo. Así, Glenn Dennis asegura actualmente que poco después del incidente le llamaron desde la base militar preguntando «qué contenían los productos para embalsamar, cual era su composición, qué efectos tendrían sobre la sangre, sobre los tejidos y sobre el contenido del estómago, y hasta qué punto no los alterarían”. El dueño de la funeraria sostiene, además, que una enfermera le dijo al día siguiente del siniestro que había participado en el examen de los cuerpos de tres alienígenas en la base de Roswell. Obviamente, no hay ninguna razón para creer en el testimonio de Dennis, un individuo que, como Walter Haut, ya ha demostrado que es capaz de decir cualquier cosa por dinero.
Pero, hablando de noticias basura, Sierra riza el rizo al hacerse eco de las manifestaciones de su colega STANTON T. FRIEDMAN, un físico y ufólogo famoso por creerse todo tipo de historias disparatadas [Sierra, 1995d]. Friedman sostiene que el secretismo gubernamental en torno a Roswell tiene su origen en la importancia de la tecnología alienígena. Así, el ufólogo norteamericano se atreve a apuntar que la invención del transistor fue posible a partir del estudio del platillo volante estrellado en Roswell. La prueba es que «el nacimiento oficial del transistor se produce el 23 de diciembre de 1947», seis meses después del incidente de Nuevo México. La memez de Friedman, para quien en medio año hay tiempo suficiente para entender la tecnología alienígena, adaptarla alas necesidades terrestres y probarla satisfactoriamente, no hace que suene la alarma en la cabeza de Sierra, sino al contrario. El ufólogo alicantino, en su delirio, advierte que los inventores del transistor «tuvieron conexiones políticas y con los servicios de inteligencia al más alto nivel» -¿podía ser de otra forma en plena guerra fría?- y apunta a uno de ellos, WILLIAM B. SHOCKLEY, como «el científico idóneo para recibir piezas de Roswell para su eventual manufacturación».
La disparatada idea de atribuir el nacimiento del transistor a tecnología alienígena no tiene nada que envidiar a las portadas de Noticias del Mundo, en las que es habitual ver al presidente de Estados Unidos pasear por el campo charlando con un extraterrestre. El mismo ufólogo que hace cuatro años criticaba en Más Allá la abundancia de noticias sobre ovnis «basadas en fuentes inexistentes o descaradamente falsas» [Sierra, 1991] se dedica ahora a hacer publicidad de una película cuyo autor se oculta en el anonimato, a dar más credibilidad a un productor televisivo con intereses económicos en el asunto que a patólogos que no tienen nada que ganar, y a propalar las sandeces de un investigador ovni que ve conspiraciones y extraterrestres por todos lados. Este es el auténtico niño prodigio de la ufología española.
Conspiraciones imaginarias
«¿Hay detrás de la operación que nos ocupa un intento de desprestigiar el incidente de Roswell con la táctica de provocar primero la creencia de que había en el interior de la nave extraterrestres, algunos incluso vivos, y luego 'desvelar' la verdad para desánimo de quienes aceptaron la historia inventada como auténtica, consiguiendo así que luego nadie acepte tampoco que, en efecto, se recuperaron los restos de una nave extraterrestre?» [Guijarro, 1995b]. La respuesta a la pregunta de Josep Guijarro es la tabla de salvación a la que van a agarrarse los ufólogos después de la tornadura de pelo de Ray Santilli. En los últimos años, investigadores ovni de todo el mundo han quedado totalmente desacreditados tras haber dado como ciertos documentos elaborados por desaprensivos, en los que, por ejemplo, se afirmaba que el Gobierno de Estados Unidos firmó hace años un peculiar acuerdo de intercambio con los extraterrestres: los visitantes se comprometían a facilitar avanzada tecnología y la Casa Blanca, a permitir que los alienígenas experimenten con seres humanos sin restricciones de ningún tipo.
La mayoría de los ufólogos cree cualquier historia, por absurda que sea, hasta que no se demuestre lo contrario. Y, por eso, queda en evidencia cuando salen a la luz las contradicciones, tergiversaciones y manipulaciones realizadas generalmente por el investigador que ha levantado la liebre. Entonces, la comunidad ufológica se une como una piña y vuelve sus ojos hacia los servicios de inteligencia. Es una manera como otra cualquiera de quitarse el muerto de encima. El investigador ovni que por candidez o por falta de escrúpulos ha dado crédito al dislate de turno se ve eximido de toda culpa y convertido en víctima de una maquiavélica operación gubernamental, cuyo único objetivo es desacreditar a los ufólogos. A fin de cuentas, es más fácil de vender entre los creyentes que los diabólicos servicios de inteligencia operan en la sombra contra la comunidad ovni que reconocer que un estafador o un mercader de lo oculto ha sido capaz de engañar impunemente a la flor y nata de la ufología.
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Ray Santilli no ha llegado a tanto, pero ha puesto en evidencia a individuos que gozan de prestigio dentro del mundillo ufológico. En España, su principal víctima ha sido Javier Sierra, que, cuando se abra la caja de Pandora del escándalo, apuntará con toda seguridad a la existencia de una campaña orquestada por los servicios de inteligencia y, quizá, por los escépticos. Entonces, poco importará el redondo negocio hecho por Año Cero con los alienígenas de Roswell a costa de la ingenuidad de sus lectores. Porque lo que está claro es que, hasta el momento en que decida convertirse en el centro de la conspiración, Javier Sierra seguirá traficando con unos extraterrestres de serie B.
Referencias
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Weaver, Richard L. [1994]: Report of Air Force research regarding the 'Roswell incident'.
Washington. 22 páginas.
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LOS MIL Y UN ESCENARIOS
Miguel Angel Sabadell
A juzgar por la cantidad de testimonios dispares, el ovni de Roswell podría perfectamente haber sido una oleada de naves en medio de Nueva York.
Al comenzar la década de los ochenta la ufología estaba de capa caída. Los extraterrestres habían dejado de interesar al gran público, La euforia ovni, que encontró su punto álgido durante los setenta, se había esfumado. Sólo unos pocos aficionados y los incondicionales -creadores de paradojas" seguían inmersos en el mito, luchando por el reconocimiento social y científico que se les negaba. La gente estaba cansada de escuchar las mismas historias de luces en el cielo, ecos en el radar y supuestos aterrizajes donde pobres venusinos bajaban a pasear sus mascotas o a hacer sus necesidades. Hasta los mismos extraterrestres se encontraban hastiados de tanta publicidad y habían desaparecido del cielo. Se necesitaba un nuevo revulsivo, algo que conmocionara y alertara al gran público, otra vuelta de tuerca en la paranoia platillista.
Entre 1980 y 1981 aparecen en el mercado editorial dos libros que van a marcar de manera decisiva la evolución posterior del mito ovni. Uno de ellos es Missing Time (Tiempo Perdido), escrito por un artista llamado BUDD HOPINS que, con el tiempo, se ha convertido en uno de los personajes más importantes de la ufología. En él, Hopkins nos habla de secuestros de seres humanos indefensos, donde los extraterrestres les someten a innumerables e innombrables exploraciones médicas, experimentos genéticos e inseminaciones para engendrar seres híbridos -a esto se le llama 'abducción' en el argot ufológico-. Estos secuestros han ido tomando proporciones epidémicas, hasta tal punto que Hopkins se desmelena y afirma que uno de cada tres estadounidenses ha sido secuestrado por alienígenas -¿Y en los demás países? Parece ser que tal invasión no es preocupante. Quién sabe, quizá los ETs prefieran los genes americanos...
El otro libro fue The Roswell Incident (en España se tituló El Incidente) escrito por uno de los creadores del falso misterio del triángulo de las Bermudas, CHARLES BERLITZ, y por un maestro con pretensiones de escritor llamado WILLIAM L . MOORE. En él resucitaban el rumor de la caída de un ovni en el desierto de Nuevo México en Julio de 1947.
Ambos libros animaron el mundillo ufológico y llamaron la atención del público al incidir en una de las fobias más comunes de la sociedad moderna: la conspiración. El mundo en que vivimos es conspiranóico; siempre hay tramas oscuras, conspiraciones que ocultan la verdad, poderes ocultos que manejan el destino de las naciones y de los individuos: el asesinato de Kennedy, los judeomasones, la muerte de Elvis o de Marilyn, el virus del SIDA... Los ovnis no podían mantenerse al margen. Así, mientras Budd Hopkins nos amenaza con una conspiración extraterrestre, Berlitz y Moore lo hacen con una más temible, la gubernamental.
El mensaje tanto de Hopknis como del tándem Berlitz-Moore es que "tras décadas de engaño, el encubrimiento está desapareciendo. Porque nos atrevimos a acosar con nuestras investigaciones a las fuerzas de la oscuridad, y por fin hemos conseguido acercarnos a los secretos más profundos del fenómeno. Sólo es cuestión de tiempo descubrir la verdad" (THOMPSON).
El éxito de ambos libros se entiende si se conoce la filosofía de la ufología americana -y compartida por los representantes más sensacionalistas de la española-. Para ella, los ovnis son naves extraterrestres. Esta imagen ha sido ampliamente criticada desde dentro de la propia ufología por simplista. Es claro que, aun admitiendo la existencia objetiva del fenómeno -y eso, mal que nos pese, es demasiado suponer, tal visión no explica todos los testimonios sobre ovnis, ni tan siquiera la mayoría. Por eso, algunos ufólogos más aventurados, dándose cuenta de las contradicciones insalvables que conlleva admitir la hipótesis extraterrestre, han desarrollado nuevas "explicaciones" tales como proyecciones mentales, multidimensionalidades, conciencias
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externas dirigidas... Los ufólogos defensores de estas imaginativas hipótesis no pueden aceptar que un evni se cayese en Estados Unidos. Esas -veleidades del inconsciente- no se estrellan.
La supuesta caída de una nave alienígena en el desierto de Nuevo México se ha convertido en el argumento central de aquellos que defienden el origen extraterrestre de los ovnis. Es más, también se ha convertido en el pendón de los conspiranóicos: todos los gobiernos de la Tierra, y sobre todo el de los Estados Unidos, ocultan información decisiva sobre los extraterrestres. En fin, el llamado caso Roswell es el buque insignia de la ufología mundial y como tal hay que defenderlo a toda costa. Comprender esto es fundamental para poder entender el 'fenómeno Roswell'.
El mito del platillo estrellado
Treinta años después de los rumores difundidos por FRANK SCULLY acerca de un platillo estrellado en Aztec, cuando el tiempo convierte las leyendas en verdades demostradas, la criatura mimada de la ufología actual saltó a la fama de la mano de Charles Berlitz y William L. Moore. Ambos autores habían colaborado con anterioridad en un libro demencial titulado El Experimento Filadelfia. Según ellos, durante los años 40 el ejército norteamericano había experimentado la invisibilidad de máquinas y hombres con efectos desastrosos. Todo ello gracias a la teoría del campo unificado de Einstein. Lo único que realmente demostraban con semejante engendro era -dicho de manera suave- su exagerada imaginación y su más absoluto desconocimiento de física de parvulario. Con tal bagaje, de ellos se podía esperar cualquier cosa. Y, la verdad, no decepcionaron.
Acercarse al 'fenómeno Roswell' es complicado, y no porque el caso en sí lo sea. Durante estos veinte últimos años, decenas de investigadores han tratado de sacar a la luz lo sucedido en las cercanías de esa pequeña ciudad de Nuevo México y cada uno de ellos ha diseñado su propio "escenario". Todos ellos han tratado de explicar lo allí sucedido interrogando a testigos indirectos, que debían recordar sucesos ocurridos hacía más de cuarenta años.
En el principio fueron... Berlitz y Moore
El comienzo del tinglado debemos buscarlo en Enero de 1978 de la mano de STANTON T. FRIEDMAN, el 'físico de los ovnis'. Defensor a ultranza de su origen extraterrestre, es bien conocido por la conferencia Los platillos volantes SON reales que pronuncia a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Un día, el director de una cadena de televisión le propuso hablar con el mayor JESSE MARCEL, que había tocado un ovni. Friedman no pudo resistir la curiosidad y se entrevistó con Marcel. Él le confirmó que mientras se encontraba destinado en la base aérea cercana a Rosvell había recogido abundantes restos de un platillo estrellado allí. Según cuenta Thompson, "Friedman estaba impresionado con la sinceridad de Marcel pero tenía dudas de que lo que había escuchado no era más que otro cuento inverificable acerca del conocido 'Secreto Final’”.
Moore también había escuchado diversas anécdotas sobre este accidente y, después de discutirlo, ambos decidieron que había suficientes motivos para investigarlo. El 'caso Roswell' les llevó varios años de investigación y durante su búsqueda obtuvieron más de 100 testimonios sobre el incidente.
En 1980 aparecen las primeras investigaciones en el libro de Berlitz y Moore, una mezcla de hechos documentados, rumores, especulaciones y teorías. Esto es lo que, según ellos, ocurrió: entre las 9:45 y 9:50 de la noche del día 2 de Julio de 1947, el matrimonio WILMOT era testigo de lo que parecía ser un platillo volante. Un gran objeto brillante pasó por encima de Roswell en dirección noroeste hacia Corona a gran velocidad. A unos 125 kilómetros al noroeste de Roswell la nave tropezó con una terrible tormenta eléctrica, realizó una corrección en su rumbo hacia el sudsudoeste, pero no pudo evitar ser alcanzada por un rayo sufriendo graves desperfectos a bordo. Una gran cantidad de restos cayeron al suelo pero el platillo, averiado, logró mantenerse el tiempo suficiente para remontar las montañas antes de estrellarse en una zona al oeste de Socorro, conocida con el nombre de Llanos de San Agustín.
Los restos cayeron en el rancho de un ganadero llamado WILLIAM W. 'MAC' BRAZEL, que los descubrió a la mañana siguiente cuando acudía a caballo a sus pastos. Al principio Brazel, aunque le parecieron los restos dejados por una explosión, no les dio importancia (!). Dos días después, el 5 de Julio, mientras se encontraba en Corona oyó hablar acerca de platillos volantes vistos por la zona. Brazel pensó que los restos esparcidos en su rancho podían tener alguna relación con el tema y decidió volver al lugar y recoger algunos restos. Al día siguiente se dirigió a la oficina del comisario, GEORGE WILCOX, Y éste llamó al oficial de inteligencia de la base del 509 Grupo de Bombarderos cercana a Roswell, comandante Jesse Marcel.
Marcel se entrevistó con Brazel y marcharon hacia el lugar del accidente situado a unos 100
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kilómetros al noroeste de la base. Recogieron gran cantidad de material, con el que llenaron una camioneta y el maletero y asientos traseros de un 'Buick'. Cuando regresaron, la tarde del 7 de Julio, la historia de que habían encontrado un platillo volante les había precedido. Los acontecimientos se precipitaron. El joven oficial de relaciones públicas, teniente WALTER HAUT, difundió a la mañana siguiente una nota de prensa donde se aseguraba que la Fuerza Aérea había recuperado los restos de un 'disco volador'. El jefe de la base, coronel BLANCHARD, recibió una llamada del general de brigada ROGER M. RAMEY, comandante de la Octava Región de la Fuerza Aérea en Fort Worth, el cual a su vez había recibido una llamada del teniente general HOYT VANENBERG, subjefe de la Fuerza Aérea. Se ordenó a Blanchard empaquetar los restos y enviarlos en un B-29 a la base de la Fuerza Aérea de CarsweIl , Fort Worth, Texas, para examinarlos antes dE enviarlos a la base de Wright-Patterson en Dayton, Ohio, sede de la inteligencia aérea.
Blanchard envió a Marcel con los restos mientras que Ramey aclaraba el comunicado inicial diciendo que lo recuperado era un globo meteorológico. A su llegada a Fort Worth, Ramey permitió a la prensa fotografiar parte de los restos que se encontraban extendidos en su despacho, donde aparecía Marcel sosteniendo algunos de ellos. Más tarde, según declaraciones del propio Marcel treinta años más tarde, los restos fueron sustituidos por otros y se les hicieron más fotos, con el general Ramey y su ayudante el coronel DuBosE junto a ellos. En realidad, los verdaderos restos iban camino de Wright-Patterson.
Por otro lado, el platillo volante en sí y su malograda tripulación cayeron en la zona de los Llanos de San Agustín, a casi 200 kilómetros al oeste del rancho Brazel. Dio la casualidad que cerca de ese lugar BARNEY BARNETT, un ingeniero de caminos, tenía previsto realizar un trabajo de exploración a la mañana siguiente al accidente, el 3 de Julio. Mientras miraba extrañado el aparato siniestrado se acercó parte de un equipo de arqueólogos de la Universidad de Pensilvania que realizaba excavaciones en aquel lugar -para ser un desierto aquello estaba más transitado que el metro en hora punta- Según declaraciones de unos amigos suyos, los MALTAIS, a los cuales había contado la historia en 1950, Barnett vio los cadáveres de los tripulantes. Enseguida llegó un camión y un oficial del ejército les conminó a marcharse y guardar silencio. Se acordonó la zona y nadie más pudo acercarse a ella. Según Berlitz y More, estos militares venían de la base aérea de Alamogordo, en White Sands (Nuevo México), dedicada a realizar pruebas con cohetes.
¿Impresionante, verdad? Sin embargo, la revista de divulgación pseudocientífica Fate equivalente a Año Cero o Más Allá y, por tanto, en absoluto escéptica sobre estos temas- rechazó The Roswell Incident, considerándolo plagado de errores.
Aunque Berlitz, una vez convertido el libro en un bestseller, desapareció de la escena, Moore no se amilanó ante las críticas. Consideró una misión personal descubrir la verdad en torno al incidente. Friedman también continuó investigando, deseoso como estaba de probar su dogma de fe personal: la existencia de una conspiración cívico-militar a gran escala. El misterio empieza a ponerse interesante y otros investigadores, como los ufólogos KEVIN RANDLE y DON SCHMITT, toman cartas en el asunto, Como es habitual en ufología, cuando más de un supuesto investigador analiza un supuesto ovni el caso empieza a complicarse.
Dónde cayó la nave matarilerilerile
Randle y Schmitt publican en 1991 el libro UFO Crash at Roswell (Accidente ovni en Roswell) donde, tras arduas pesquisas, afirman haber resuelto el enigma. El platillo volante se estrelló no en los Llanos de San Agustín como dijo Barnett, sino en el rancho de Brazel, no lejos del lugar donde se hallaron los restos. Allí se encontró, además del platillo, los cadáveres de cuatro alienígenas muertos. ¿Por qué este cambio de lugar? Porque nuevos testimonios aseguran que los ETs muertos fueron transportados a la base de Roswell. De aquí se deduce (9) que Barnett visitó el rancho de Brazel durante su trabajo para el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. Queda un 'pequeño' problema: en el diario de la mujer de Barney aparece que a principios de Julio de 1947 su marido se encontraba trabajando 400 kilómetros al oeste del rancho de Brazel. Para solucionar esta contradicción a los inteligentes Randle y Schmitt se les ocurre que quizá Barney mintió a su mujer. Avispados los chicos. Cuando unas declaraciones contradicen lo
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que piensan, entonces el testigo miente. Claro que eso no puede decirse. En un artículo publicado en el International UFO Reporter (IUFOR), (Mayo/Junio 1992), Randle y Schmitt afirman que “ningún testigo ocular ha confirmado su testimonio... Sin corroboración alguna, nos vemos obligados a rechazar su historia ".
A mediados de 1992 (un año escaso tras el libro anterior) Stanton Friedman y Don Berliner publican sus investigaciones en el libro Crash at Corona (Accidente en Corona). Para resolver el problema entre Roswell y los Llanos de San Agustín estos ufólogos concluyen que se estrellaron DOS naves (¿quizá hubo una colisión en vuelo, de esas que tanto gustan en las películas?). En la del rancho de Brazel se encontraron cuatro ETs muertos y en la de los Llanos había tres muertos y uno estaba aún VIVO. Este nuevo escenario se basa en las declaraciones de un tal GERALD ANDERSON y en el diario de la mujer de Barnett -sí señor, aquél que desestimaron Randle y Schmitt-. Según Anderson, cuando tenía cinco años, él y cuatro familiares suyos -curiosamente todos están muertos- descubrieron los restos antes que Barnett. Cada vez hay más gente en ese desierto.
Al año siguiente aparece un nuevo libro titulado The Truth About de UFO Crash at Roswell (La verdad sobre el accidente ovni en Roswell) escrito por...-redoble de tambores-¡Randle y Schmitt! Si lo que cuentan en este libro “es realmente cierto, la mayoría de lo que han leído anteriormente sobre el incidente en libros y artículos, incluido su propio libro (de Randle y Schmitt) UFO Crash at Rosivell publicado en 1991, es falso", dice Phil Klass. En este nuevo libro y a la luz de "sólidos testimonios de testigos oculares y cierta interesante documentación ", encuentran que el accidente no se produjo el 2 de Julio sino el 4 de Julio mire usted qué bien. Fuegos artificiales en el Día de la Independencia-. Además el platillo y sus ocupantes se encontraron no en el rancho de Brazel sino 50-60 kilómetros al sur, muy cerca de Roswell. Para explicar cómo demonios el ovni pudo volar esa distancia después del terrible rayo -algo que Berlitz y Moore no hacen, suponen que la nave llevaba un escudo exterior el cual se desprendió al ser alcanzada, cayendo sobre el rancho de Brazel. Mientras tanto, el cuerpo central consiguió a duras penas recorrer esa distancia antes de estrellarse.
Las aguas se encontraban algo turbias cuando a mediados de 1994 la organización ufológica Fund for UFO Research (FUFOR) publicaba un informe de 189 páginas escrito por KARL PFLOCK titulado Roswell In Perspective (Roswell en perspectiva. Nótese que las siglas son RIP ¿Curioso, no?). Después de dos años de investigaciones Pflock dice que " ... al menos la inmensa mayoría si no todo el material encontrado (en el rancho de Brazel)... eran los restos de un gran globo del proyecto Mogul, catalogado de Alto Secreto. " ¡Por fin!. Casi 50 años después, el mundo ufológico atribuye el incidente a un globo que transportaba material de alto secreto, Sin embargo no lancemos las campanas al vuelo antes de tiempo. El deseo de creer, a pesar de las evidencias en contra, es muy fuerte. Pflock propone
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un nuevo y aún más salvaje escenario. ¡Agárrense al asiento! Algunos de los restos podrían pertenecer a una nave extraterrestre que chocó con el globo o que tuvo que maniobrar violentamente para evitar la colisión. Es obvio que el piloto no era Lulce Skywalker pues no lo consiguió. Globo y nave se estrellaron contra el suelo. Increíble. Aún lo es más si hacemos caso a las clásicas historias que se cuentan sobre la increíble capacidad de maniobra de los ovnis. Según miles de testigos, pueden realizar alucinantes vuelos y recortes en el cielo, pueden frenar en seco salir disparados en dirección vertical...
Así pues, tenemos 15 escenarios distintos! para un mismo caso. No se preocupen, el lío no ha hecho más que empezar. Si creían que no se pueden complicar más las cosas es que no conocen a los ufólogos. Los oscuros procesos mentales que suceden en el interior de las cabezas de tan peculiares personajes, su lógica tan deliciosamente difusa, y la facilidad con que le buscan no sólo cinco pies al gato, sino que además le encuentran alas adosadas a los lomos y le descubren un extraño parecido con un celacanto no puede dejar de sorprendernos. Veamos por qué.
El baile de las fechas
Si poner fecha al supuesto accidente les parece cosa fácil... están muy equivocados. Según Berlitz y Moore el supuesto aterrizaje forzoso de la nave ocurrió el día 2 de Julio, el ranchero Brazel encuentra los restos al día siguiente e informa al sheriff Wilcox el día 6.
Estas fechas se mantienen en el libro de Friedman y Berliner y en el primero de Randle y Schmitt, pero en el nuevo libro de estos últimos las fechas cambian. Según uno de los nuevos testigos oculares, Jim RAGSDALE, el accidente tuvo lugar antes de la media noche del 4 de Julio. Brazel encuentra los restos el día 5 e informa al sheriff el 7. Uno puede pensar que todo marcha más o menos bien ya que el baile de fechas es, como mucho, de dos días. Sin embargo, en una entrevista realizada a 'Mac' Brazel el 8 de Julio de 1947 y publicada al día siguiente en el periódico Roswell Daily Record, aparece que fue el 14 de Junio cuando encontró los famosos restos. ¡Dos semanas y media ANTES de la fecha dada por los ufólogos! ¿Cómo explicar semejante discrepancia? Bueno, siempre queda el recurso de echarle la culpa al periodista...
Gerald Anderson, testigo de cargo de Friedman
El escenario de Friedman y Berliner -la colisión de dos naves en vuelo- se basa únicamente en el testimonio de GERALD ANDERSON, un ex-policía de mediana edad. Este supuesto testigo saltó a la fama ufológica -no en vano es la estrella de un documental sobre Roswell preparado por la organización ufológica FUFOR- en 1990. Al ver por televisión uno de los programas de la serie Unsolved Misteries -en España se tituló Misterios sin Resolver- donde se hablaba del ‘accidente' de Roswell, llamó para decirles que había graves errores en lo que estaban contando. Por ejemplo, había sido su familia y no Barnett los primeros en encontrar los restos de la nave. Los responsables de la cadena dieron su teléfono a Randle y Friedman que, independientemente, se pusieron en contacto con él. En la serie de entrevistas que Randle y Schmitt por un lado y Friedman y Berliner por otro mantuvieron con Anderson, los primeros llegaron a la conclusión de que éste era un fraude, mientras que los segundos apostaron su reputación por su autenticidad. Ya empezamos a liarla otra vez.
Según Anderson, cuando él tenía cinco años estaba con su padre, su tío, su hermano y su primo -sólo faltan la abuela y el perro- en el desierto. Mientras viajaban por los Llanos de San Agustín se encontraron con los restos de una nave siniestrada y sus tripulantes. Recuerda, además, que vieron una expedición arqueológica dirigida por un tal doctor BUSKIRK de la universidad de Pensilvania. Incluso se pudo sacar un retrato robot del citado profesor a partir de las descripciones de Anderson. Como prueba aportó el diario de su tío donde describía el hallazgo del ovni en los Llanos.
¿Alguien puede corroborar su historia? No, porque los otros posibles testigos, su padre, su tío, su hermano y su primo -y su abuela y el perro-, están muertos -vaya por Dios- Cuando Phil Klass habló con la mujer de Anderson ésta le dijo que jamás le había hablado acerca de este incidente. Algo empieza a oler a podrido en esta historia. ¿No le ha dicho nada a su mujer en todo el tiempo que llevan casados? Eso se llama confianza. Al mismo tiempo, ¿cómo es posible que un niño de CINCO años sea capaz de recordar correctamente el nombre -que no es Smith precisamente-, la profesión -dudamos que a esa edad
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se sepa lo que es un arqueólogo-, la cara de un desconocido, y mantenerla en su memoria durante casi 5O años?
A partir de aquí la cosa se pone interesante. Un ufólogo llamado THOMAS J. CAREY se dedica a buscar al tal doctor Buskirk. Y para desgracia de Friedman... lo encuentra.
Apoyándose en el retrato-robot descubrió que en realidad se trata -pues vive aún- de un antropólogo que vivió en Nuevo México aunque nunca estuvo adscrito a la universidad de Pensilvania. No pudo estar en los Llanos porque se pasó todo el verano en la reserva de Fort Apache en Arizona. Por otro lado, la descripción dada por Anderson es sospechosamente parecida a un retrato de Buskirk de 1958, cuando era profesor en el instituto Albuquerque High School. Y, mira que casualidad, Anderson fue alumno suyo ese mismo año en la asignatura de antropología.
Anderson había enviado con anterioridad una fotocopia de su certificado de estudios a Friedman, donde figuraba que ese año había estudiado sociología. Para 'desfacer el entuerto' Randle, por su parte, intentó obtener del instituto una copia de su certificado. Al enterarse Anderson, llamó a Albuquerque para impedir que tuviera acceso al certificado quien no fuera él. Sospechoso, muy sospechoso...
Más sospechoso aún es que, enviado el diario de su tío a los Brunelle Forensic Laboratories para comprobar si la tinta utilizada era de 1947, el laboratorio informara a Friedman que ese tipo de tinta no empezó a usarse hasta 1970. Anderson había falsificado el diario. Friedman conocía este hecho en Octubre de 1990. Para darnos cuenta de su catadura moral, recordemos que el libro Crash at Corona se publicó en 1992. Es más, en una entrevista mantenida con JAVIER SIERRA en 1991, Friedman dijo: "me siento muy favorablemente impresionado por este hombre". Se entiende sólo si ambos son del mismo gremio...
Al final, Friedman y Berliner confesaron públicamente que habían sido unos ilusos -¿de verdad lo fueron?- En una carta al director publicada en el MUFON UFO Journal en Enero de 1993 admiten "no tener confianza en el testimonio de Gerald Anderson ". Pero claro, deben salvar las ventas de su libro, por lo que añaden: "Esto no quiere decir que todo lo dicho por Gerald Anderson no tenga ningún valor". A esto se le llama tener un morro que se lo pisan. Lo que quieren decir Berliner y Friedman es: "Anderson es un cuentista, un falsificador Y miente más que habla -Javier Sierra, discreto él, lo cataloga como “fantasioso" SIN anular su testimonio-, pero a nosotros nos dijo la verdad porque somos muy inteligentes y no nos dejamos engañar fácilmente. Además, tenemos que vender el libro", Vean vuesas mercedes el granítico rostro de maese Friedman. Y a este tipo Sierra lo llama "uno de los mayores documentalistas del caso Roswell". Pues si así son los mejores...
En fin, mutis de Friedman y Berfiner.
Las estrellas de Randle y Schmitt
Jim Ragsdale, el avispado
De los testigos clave para el escenario -¿o deberíamos decir escenarios?- de Randle y Sclurritt, brilla con luz propia Jim Ragsdale. Debido a su testimonio, estos ufólogos cambiaron el lugar y la fecha del accidente de su primer libro -y les dio
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para escribir y vender un segundo-. Gracias a este testigo ocular se sabe que la caída tuvo lugar el 4 de Julio de 1947 a 50 kilómetros al sur del rancho Brazel, o lo que es lo mismo, a 45 kilómetros al norte de Roswell. Según cuenta, Jim y su novia habían acampado en el desierto -¡más gente en el desierto!-, "a pesar -dice Klass- del peligro que representan las serpientes de cascabel", cuando vieron estrellarse un objeto ardiendo. Montaron en el jeep y llegaron a un barranco donde, con la ayuda de una linterna, vieron los restos de un aparato accidentado -que supusieron un avión-. Como la linterna tenía la batería casi gastada decidieron volver al campamento. Claro, no se les ocurrió ir a Roswell -¡tan sólo a 45 kilómetros!- a dar parte del accidente y así organizar una patrulla de rescate. A la mañana siguiente, después de haber dormido con la conciencia tranquila por haber 'ayudado' a salvar a los pobres ocupantes del avión, se acercaron de nuevo a lugar. Entonces vieron algunos cuerpos. Pero no pudieron quedarse mucho porque enseguida llegó un convoy militar, y tuvieron que salir pitando.
Esta es la historia que cuenta Ragsdale en el libro The Truth About the UFO Crash at Roswell de Randle y Schmitt. Ahora cuenta otra diferente. En un congreso sobre ovnis celebrado en 1995, Ragsdale se ha vuelto más valiente y ya ha conseguido acercarse a los cuerpos, quitarles el casco que llevaban y verles unos enormes ojos negros.
Esperen, ahora viene lo mejor. En Roswell existe un Museo Internacional sobre Ovnis, cuyo presidente es Walter Haut -¡Sí señor! ¡El oficial de relaciones públicas de la base de Roswell en 1947!-, que quiso comprar el terreno del 'Lugar del Impacto' dado por Ragsdale, con fines turísticos. Para su desgracia, el propietario del terreno no accedió a venderlo. Y, fíjate que curioso, meses después Ragsdale rectifica y 'recuerda' que el lugar donde vio la nave no fue a 45 kilómetros al norte, sino 65 kilómetros al oeste de Roswell, cerca de un campamento abandonado de los Boy Scouts. Dicen las malas lenguas que el personal del museo ha comprado el terreno con la intención de convertirlo en un motel. Además, nuestro amigo Jim ha firmado un contrato para vender la exclusiva de su -nueva- historia al museo. Para que luego hablen del olfato comercial de los japoneses...
Glenn Dennis, el embalsamador
¿Qué pasó con los cuerpos de los extraterrestres? La respuesta a tan inquietante pregunta la tiene un antiguo empleado de una funeraria en Roswell, glenn dennis.
En Julio de 1947 Glenn era un joven de 22 años empleado en la Ballard Funeral Home, contratada por el ejército para prestar sus servicios en la base aérea de Roswell tanto para funerales como para servicios de ambulancias. Por ir fijando ideas, la historia que aparece en el primer libro de Randle y Schmitt no se aproxima demasiado a la realidad. Cuando Klass entrevistó a Dennis el 9 de Diciembre de 1991 -recordemos la fecha, es muy importante- y comenzó leyéndole la historia que éstos habían transcrito en el libro, "periódicamente Dennis interrupía para modificar la exactitud de la versión de R/S". Klass llamó a Randle y le comentó la gran cantidad de discrepancias que había encontrado en su relato de los hechos. Randle le dijo que, al contactar tarde con Dennis y teniendo que entregar el libro al editor, habían decidido incluir la transcripción de una entrevista de Friedman -esto confirma lo 'imparcial y objetivo' que es este investigador. Para fiarte de los "físicos de los platillos volantes"-. Es más, Friedman se ha negado sistemáticamente a proporcionar una copia de la grabación de tal entrevista a Phil Klass. ¿Qué está intentado ocultar el paladín de la lucha contra el cover up?
A continuación presentamos la verdadera historia. Mientras se encontraba en la funeraria, recibió una llamada de la base aérea preguntándole acerca del tamaño más pequeño de los cofres sellados que tuvieran en Ballard. Media hora después, el mismo hombre le preguntó sobre sus técnicas de embalsamamiento para personas que hubiesen estado varios días a la intemperie y posiblemente mutiladas por depredadores; si cambiaban el contenido de la sangre, del estómago,... Poco después le llamaron para llevar un piloto accidentado a la enfermería. Allí se encontró con una enfermera del ejército a la que conocía desde hacía tres meses. Ella le dijo: "¿Qué estás haciendo aquí? Lárgate enseguida si no quieres tener problemas." El pobre Dennis se quedó con la boca abierta. Cuando iba a decir algo se le acercó un capitán y le preguntó qué demonios estaba haciendo él allí. Dennis le dijo que había traído un herido. "Parece que han tenido un accidente así que voy a volver a la funera-
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ría para preparar las cosas". El capitán, muy serio, le respondió: "Usted no ha visto nada. No ha habido accidente. Vuelva a la ciudad y no comente a nadie nada sobre un accidente". Justo lo que necesita una persona para olvidarse del asunto. Como Dennis es una persona normal, esto le dejó muy mosqueado. Al día siguiente intentó localizar a la enfermera. "A eso de las 11, llamó a la funeraria y dijo que necesitaba verme". Ella le hizo jurar por lo más sagrado que nunca revelaría lo que le iba a contar -como puede verse, rompió su juramento-. Según dice Dennis, ella le explicó que en una de las salas de la enfermería se había encontrado con dos médicos desconocidos realizando una autopsia a una extraña criatura sin pulgares y con cuatro dedos. En la sala había otras dos más. La enfermera le entregó un bosquejo de los seres y le recordó su juramento de no decir nunca nada.
Aunque intentó localizarla días después, no pudo. Semanas más tarde recibió una carta suya desde Inglaterra donde había sido destinada. El respondió, pero la carta le fue devuelta con un sello que ponía FALLECIDA. Dennis supo más tarde que había muerto en una accidente aéreo -ironías de la vida-.
Cuando Dennis fue entrevistado por la ufólo-ga anne macfie el 31 de Diciembre de 1991 -¡22 días después que Klass!-, dio otra versión de la historia. A MacFie le contó que, según tenía entendido, la enfermera había muerto en 1988. Dijo que nunca intentó contactar con ella porque iba a meterse monja cuando dejara el ejército. "Era tan disciplinada -dijo Dennis- que si su superior le hubiera ordenado caminar sobre el fuego, lo hubiera hecho". ¿Cómo es posible, se pregunta Klass. que una persona con tal carácter, sabiendo que violaba la seguridad militar revelando una información tan importante, se la iba a decir a alguien que conocía hacía menos de tres meses? Al preguntarle Klass si había salido con ella, Dennis repondió: "No, no, no. No estaba interesada en los hombres. Tenía su vida totalmente planeada. Quería ser monja". Pero cuando le entrevistaban para un reportaje en vídeo sobre Roswell, Dennis dijo al productor que ambos habían hablado de matrimonio, y que la familia de ella no lo aprobaba porque él era protestante y ellos católicos.
Otro detalle curioso es que el boceto entregado por su amiga, no lo escondió en una caja de seguridad ni en su apartamento, sino ¡en los ficheros de la funeraria! Y cuando se despidió para montar su propio negocio en 1962, ¡lo dejó allí! Cuando en 1989 él y Friedman volvieron a buscarlo, ¡todos los ficheros de 1947, y sólo esos, habían desaparecido! Eso no ha impedido que Randle, Schmitt y Friedman tengan el suyo, entregado por el propio Dennis... aunque él niega haberlo hecho -había prometido mantenerlo en secreto, je, je-.
Al final Dennis dio el nombre de la enfermera: naomi maría selff. No obstante... no hay ningún documento del ejército, ni de escuela, ni partida de nacimiento que pruebe su existencia. ¿Debemos concluir que tal señorita jamás ha existido? ¡Eso nunca! Según el ufólogo Pflock, "parece haber desaparecido sin dejar rastro ".
La memoria de Dennis es renqueante. No sabía cuándo sucedieron los hechos hasta Marzo de 1994. cuando entonces sí recordó haber leído el famoso titular del Roswell Daily Record del 8 de Julio tras su entrevista con Naomi. En una entrevista realizada en Julio de 1995 por el periodista TlM korte, Dennis afirma que los médicos responsables de la autopsia eran dos patólogos del Hospital Walter Reed, en la ciudad de Washington. Aquí empiezan nuevos problemas. Esta declaración no concuerda con lo realmente sucedido. Si, según Dennis, la autopsia se llevó a cabo en la tarde del día 7, los patólogos tuvieron que salir de Washington sobre las 9 de la mañana. Si salieron a las 9 de la mañana, los cadáveres de los ETs se tuvieron que encontrar antes de esa hora. Según Randle y Scjmitt, Brazel informa al sheriff Wilcox esa misma mañana, por lo que los cuerpos fueron hallados bastantes horas ANTES de que Brazel llegase a la oficina del sheriff. Siguiendo a Klass, este es el momento de preguntarnos dónde aparecieron los cuerpos. Si fue en el rancho de Brazel, no hay razón para que éste fuera a la oficina del sheriff. Su rancho tendría que estar invadido de militares y Marcel ya habría visitado el lugar del siniestro. Por otro lado, se sabe que visitó a Brazel la tarde del 7. ¿Mintieron Marcel y Brazel, los principales testigos del caso? Si se encontraron a 45 kilómetros al norte de Roswell, Marcel estaría ocupado con los cadáveres y no tendría tiempo de ir a buscar insustanciales restos al rancho de Brazel aquella misma tarde. Además, si los cadáveres se hubiesen encontrado en Roswell, el general Ramey hubiese volado allí inmediatamente, y sabemos que no lo hizo. En fin, todo un lío
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Aún más. El número de alienígenas capturados depende del testigo. Según Kauffmann, se recuperan cinco cuerpos. Según Ragsdale, tres. Para Glenn Dennis son también tres pero dos de ellos muy mutilados. Para frankie rowe, la hija de un bombero que fue a apagar el fuego -que nunca hubo- del aparato, son dos muertos y uno vivo. Para anaya montoya, tres muertos y uno vivo. Para mary bush un cuerpo. Para barbara dugger, tres cuerpos y un ET vivo.
Tras tan arduas pesquisas a uno no le queda más remedio que preguntarse, vista la cantidad de gente que sabía lo del accidente, cómo diablos los militares consiguieron mantener la boca callada de tantísima gente. Vamos, tenían que haber impuesto estado de sitio en todo Roswell. Con lo cotorras que son en la América profunda de los estados del sur.
La verdad, de unos años a esta parte, sólo tienes que darle una patada a una piedra de ese maldito desierto para que aparezca alguien que vio todo lo ocurrido...
Cuando ruge la marabunta
1995 será recordado como el año del desmelene, disparate, desatino y delirio ufológico. Un año antes el senador por el estado de Nuevo México Steven Schiff, pedía una investigación oficial sobre el caso Roswell. La encargada de hacerlo fue el Tribunal General de Cuentas (General Accounting Office, GAO), el brazo investigador del Congreso estadounidense. La GAO tiene la capacidad de acceder a cualquier documento oficial sea cual sea su grado de clasificación. El rastreo ha sido el más exhaustivo jamás realizado sobre Roswell. Por su parte, la Fuerza Aérea realizó una investigación, declarada por ella como definitiva, sobre este mismo incidente. En ella se dice que el origen de los restos del rancho Brazel son los de un globo de altura que, además de transportar reflectores de radar, llevaba instrumentación de un proyecto Alto Secreto llamado Mogul. Este proyecto estaba destinado a 'escuchar' las posibles detonaciones nucleares soviéticas. Fin de la historia.
A su vez, en 1994 aparecía el informe Roswell In Perspectiva donde el ufólogo Karl Pflock demuele a los testigos de Randle y Schmitt -excepto a Glenn Dennis, de quien se hace algo así como su portavoz y agente- y declara que los restos encontrados por Brazel son de un globo meteorológico con un reflector de radar. Lo curioso es que este hecho ya había sido puesto de manifiesto por otro ufólogo llamado Robert G. Todd en 1992. Entonces había entrevistado al meteorólogo charles B. moore, que había trabajado en el proyecto, pero no en su parte clasificada. Revisando los datos encontró que el Vuelo 4, lanzado el 4 de Junio de 1947 desde Alamogordo -diez días antes de la fecha real en que Brazel encontró los restos- se había perdido. La descripción de éstos restos coincide punto por punto con lo que transportaba el globo.
Lo que son las cosas. En el libro de Moore y Berlitz aparece citado el Dr. Moore diciendo que "por la descripción que me da de los restos, eso no puede ser un globo", pero nunca le dejaron el recorte donde Brazel describía los restos. A saber qué le contó Moore a su tocayo...
Y a mediados de 1995 GAO informa no haber encontrado ningún archivo o documento que haga referencia al incidente Roswell. No existen tales archivos. Por tanto, jamás se ha recuperado una nave extraterrestre. Caso resuelto.
¿Seguro?
¡Por supuesto que no! ¡De qué iban a vivir entonces los ufólogos! Además, quedarían como unos perfectos inútiles e investigadores incompetentes. Dice Klass que la ufología es como es porque en ella se premia la incompetencia, se premia a quien no resuelve un misterio. Si eres un buen investigador y resuelves los casos ovni, jamás publicarás nada ni te llamarán a dar conferencias, ni te felicitarán en los congresos... Sin embargo, si eres un pésimo investigador saltarás a la fama pues no encontrarás solución a los diferentes casos. Luego podemos concluir que cuanto más famoso es un ufólogo, más incompetente es.
El mundillo ufológico rugió. "Casi no podía dar crédito a mis ojos" dice el conspiranoico Javier Sierra tras leer el informe de la GAO. Ya sabe por qué no han encontrado nada: "muchos archivos organizativos de la Fuerza Aérea que cubrían ese periodo han sido destruidos, sin señalar ninguna autoridad que así lo dispusiera". Esta frase del informe de la GAO es la excusa que buscaban los ufólogos para probar la conspiración. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Uno puede preguntarse ¿de qué periodo habla y de qué documentos? Eso Sierra no lo dice. Son los archivos que contenía documentos sobre financiaciones, abastecimientos, edificaciones y otras materias administrativas desde Marzo de 1945 a Diciembre de 1949. ¿Prueba esto una conspiración? Dicho de otra forma, ¿quiere decirse que desde Diciembre de 1949 se dejaron de producir informes sobre la supuesta nave extraterrestre? Quién sabe, a lo mejor la almacenaron como al arca perdida...
Se nos ocurre una última pregunta: ¿por qué demonios siempre que se cae un platillo tiene que hacerlo en Nuevo México? ¿Será un triángulo de las Bermudas cósmico.
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INCIDENTE ROSWELL Y PROYECTO MOGUL
Dave Thomas
Un informe de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos (FF.AA) de Septiembre de 1994 sostiene la teoría según la cual los restos del "ovni" encontrados por el granjero mac brazel en 1947 al noroeste de Roswell (Nuevo México) eran en realidad los restos de un globo aerostático lanzado dentro de un proyecto secreto denominado Proyecto Mogul. La posible conexión entre el incidente Roswell y Mogul fue inicialmente expuesta por el investigador robert G. todd, e independientemente por karl T. pflock.
Recientemente, charles B. moore -no tiene ninguna relación con william L. moore, coautor del libro El Incidente- uno de los tres científicos identificados en el Proyecto Mogul, y entrevistados en el informe de las FF. AA., habló para la asociación New Mexicans for Science and Reason (NMSR) en Alburquerque. Allí discutió el trasfondo del proyecto, los globos aerostáticos de la Universidad de Nueva York (UNY) y la conexión con Roswell. Proporcionó nuevos detalles que, en principio, confirman la idea de que, efectivamente, los restos encontrados por Brazel procedían de uno de los globos del Proyecto Mogul, que Moore ayudó a lanzar.
Lo que sigue se basa en la exposición de Moore, sus respuestas a las preguntas del público, sucesivos encuentros y discusiones con él, documentos que proporcionó y un monográfico que está preparando sobre estos vuelos.
Moore, un profesor emérito de Física en el Instituto de minas y tecnología de Nuevo México, en Socorro, era estudiante de postgrado en la UNY durante 1947.
El Proyecto Mogul era tan restringido y secreto que incluso Moore no conoció el nombre del proyecto hasta que Robert Todd se lo comunicó hace un par de años. El objetivo desclasificado del mismo era desarrollar globos aerostáticos de altura constante, con fines meteorológicos.
Su objetivo clasificado era intentar desarrollar un método para monitorizar las posibles detonaciones nucleares soviéticas mediante la utilización de micrófonos acústicos de baja frecuencia colocados a elevadas altitudes. No había otro método para observar la actividad nuclear en un país cerrado como la Unión Soviética, y se concedió al proyecto una alta prioridad.
Una de las tareas de la UNY era desarrollar globos de altura constante para colocar los micrófonos a bordo. Después de algunos vuelos preliminares en Bethelem (Pensylvania) en abril de 1947, que fallaron a causa de los fuertes vientos de la zona, el proyecto se trasladó a Nuevo México.
En junio y primeros de julio de 1947 se lanzaron gran cantidad de globos aerostáticos de la UNY desde el campo de las FF.AA. en Alamogordo. Algunos de estos vuelos consistían en largos trenes que contenían hasta doce globos de neopreno, con una longitud de más de 200 m.
Moore hizo mucho hincapié en la hipótesis de que el vuelo n° 4 de la UNY, que él ayudó a lanzar el 4 de junio de 1947 fue el origen de los restos encontrados en el rancho de Brazel, y por tanto, el origen del "Incidente Roswell" . Gran cantidad del material utilizado en el vuelo 4 guardaba una enorme semejanza con piezas de los restos de Roswell.
En la figura 1 se muestra un esquema de un vuelo anterior, el n° 2, lanzado el 18 de abril de 1947 desde Bethelem. No existe un esquema del vuelo 4, ya que al no obtenerse datos útiles del mismo, no fue incluido en el informe de la UNY. Sin embargo, Moore afirma que la configuración del vuelo 4 es muy similar a la mostrada. Los grandes objetos octaédricos de la parte superior derecha, y de la inferior central, son reflectores de radar usados para su seguimiento. Se indican también varios pequeños anillos de aluminio usados para manejar los hilos. La carga útil (una baliza sónica), se sujetaba por ligeros anillos más grandes.
Los restos que Brazel recuperó —y que más tarde fueron llevados a Fort Worth, Texas, para su inspección por el General de Brigada roger ramey, oficial de las FF.AA. al mando— encajaban con el vuelo 4 de la UNY en varios aspectos. Algunos de los restos consistían en trozos de un material grisáceo, similar a la goma, que podrían ser el neopreno utilizado en dicho vuelo. Muchos de los restos de Roswell -varillas, papel de aluminio, cinta extrañamente marcada- es similar al material usado en los blancos de radar. Cuando el suboficial irving newton vio los restos en la oficina del General Ramey, los identifi-
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có como piezas de un reflector de radar. Moore señala que las fotografías de Ramey muestran parte de más de un reflector. El vuelo 4 llevaba tres reflectores del tipo ML 307B RAWIN.
Algunos trozos de entre los restos contenían cinta con dibujos de flores o jeroglíficos. Moore recuerda que la cinta de refuerzo usada en los reflectores de la UNY tenía curiosas marcas. "Tres o cuatro de entre nosotros estábamos encargados de eso, y recuerdo que nuestros reflectores tenían una especie de dibujos de flores estilizadas. Habré preparado a lo largo de mi vida más de cien reflectores de estos para vuelos. Siempre que preparaba uno me preguntaba cuál sería el propósito de las marcas en la cinta. Pero... un mayor llamado John Peterson se rió y me dijo: ¿ Qué te puedes esperar cuando utilizas reflectores hechos en una fábrica de juguetes?".
Los receptores de radar tenían unos pequeños ojales. En el artículo del Roswell Daily Record del 9 de junio de 1947, el ranchero Brazel describía los restos diciendo que no tenían cuerdas ni alambres, pero sí unos ojales para algún tipo de sujeción.
Mientras muchos de los partidarios de la hipótesis ovni alegan que los restos de la oficina del General Ramey eran de un verdadero globo atmosférico, puesto en lugar de los auténticos restos de Roswell, Moore señala que los reflectores utilizados por la UNY eran distintos a cualquier otro lanzado antes en Nuevo México, y que no había ninguno disponible en Fort Worth para sustituir a los auténticos restos. El suboficial Newton pudo reconocerlos porque había usado una versión previa de los mismos reflectores mientras trabajaba como meteorólogo en Okinawa. Pero la anterior versión utilizada por Newton no tenía la cinta de refuerzo con los dibujitos de flores rosa-púrpura.
La hija de Brazel, bessie brazel schreiber, en una entrevista realizada por el escritor William Moore, describía unos objetos de aluminio entre los restos, que parecían anillos insertados en un tubo. La mención de los anillos aparece en la transcripción de la entrevista, pero no fue incluida en el libro El incidente.
Ella estimó que los anillos eran de unas 4 pulgadas de diámetro, y dijo que podía meter la mano a través de ellos. Charles Moore señaló que el vuelo 4 llevaba varios anillos de aluminio de 3 pulgadas de diámetro para ayudarse durante el lanzamiento del globo. Estos se hacían cortando un tubo cilindrico, y luego biselando los bordes para evitar que dañasen las cuerdas.
scheridan cavitt, el oficial del CIC (Cuerpo de contra-inteligencia) que acompañó al Mayor jesse marcel hasta el campo donde se hallaban los restos, describió una caja negra entre la chatarra. Moore afirma que el equipo de la UNY empaquetaba normalmente las baterías para el instrumental acústico en cajas negras. Ha habido especulaciones acerca de que la caja negra pudiera ser una radiosonda, pero Moore señaló que las radiosondas eran normalmente blancas, para prevenir la absorción de calor.
El 4 de junio de 1947, el vuelo 4 se lanzó, y fue seguido hasta Arabela (Nuevo México), a sólo 17 millas de la ubicación del rancho Foster. El vuelo 4 estaba todavía en vuelo cuando las baterías se agotaron, y se perdió contacto. Brazel informó que él encontró los restos en el rancho el día 14 de junio, aunque muchos ufólogos sitúan el incidente unas semanas más tarde, a primeros de julio. Brazel no llevó los restos a Roswell hasta el 7 de julio, según su propio relato.
Recientemente, Charles Moore ha trabajado en una nueva evidencia que sostiene la conexión entre Roswell y el Proyecto Mogul. El investigador ovni kevin randle ofreció a Moore los datos cólicos del Servicio Nacional de Meteorología correspondientes a los primeros
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Figura 2: Flores abstractas como las contenidas en la cinta de los reflectores de radar
días de junio de 1947. Moore, que ha vivido y respirado la física de la atmósfera la mayor parte de su vida adulta, analizó estos datos en detalle. Su análisis coincide con tres de los vuelos de la UNY; el vuelo 4 (4 de junio de 1947), el 5 (5 de junio) y el 6 (7 de junio). Los datos del Servicio Meteorológico referentes al vientos corresponden a lo que se llama un "sistema baroclínico" moviéndose por la zona. A medida que este sistema se va desplazando suavemente a gran altitud, el viento cambia su dirección, pasando de Noreste a Este, y luego a Sureste. A altitud aún mayor, sin embargo, este sistema genera grandes vientos en la zona alta de la troposfera en dirección perpendicular a los vientos de menor altitud.
El viento dominante durante los meses de verano sopla en dirección Este, mientras en la zona de transición, justo sobre la tropopausa, sopló hacia el noroeste durante la primera parte de junio de 1947. Por ejemplo, el vuelo 5 se dirigió principalmente hacia el Este mientras ascendía a través de la troposfera. Sin embargo, cuando entró en la estratosfera, fue arrastrado hacia el Noroeste. Después de que algunos globos explotaran, y el vuelo 5 descendiera de nuevo, se dirigió nuevamente hacia el Este, hasta que aterrizó.
Cuando Moore utilizó los datos del Servicio Meteorológico y la información de altitud de los globos de la UNY, para simular la posible trayectoria de los vuelos, los resultados se ajustaban extraordinariamente con las rutas registradas en el seguimiento de los vuelos desde tierra.
Moore extendió este análisis al vuelo 4, el candidato de Roswell. Utilizó los datos del viento del 4 de junio de 1947 y supuso que el vuelo consiguió alturas comparables a las de los dos siguientes vuelos. Los análisis de Moore indican que tras despegar de Alamogordo, el vuelo 4 ascendió probablemente mientras viajaba hacia el Noreste (hacia Arabela), girando después hacia el Noroeste mientras atravesaba la estratosfera, para descender a tierra en una dirección fundamentalmente Noreste. Los cálculos de la trayectoria del globo realizados por Moore son totalmente compatibles con un aterrizaje en el rancho Foster, aproximadamente a 85 millas al Noreste desde el lanzamiento en Alamogordo. Más aún, los restos en el rancho estaban esparcidos en tierra, siguiendo una dirección Sudoeste-Noreste (tal como informó en Mayor Jesse Marcel). Este ángulo encaja perfectamente en la predicción de Moore. Charles B. Moore ha sido repetidamente criticado en la literatura por haber cambiado alguna de sus primeras afirmaciones. Fue entrevistado para el libro de William Moore sobre el incidente Roswell. Después de oír la descripción del accidente dada por William (incluyendo los detalles de un supuesto surco de unos 25 cm de ancho y alrededor de 160 m de largo), Charles le respondió: "En base a esta descripción que me das, creo que no pudo haber sido un globo ". Los trenes de globos del vuelo 4 eran demasiado ligeros como para hacer un surco de ese tamaño. Pero Charles Moore no dijo que el accidente no fuera el globo, sino que el globo no pudo haber originado el supuesto surco, de acuerdo siempre con la descripción del escritor. Por otro lado, y en base a las primeras descripciones, Charles Moore y otros investigadores del proyecto Mogul creyeron en un primer momento que los restos descubiertos por Brazel correspondían a uno de los globos de polietileno que la UNY lanzó a primeros de julio de 1947. Moore sostuvo esta opinión hasta hace un par de años, cuando tuvo un conocimiento detallado del incidente. Estos largos globos transparentes de polietileno se utilizaron por primera vez el verano de 1947, y habrían resultado extraños incluso para un observador experimentado. Sin embargo, tras observar los informes y fotografías de 1947, Moore advirtió que el vuelo 4 era un candidato mucho más probable que cualquier globo de polietileno. En efecto, Charles Moore cambió sus declaraciones, pero sólo después de haber tenido acceso a nuevos datos sobre el incidente.
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Mientras muchos ufólogos presentan una gran cantidad de referencias contemporáneas a los "globos del Proyecto Mogul", Moore explica que el proyecto era tan restringido que tales referencias sencillamente no existen., Cualquier mención a los vuelos figuraría bajo el epígrafe de "investigación de la Universidad de Nueva York sobre globos aerostáticos de nivel constante".
Algunos autores sostienen que los restos y posibles cuerpos alienígenas fueron llevados secretamente a Wright Field, en Dayton, Ohio, para analizarlos. Por casualidad. Moore y el resto del equipo de la UNY estaban en Wright Field la tarde del 8 de julio de 1947, de camino hacia New Jersey, justo cuando salió a la luz el caso Roswell. Moore comenta que ellos oyeron hablar del tema por primera vez en Dayton, y que supusieron que se trataba de uno de los globos de polietileno.
En Septiembre de 1994, el informe de las Fuerzas Aéreas indica que los restos de Brazel viajaron hasta Wright Field efectivamente. Durante una entrevista por las fuerzas aéreas al coronel Albert C. Trakowsky, participante en el Proyecto Mogul, éste recordó una llamada telefónica en julio de 1947 del coronel Marcellus Duffi. destinado en Wright Field y conocedor íntimo tanto del Proyecto Mogul como del equipamiento meteorológico del ejército. Duffi dijo a Trakowsky que un compañero de Nuevo México fue a Dayton, le despertó de madrugada y le mostró los restos. El coronel Duffi le dijo: "se parece a uno de los aparatos que habéis estado lanzando en Alamogordo".
En palabras de Moore, "Cuando se juntan los datos del viento con las similitudes entre los restos descritos por los testigos oculares —palos de madera de balsa, papel de aluminio, cinta con dibujos pastel de flores rosas, el gran globo de goma gris con olor a quemado, los ojales, las piezas de aluminio de cuatro pulgadas y la caja negra- con los materiales empleados en los trenes de globos, me parece que sería difícil excluir el vuelo 4 como un origen verosímil de los resto que W.W. Brazel encontró en el rancho Foster en 1947”.
Artículo aparecido en Skeptical Inquierer. N.4 vo. 19 Julio/Agosto 1995. Publicado aquí con su autorización.
Copy Right Para el original: Skeptical Inquirer, 1995
Copy Right. Para la traducción, La Alternativa Racional, 1995
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OVNIS EN LA UIMP
UN ENCUENTRO CERCANO DEL TERCER TIPO
javier E. armentia
1. Prolegómenos y avistamiento.
Uno de los debates organizados dentro de las actividades de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo durante el verano de 1994 en La Coruña estaba dedicado a los ovnis. Para ello, dos invitados presentarían sus posturas -esperablemente opuestas-, intercambiarían sus opiniones y datos y, finalmente, podrían contestar las preguntas de los asistentes. Como urólogo, proponente de que los extraterrestres nos visitan, el conocido escritor y periodista juan josé benítez; frente a él, yo mismo; y moderando, el director de la Casa de las Ciencias de La Coruña, ramón núñez.
La verdad es que me sorprendió que el diseño de debate realizado por la UIMP pudiera realizarse al fin. Ya sé desde hace tiempo que J.J. Benítez intenta vetar la presencia de personas como yo en debates a los que asiste, y que cuando no es posible, opta por no acudir. La última ocasión que recuerdo fue en un debate organizado en la televisión autonómica vasca (ETB-2) sobre el tema, en el programa Rifi-Rafe de antxón urrosolo, cuando tras afirmar a los realizadores que asistiría, unos días antes comunicó que le era imposible. O al término del Curso de Verano del Escorial que dirigió Benítez sobre ovnis, en agosto del 92, cuando tras concertar su presencia con los responsables de un programa en Onda Madrid no quiso (o no pudo) contestar al teléfono...
Pero los hados quisieron que esta vez apareciera, el 28 de julio, para el anunciado debate. Me atrevo a suponer que el hecho de que fuera un organismo como la UIMP la que patrocinaba el acto tuvo su peso, pues todos sabemos cómo la palabra "universidad" suele ser pieza codiciada para introducir en los curricula de ciertos divulgadores de estos temas. No hago alusiones encubiertas, sino que lo pongo clarito: cuando se organizó la protesta frente al Curso de ovnis de Benítez en el Escorial, afirmé ante los medios de comunicación que esto serviría para que personas como Benítez aprovecharan el marchamo de respetabilidad de una universidad en su propio interés (algo no exclusivo del tema ovni, o de los temas pseudocientíficos: los políticos, escritores de moda y famosos hacen lo mismo, parece algo generalizado en nuestro país). Unos meses después, se reeditaban varios libros de Benítez, incluyendo en la contraportada la referencia a que el ufólogo había sido el primero en organizar un curso de la Universidad sobre el tema. "Desde el punto de vista de la ufología, 1992 pasará a la historia como un año de especial interés. Después de veinte años de ininterrumpida labor de investig