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ARP
La Alternativa Racional

Número 38

 

LA ALTERNATIVA RACIONAL

N0 38 - 1/1996

SUMARIO
-Editorial 3
-Me pareció ver un lindo monstruito 5
José María Roc

-Microbiología homeopáticas 15
Víctor .J. Sanz Larrínaga

-La enseñanza y los escépticos 21
Rafael Díaz Novillo

-Adiós a un viejo cazador solitario 24

-Concurso fotográfico 28

-Un ovni sobrevoló Pamplona 29
(II Congreso nacional sobre pseudociencias)

-Hace 25 años 33
Eduardo Giménez González

-Guillermo de Occam 35
Jesús Puertas

-Desde el sillón escéptico 37

-Un cierto gesto de racionalidad 44
Ivan Ilyich

-Unas faltas de ortografía 45
Felix Ares

-Historias eXotéricas 47

Copyright © 1996 La alternativa Racional

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Editorial

Ya estamos otra vez en la calle, algo más tarde de lo previsto, pero con unos cuantos cambios que esperamos compensen el retraso. Hay veces, especialmente en una publicación independiente como ésta —independiente en el sentido económico, me refiero—, en los que las cosas se complican un poco. Hay artículos que resulta casi imprescindible publicar pero de los que no siempre se puede disponer con rapidez. Por eso hemos preferido retrasar la edición de este número y poder así ofrecerlo completo.
Desde que salió a la luz el último número de LAR, dedicado al célebre marcia­nito de Roswell, son varios los acontecimientos ocurridos en ARP. De algunos damos noticia aquí. De otros iremos informando en sucesivos números.
Uno de los más reseñables ha sido, sin duda, el II Congreso Nacional sobre Pseudociencias celebrado en Pamplona el pasado mes de noviembre. Al igual que su primera edición, fue una gran experiencia. Un encuentro de medio centenar de personas que sintonizan en mucho más que en su defensa de la ciencia y en su crí­tica a las pseudociencias.
Allí se habló de los medios de comunicación y de su forma de tratar las noticias referentes a temas científicos y a sucesos “extraños “. Se habló de pseudomedicinas, del problema que suponen para la sociedad, más allá de sus posibles éxitos clínicos. Se habló de ecología, de grupos ecologistas, de su conexión con el mundo cientí­fico... De allí salieron conclusiones e iniciativas muy interesantes, que iremos comentando desde estas páginas.
Uno de los factores comunes de los distintos debates fue cómo el auge de las pseudociencias supone, ante todo, un serio freno al avance de la ciencia y la téc­nica. Seguimos viviendo en una civilización altamente tecnificada —de una manera casi inadvertida—, pero nos seguimos manteniendo inmersos en una sociedad de carácter mágico. El principio causa-efecto no tiene importancia, y si la tiene, no importa conocer la causa. Se inventa, y asunto resuelto.
La inmensa mayoría de las afirmaciones pseudocientíficas conducen a una misma conclusión: el método científico no tiene validez como medio para adquirir conocimiento, ya que tales afirmaciones niegan los más básicos principios en que se basa la ciencia moderna. Quienes viven en —o de— las paraciencias —por emplear el nombre que ellos mismos les dan— olvidan a menudo que usan el teléfono, y no la telepatía; o que le echan gasolina al coche, y no lo mueven por psicocinesis ni visi­tan a sus amistades haciendo viajes astrales.
Inmediatamente saldrá alguno arguyendo que pretendo endiosar a la ciencia.
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Ahora resulta que somos una secta que adoramos a la diosa razón, como en los tiempos del iluminismo. Dentro de poco nos reuniremos en catacumbas y haremos sacrificios humanos.
¿ Tan difícil resulta hacer entender a la gente que la ciencia es, queramos o no, un elemento más dentro de la cultura? A juzgar por las últimas investigaciones, es, seguramente, junto con el arte, una de las pocas cosas que nos distinguen del resto de los animales. Tenemos capacidad para conocer nuestro entorno y el mundo en que vivimos. Y tenemos, al menos algunos, una insaciable curiosidad por conocerlo. El avance de la ciencia es algo absolutamente inevitable, y forma parte de nuestra esencia como seres humanos. Y no olvidemos que la investigación, por sí misma, es totalmente aséptica. Hacer que un determinado fenómeno sea positivo o negativo no forma parte del conocimiento de dicho fenómeno, y no está en manos de su descu­bridor Es absurdo acusar a la ciencia de haber inventado la bomba atómica. La fuerza nuclear está ahí desde el principio de los tiempos. La ciencia la encontró y aprendió a controlarla. El resto fue decisión de otros. Como dice García Velarde, no se puede acusar al inventor del cuchillo de todas las muertes por degollamiento. Me gustaría aconsejar al lector el maravilloso ensayo de Isaac Asimov “El dedo de Dios” (incluído entre otras recopilaciones en “el sol brilla luminoso “, Biblioteca Científica Salvat, Barcelona, 1994). Es francamente ilustrativo.
Pudiera parecer que estoy a la defensiva, intentando justificar a la ciencia de algo de lo que no necesita justificarse de existir La próxima vez intentare ser más positivo. ¡Ah!, por si alguien aún lo duda, me fascinan la música y la literatura, con todo lo “irracionales” que sean.
No quisiera terminar sin hacer desde aquí una mención, más comentada en el interior a Mario Bohoslavsky, coordinador de ARP en Cataluña, periodista cientí­fico, maestro, y, por encima de todo, amigo. A primeros de diciembre nos dejó a todos un poco más huérfanos. Allá donde esté sabe que le recordamos, y que segui­remos trabajando por ese ideal al que dedicó toda su vida. Hacer que la gente dis­frute un poco más con la naturaleza -que eso es la ciencia-, y conseguir que su conocimiento nos ayude a construir poco a poco un mundo más justo y habitable.
Hasta siempre, Mario.

ASAMBLEA GENERAL de SOCIOS
La asamblea general ordinaria de socios de ARP, correspondiente al presente año 1996 tendrá lugar en el hotel Bel-Air de Castelldefels (Barcelona) el día 20 de abril, sábado, a las 18,00. El hotel se encuentra en el Paseo Marítimo, 169. A dicha asamblea pue­den acudir tanto los socios de pleno derecho, como los suscriptores de LAR, con dere­cho a voz en la misma. Para más información, ponerse en contacto con la secretaría de ARP, en el apartado 1516 de Zaragoza, o a través del teléfono 908 93 26 81.
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ME PARECIÓ VER UN LINDO MONSTRUITO
(Sobre el tímido inquilino del lago Ness)
JOSÉ MARÍA ROC GARGALLO
La geografía de nuestro pequeño y humilde planeta está plagada de las más diversas especies de monstruos: brokers, polí­ticos, artistas de cine, estrellas del pop... La mayor parte de ellos tienen algún pequeño o gran hueco reservado en publicaciones más o menos serias, y a la mayor parte de ellos les encanta aparecer en ellas. Pero existe una variedad de monstruo que, en contra de lo habitual, se muestra terriblemente tímido, y me atrevería a apostar lo que no cobraré por este artículo a que no lee los periódicos mien­tras desayuna para ver cómo le ha puesto el redactor o columnista de turno. Tan extraño espécimen se ha dado en denominar por algu­nos de sus más fervientes admiradores como “Nessiteras Rhombopteryx”. Yo, a pesar de no tener el placer de conocerlo en persona (o en lo que sea), prefiero el nombre más fami­liar y cariñoso de NESSIE.
Nessie nació a la vida pública en mayo de 1933, gracias a una noticia aparecida en un pequeño periódico escocés, el “Inverness Courier”. En ella, un anónimo corresponsal -identificado más tarde como ALEX CAMPBELL, alguacil del lago Ness- relataba cómo el matrimonio MACKAY vio desde su coche algo en la superficie del lago que sólo podía ser causado por un monstruo de gran tamaño. A partir de entonces las apariciones en público del monstruo fueron frecuentes. El propio Alex Campbel afirmó, bastantes años después, haberlo visto en diecisiete ocasiones, en las que Nessie se permitía incluso cambiar de aspecto.
1933 y 1934 fueron años especialmente fructíferos. A finales de este último, nuestro monstruo se tomó un pequeño descanso hasta 1951, año en que parece que se dejó fotogra­fiar (al menos en parte) por LACHLAN STUART. Aunque existían imágenes anteriores. La pri­mera fotografía conocida, que pretende ser del monstruo, fue tomada en 1933 por HUGH GRAY. Y una de las más famosas fue obtenida por un ginecólogo londinense en 1934. En ella se pueden ver un cuello y una cabeza sobre la superficie del agua. Pero esto no fueron más que modestos devaneos. En 1960 Nessie fue el supuesto protagonista de un cortometraje (unos 100 m de película de 16 mm en blanco y negro) filmado por TIM DINSDALE.
Fue por estas fechas —1962 para ser exac­tos— cuando los fans de Nessie se organizaron y formaron su propio club, el Loch Ness Phenomena Investigation Bureau (L.N.I.). A partir de ese momento, la mayor parte de los esfuerzos por localizar al monstruo partie­ron de o fueron canalizados por el L.N.I. Como, por ejemplo, la intensiva vigilancia a que fue sometido el lago entre los años 1962 y 1971. Varias cámaras fotográficas con tele­objetivos, así como cámaras de cine, fueron dispuestas en las orillas para mantener una constante observación del domicilio de Nessie y poder captar cualquier escarceo suyo por la superficie o en tierra firme. Nuestro monstruo volvió a dar muestras de su famosa timidez y no concedió a sus admiradores el placer de ninguna aparición en todo este tiempo. Se comenzó a barajar la posibilidad de algún ori­gen sobrenatural de lo que hasta ahora había sido una evolución extraña o un dinosaurio despistado que no se enteró de la extinción (más adelante comentaremos los diversos aspectos con que se le describe y las diversas hipótesis acerca de su origen). Tim Dinsdale y F.W. HOLIDAY, entre otros, atribuyen en ese momento la falta de resultados a “algo” oculto y demoníaco (1). Incluso el reverendo D. OMAND exorcizó el lago Ness en 1973, repi­tiendo posteriormente la ceremonia para la
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televisión. No sé si por mala suerte o por falta de habilidad, pero el exorcismo tampoco fun­cionó. Parece ser que a Nessie no le impre­sionó demasiado el ritual y se negó a desapa­recer o a mudarse. Al menos hay testigos que afirman haberlo visto en fechas posteriores.
Pero siguió sin dejarse fotografiar para los chicos de la prensa. Ante semejante desplante, sus admiradores optaron por tácticas más agresivas: cámaras submarinas y equipos de sonar, helicópteros, barcos, y hasta algún pequeño sumergible fueron utilizados en la busca y captura del monstruo. De nuevo fuga­ces apariciones. Dos fotografías subacuáticas tomadas por ROBERT RINES. De la primera, hecha en 1972, su autor afirma que corres­ponde a las aletas de Nessie. La segunda es de 1975, y en ella parece que se pueden ver su cara y cuernos (del monstruo, claro está). A estas fotos hay que añadir algunos ecos de sonar, registrados tanto desde tierra como desde embarcaciones. Algunos espectaculares proyectos merecen ser destacados haciendo referencia a este último punto.
En 1987, ADRIAN SHINE dirigió la opera­ción Deepscan (Búsqueda profunda), en la que 24 embarcaciones equipadas con sonar barrieron el fondo del lago Ness de un extremo a otro (traducido a cifras supone aproximadamente un millón de libras de pre­supuesto) (2). De nuevo sin pruebas conclu­yentes. TONY HARMSWORTH, director del Museo del Monstruo del Lago Ness (Loch Ness Monster Exhibition, en Drumnadrochit), encontró una explicación contundente: el fracaso de la búsqueda no sig­nifica nada, “lo que significa es que está dur­miendo”(3). Eso sí, en esta expedición se localizó en el fondo del lago un tronco de árbol terriblemente parecido a la “cabeza con cuernos” fotografiada por Rines en 1975. Probablemente alguna talla de madera de cul­turas primitivas que adoraban al monstruo como terrible divinidad. (Esta hipótesis es mía, por si acaso). Y en 1992 más expedicio­nes, aunque más aburridas. Esta vez se trataba del proyecto Urquhart (la zona más pro­funda del lago es la bahía Urquhart, y en la orilla se elevan las ruinas del castillo del mismo nombre), dirigido por ANTHONY PRESTON. El buque científico “Simrad” rea­lizó un estudio del Mnematod, un gusano microscópico extraordinariamente abundante en las aguas del lago. La expedición sirvió además para obtener un mapa del relieve del fondo. Se comprobó así que la máxima pro­fundidad es 240 m, no los 228 m que midió en 1903 sir JOHN MURRAY con un plomo y una cuerda de piano desde un bote de remos —y que hasta ahora se habían dado por buenos— en la única expedición científica llevada a cabo en el lago antes del proyecto Urquhart.

¿De dónde sale todo esto?
Estamos más que acostumbrados a que nos vendan el lago Ness y sus alrededores como un recóndito paraje alejado del mundanal ruido, y apenas visitado salvo por los estudio­sos del fenómeno “Nessie”. Nada más lejos de la realidad. Desde el siglo pasado, la alta sociedad británica (hablamos, por ejemplo, de la reina VICTORIA, el príncipe ALBERTO, JAMES WATT —el inventor de la máquina de vapor—, DANIEL DEFOE —el novelista—, etc.) utilizaba este lugar para sus vacaciones veraniegas. Así mismo, se viene repitiendo el argumento de que la carretera que discurre alrededor del lago fue construida en 1933, año en que comienzan las primeras noticias de Nessie (al menos las primeras publicadas). Hasta enton­ces los viajeros no podían ver la superficie del lago a no ser que se acercaran a él ex profeso, pues no había carretera. Por eso el aluvión de testimonios comienza en 1933. De nuevo un argumento falaz. Es cierto que en ese año se llevaron a cabo obras en la carretera. Pero esa carretera, al menos el tramo que bordea la ori­lla norte, existía desde finales del siglo XVIII (ha leído bien, pone dieciocho) y, por supuesto, se utilizaba.
Otro de los tópicos obligados al hablar del monstruo del lago Ness son las supuestas referencias que a él se hacen en el folklore y la tradición local. Así, se hace imposible evi­-
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tar la narración del milagro de SAN COLUMBA, que constituye el primer registro escrito de una aparición del monstruo. Esta narración aparece en el libro “Vita Sancti Columbae”, escrito allá por el 565 D.C. por un monje lla­mado ADAMNAN. En ella se relata cómo San Columba, el misionero irlandés que cristia­nizó Escocia, hizo huir con su potente voz a un monstruo que surgió de entre las aguas dis­puesto a devorar a las gentes que por allí andaban. Aquí es donde la mayor parte de los que usan esta referencia para apoyar la exis­tencia del monstruo cometen otro error mas. Adamnan no sitúa la acción en el lago Ness, sino en el río Ness, una corriente de agua más bien estrecha donde a un monstruo del tamaño de un plesiosaurio le resultaría bastante incó­modo desplazarse (y por supuesto vivir). Además, esta narración hay que entenderla en su contexto histórico. Estamos hablando del relato que hace un monje del siglo VI sobre la vida de un santo. No podemos esperar, por lo tanto, que sea crítico ni objetivo. Es más, el propósito del autor sería afianzar la fe reli­giosa del posible lector y ensalzar la vida del santo adornando los supuestos milagros que, por supuesto, no se ponen en duda en ningún momento. En resumidas cuentas, esta historia
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constituye un punto de partida muy poco fia­ble para algo que pretenda ser una investiga­ción medianamente seria.
Y, lamentablemente, la supuesta relación del monstruo con la tradición y el folklore se acaba aquí. Algunos autores, como Tim Dinsdale (4), F. W. Holiday (5), ROY MACKAL (6), entre otros, citan unas cuantas referencias más. Lástima que, o bien olviden mencionar las fuentes de que provienen estas referencias, o bien estas fuentes sean falsas o incorrectas.
De momento nos hemos quedado sin para­jes aislados y apenas visitados donde sea esperable la proliferación de monstruos y otros entes extraños, y nos hemos quedado también sin tradiciones milenarias y antiguas supersticiones que nos hablen de los anteceso­res de Nessie (o del propio Nessie que tiene muchos años pero se conserva muy bien). ¿Qué tenemos entonces? Además de un mon­tón de libros y artículos y un fuerte reclamo para el turismo, contamos con numerosos tes­tigos oculares, unas cuantas fotografías no muy buenas, un pequeño fragmento de pelí­cula y algún eco extraño registrado por los aparatos de sonar. Prosigamos el análisis.
La mayor parte de las supuestas fotografías del monstruo que existen se limitan a difusas manchas sobre una superficie líquida, que en muchos casos ni siquiera se puede identificar con la del lago. Proliferan las “jorobas”, “cue­llos”, y “estelas”, y muchas veces sin elemen­tos de referencia que permitan hacerse idea de su tamaño e incluso de su localización (el lago Ness o un estanque de un parque, por ejemplo). Por otra parte, lo que se supone que son partes de la anatomía del monstruo, con un poco de imaginación pueden ser cualquier cosa, dada la falta de nitidez y la ausencia de detalles que encontramos en las fotografías. No vamos a estudiar una por una todas las fotografías que pretenden ser de Nessie que han sido publica­das. Nos limitaremos únicamente a alguna de las más famosas. De todas formas, se puede encontrar un estudio sistemático y riguroso de todas las supuestas pruebas de la existencia del monstruo en el libro de RONALD BINNS “The Loch Ness Mystery Solved”.
Un caso curioso lo constituye la llamada “fotografía del cirujano”. Esta foto, tomada por un ginecólogo londinense, el Dr. ROBERT WILSON, el 1 de abril de 1934, es una de las más conocidas. En ella se pueden apreciar el cuello y la cabeza del monstruo sobre la superficie del lago. Para empezar, hay que comentar dos detalles. El primero es que el 1 de abril en Gran Bretaña es el “All Fools Day”, el equivalente al Día de los Inocentes en España. El segundo se refiere a quiénes participaron en la elaboración de la foto. Además de Wilson, colaboraron en la filma­ción MARMADUKE WETHERELL, su hijo JAN, su hijastro CHRISTIAN SPURLING, y MAURICE CHAMBERS. Wetherell comenzó a ser conocido por el público británico en 1933 cuando afirmó haber encontrado huellas del monstruo en una de las playas del lago. Un examen pos­terior de las huellas llevado a cabo por perso­nal del Museo de Historia Natural de Londres reveló que habían sido hechas con la pata de un hipopótamo disecado. Hasta aquí se puede albergar una sospecha razonable sobre la autenticidad de la fotografía, alimentada tam­bién por el hecho de que en la imagen no hay ninguna referencia para estimar el tamaño del monstruo, y tampoco aparecen señales de movimiento en el agua. Pero esa sospecha desapareció en marzo de 1994, cuando el dominical londinense “The Sunday Telegraph” (7), publicó unas declaraciones hechas por Christian Spurling poco antes de morir en las que afirmaba haber construido el monstruo” a partir de la idea de una serpiente de mar sobre una base de madera, que fue fotografiada flotando en la superficie del lago y vendida por Wetherell al “Daily Mail” como una exclusiva mundial.
Ya hemos comentado algo sobre las foto­grafías submarinas de Robert Rines en las que se puede imaginar la cabeza con cuernos del monstruo (o un tronco de árbol como el que encontraron en la operación “Deepscan”) y una de sus aletas bastante desenfocada (¿o la de alguno de los submarinistas que participa­ban en la búsqueda?). Por ser la primera, merece una mención la tomada por Hugh Gray en noviembre de 1933, en la que a duras penas se adivinan unas manchas oscuras y algunas perturbaciones sobre la superficie del agua. En mejores condiciones está la imagen obtenida por Lachlan Stuart en 1951. En ella se ve “un monstruo con tres jorobas”, y al fondo la orilla del lago. Curiosamente sólo se aprecian las tres jorobas, no aparece ninguna otra parte del monstruo (cabeza, cola, aletas,
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etc.), y además esas tres jorobas tienen un aspecto terriblemente parecido al de una roca que sobresale del agua a una cierta distancia de la costa.
En julio de 1955 PETER MACNAB consi­guió una fotografía de Nessie de mayor cali­dad artística que las anteriores. En ella un bonito paisaje con la orilla del lago al fondo y la torre del castillo de Urquhart a la derecha, sirve de marco a dos extrañas formas que parecen moverse en e] agua. Comparando su tamaño con el del castillo, este “monstruo” debe medir unos 20 ó 25 metros (algo así como un edificio de ocho plantas). Realmente impresionante. Y lo más impresionante es que nadie más viera ese día a semejante bicho. Roy Mackal (8) apunta otra curiosidad, y es que existen dos versiones de esta fotografía. La versión conocida es una fotografía de la imagen original. De esta manera, las formas que se detectan sobre la superficie aparecen más densas y oscurecidas y ya no se parecen tanto a la interferencia de las ondas produci­das en la superficie por dos embarcaciones que naveguen próximas una de la otra.
Por supuesto hay más fotografías. En algu­nas el monstruo tiene el aspecto de objetos inanimados, como troncos, barriles (que fue­ron arrojados al lago durante las obras que se llevaron a cabo en la carretera en 1933) o rocas. En otras se parece extraordinariamente a alguno de los animales que pueblan la zona: nutrias, ciervos, diversas especies de peces, etc., todos ellos interesantes pero ninguno monstruoso. Muchas de las descripciones de testigos se podrían incluir también en estos dos apartados. Y nos quedaría un tercero que habría que dedicar a apariciones de Nessie en forma de efectos ópticos. Nos ocuparemos de eso más adelante. Ya que estamos hablando del cambiante aspecto de nuestro monstruo, convendrá hacer un repaso de las distintas for­mas y tamaños que se le han atribuido.
Nessie ha sufrido diversas operaciones de cirugía estética desde 1933. Según a quién hagamos caso puede tener al menos ocho apa­riencias diferentes. El comandante RUPERT GOULD, devoto de las serpientes marinas y convencido de su relación con los plesiosau­nos (9), defendía la teoría de que el monstruo era una especie de tritón gigante que llegó al lago, a principios de la década de los 30, a tra­vés del río Ness y quedó allí atrapado. Es decir, era una especie no autóctona y ermitaño a la fuerza, existía sólo un ejemplar. De la misma época, al poco de producirse los pri­meros contactos visuales, data la hipótesis que clasifica a Nessie como un plesiosaurio que ha sobrevivido a la extinción. Lo que ya no está tan claro es si ha sobrevivido porque posee el secreto de la eterna juventud, o bien el lago Ness ha sido escenario de la vida de generaciones de pulcros y hacendosos plesio­saurios que se han encargado de limpiar y hacer desaparecer cualquier rastro de su pre­sencia, incluidos los restos mortales de sus ancestros. Y no hemos hecho más que empe­zar.
En 1961 Tim Dinsdale (al que ya hemos presentado como productor, director y reali­zador de la única película protagonizada por el monstruo), hace su propia descripción de un animal similar al plesiosaurio pero con dos jorobas y la cabeza y las aletas algo más pequeñas. Y de los plesiosaurios, los tritones, y algo que no se sabe muy bien qué es nos vamos a un “usano” (gusano, sin “g”). En 1968 Holiday afirma que se trata de un gusano marino gigante. El vocablo inglés que corres­ponde a gusano es “worm”, pero Holiday pre­fiere hablar de “the great orm” (10). El aspecto de este gusano hiperdesarrollado tiene bastante poco que ver con las tres jorobas (parecidas a rocas) fotografiadas por L. Stuart y con el monstruo descrito y filmado por Dinsdale. Tampoco tiene mucho en común con la foca de cuello largo propuesta por PETER COSTELLO en 1974 (11) resucitando las teorías de OUDEMANS (12).
En 1976 Roy Mackal añade dos disfraces más a la colección de Nessie, que pasa así a ser un serio competidor de MORTADELO. Propone la posibilidad de que se trate de una anguila gigante o de un anfibio gigante con una voluminosa joroba y cabeza pequeña. Y por fin, en 1980 Scorr y Rines nos ofrecen su “Nessiteras Rhombopteryx”, una especie de plesiosaurio con la cabeza y las aletas más pequeñas, la joroba más angulosa (se podría hablar incluso de tres jorobas), y que muestra en su cabeza dos pequeños cuernos similares a los de una especie de ciervo que habita en los alrededores del lago.
Así mismo, la familia del monstruo varía en número de miembros con sorprendente
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facilidad. Desde el Nessie de Gould, solitario y ermitaño por una mala jugada del destino, hasta las dos docenas de Nessies que han pro­puesto algunos zoólogos si hubiera seguido un proceso lógico de reproducción una vez asentado en el lago. Imagino que debe ser un espectáculo impresionante ver a veinticuatro monstruitos, independientemente de qué aspecto tengan, paseando y jugando en la superficie del lago.
Hablando de espectáculos, hay que dedicar al menos un pequeño apartado a la película de Dinsdale. Como ya hemos comentado, se trata de un breve cortometraje en blanco y negro. En él se ve un globo oscuro de difícil identifi­cación que se mueve sobre el lago aproxima­damente a un kilómetro y medio de la orilla. Las imágenes de las orillas no ofrecen duda de que se trata del lago Ness, y parece ser que también es cierto que hay algo moviéndose. Al menos así lo afirma Ronald Binns (13), que descarta la posibilidad de un fraude como explicación.
Las imágenes fueron filmadas en 1960, y fue tal el impacto que causaron, que seis años más tarde expertos de la RAF (concretamente el JARIC, Joint Air Reconnaissance Intelligence Centre) las analizaron. Una de las conclusiones del JARIC fue que, efectiva­mente, sobre la superficie del lago había un objeto en movimiento. Esto fue acogido con gran alborozo por todos los devotos de Nessie que lo consideraron como prueba irrefutable de su existencia. Sin embargo, el informe era más extenso, y contradecía en numerosos pun­tos las declaraciones del propio Dinsdale sobre su descubrimiento.
Dinsdale filmó la película en un intensivo fin de semana en el que apenas tuvo tiempo para descansar. De hecho existen dos filma­ciones, una hecha el primer día y otra el último, cuando ya tenía que regresar a su casa. La “auténtica” es la última, ya que —según su autor— la primera corresponde al remolino que formaban las olas alrededor de un banco oculto de rocas, la confusión —también según el autor— se debió a la situación de observa­ción y a la excitación del momento. Hay que decir que la posición desde la que filmó la segunda película era muy similar, y que el estado de nerviosismo, impaciencia y cansan­cio debía ser igual o mayor que el del primer día. Por otra parte, en la película resulta impo­sible distinguir la forma del objeto que se mueve (¿quizás otro remolino?). Dinsdale afirma que el vio perfectamente el dorso del animal emergiendo del agua gracias a “unos potentes binoculares alemanes usados en espionaje”. Volviendo al informe del JARIC, la potencia de los binoculares no es tanta. Independientemente de su posible uso por parte de los espías alemanes, el aumento de estos prismáticos era de X7, y con ese aumento y a la distancia a la que estaba obser­vando es imposible distinguir el objeto con el tamaño relativo que describe Dinsdale y, por supuesto, apreciar detalles de la anatomía del supuesto animal. Por otra parte, y esto no es más que un detalle, según Dinsdale la imagen del “monstruo” que él vio quedaba enmarcada por la típica sombra. en forma de ocho que aparece en las películas malas cuando alguno de los personajes mira a través de unos pris­máticos. Cualquier lector que haya usado correctamente unos, sabrá que si están bien enfocados, la viñeta que se observa es perfec­tamente circular.
Más datos sobre el informe del JARIC. Dinsdale describió el monstruo como de color marrón rojizo (color en el que no coincide con ningún otro testigo), añadiendo que se sumer­gía y volvía a emerger. El color no se puede apreciar en la película, ya que es en blanco y negro, pero el marrón rojizo no resultaría extraño en una embarcación. Por otra parte,
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en el informe se afirma que, bajo ciertas con­diciones de luz y desde determinados puntos de observación, las refracciones y reflexiones que sufren los rayos de luz hacen que un objeto en la superficie no sea visible, sin tener para ello que sumergirse. En resumidas cuen­tas, el informe deja claro que, si bien se detecta un objeto en movimiento, podría tra­tarse perfectamente por su comportamiento y su velocidad de una embarcación, aunque a partir de la película resulta imposible afir­marlo con certeza. Es decir, ninguna prueba concluyente y únicamente el testimonio de Dinsdale con numerosas incorrecciones y lagunas en la descripción de su observación.
Para terminar ya de hablar de la película, me gustaría comentar un pequeño detalle. En ella se aprecia como, por la carretera de la ori­lla opuesta pasa un camión mientras el “mons­truo” avanza por el lago. Dada su situación, el objeto flotante no identificado está más cerca del camión que de Dinsdale, y no parece inmutarse por el ruido del vehículo que, a buen seguro, tiene que oír, comportamiento extraño si lo comparamos con el descrito por testigos anteriores. Además, ninguna otra per­sona (incluyo en esto también a cualquiera que fuese conduciendo un camión por la orilla del lago) vio al monstruo aquel día.
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La luz, en según que condiciones, se mues­tra terriblemente juguetona como hemos visto. En el lago Ness, además, suelen coinci­dir los factores para que se produzca otro curioso fenómeno: los espejismos. En un día soleado, con la superficie del lago en calma, tiene lugar una inversión térmica en las capas de aire que se encuentran sobre el agua. La capa en contacto con el agua fría está a menor temperatura que las capas superiores calenta­das por el sol. De esta forma, aparecen zonas de distinta densidad en estas capas de aire que provocan fenómenos de refracción, lo que hace que veamos los objetos distorsionados y a un tamaño que no es el real. Si la separación entre las capas de aire a distinta temperatura (y por tanto, de distinta densidad) es muy brusca, pueden producirse reflexiones en la zona de discontinuidad (en la separación entre aire frío y aire caliente), lo que complica y deforma todavía más la imagen resultante.
Más aún. Al tener un medio de mayor den­sidad (aire frío) abajo y otro menos denso (aire caliente) encima, se puede producir en la superficie de discontinuidad un fenómeno de reflexión total. A partir de un determinado ángulo (es decir, desde un determinado punto de vista exterior), los rayos de luz siempre se reflejan en la superficie de separación y no pueden salir del medio menos denso (en este fenómeno se basan las fibras ópticas). Esto supone, como apuntaba el informe del JARIC, que en esas condiciones habrá obje­tos sobre la superficie del lago que, cuando sean observados desde ciertos lugares de la orilla, es decir, bajo el ángulo apropiado, se volverán repentinamente invisibles. Así, a pesar de lo sorprendente y espectacular del fenómeno, no tiene nada de mágico ni sobre­natural que una barca, un tronco de árbol, etc. que se mueva sobre las aguas del lago apa­rezca bajo un aspecto grotesco y desaparezca repentinamente de la visión sin dejar rastro.
Este fenómeno no es inusual, ni su descu­brimiento reciente. En los años 1903 y 1904, antes de que se inventara el monstruo, la Royal Geographical Society llevó a cabo dentro de un estudio más general un análisis de los espejismos en el lago Ness (“Mirages on Loch Ness”, apéndice a “Bathymetrical Survey of Loch Ness”). Más recientemente (1979), en la revista Science, apareció publi­cado un artículo del profesor W. II. LEHN, de la Universidad de Manitoba, titulado “Atmospheric Refraction and Lake Monsters”. En él se insistía sobre lo frecuente de este tipo de espejismos en lagos de aguas frías, y cómo un objeto o animal perfecta­mente conocido podía adquirir un aspecto grotesco y enorme a causa de la refracción de los rayos de luz que nos transmiten su imagen. Curiosamente, la mayor parte de las visiones de Nessie se han producido en condiciones idóneas para observar este fenómeno: con la superficie del lago en calma, en un día sole­ado, y a distancias lejanas, desde alguna pequeña elevación o desde la orilla del lago. Curiosamente también, 1933, que es el año en que mayor número de testigos oculares afir­man haber visto al monstruo, fue uno de los más calurosos que se recuerdan, con lo que es fácil suponer que serían frecuentes las situa­ciones de inversión térmica en las capas atmosféricas sobre la superficie del lago. Además, algunas pautas de comportamiento del monstruo, en las que coinciden varios tes­tigos, resultan sumamente aclaradoras. Nessie tiene una extraordinaria facilidad para apare­cer y desaparecer instantáneamente, sin hacer ruido y sin dejar ningún tipo de rastro en el agua. Como un espejismo.
Hablando de espejismos, nos quedan por comentar los ecos de sonar de supuestas cosas que se mueven . La verdad es que poco hay que decir con certeza de algo que es “cosa” y además “supuesta”. Un sonar detecta ondas sonoras, que él mismo ha enviado, tras rebotar en un objeto. Analizando las caracte­rísticas del sonido que llega rebotado (tiempo que tarda en volver, intensidad, frecuencia, etc.) se puede determinar la forma del objeto y si está en movimiento. Pero a la hora de definir el objeto, de decir si es un banco de peces, burbujas de gas, una corriente de agua a distinta temperatura, o un animal parecido a un plesiosaurio, interviene de una manera decisiva la interpretación que el operador hace de la señal que recibe. Y de un eco de algo que se mueve no podemos decir sino que es un eco de algo que se mueve. De todas for­mas, suelen ser más comunes los bancos de peces y las burbujas que los monstruos.
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Y ya, para terminar...
En resumidas cuentas, ¿hay monstruo o no hay monstruo? Por supuesto, no podemos negar categóricamente su existencia. Pero, a la vista de las pruebas que se han obtenido hasta ahora, afirmar que en el lago Ness habita una criatura de una especie descono­cida y que responde a alguna de las caracte­rísticas con las que se ha descrito a Nessie, tiene la misma validez y el mismo rigor cien­tífico que afirmar que Blancanieves y los Siete Enanitos se reúnen los jueves por la noche en un local de Harlem para jugar unas manos de poker descubierto.
A pesar de que nos duela reconocerlo, el proceso de percepción en el hombre es impre­ciso y tiende a equivocarse con mucha facili­dad. Con lo que sabemos hoy en día sobre cómo funcionan nuestros sentidos y nuestra mente resulta de una candidez extrema aque­llo de “ver para creer”. Como mucho nos podríamos quedar con un “medir para dudar”. Está claro que nuestros sentidos pueden ser perfectamente engañados por fenómenos tan sencillos y tan estudiados como la refracción de la luz o la interferencia de varias ondas. Aparte de todo esto, somos tremendamente influenciables por nuestro estado de ánimo. La mayor parte de las personas que han visto al monstruo querían ver al monstruo, y muchas de estas visiones (creo que es el tér­mino más apropiado) se han producido en estados de excitación nerviosa por parte de los testigos. Por si fuera poco, además de ver mal y no siempre lo mismo, sólo vemos lo que conocemos. Es decir, inmediatamente tende­mos a identificar algo que percibimos con alguna imagen o alguna idea almacenada en nuestra mente. Si hemos oído hablar de mons­truos de cuello largo y con una joroba que habitan en un lago y nunca hemos visto una nutria ni sabemos como nadan, cuando vea­mos a lo lejos un animal que nada asomando la cabeza y mostrando una especie de joroba, pensaremos que se parece al monstruo del lago Ness, porque no sabemos cómo es una nutria. La mayor parte de los testigos que afir­man ver al monstruo no son precisamente bió­logos, naturalistas o gente que conozca el aspecto y las costumbres de la fauna de la región. Tampoco suelen tener conocimientos muy amplios de óptica ni están familiarizados con los curiosos espectáculos que nos brinda la atmósfera en determinadas condiciones.
Por supuesto, no se trata de poner en duda la sinceridad de todos los testigos, cosa que por otra parte sería una estupidez. Pero sí se puede poner en duda, y de hecho es lo que estoy haciendo, su calidad como observadores y la validez de sus interpretaciones. Porque afirmar que una sombra o un bulto extraño es un monstruo es interpretar un fenómeno observado, y para interpretar un fenómeno hay que tener bastante cuidado, más cuando se trata de un fenómeno desconocido para el observador. Recurrir a hipótesis extraordina­rias (monstruos, fuerzas malignas, seres de otros planetas, etc.) para explicar cosas que no nos resultan familiares es una solución muy pobre y sin ninguna utilidad, que nos devuelve a la irracionalidad y al oscuran­tismo, y unos pocos ilusos seguimos empeña­dos en demostrar que el hombre es un ser racional.
Por cierto, si algún lector conoce el número de teléfono de Blancanieves le agra­decería que me lo comunicase de alguna forma para intentar unirme algún día a su timba de poker.

NOTAS:
(1) DINSDALE, TIM. Project Water llorse: The True Story of the Monster Quest at Loch Ness. London: Routledge & Kegan Paul, 1975. Según Dinsdale, en algunas zonas del lago se percibían vibraciones demoníacas.
HOLIDAY, F. W. The Great Orm of Loch Ness. London: Faber, 1968. El autor afirma haber esta­blecido contacto psíquico con el monstruo en 1962.
(2) M. DE RITuERT0, RICARDO. “La Inextinguible sombra de Nessie”. El País, 12 de octubre de 1987.
(3) Id.
(4) DINSDALE, TIM. Loch Ness Monster. London: Routledge & Kegan Paul, 1961.
(5) HOLIDAY, F. W.Op. cit.
(6) MACKAL, Roy P. The Monsters of Loch Ness. London: Macdonald and Janes, 1976.
(7) En España la noticia fue difundida por la afen­cia EFE el 13 de marzo de 1994.
(8) MACKAL, Roy P. Op. cit.
(9) GOULD, R. T. The Case for the Sea-Serpent. Citado en BINN5, RONALD. The Loch Ness Mystery
Solved. Buffalo: Prometheus Books, 1984.
(10) HOLIDAY, F. W. Op. cit.
(11) COSTELLO, PETER. In Search of Lake Monsters. London: Garnstone Press, 1974.
(12) OUDEMANS, A. C. The Loch Ness Animal.
Leyden: E. J. Brill, 1934.
(13) BINN5, RONALD. Op. cit.
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MICROBIOLOGIA HOMEOPÁTICA

EL EXTRAÑO CASO DEL “OSCILOCOCO” FANTASMA

VICTOR J . SANZ LARRÍNAGA
Introducción:
Hay cosas que deben decirse de golpe, sin previo aviso: El Oscillococcinum es una diso­lución infinitesimal constituida por autolisado filtrado de corazón e hígado de Anas Barbariae (pato de Barbaria, para los amigos) con excipiente de sacarosa y lactosa.
Tras esta fórmula casi cabalística, que ire­mos desbrozando, se esconde un preparado homeopático (cercano al foie gras, a juzgar por su composición) que está indicado, según el laboratorio que lo elabora (el inevitable Boiron), para combatir la gripe y los “estados gripales”, ya sea como preventivo o como curativo, variando la posología según el caso. Estas aplicaciones terapéuticas vienen avala­das, desde hace tiempo, por un estudio a doble ciego realizado durante la epidemia de gripe en el invierno de 1986-87 por dos médicos grenobleses. El análisis global de los resultados, tras 48 horas, dio un 10,3% de curaciones en el grupo placebo, contra un 17,1% en el grupo tratado con oscilococcinum. De ese estudio hablaremos más detenidamente en párrafos posteriores.
La revista Mundo Científico (La Recher­che), nº 131, enero de 1993, publicó la noticia como si se tratara de un hecho importante en el ámbito médico-científico. Este tipo de publicaciones que mezclan artículos de divul­gación científica con otros de marcado carác­ter pseudocientífico son las auténticamente peligrosas: nos dan gato (pseudocientífico) por liebre (científica), confundiendo, además, espíritu libre o sin prejuicios, propio de todo científico racional, con estupidez recalci­trante. Mundo Científico, recordemos, es un firme defensor de la Homeopatía y otras pseu­domedicinas. Veamos qué defiende esta vez, y si muestra algún argumento sólido. Para ello, me baso, casi al pie de la letra, en un artí­culo de AFIS: Oscillococcinum. Le joli grand canard, n0 202, marzo-abril 1993, en donde se da debida cuenta de esta nueva patraña home­opática.

Origen del oscillococcinum: el oscilococo fantasma.

El descubridor de esta maravillosa pócima fue JOSEPH ROY (1891-1878). Ejerció como médico militar durante la Primera Guerra Mundial. Asiste, entonces, a la terrible epide­mia de gripe de 1917 y cree descubrir en la sangre de las víctimas un microbio consti­tuido por dos granos (cocos) desiguales y ani­mado de un rápido movimiento vibratorio, de ahí el nombre que le da: oscilococo (osciloco­que). Además, el microbio de marras es poli­morfo, ya que se puede encoger hasta llegar a ser un virus en los límites de la visibilidad (con los instrumentos de la época). Pero cuando envejece se agranda, llegando a apare­cer un tercer e incluso un cuarto grano (coco). Características todas ellas muy interesantes
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para un microbio que...¡no existe! Se trata de la versión microbiológica de los canales y oasis marcianos de PERC VAL LOWELL.
Pero esto último es un pequeño detalle que no arredra a un homeópata que se precie. Y así, el oscilococo no es sólo el microbio de la gripe, pues Roy lo detecta también —agárrense donde puedan— en la sangre y en los tumores cancerosos, en los chancros sifilíticos, en el pus de los blenorrágicos, en los pulmones de los tuberculosos, en los enfermos que padecen eccema, herpes, reumatismo crónico, e incluso sujetos aquejados de infecciones agu­das, tales como paperas, varicela y rubéola. ¡Otro buen récord para un germen que brilla por su ausencia! Pero estas divagaciones gra­tuitas de Roy les vinieron de perlas a aquellos que por entonces rechazaban las teorías de PASTEUR, según las cuales las enfermedades infecciosas son debidas a gérmenes específi­cos. A este animado coro de extravagantes personajes se unen los homeópatas, para quie­nes las enfermedades no se caracterizan y dis­tribuyen según sus causas, sino sólo según sus síntomas. Las causas, aclaremos, tienen poco interés para los homeópatas, puesto que ellas no intervienen en la elección de una terapéu­tica.
Ya sólo le queda a Roy poner en práctica las técnicas homeopáticas, es decir, poner a punto un tratamiento “eficaz” en las enferme­dades en las que el propio descubridor cree detectar la presencia masiva de oscilococos, principalmente del cáncer. Y siguiendo el dogma hahnemanniano, este tratamiento deberá partir del oscilococo mismo. Ahora bien, dado que el oscilococo se encuentra en casi todas las partes del organismo (o sea, en ninguna), ¿cuál de ellas elegir para fabricar el remedio homeopático anticanceroso?
Aquí se plantea un misterio aún no resuelto. En efecto, Roy decide obtener su bien amado oscilococo en el hígado y el cora­zón de los patos de Barbaria. Mas en ninguno de sus escritos da razón de esta decisión. ¿Se trataría de una nueva revelación divina tan fre­cuente en Homeopatía? Para algunos (según NICOLE CURE, historiador de los trabajos de Roy), se debe a que el pato es uno de las reservas naturales del virus gripal (pero hay que tener en cuenta que los trabajos que corroboran esto datan de 1974, o sea, medio siglo después de los de Roy, por lo que esta suposición es inaceptable). Para otros, los oscilococos del pato habrían sido elegidos por su analogía con los bacilos tuberculosos de otras especies de aves, que no son peligrosas para la especie humana. Sin embargo, las verdaderas explicaciones para esta elección son de carácter netamente mágico, como veremos a continuación

Preparación del Oscillococcinum
Tenemos ya el origen del nuevo remedio bautizado como oscillococcinum, que sería oscilococo latinizado, pues es de sobra conocido que los productos homeopáticos son más eficaces con sus nombres en latín Consignemos ahora el modo de preparación siguiendo las sabias directrices dadas por propio Joseph Roy en 1925.
En un recipiente de un litro se pone, “en condiciones rigurosas de asepsia” una mezcla de jugo pancreático y de suero glucosado A continuación se decapita un pato de Barbaria (lo que no deja de ser una “barbaridad” que yo me limito a constatar) del cual se extrae el hígado y el corazón. Pregunta (que ya nos hacíamos anteriormente): ¿por qué en otros órganos? Respuesta:
-Respecto al corazón, podemos suponer que él es en la tradición cultural occidental el centro de la vida, y, además, él es el que hace circular la sangre en la cual se encuentra profusamente los oscilococos.
-Respecto al hígado, el propio Roy nos ha dejado un comentario muy revelador sobre su arcaica forma de pensar: “... los antiguos veían en el hígado un lugar de sufrimiento más importante que el corazón; sentimiento profundamente justo; es a nivel del hígado en donde se realiza la modificación patológica de la sangre, es allí donde la cualidad de a1 energía de nuestro músculo sanguíneo se transforma de una manera duradera, una veces leve, otras grave”.
Dichas estas doctas palabras, sigamos con la formulación del potingue. Para lo cual añadimos a la mezcla ya preparada, entre 35 y 37 gramos de hígado y 15 gramos de corazón de los susodichos patos. A continuación ponemos todo ello en “incubación” durante 40 días, pasados los cuales, las vísceras del pato son “autolisadas”, es decir, los tejidos se descomponen ellos mismos sin contaminación de origen externo. El autolisado filtrado consti-
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tuye el origen a partir del cual se prepara el remedio, a saber: la 200 dilución korsako­viana, que equivale, aproximadamente, a la séptima dilución centesimal (7 CH). He ahí el oscillococcinum expendido en nuestras far­macias. Es ahora cuando comprendemos el alcance y valor del insigne descubrimiento anunciado con escueto rigor por Mundo Científico, así como otros compañeros de viaje (homeopático) que después nombraremos.

Indicaciones y justificaciones del oscillococcinum
En el oscillococcinum, Roy había visto un remedio contra el cáncer y contra la gripe, e incluso —como vimos— para muchos otros pro­cesos patológicos que forman parte del con­junto que Hahnemann había dado el nombre de psora (sarna). Sin embargo, el oscillococ­cinum expendido en las farmacias ha abando­nado todas estas indicaciones (las que no inte­resan por su clara exageración fraudulenta) reteniendo sólo las de la “gripe” y los “esta­dos gripales”; en ambos casos el éxito está asegurado por cualquiera de estos mecanis­mos:

1.- Efecto placebo.
2.- Curación espontánea, que es lo propio —la mayoría de las veces— en estos procesos.
3.- Evitando tratamientos intempestivos y perjudiciales con antibióticos (que nada hacen contra los virus) y anti-inflamato­rios.

Debemos hacer aquí un inciso importante. El oscillococcinum es un remedio homeopá­tico curioso, ya que no ha sido sometido a la experimentación patogenética”, fundada, como sabemos, en la ley de similitud o analo­gía, que es la base de la Homeopatía. Dicho en otras palabras, el oscillococcinum no se ha administrado a sujetos sanos para verificar que él provocaba en estos últimos los mismos síntomas de la gripe. La creencia en su efica­cia reposa únicamente sobre la tradición. Ahora bien, este proceder tradicional no es raro en Homeopatía, puesto que los “experi­mentos patogenéticos” (según la jerga habi­tual de los homeópatas) causarían risa en cualquier revista medianamente seria, al mar­gen de las implicaciones éticas que ello con­llevaría (pues en el fondo se trata de producir “enfermedades” en el hombre sano, tal y como mandan los cánones homeopáticos). ¿Se
imagina alguien un ensayo clínico consistente en administrar penicilina a un sujeto sano, en dosis progresivamente crecientes, ¡hasta pro­ducirle una neumonía o una gonococia!? Para evitar ridículos de esta clase es por lo que los resultados obtenidos con las sustancias home­opáticas se toman tradicionalmente de la lla­mada Materia Médica Homeopática, que es el tratado que recoge los remedios utilizados en Homeopatía, indicando su origen, modo de obtención y síntomas originados durante la experimentación patogenética (son los sínto­mas patogenéticos) a los cuales se añaden los observados en Toxicología (síntomas tóxicos) y en la práctica clínica (síntomas que se han observado, en repetidas ocasiones, que se curan con un remedio dado durante la práctica clínica habitual).
El truco actual consiste, entonces, en hacer un ensayo clínico (éste, ya sí, siguiendo la metodología científica estándar) con los resultados anteriores procedentes, como acabo de decir, de la tradición, es decir, de las locuras como la de Roy, cuyo compendio es la mencionada Materia Médica Homeopática (o Guinness de locuras homeopáticas). Si el ensayo resulta dudoso o ligeramente positivo (debido a algún defecto, pues no olvidemos que un ensayo clínico no es sino un estudio de correlación estadística fácilmente amañable), el éxito está casi asegurado (gracias a la pro­paganda, revistas sensacionalistas, etc.), el círculo se cierra y el engaño es perfecto (fal­samente avalado por la mismísima Ciencia).
Un buen ejemplo de estudio defectuoso que sirve de coartada o tapadera científica a las pretensiones homeopáticas es el que comentábamos al principio del artículo. Vamos, pues, a analizarlo más detenidamente y ver así cómo se fabrica un éxito homeopá­tico. El ensayo se realizó con 487 pacientes tratados a domicilio por 149 médicos de cabe­cera durante la epidermis de gripe acaecida en el invierno de 1986-87 en la región de Rhóne­Alpes. El protocolo es aparentemente rigu­roso; enfermos repartidos en dos grupos de forma aleatoria, uno de los cuales recibe el oscillococcinum y el otro un placebo (sustan­cia falsa imitando al medicamento), todo ello utilizando el procedimiento de doble ciego (ni
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el médico ni el paciente saben si el envase contiene el preparado homeopático o el pla­cebo). Después de 48 horas de tratamiento se evaluaron los datos y el resultado fue de un 10,3% de curaciones en el grupo placebo, frente a un 17% en el grupo tratado con osci­llococcinum, tal y como adelantábamos al principio del artículo. Para los autores del ensayo el resultado es estadísticamente signi­ficativo a favor del tratamiento homeopático. Ahora bien, como nos recuerda J.J. AULAS, para que la diferencia observada se pueda aso­ciar rigurosamente a la acción del producto medicamentoso y no al azar en una distribu­ción de los pacientes entre los dos grupos, habría que tener la certeza de que los dos gru­pos eran de partida estrictamente compara­bles, sobre todo en lo que se refiere al germen causante, puesto que de él van a depender la intensidad, la duración del cuadro clínico y la curación del mismo.
Todo el mundo sabe —nos dice MICHEL R0UZÉ a propósito de este caso— que habitual­mente las fronteras de la gripe están muy mal definidas. “Tengo gripe”, afirma mucha gente cuando sólo tiene un catarro y dolor de cabeza. Es por eso que los propios médicos prefieren hablar de “estado gripal” (o “pro­ceso gripal”, o “síndrome gripal”, etc.), tér­mino que compromete poco el diagnóstico, y que es, precisamente, el que aparece en los anuncios publicitarios del oscillococcinum que adornan los escaparates de las farmacias. En el ensayo realizado en la región de Rhöne­-Alpes, los griposos se definían por tener una temperatura rectal igual o superior a 38º C, y por lo menos dos de los siguientes síntomas: dolores de cabeza, rigidez, dolores lumbares y articulares y escalofríos. Sin embargo, esto no es suficiente para postular que los pacientes estaban afectados por la misma enfermedad (por el mismo virus productor, pues de él depende, repetimos, la intensidad y curación de los síntomas) y, por tanto, que los dos gru­pos formados por distribución aleatoria fueran estrictamente comparables. En efecto, prosi­gue J.J. Aulas, durante una epidemia califi­cada “de gripe”, tal como se definía en el ensayo, pueden ser varios los virus responsa­bles, cada uno con un poder patógeno dife­rente y con la capacidad de provocar estados febriles más o menos largos (variables). Ahora bien, durante esta experiencia no se realizó ninguna investigación sobre los virus (estudios virológicos) causantes de los sínto­mas gripales observados en los diferentes pacientes. En consecuencia, no es riguroso afirmar que la diferencia constatada entre ambos grupos (17,1% para uno y 10,3% para otro) deba ser atribuida a los diferentes trata­mientos (oscillococcinum y placebo, respecti­vamente) dado que puede provenir de una dis­tribución diferente de los virus patógenos en el seno de los dos grupos.

Reflexión
Al llegar a este punto, quizás alguna mente inquisitiva se pregunte lo evidente: ¿Por qué utilizar tanto oscilococo. hígado y corazón de pato, y no bacterias y virus (de la gripe, del SIDA, etc.) que son los responsables de las enfermedades aludidas, y que, además, sabe­mos con certeza que administrados de deter­minada forma (vacunas) son capaces de esti­mular el sistema inmunológico (defensas específicas)? La razón es, precisamente, el fundamento mismo de las Pseudomedicinas. El tema es muy interesante pero desgraciada­mente tendremos que ser muy breves y por vía ejemplo.
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Para la Homeopatía y demás Pseudome­dicinas, las causas de las enfermedades no son las mismas que las que investiga y descubre la Medicina Científica, a lo más, sólo participan como coadyudantes, sólo son comparsas en la producción de las enfermedades. Incluso, en el colmo de la desfachatez, llegan a afirmar que ellas son las únicas que tratan causalmente las enfermedades, mientras que la Medicina Científica sólo trata los síntomas (además de ser agresiva, antinatural, etc.). Pero esto es como si en Física, en vez de explicar los movimientos planetarios por la fuerza gravitatoria (y sus correspondientes leyes), los explicáramos por causas diferentes que nadie ha podido mostrar, por ejemplo, por “fuerzas angélicas”, y en torno a ellas, inven­tásemos una “física alternativa”, de la cual la Física (científica) sería una especie de apén­dice (Nadie piense que esta tontería que acabo de decir está muy lejos del pensamiento de algunas personas, ya que la Astrología se aproxima mucho a la “física angélica”, y los creyentes en ella son multitud).
Pues bien, si las Pseudomedicinas utiliza­ran preparados a base de virus de la gripe o de la polio, estaríamos nuevamente ante la mal llamada “medicina oficial”, es decir, ante la Microbiología y la Farmacología (por citar dos especialidades relacionadas con el caso) y, en consecuencia, los homeópatas y demás fraudulentos no aportarían ni ofrecerían nada original respecto a la Medicina Científica. Las Pseudomedicinas necesitan entonces desmar­carse, diferenciarse en algo, y, para ello, sacan a colación los supuestos métodos y conocimientos “nuevos”, “alternativos” o “complementarios” (“angélicos”, como en el ejemplo de la Física), para así, respectiva­mente, crear una medicina “nueva”, “alterna­tiva” o “complementaria” (“angélica”, siguiendo con el ejemplo físico) con sus correspondientes médicos (pseudoespecialis­tas) “nuevos”, “alternativos” o “complemen­tarios” (“angélicos”). Pero, —y aquí está otra de las claves del asunto—, a la vez que se des­marcan, no lo hacen totalmente, para lo cual guardan analogías y utilizan datos de la medicina oficial” que les sirve de coartada y escudo a sus elucubraciones, o sea, para hacerla creíble y entendible. El ejemplo más claro, en el caso de la Homeopatía, lo tenemos en las vacunas: los homeópatas siempre dicen que su modo de curar es como el de las vacu­nas (a esto se llama en Lógica sofisma por falsa analogía) y así hablan de “inmunización homeopática” o disparates por el estilo. Con ello logran engañar a los incautos, médicos incluidos. Pero esta es otra guerra de la que ya tendré ocasión de tratar. Sigamos, pues, con la cuestión que ahora nos ocupa.

Nuevos adeptos a la causa
Posteriormente a la noticia de Mundo Científico que estamos criticando, otras revis­tas (Tu salud, nº 34, septiembre de 1995, y Quo nº 3, diciembre de 1995) se han hecho eco de las bondades del oscillococcinum, pero incluso con menos rigor y más descaro.
A este respecto, el lector debe saber que la bibliografía que habitualmente maneja el médico científico sobre la gripe (a diferencia de las revistas mencionadas) no da noticia de sustancia antivírica alguna que sea capaz de curarla (al menos por ahora). Lo más que actualmente se ha logrado es aliviarla o pre­venirla, y siempre con resultados muy limita­dos. Tal es el caso de sustancias como la amantadina y sus derivados, o la vacunación específica estacional. Esta última con resulta­dos muy desiguales, debido al hecho de que el virus gripal se caracteriza por su rápida y per­tinaz mutación, lo que le hace sumamente escurridizo a la acción de las vacunas. Pero estos “detalles” de la “medicina oficial” no son impedimento para el oscillococcinum, que tras “equilibrar la fuerza vital del orga­nismo produce una inmunización homeopá­tica que acaba con el pernicioso virus sin importar mutación que sufra o cepa a la que pertenezca’. Lo curioso de la sandez que acabo de decir (en el entrecomillado) es que hay médicos formados científicamente que se la creen, lo que pone en duda el sistema edu­cativo universitario y la integridad neocortical de algunas personas.
Si, por otra parte, fuera cierta la efectivi­dad antivírica que se le atribuye al oscillococ­cinum, no sólo los laboratorios homeopáti­cos, sino el resto de la industria farmacéutica
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se hubiera hecho cargo de esa maravillosa sustancia para comercializarla y, así, ganar suculentos dividendos (el capital no hace ascos ni a la Homeopatía ni a cualquiera otra de las Pseudomedicinas si ellas reportan los suficientes beneficios). Y no digamos nada del Ministerio de Sanidad, de la Seguridad Social y de las empresas que anualmente tie­nen que soportar ingentes gastos (en horas de trabajo perdidas, vacunas administradas y medicación sintomática utilizada) por culpa del virus gripal. A buen seguro que harían campañas para la utilización del oscillococci­num. Nos encontraríamos, en suma, ante un “boom” sin precedentes en la Medicina de nuestro tiempo. ¿No parece extraño que algo tan importante pase desapercibido a las enti­dades señaladas anteriormente y, lo que es peor, que al pobre y griposo autor de estas líneas no le produzca efecto cuando lo utiliza?

Conclusión
En estas últimas líneas quiero que el lec­tor, si ha tenido el valor de llegar hasta aquí, observe cómo a lo largo del artículo he inten­tado hacer ver que, lo que en un principio era la causa de multitud de enfermedades y fundamento de su tratamiento homeopático, el oscilococo, termina por desaparecer (recor­dar lo subrayado en el apartado 2), quedando sólo, y por elección puramente mágica, el hígado y el corazón del desdichado pato como base del tratamiento homeopático, pero con­servando el nombre del germen inexistente. Posteriormente, la ciega tradición se encarga de que esa idea descabellada se torne en un hecho bien establecido o, como poco, en una hipótesis con buen fundamento racional y empírico. Mayor falta de rigor e incongruen­cia no se puede cometer, pero, paradójica­mente, los pseudomédicos engañan y viven de esa y otras muchas incongruencias. No con­tentos con todo esto pasan a la segunda parte del método fraudulento: aducir, como justifi­cación del falso hecho o de la pseudohipóte­sis, un ensayo clínico defectuoso, que, por no cumplir, no cumple siquiera las propias leyes de la Homeopatía. ¿Hay quien dé más?
Es evidente que los que divulgan este tipo de cosas, como si de un importante hallazgo científico se tratara, merecen el nombre de delincuentes culturales. Máxime si utilizan a la Ciencia como tapadera para propagar sus embustes. Pero claro, si no fuera así ¿quién les creería?

SKEPTICS SOCIETY
El papel del escepticismo en la cultura actual; las
diferencias entre ciencia y pseudociencia; el uso y
abuso de la teoría y la estadística en las
pseudociencias; las limitaciones de la ciencia
y la tec­nología; fraudes científicos;
la vida después de la muerte y la búsqueda
de la inmortalidad...

SKEPTIC
2761 N. Marengo Ave.
Altadena, CA 91001
USA

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La Alternativa Racional
LA ENSEÑANZA Y LOS ESCÉPTICOS
Rafael Díaz Novillo
Una de las etapas en las que los seres humanos parecen más proclives a aceptar planteamientos irracionales y acientíficos es durante el periodo que la psicología conoce como adolescencia1, sin que con ello se pre­tenda sostener aquí que el hecho de ser un adolescente determina al individuo a la hora de su actitud ante lo paranormal. Hay que tener en cuenta tanto los escasos conocimien­tos científicos, como la profusión de publica­ciones paranormales a ellos destinadas y la lógica rebeldía de los adolescentes que les lleva a buscar como señales de autoafirmación lo que pueda parecer distinto e incluso sub­versivo2. La creencia en lo irracional suele formar parte, a veces incluso en individuos inteligentes, de una forma de diferenciación con respecto a otros compañeros, la familia y también sus profesores, en la ilusión de poseer unos conocimientos al margen de lo oficial, estamento en que se ha movido el individuo hasta este momento y del que intenta salir. Todo esto se combina con una frecuente actitud vanidosa que dificulta a menudo el debate de las ideas o de los con­ceptos creídos, ya que esto supone rebajarse y, en su estado de desarrollo mental y social, esto es inconcebible, máxime cuando el debate se produce en el seno de un aula, ante la mirada interesada del resto de compañeros. Del resultado de la confrontación dialéctica entre alumna o alumnas3 y profesorado depende en mucho el prestigio o el status social en el entorno del grupo de amigos del alumno en cuestión.
A la hora de explicar en la medida de lo posible la situación ante la que profesores escépticos nos encontramos podríamos argu­mentar de modo ordenado en aras de la mayor comprensión lo que sigue.

1. De la actitud del alumnado
El alumnado carece del más mínimo o ele­mental conocimiento sobre la ciencia. No es que desconozca leyes, teorías y demás, sino que incluso ignora lo que es la ciencia y qué diferencia a lo científico de lo acientífico.
Por ello no es de extrañar que sean muy populares entre los alumnos pseudociencias tales como la astrología, ufología, parapsico­logía... Si les preguntas sobre sus conocimien­tos acerca de esas mismas materias manifies­tan un general desconocimiento, siendo qui­zás lo más grave la circunstancia de que no sólo lo admiten sino de que se ufanan de ello. Si les comentas que la mayoría de sus creen­cias carecen de un fundamento científico mínimo suelen responder con aquello tan socorrido de que la ciencia no lo sabe todo4.
No saben diferenciar entre fuentes serias y las que no lo son. Por lo general, toda noticia aparecida en las televisiones, revistas, y radios es creída sin apenas efectuar un análi­sis crítico de la misma.
Otro ejemplo muy extendido es el de los alumnos que presentan como demostración de la realidad de los fenómenos paranormales a la policía, ya que ¿por qué la policía utiliza a menudo los servicios de los videntes para esclarecer determinados casos? Sin comenta­rios.
La familia constituye también un buen difusor de las creencias en lo paranormal. Aunque suene a cuento infantil, no es insólito el caso de adolescentes que relatan determina­das historias familiares, a menudo no vividas por ellos mismos, sino narradas por otros parientes, que les hacen defender la existencia.
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de fantasmas, espíritus, etc. La influencia que la familia ejerce en el individuo como factor decisivo de la socialización primaria a la hora de inculcar una serie de valores y creencias es innegable y casi se podría apuntar que deci­siva.
Otro hecho muy frecuente es el de las prácticas espiritistas en torno a la popular ouija. Se puede afirmar que una buena parte del alumnado de enseñanza secundaria prac­tica o ha practicado esta modalidad de lo para-normal. Una característica que suelen presen­tar estos individuos es que por lo general sue­len ser católicos, y a menudo muy fervientes5. Muchos de ellos afirman haber establecido contacto con espíritus e incluso haber visto fenómenos extraños6 durante la realización de las sesiones de espiritismo.

2. De la actitud del profesorado

Desde el punto de vista escéptico no se puede sino criticar la postura que muchos de mis compañeros adoptan ante la evidencia del desconocimiento sobre la ciencia del alum­nado. Quizás lo peor no es que ellos también crean en determinadas pseudociencias, sino que no se preocupan lo más mínimo de que sus alumnos conozcan realmente lo que dife­rencia el conocimiento científico del no cien­tífico. Esta disposición resulta aún más cho­cante si tenemos en cuenta que incluso profe­sores que debían estar más preocupados por el tema como los físicos, biólogos, etc. también suelen unirse al coro de los crédulos o de los indiferentes7.
Que un profesor de Geografía e Historia, literatura, inglés, y demás humanidades pre­sente esta actitud es, cuanto menos, normal, porque en principio el mismo carácter de ciencia de estas disciplinas es cuestionable; pero que los físicos caigan en lo mismo es de chiste, cuya gracia se incrementa cuando resulta que suele ser el autor del presente artí­culo, profesor de historia, el que tiene que batirse e) cobre ante e) alumnado en las clases defendiendo lo científico y el que hace hinca­pié ante los físicos para que hablen aunque sólo sea alguna vez a sus alumnos de estos temas.
En los planteamientos de la actual reforma educativa (LOGSE) existen como unos de los objetivos generales, tanto de la ESO (Enseñanza Secundaría Obligatoria) como del nuevo Bachillerato, el conocimiento de los elementos fundamentales de la investigación y el método científico8, así como el análisis crítico de las fuentes de información con el objeto de pasar de una interpretación parcial o excesivamente subjetiva de la realidad a otra mucho más global, rica y holística9. Hay que hacer hincapié en que se da más importancia al aspecto del conocimiento de la metodología científica y el análisis de las fuentes de infor­mación que al propio conocimiento de los principios del conocimiento científico.
A priori al autor de estas líneas le parece positivo, como en general el espíritu (con per­dón) que anima a la Reforma educativa. El problema se inicia cuando se pretende aplicar la misma a la realidad. La LOGSE es una Ley ideada por pedagogos generalmente alejados de la realidad de las aulas, y su aplicación es bastante compleja.
Ante ello, una preocupación del que esto suscribe estriba en dudar si se van a aplicar realmente los principios de la Reforma expuestos más arriba o por contra todo va a quedar en una mera declaración de intencio­nes meramente formal

3. De lo que se puede hacer

Lo cierto es que para el que esto escribe la situación es de todo menos aburrida. A priori se plantean, al menos, dos opciones: manifes­tarte ortodoxo en cuanto la defensa de la cien­cia o sumarte a la indiferencia generalizada.
La primera de las alternativas, si bien puede parecer la más normal para un escép­tico, no es demasiado aconsejable pues pue­des granjearte la animadversión del alumnado y la antipatía del profesorado con el cual, a fin y al cabo, tienes que convivir durante todo el curso académico, siendo además de compañeros, amigos.
La segunda alternativa, a su vez, tampoco es aceptable, máxime cuando uno es socio de ARP, lo cual imprime carácter y proporciona un cierto pedigrí.
Ante ello se puede optar por una postura intermedia con el objeto de congeniar ambas alternativas sin buscarte excesivos problemas
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y sin faltar a una serie de principios persona­les.
Por mi parte sólo puedo mostrar la actitud, desconozco si certera o no, que voy adop­tando:
En primer lugar el humor. No hay menos atractivo para un adolescente que alguien frío, rígido, que les hable en un lenguaje que ellos no comprenden, y, sobre todo, que les aburra. Ante ello hay que intentar reírse de los supuestos fenómenos paranormales que aduz­can, haciéndoles ver las contradicciones y la credulidad y falta de formación de los autores de las noticias, siempre de modo educado pero no exento de dureza para con determina­das fuentes.
En segundo lugar no intentar convencer­les a toda costa de las posturas escépticas10. Se trata más bien de presentar un discurso ordenado y coherente que parezca plausible al individuo y que le proporcione bibliografía adecuada sobre los temas ante los que mani­fieste interés.
En tercer lugar resignarse a no pasar inadvertido entre el alumnado. Para unos serás muy bueno o muy malo pero nunca uno más entre tantos. He de advertir que califica­tivos tales como materialista, ateo, egoísta etc., son de lo más frecuente, aunque también existe un reducido grupo de alumnos que se manifiesta en desacuerdo con ellos.
El resultado es, en general, positivo, pues si bien no faltan los sofocones11 tampoco es raro que determinadas personas, tanto alum­nos como profesores, te soliciten información añadida sobre estos temas.

4. Y una propuesta

Es en esta parte donde quizás sería posi­tivo que toda la comunidad conformada alre­dedor de ARP, y especialmente aquéllos que cumplan funciones docentes, intercambiase experiencias, puntos de vista, opiniones y material con el fin de lograr en la medida de nuestras posibilidades presentar las opciones escépticas ante el alumnado, para que al menos escuche una opinión razonable y dis­tinta ante la multitud de informaciones que recogen asuntos supuestamente fuera del con­trol y del conocimiento de la ciencia. Un buen momento para hacer uso de este material o de las diferentes informaciones o colaboraciones es durante las ya habituales semanas cultura­les que casi todos los centros suelen organizar una vez durante el curso académico.

NOTAS
1.-Sobre estos temas véanse, entre otras, las obras de Coleman, J.C.: Psicología de la adoles­cencia; y Piaget, J., Inhelder, B.: Psicología del niño, publicadas en Madrid por Ediciones Morata en 1985
2.-Las famosas teorías de las conspiraciones tan frecuentemente expuestas por esos curiosos elementos pseudocientíficos como J.J. Benítez, suelen tener entre los adolescentes un público muy fácil.
3.-Hablo de alumnas y no de alumnos no por un criterio cualitativo, sino por uno cuantitativo. La proporción de mujeres en las aulas es, a veces, de 7 a 1. Al parecer hay que ir acostumbrándose a hablar en femenino. La polémica entre si hay que utilizar el masculino o el femenino, que incluso aquí ha provocado algún artículo, me parece esté­ril.
4.-Lo cual es una verdad a medias, ya que si bien la ciencia no lo sabe todo tampoco es menos cierto que sí sabe más que todos nosotros, o al menos sí más que unos alumnos e incluso sus pro­fesores. Es un ejemplo más de lo que ya denominé en otro artículo la paranoia subjetivista (LAR número 33).
5.-A pesar de la condena eclesiástica hacia la práctica por parte de católicos de estas actividades, es muy conocido el caso omiso que los mismos hacen de esta condena.
6.-Lo que ellos denominan poltergeist. ¿A que no adivinan quién es uno de sus directores de cine preferidos?.
7.-Generalmente basándose en la tan traída y llevada mecánica cuántica.
8.-En concreto, la Ley Orgánica 1/1990 lo esta­blece en su artículo 26 en relación al Bachillerato
9.-Bloque de contenidos procedimentales, en lo que se refiere al tratamiento de la información y la explicación multicausal (Real Decreto 1345/1991, por el que se establece el currículo de la ESO).
10.-Como suele decirse no pretendo que me creáis, sólo que me escuchéis.
11.-Por lo común con integristas religiosos de signo católico, defensores a ultranza de los cultos marianos o de los videntes en contacto con la divi­nidad.
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ADIOS A UN VIEJO CAZADOR SOLITARIO

Mario Bohoslavsky, periodista científico y miembro de ARP, falleció en Cataluña
el 1 de diciembre de 1995
«Soy un viejo ‘cazador solitario’ en la noble cruzada de combatir la estupidez y la supers­tición, y no tengo otro mérito que no haber aflojado nunca —quizá sea más humilde decir ‘casi nunca’— a las presiones, y muy fuertes, que se ejercen en mi profesión de periodista para vender más ejemplares halagando las creencias lamentablemente mayoritarias en materia de ovnis, parapsicología y otras minas inagotables de charlatanería». Así se definía hace nueve años MARIO BOHOSLAVSKY, en aquella época redactor-jefe de la revista Algo, en una carta en la que mostraba su entu­siasmo por la existencia de ARP y de esta revista. Después de 25 años «al servicio de la razón y la ciencia», el ya periodista había topado por fin con un grupo de gente dispuesto a organizarse frente a las fuerzas de choque de la irracionalidad. Y no se lo pensó dos veces. Abrió su corazón y su casa a los escépticos organizados —como a él le gustaba decir— y se lanzó a combatir en las trincheras contra los paladines de la sinrazón.
Quienes tuvimos la dicha de conocer a Mario Bohoslavsky, el ser humano, recibimos un terrible mazazo el pasado 2 de diciembre, al enterarnos de que el corazón de nuestro amigo se había parado para siempre. Cuando JUAN SOLER telefoneó aquel día a los amigos con los que había compartido conversación y diversión en Pamplona una semana antes, su tono de voz reveló desde el principio el triste motivo de la llamada. Y dijo: «Mario ha muerto». Una vez que colgamos el auricular, los que recibimos la llamada de Soler nos encargamos de poner al corriente al resto de los escépticos organizados. La primera sensa­ción fue de incredulidad. Todos sabíamos que nuestro amigo no tenía precisamente una salud de hierro; pero nada hacía sospechar tal desen­lace.
Mario Bohoslavsky llegó a España en 1978, acompañado de su esposa ANA R0MÁN. En el viaje de Buenos Aires al aeropuerto, «en el último control, nos metieron los ‘caños’ de las ametralladoras por las ventanillas del coche», recuerda Ana. El matrimonio huyó de la bestialización de su país y se encontró con una España que se abría a la democracia. «Si hubiera seguido Franco —reconoce—, no habríamos venido». Lo cierto es que se inte­graron plenamente en la vida catalana y tuvie­ron oportunidad de vivir en su plenitud esa transición de la que ahora tanto hablan los medios de comunicación.

Periodismo por las venas

Cuando llegó a España, Mario era ya un vete­rano periodista. Nacido en Bahía Blanca (Argentina) el 3 de mayo de 1939, había cur­sado estudios de Ingeniería Eléctrica y Física,
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y en 1964 se había licenciado en Realización Cinematográfica. Políglota -era capaz de comunicarse en cuatro idiomas y de leer en un total de seis-, inició su carrera periodística en la radio en 1960, con un espacio dedicado al séptimo arte, y dos años después comenzó a trabajar en La Gaceta de la Tarde. Redactor de la revista Primera Plana entre 1965 y 1968, en años posteriores realizó tareas de redactor-jefe en Siete Días, La Opinión, Week-End y Para tí. Además, como no podía esquivar su pasión por la escritura, colaboraba al mismo tiempo en otros medios impresos.
Profesionalmente, la trayectoria española de Mario Bohoslavsky está ineludiblemente ligada a la de Algo, publicación en la que se volcó desde 1983 hasta su desaparición. Fue en las oficinas de esa revista donde un buen día de 1985 recibió una carta del inquieto JESÚS MARTÍNEZ VILLARO, felicitándole por el reportaje titulado «Ovnis, el fin de un espe­jismo». Jesús fue, en palabras de Mario, uno de los pocos lectores que escribió para apoyar la línea escéptica seguida por la revista res­pecto a los platillos volantes. Aquel mismo año, nació ARP, aunque el redactor-jefe de Algo no se enteró de su existencia hasta 1987, cuando un lector solicitó públicamente infor­mación bibliográfica acerca de algunos fenó­menos paranormales. Entonces, Luis ALFONSO GÁMEZ escribió a la revista, respondiendo al interesado y aprovechando la ocasión para felicitar al equipo de la redacción «por el enfo­que escéptico de los artículos» que dedicaban a la parapsicología, los ovnis y demás. La carta se publicó; pero eso no fue lo más impor­tante. Nada más llegar la misiva a sus manos, Mario, entusiasmado, decidió unirse al recién nacido grupo de cazafantasmas.
Corría el año 1987 y LAR era una revista mucho más humilde que en la actualidad, a pesar de lo cual comenzaba a contar ya con prestigiosos colaboradores. No eran buenos tiempos para Mario, que en su trabajo hacía frente como podía al amarillismo comercial que reinaba en el sector de las revistas de divulgación más populares. «Ya no queman en la hoguera a racionales y escépticos —adver­tía—, pero a veces igual lo han de pagar caro por negarse a ganar dinero promoviendo artí­culos sobre las ‘indudables’ facultades para-normales de algunas gentes o las ‘irrefuta­bles’ pruebas sobre platillos volantes». Su presencia en Algo era lo único que impedía que la revista se convirtiera en un púlpito más de lo esotérico.

‘Dinosaurios’ y ‘niñatos de parvulario’
Madrid acogió en diciembre de 1987 la pre­sentación oficial de los escépticos españoles, al que no faltó, como es obvio, Mario. «Tal como yo suponía, ARP no sólo es un club de propósitos comunes, sino la ocasión de encuentro de gente con muchas más afinida­des mentales —muy ‘sintonizada’, diría yo— que el puro y noble propósito de cazar fantas­mas y reventar charlatanes. José Martorell, Carlo Frabetti y yo, comiendo el domingo 6, comentábamos también nuestra grata sor­presa al ver que, además de ‘dinosaurios’ como nosotros tres —61, 42 y 48 años, respecti­vamente— abundan los ‘niñatos de parvulario’ y toda una franja de ‘beautiful people’, que diría Alfonso Guerra, en edades medias». Si ALVARO FERNÁNDEZ había organizado la pre­sentación de ARP en Madrid, Mario, ni corto ni perezoso, hizo lo propio en su querida Cataluña.
El marco elegido fue el Club Europa 2000 de Castelldefels, donde FÉLIX ARES se enfrentó al parapsicólogo ÁNGEL GORDON, a los postres de una cena a la que asistieron tam­bién Gámez y GABRIEL NARANJO. R0MÁN BOHOSLAVSKY, en aquel entonces un niño que ya apuntaba manera de escéptico militante, recuerda cómo la gata de la familia —que aco­gió a los tres viajeros en su casa— demostró su especial predilección por la cabeza de Félix Ares, a la que se subía a la menor oportunidad. Ana, por su parte, nunca olvidará que aquel fugaz viaje —Ares, Gámez y Naranjo llegaron a la hora de la cena y emprendieron el regreso a Euskadi tras el desayuno— sirvió para que Ares y Mario conectaran de una manera especial.
A pesar de su delicada salud, el periodista argentino-catalán sacó tiempo, fuerzas y dinero para ir a la mayoría de las reuniones arpías, y en un par de ocasiones no dudó en trasladarse desde Cataluña hasta el País Vasco para aportar su punto de vista, siempre sereno y reflexivo, en sendos debates televisivos. Escribió poco para LAR —cuando uno vive de escribir es muy difícil encontrar tiempo para hacerlo por afición—, pero, cuando lo hizo, dejó bien patente su vasta cultura y claridad de ideas. Así, en el editorial del número 10 de esta revista —texto programático de ARP—, pedía a aquellos próximos a la asociación que se afiliaran y lo hacía a su modo. «Si hoy deci­des unirte a nosotros, quizá mañana podamos, juntos, desenmascarar una mentira. Pero, sea hoy o mañana, piénsatelo. No podemos tirar dos millones de años a la basura». Combatir
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la charlatanería pseudocientífica era para él una cuestión de supervivencia, nos iba en ello echar a perder la larga evolución de aquel mono africano que un buen día se puso en pie.
Autor de una obra sobre Tecnologías alter­nativas, traductor y director de enciclopedias y diccionarios juveniles e infantiles, Mario per­maneció en primera línea de fuego hasta el final. Aunque no pudo asistir a la última asam­blea de Madrid ni al congreso de Pamplona, Román, en la primera, y Juan Soler, en el segundo, hicieron el papel de embajadores suyos. Amigo de su esposa y su hijo y familiar de sus amigos, Mario rejuvenecía rodeado por los niñatos que llevan el timón de ARP desde su fundación y atienden las sugerencias de veteranos como él. Su adiós deja un vacío en algo que es, ante todo, un grupo de buenos amigos. Porque pocas cosas cuestan tanto como escribir una necrológica de alguien cer­cano, sólo el tiempo podrá hacer justicia al amigo que se ha ido. Entretanto, le tendremos presente en el recuerdo y también en la reali­dad, a través de Román y de Ana.

MANIFIESTO: ¿POR QUÉ SOMOS ESCÉPTICOS?

El juego de la razón
Una de las reglas del hermoso juego de la Ciencia dice que la Razón no ha de acep­tar algo como cierto sólo porque lo diga mucha gente, o porque lo diga gente muy impor­tante, y que siempre ha de detenerse ante una afirmación cualquiera y dudar sobre si es o no cierta. Naturalmente, eso obliga a ir mucho más despacio, sopesando cada apa­rente verdad.
En griego, observador se dice scepticós, por lo cual a la persona partidaria del análisis y observación se le llama también “escéptica”

Los enemigos de la Razón
Lo contrario del escepticismo es la credulidad, y consiste en aceptar como ciertas, con ligereza, las afirmaciones más extraordinarias sin analizar antes su consistencia, sólo por pereza intelectual, falta de preparación, respeto a la autoridad de ciertas personas u otras razones. En la etapa actual de la Humanidad la gran mayoría de las personas son bastante crédulas, sobre todo debido a su ignorancia y falta de entrenamiento en el método científico y en las prácticas racionales en general; casi todas esas personas actúan de buena fe, es decir, por convicción y no por intereses espurios.
Los verdaderos enemigos de la Razón no son, necesariamente, las personas crédulas, sino aquellas personas que se benefician personalmente de que los demás sean crédulos. Incluso algunos de estos embaucadores son, en su fuero interno, incrédulos, escépticos; pero promueven la credulidad ajena para obtener más dinero con sus libros, tener sus consultas llenas de personas con problemas, vender sus curas mágicas o cobrar por su participación en radio, televisión y prensa.
Los escépticos, que han luchado tenazmente a lo largo de los siglos para sostener el reinado de la Razón —algunos al precio de sus vidas, los más a costa de la burla ajena, el perjuicio económico, la soledad— ven con desesperación cómo, una y otra vez, gente poco escrupulosa negocia con la credulidad ajena. Bien es verdad que la Ciencia ha avanzado, y que la gente ya no cree en algunas viejas patrañas que otrora fueron acep­tadas por casi todos, pero cada día nacen nuevas mentiras, tonterías que son aceptadas sin pensárselo dos veces. Y lo que es peor: los modernos charlatanes, sabedores de que la Razón es más fuerte que ninguna otra cosa en el Universo, se disfrazan a veces de científicos, visten sus patrañas de un lenguaje exterior que remeda los modales, el len­guaje científico. Pero eso no es Ciencia: es pseudociencia.

Una Alternativa Racional
Hay dos clases de escépticos: los pasivo y los activos. Los escépticos pasivos se limi­tan a sonreír socarronamente cuando ven como los crédulos tragan el anzuelo que les ofrecen los charlatanes. Con desdén por esas masas ignorantes, a veces poco instruidas y otras veces aquejadas de “ignorancia relativa» de todo lo que es ajeno a su especiali­
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dad o profesión, los escépticos pasivos se encogen de hombros y en todo caso se duelen de que ‘la gente sea tan tonta”, pero consideran inútil enfrentarse con los charlatanes y embaucadores.
Otros escépticos, en cambio, se sienten horrorizados por la supervivencia de tantas tonterías de la Edad de Piedra en plena Era Atómica, y piensan que si no actúan en la medida de sus fuerzas, estarán colaborando con los ejércitos del oscurantismo. Creen, también, que la gente no es tonta, sino que está desinformada, y que alguien ha de desa­fiar a los profesionales de la mentira para que las personas crédulas tengan al menos la oportunidad de confrontar dos puntos de vista distintos, uno de ellos racional y el otro pseudocientífico. Estos son los escépticos activos, reunidos en las asociaciones escépticas de todo el mundo, y entre ellos se encuentran celebridades mundiales como los divulga­dores Martin Gardner o Carl Sagan, científicos famosos (incluso varios Premios Nobel) y filósofos de reconocido prestigio intencional, como Mario Bunge (Premio Príncipe de Asturias) o Stephen Toulmin.
En España los escépticos activos nos reunimos alrededor de una asociación: ALTER­NATIVA RACIONAL A LAS PSEUDOCIENCIAS (ARP), que edita trimestralmente una revista llamada La Alternativa Racional. La Asociación no cuenta con el dinero ni las personas suficientes para llevar a cabo una investigación sistemática, objetiva y cientifica de todos los supuestos hechos “sorprendentes o carentes de toda explicación posible”, como suele decirse, ni puede salir al paso de todas las afirmaciones temerarias que se oyen cada día por radio o televisión, o que se publican en diarios, revistas y libros. Pero tam­poco se limita a la labor documental y bibliográfico. En los puntos de España donde los socios de ARP son más numerosos y activos, se están poniendo en marcha nuevas inves­tigaciones, a veces con resultados sorprendentemente exitosos. En el País Vasco, por poner sólo un ejemplo, ARP logró demostrar que el sonido proveniente de un supuesto platillo volante extraterrestre era en realidad el canto de un sapo, presentó una graba­ción en vivo del batracio, y hasta identificó la especie zoológica que hablo protagoni­zado el suceso. Como es natural y comprensible, los charlatanes y embaucadores profe­sionales tienen una pésima opinión de ARP y sus asociados...

¿Eres uno de los nuestros?
Algunos pocos miembros de ARP fueron escépticos toda su vida, pero la mayoría empezaron siendo bastante crédulos hasta que alguna coso les hizo tener las primeras dudas. No creas que para acercarte a nosotros debes estar de acuerdo en todo: basta con que estés de acuerdo en que lo mejor, ante una afirmación extraordinaria, es sopesarla con cuidado antes de darla por cierta. Si piensas de este modo, quizás te convenga empezar por leer nuestra revista, La Alternativa Racional donde encontrarás artículos de autores locales y otros traducidos de todas las revistos escépticas del mundo con las que mantenemos un fraternal intercambio. Si ya te sientes escéptico, y quieres acercarte de un modo mas activo, puedes contactar con los delegados locales de ARP en tu comuni­dad autónoma. Ellos tendrán mucho gusto en conversar contigo personalmente y acla­rarte cualquier duda.
España, como todo el mundo occidental, está viviendo en esta época un cierto, retro­ceso de la Razón, un avance de posiciones y creencias que no son acientíficas e irracio­nales, sino anticientíficas y antirracionales. Un avance del oscurantismo puede llegar a afectar el futuro de todos de un modo muy negativo: hace poco se reveló que el entonces presidente del país más poderoso de la Tierra tomaba sus decisiones previa consulta astrolóqica, como en la Babilonia de hace cincuenta siglos. Y también hoy, como en tiem­pos de la creencia generalizada en brujas y demonios, nos llegan aún noticias de críme­nes cometidos por personas plenamente convencidas de que solucionan problemas a familiares “poseídos”. No es esa la imagen que nosotros tenemos, de un futuro deseable.
Muchos de nuestros centros locales son aún tan pequeños que no pueden afrontar tareas hacia afuera, y están dedicados solamente a crecer. Si hoy decides unirte a noso­tros, quizás mañana podamos, juntos, desenmascarar una mentira. Pero sea hoy o mañana, piénsatelo. No podemos tirar dos millones de años a la basura.
MARIO BOKOSLAVSKY

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Concurso fotográfico
He aquí algunas de las fotografías que hemos ido recibiendo para el concurso fotográfico convocado hace ya bastante tiempo. No son demasiadas las imágenes recibidas, así que habrá que concluir premiando a todos los participantes por su interés, y por las curiosas imá­genes enviadas. Mientras haya fotografías, estableceremos esta sección fija en LAR, así que invitamos a participar en lo mismo a cuantos lo deseen.

Ducados Fantasmal. Se trata sin duda de la primera imagen obtenida a un fantasma autorreplicante (obsérvese que el mismo está en tres sitios a la vez) y que además fuma ducados. Fotografía obtenida bloqueando el obturador de la cámara, mientras se disparaba sucesivamente el flash. Autor: Victor Vicuña (Bilbao)
Pentadigitosaurus Cayensis. Huella fósil de un dinosaurio de CINCO DEDOS. Procedente del yacimiento de Los Cayos (Soria). Según los científicos, se trata de una imposibilidad biológica. Según los ufólogos, una prueba evidente de que los extraterrestres vinieron a la tierra hace millones de años y experimentaron gené­ticamente con los dinosaurios. Según se mire, una auténtica estupidez. Lo cierto es que la fotografía no está trucada. En un próximo número de LAR explicare­mos dónde está el truco.
Autor: Félix Ares (San Sebastián)

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UN OVNI SOBREVOLÓ PAMPLONA
EN LA APERTURA DEL II CONGRESO SOBRE PSEUDOCIENCIAS
REDACCIÓN

Un ‘platillo volante’ puso a prueba la capacidad de reacción de los escépticos que se reunieron en la capital navarra a finales de noviembre.

«1Se está viendo un ovni sobre Pamplona! Lo acaban de decir por la radio». El reloj mar­caba las 17.20 horas el pasado 23 de noviem­bre cuando CARLOS TELLERÍA irrumpió en el despacho donde JAVIER ARMENTIA atendía a las emisoras de radio, mientras VICTORIA TORO y Luis ALFONSO GÁMEZ preparaban el comunicado de prensa sobre la inauguración del II Congreso Nacional sobre Pseudocien­cias. Los tres levantaron la cabeza y miraron por la ventana. Allí estaba el ovni, una bola brillante en el cielo de la capi­tal navarra, que iba a dar a ARP la oportunidad de demostrar que se puede traba­jar con rigor y rapidez en el esclarecimiento de presuntas apariciones de naves extrate­rrestres.
El personal del Planetario de Pamplona sacó cámaras fotográficas y telescopios a la calle, al tiempo que Armentia, Toro y Gámez comenzaron a diseñar la estrategia de actua­ción. Sus sospechas se dirigie­ron desde un primer momento a la posibilidad de que el ovni fuera un globo experimental similar al que alarmó a miles de vascos a finales de 1994 y, por eso, lo primero que hicie­ron fue intentar contactar con el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA). Los teléfonos, entre tanto, no dejaban de sonar: emisoras de radio, periódicos y cadenas de televisión bombardeaban el planetario con sus consultas sobre el platillo volante. Era urgente dar con alguien en el INTA que confirmara las sospechas de los escépticos; pero, a media tarde, ningún funcionario estaba ya en su puesto de trabajo. Al final, Armentia consi­guió dar con un alto responsable del orga­nismo, que le explicó qué había sobrevolado Pamplona.
El presunto ovni había sido un globo estra­tosférico de grandes dimensiones, lanzado horas antes desde la base leonesa de Virgen del Camino, dentro de un programa de investi­gación en el que colaboraba el Centro Nacional de Estudios Espaciales francés. El ingenio, de 40.000 metros cúbicos de volu­men, tenía un diámetro superior a los 150 metros, estaba fabricado en polietileno de 3 micras de espesor y, a pesar de sobrevolar Pamplona a 40 kilómetros de altura, era visible a simple vista, ya que reflejaba la luz del sol. El INTA tenía previsto que el globo del 23 de noviembre cayera en la zona de Las Bardenas, pero las fuertes corrientes de aire llevaron el artefacto hasta Huesca.
Mientras Tellería facilitaba las acreditaciones a los asisten­tes al congreso y el personal del planetario revelaba las diaposi­tivas, Armentia atendía a los medios de comunicación y Toro y Gámez redactaban un comunicado, que empezó a enviarse a la prensa poco antes de las 19.30 horas. Todo eran prisas. Se puso una copia del comunicado a la entrada de la sala de conferencias y el presi­dente de ARP corrió por los pasillos con las diapositivas del ovni. A la hora prevista, Armentia inauguró el congreso, se apagaron las luces de la sala
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y el público tuvo oportunidad de comprobar con sus propios ojos cómo lo que había sobre­volado Pamplona era, en realidad, un globo. Horas antes, en la rueda de prensa de presen­tación de las jornadas, una joven periodista había preguntado qué podían hacer los medios ante un suceso aparentemente paranormal. ARP demostré que, cuando existe interés por aclarar un fenómeno, puede llegar a explicarse en un tiempo récord. Al día siguiente, los periódicos se hicieron eco del comienzo del congreso y de que un globo estratosférico había sido visto sobre Euskadi y Navarra.

Un apretado programa

Tan ajetreado inicio de congreso tuvo su continuación en tres intensas jornadas de tra­bajo y, por qué no decirlo, de diversión. Medio centenar de escépticos tomó durante el largo fin de semana la capital navarra, y discutió noche y día sobre cómo combatir la irraciona­lidad. Algunos hicieron más que breves altos en el camino para disfrutar de la noche pam­plonesa. Pero lo más positivo fue que se trató de una reunión de amigos de lugares tan dis­tantes como Galicia, País Vasco, Navarra, Aragón, Castilla-León, Madrid y Cataluña.
El II Congreso Nacional sobre Pseudocien­cias, organizado en colaboración con el Planetario de Pamplona y la Asociación Española de Periodismo Científico, demostró, además, la capacidad de ARP a la hora de afrontar nuevos temas, como el integrismo eco­logista, situados en el límite de la ciencia y de sentar a una mesa a prestigiosos estudiosos y divulgadores. Así, entre otros, intervinieron en las jornadas PEDRO CABA, ex vicepresidente de la Organización Mundial de la Salud; MANUEL CALVO HERNANDO, presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico; RAFAEL LÓPEZ, jefe de la Unidad de Oncología del hospital Txagorritxu de Vitoria; RAMÓN NÚÑEZ, director de la Casa de las Ciencias de La Coruña, y ALBERTO VIRTO, vicepresidente del Ilustre Colegio Oficial de Físicos.
La apertura del congreso corrió a cargo de FÉLIX ARES, fundador de ARP y asesor cientí­fico del Comité para la Investigación Científica de los Supuestos Hechos Paranormales (CSICOP), que dedicó su inter­vención a recordar los principios del movi­miento escéptico español y reivindicar la figura del Luis HERNÁNDEZ FRANCH, un autén­tico pionero del pensamiento crítico. Como es habitual en todas sus charlas, para amenizar su disertación, Ares recurrió a disfraces, chistes y diapositivas hilarantes. Esta fue una de las tres actuaciones mas divertidas del congreso, junto con las de Javier Armentia y CHEMA Roc, que lograron que el público llorara de risa. El primero, presidente de ARP, asumió el papel de ufólogo conspiranoico para presentar su apartado en la sesión dedicada al caso de Roswell. Demostró, una vez más, que tiene madera de actor y fue capaz de unir en un sólo discurso todas las locuras que han inundado el mundillo ufológico en los últimos años. Roc, físico y subdirector de esta publicación, ofre­ció su sesión doble también en la tarde del sábado, cuando presentó su estudio sobre el monstruo del lago Ness y una lección «Sobre cómo fabricar viajes iniciáticos» que impartió en medio de estruendosas carcajadas.
Dos periodistas científicos, Victoria Toro y OSCAR MENÉNDEZ, moderaron sendas mesas redondas dedicadas, respectivamente, a la eco­logía y al tratamiento de las pseudociencias en los medios de comunicación. La buena aco­gida del primero de los coloquios ha animado a la dirección de ARP a potenciar la investi­gación crítica del ecologismo barato e irrefle­xivo tan en boga en algunos sectores de nues­tra sociedad. El encuentro dedicado al perio­dismo contó con la presencia de conocidos divulgadores, como IGNACIO BAYO, Manuel Calvo Hernando y Ramón Núñez, y tuvo su eco en la prensa local, al igual que el protago­nizado por las medicinas alternativas, que moderó Carlos Tellería. El director ejecutivo de ARP consiguió sentar alrededor de la mesa a tres auténticos profesionales de la medicina, que cambiaron impresiones en público y res­pondieron a las preguntas que les plantearon los curiosos sobre las prácticas pseudocientífi­cas en el campo de la salud.
Los medios de comunicación locales se hicieron eco de las jornadas, que llegaron al resto de España a través del programa de La aventura del saber. TVE envió un equipo hasta Pamplona para hacer un reportaje acerca del II Congreso Nacional sobre Pseudocien­cias, en el que intervinieron, entre otros, Félix Ares, VÍCTOR JAVIER SANZ y Victoria Toro. Tan importante como eso fueron las nuevas iniciativas que impulsó la dirección de la aso­ciación, sobre las que se está trabajando ya y de las que el lector de LAR tendrá noticias en próximos números. El público, además, pudo comprobar in situ lo bien informados que están los escépticos. En Pamplona, se distri­buyó el nº 37 de esta revista, dedicado en gran parte al montaje de la autopsia del marciano,
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fraude sobre el que hasta principios de febrero no se pronunció gran parte de la comunidad ufológica ibérica. LA ALTERNATIVA RACIONAL fue, una vez más, la primera publicación españolaa que denunció el engaño, diseccionó el caso de Roswell y puso las cosas en su sitio.

Premios ‘Lupa Escéptíca’

El hotel Iruña Park de Pamplona acogió sobre la medianoche del 25 de noviembre la ceremo­nia de entrega de los premios Lupa Escéptica 1995, galardón instituido por ARP, con motivo de su décimo aniversario, para reconocer la labor de quienes trabajan con rigor en el estudio crítico de los llamados fenómenos paranormales. Los premiados en Pamplona fueron:
• El programa de TVE2 La aventura del saber, por su continuado esfuerzo para divulgar la ciencia con rigor, responsa­bilidad y amenidad, y, en particular, por el reportaje titulado «Cuando se apa­gan las luces de la razón».
• La revista de divulgación científica Muy Interesante, por su monográfico «Las falsas ciencias», por tratar desde un punto de vista responsable el mundo de lo paranormal, la ufología y las pseu­domedicinas, donde es muy fácil caer en el sensacionalismo más escandaloso.
• El doctor Félix Ares, ex presidente de ARP, por su dilatada carrera en el campo de la investigación científica de los supuestos fenómenos paranormales. Fue el primer estudioso español, y uno de los pioneros en el mundo, en expli­car el fenómeno ovni desde bases psico­lógicas y sociológicas, proponiendo la hipótesis -ya confirmada- de los ovnis como mito moderno.
Carlos Tellería, director de LAR, y MIGUEL ÁNGEL SABADELL y Víctor Javier Sanz, Vicepresidentes de ARP, entregaron los premios, respectivamente, a MIGUEL ANGEL ALMODÓVAR (La aventura del saber), JORGE ALCALDE (Muy Interesante) y Félix Ares.

UN PROGRAMA ANTE EL TERCER MILENIO
Jueves, 23 de noviembre
19.30: Mesa redonda.
«Ante el tercer milenio».
Ponentes: Félix Ares, Javier E. Armentia y Miguel Ángel Sabadell.

Viernes, 24 de noviembre
9.00: Conferencia inaugural.
«Diez años de investigación de lo para-normal en España».